Francisco: «Cristo ha resucitado, miremos con confianza el futuro»

El Santo Padre en el «Lunes del Ángel» recuerda con cercanía y afecto a todos los países fuertemente golpeados por el coronavirus y asegura sus oraciones por todos ellos: «No olviden que el Papa reza por vosotros». También ha reflexionado sobre el imprescindible papel de la mujer en el mundo, que desde el anuncio de la Resurrección de Jesús hasta nuestros días, ha sido siempre primordial.

Por: Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano
FUENTE: VATICAN NEWS

Hoy primer lunes de Pascua, conocido como “Lunes del Ángel”, el Papa Francisco ha rezado a la Virgen María el Regina Coeli, pero antes de su oración, ha comentado el Evangelio de hoy según Mateo en el que el evangelista narra que las mujeres asustadas salen apresuradamente del sepulcro de Jesús, que han encontrado vacío; pero Jesús mismo se les aparece en el camino diciendo: «No tengáis miedo; id y anunciad a mis hermanos y hermanas que se vayan a Galilea: allí me verán».

El Pontífice ha explicado que con estas palabras, el Resucitado, por un lado, “confía a las mujeres un mandato misionero hacia los Apóstoles”; por otro, “recompensa con este gesto especial de atención y predilección el admirable ejemplo de fidelidad, dedicación y amor a Cristo de estas mujeres”.

La Resurrección de Jesús nos dice que la última palabra no es la muerte, sino la vida

El Papa Francisco después explica como la fe de las mujeres, de los discípulos y en especial de Pedro, dio un salto cualitativo que “sólo el Espíritu Santo, don del Resucitado, podía provocar”. “Jesús les había predicho repetidamente que, después de la pasión y la cruz, resucitaría, pero los discípulos no lo habían entendido, porque aún no estaban preparados” asegura el Papa, puntualizando que la Resurrección de Jesús “nos dice que la última palabra no es la muerte, sino la vida” pues al resucitar al Hijo unigénito – continua – “Dios Padre ha manifestado plenamente su amor y misericordia por la humanidad de todos los tiempos”.

Miremos el futuro con confianza a pesar de la incertidumble

El Papa además nos dice cual es el mensaje pascual que estamos llamados a proclamar, con palabras y sobre todo con el testimonio de la vida: “Si Cristo ha resucitado – dice – es posible mirar con confianza todos los acontecimientos de nuestra existencia, incluso los más difíciles llenos de angustia e incertidumbre”. El Papa nos pide hoy que esta alegre noticia “resuene en nuestros hogares y en nuestros corazones: «¡Cristo, mi esperanza, ha resucitado!”, pues – puntualiza – “esta certeza refuerza la fe de todo bautizado y anima especialmente a aquellos que se enfrentan a mayores sufrimientos y dificultades”.

Y justo antes de rezar a la Madre del cielo, el Papa ha expresado su deseo de Pascua: “Que María, testigo silencioso de la muerte y resurrección de su hijo Jesús, nos ayude a creer firmemente en este misterio de salvación que, acogido con fe, puede cambiar nuestras vidas”.

La gran labor de la mujer debe ser reconocida desde el anuncio de la Resurrección de Jesús

Después de rezar a la Reina del cielo, el Papa hecho una pequeña reflexión sobre el importante papel de la mujer en el mundo, ya desde tiempos del anuncio de la Resurrección de Jesús: “Hoy quisiera recordarles lo que hacen muchas mujeres, incluso en este momento de emergencia sanitaria, para cuidar a otros: doctoras, enfermeras, agentes de las fuerzas del orden y de las cárceles, empleadas de tiendas de bienes de primera necesidad… y muchas madres y hermanas que se encuentran encerradas en la casa con toda la familia, con niños, ancianos y discapacitados”. El Papa ha dirigido un pensamiento especial a aquellas mujeres que corren el riesgo de ser sometidas a violencia “por una convivencia de la cual llevan una carga demasiado grande”: “Oramos por ellas, que el Señor les dé fuerzas y que nuestras comunidades puedan apoyarlas junto con sus familias”.

No olvidemos que el Papa reza por todos nosotros

Al final de sus palabras después del rezo mariano, Francisco ha recordado con cercanía y afecto a todos los países fuertemente golpeados por coronavirus, algunos de ellos con gran número de contagiados y muertos, y ha asegurado sus oraciones por todos ellos: «no olviden eque l Papa reza por vosotros» ha concluido. 

Francisco: Que el resucitado sane las heridas de la humanidad desolada

“Hoy resuena en todo el mundo el anuncio de la Iglesia: “¡Jesucristo ha resucitado! ¡Verdaderamente ha resucitado!”. Así comenzó el Papa Francisco su alocución con ocasión de la bendición Urbi et Orbi, este Domingo de Resurrección en el Vaticano.

Por: Manuel Cubías – Ciudad del Vaticano
FUENTE: VATICAN NEWS

Este domingo 12 de abril, el Papa Francisco ha celebrado en la Basílica de San Pedro la misa del Domingo de Resurrección. Acto seguido oró por el mundo entero e impartió la bendición Urbi et Orbi a la humanidad y a toda la creación.

Contagiar la esperanza que viene de la resurrección

“Es el contagio de la esperanza: «¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza!». No se trata de una fórmula mágica que hace desaparecer los problemas. No, no es eso la resurrección de Cristo, sino la victoria del amor sobre la raíz del mal, una victoria que no “pasa por encima” del sufrimiento y la muerte, sino que los traspasa, abriendo un camino en el abismo, transformando el mal en bien, signo distintivo del poder de Dios”, afirmó el Papa Francisco profundizando sobre el sentido de la esperanza.

Mirar al resucitado

El Papa invita a mirar al resucitado, “que no es otro que el crucificado”, para “que sane las heridas de la humanidad desolada”. En este contexto, el Papa tiene presente a los enfermos, a los que han fallecido y a las familias que lloran la muerte de sus seres queridos: “Hoy pienso sobre todo en los que han sido afectados directamente por el coronavirus” y pide para ellos “que el Señor de la vida acoja consigo en su reino a los difuntos, y dé consuelo y esperanza a quienes aún están atravesando la prueba, especialmente a los ancianos y a las personas que están solas. Que conceda su consolación”. De igual manera recordó al personal sanitario, a las autoridades y a todos los que trabajan en los servicios esenciales.

Dificultades generadas por la pandemia

Francisco hizo un recuento de las dificultades que los seres humanos pasan en estos momentos de pandemia: lutos, sufrimientos físicos y problemas económicos. Seguidamente subrayó: “Esta enfermedad no sólo nos está privando de los afectos, sino también de la posibilidad de recurrir en persona al consuelo que brota de los sacramentos, especialmente de la Eucaristía y la Reconciliación”. En este ambiente, nos invita a recordar la antífona de ingreso de la Misa del día de Pascua delMisal Romano:  No temas, «he resucitado y aún estoy contigo».

Un período de cambios repentinos

El Papa se presenta cercano a aquellos que están enfrentando un futuro incierto, pues temen perder el trabajo y las consecuencias que este hecho comporta; también está cercano a quienes toman decisiones políticas y les invita a que encarnen la búsqueda del bien común de todos los ciudadanos “para permitir que todos puedan tener una vida digna y favorecer, cuando las circunstancias lo permitan, la reanudación de las habituales actividades cotidianas”.

Este no es tiempo para la indiferencia ni para el egoísmo

Francisco hace un llamado a los fieles para que actúen en favor de los más débiles: “Este no es el tiempo de la indiferencia, porque el mundo entero está sufriendo y tiene que estar unido para afrontar la pandemia. Que Jesús resucitado conceda esperanza a todos los pobres, a quienes viven en las periferias, a los prófugos y a los que no tienen un hogar. Que estos hermanos y hermanas más débiles, que habitan en las ciudades y periferias de cada rincón del mundo, no se sientan solos”.

Llamamientos a la humanidad

El Obispo de Roma procedió a hacer una serie de peticiones a la humanidad y en particular a los cristianos católicos para que actuemos y así construyamos una nueva humanidad, fruto de la resurrección de Jesús entre nosotros:

Pidió no dejar solos a los pobres, a los presos y a los que no tienen hogar. “Procuremos que no les falten los bienes de primera necesidad, más difíciles de conseguir ahora cuando muchos negocios están cerrados, como tampoco los medicamentos”.

En el caso de los países con sanciones internacionales pidió que “se relajen además las sanciones internacionales de los países afectados, que les impiden ofrecer a los propios ciudadanos una ayuda adecuada”.

A los países que cargan enormes deudas externas, pidió reducir o incluso condonar, “la deuda que pesa en los presupuestos de aquellos más pobres”.

Para Europa, el Papa pidió que enfrente los desafíos actuales con unidad, rechazando los egoísmos: “Que no pierda la ocasión para demostrar, una vez más, la solidaridad, incluso recurriendo a soluciones innovadoras. Es la única alternativa al egoísmo de los intereses particulares”.

El Papa renovó su llamado a finalizar de inmediato todas las guerras y a poner por encima de los conflictos la vida de todos los seres humanos, así como a poner fin al comercio de armas: “No es este el momento para seguir fabricando y vendiendo armas, gastando elevadas sumas de dinero que podrían usarse para cuidar personas y salvar vidas.

A continuación, el Papa hizo memoria de algunos lugares castigados por conflictos bélicos y en los que la población sufre la fuerza de la violencia desde hace muchos años: “Que sea en cambio el tiempo para poner fin a la larga guerra que ha ensangrentado a Siria, al conflicto en Yemen y a las tensiones en Irak, como también en el Líbano. Que este sea el tiempo en el que los israelíes y los palestinos reanuden el diálogo, y que encuentren una solución estable y duradera que les permita a ambos vivir en paz. Que acaben los sufrimientos de la población que vive en las regiones orientales de Ucrania. Que se terminen los ataques terroristas perpetrados contra tantas personas inocentes en varios países de África”.

Seguidamente el Papa recordó a las poblaciones donde se producen crisis humanitarias, en Asia y África, como en la Región de Cabo Delgado, en el norte de Mozambique. También pidió que Jesús “reconforte el corazón de tantas personas refugiadas y desplazadas a causa de guerras, sequías y carestías. Que proteja a los numerosos migrantes y refugiados —muchos de ellos son niños—, que viven en condiciones insoportables, especialmente en Libia y en la frontera entre Grecia y Turquía. Que permita alcanzar soluciones prácticas e inmediatas en Venezuela, orientadas a facilitar la ayuda internacional a la población que sufre a causa de la grave coyuntura política, socioeconómica y sanitaria”.

Finalizó su mensaje diciendo: “Las palabras que realmente queremos escuchar en este tiempo no son indiferencia, egoísmo, división y olvido. ¡Queremos suprimirlas para siempre! Esas palabras pareciera que prevalecen cuando en nosotros triunfa el miedo y la muerte; es decir, cuando no dejamos que sea el Señor Jesús quien triunfe en nuestro corazón y en nuestra vida. Que Él, que ya venció la muerte abriéndonos el camino de la salvación eterna, disipe las tinieblas de nuestra pobre humanidad y nos introduzca en su día glorioso que no conoce ocaso”.

Santa Misa del Domingo de Pascua

Este Domingo de Pascua, 12 de Abril, a partir de las 9 hs. se transmitirá la Santa Misa de Pascua por Canal 7 Mendoza.

También estará disponible en Youtube y Facebook, presidida por Mons. Marcelo Colombo, desde la misma hora. Para verla en youtube este es el link: https://youtu.be/meXERyIYrm8
No intentes verla antes de las 9 hs., porque no estará disponible todavía.

Para verla en Facebook, ingresá también a las 9 hs. a la página Pastoral de Comunicadores Mendoza y ahí podrás verla.

Resucitemos con Jesús, corramos las piedras que nos ocultan la Luz y vayamos al encuentro de nuestros hermanos como testigos de la Vida.

PASTORAL DE COMUNICADORES MENDOZA

Papa Francisco en Vigilia Pascual: “Ánimo, con Dios nada está perdido»

La noche del Sábado Santo, el Papa Francisco ha celebrado la Vigilia Pascual. Con esta fiesta litúrgica se rompe el silencio, el luto por la muerte de Jesús y se anuncia nuevamente el triunfo de la vida y de que la muerte no tiene la última palabra.

Por: Manuel Cubías – Ciudad del Vaticano
Fuente: VATICAN NEWS

La Vigilia Pascual es una celebración llena de símbolos. La luz, la Palabra de Dios, el agua, la renovación de las promesas bautismales y la recitación y aceptación de los rasgos fundamentales del Dios en quien creemos.

La hora más oscura

El Papa Francisco en su homilía se ha referido a la lectura del evangelio (Mt, 28,1-10) y refiriéndose a los primeros personajes que aparecen en el relato afirma: “Nos vemos reflejados en los sentimientos de las mujeres durante aquel día”. Y continúa: “Vieron la muerte y tenían la muerte en el corazón. Al dolor se unía el miedo, ¿tendrían también ellas el mismo fin que el Maestro?” (…) “La memoria herida, la esperanza sofocada. Para ellas, como para nosotros, era la hora más oscura”.

Ante esta escena, el Papa afirma con fuerza: “las mujeres no se quedaron paralizadas”. Por esta razón, “No renunciaron al amor: la misericordia iluminó la oscuridad del corazón”. Por eso, María “rezaba y esperaba”; las otras mujeres se preparaban para ir al sepulcro al día siguiente:” esas mujeres preparaban en la oscuridad de aquel sábado el amanecer del «primer día de la semana», día que cambiaría la historia”.

El anuncio pascual: ante una tumba escucharon palabras de vida

En ese contexto, ante el sepulcro, dice el Papa: “encontraron a Jesús, el autor de la esperanza, que confirmó el anuncio y les dijo: «No teman» (v. 10). No teman, no tengan miedoHe aquí el anuncio de la esperanza. Que es también para nosotros, hoy. Son las palabras que Dios nos repite en la noche que estamos atravesando”; y prosigue: “En esta noche conquistamos un derecho fundamental, que no nos será arrebatado: el derecho a la esperanza; es una esperanza nueva, viva, que viene de Dios”.

Las esperanzas superficiales se evaporan con el pasar de los días, por eso el Papa afirma: “La esperanza de Jesús es distinta, infunde en el corazón la certeza de que Dios conduce todo hacia el bien, porque incluso hace salir de la tumba la vida. El sepulcro es el lugar donde quien entra no sale. Pero Jesús salió por nosotros, resucitó por nosotros, para llevar vida donde había muerte, para comenzar una nueva historia que había sido clausurada, tapándola con una piedra”.

No depositemos la esperanza bajo una piedra

Francisco nos invita a no ceder a la resignación, a creer que todo está perdido: “no cedamos a la resignación, no depositemos la esperanza bajo una piedra. Podemos y debemos esperar, porque Dios es fiel, no nos ha dejado solos”; y reafirma con fuerza: “La oscuridad y la muerte no tienen la última palabra. Ánimo, con Dios nada está perdido”.

Si eres débil y caes, Dios te dice: ánimo

Francisco recordando el texto de Marcos, 10,49, afirma que tampoco son nuestras flaquezas las que tienen la última palabra: “Si en el camino eres débil y frágil, si caes, no temas, Dios te tiende la mano y te dice: «Ánimo” y nos invita a decirle a Jesús, para superar nuestros miedos: “Ven, Jesús, en medio de mis miedos, y dime también: Ánimo”. Contigo, Señor, seremos probados, pero no turbados” (…) “porque Tú estás con nosotros en la oscuridad de nuestras noches, eres certeza en nuestras incertidumbres, Palabra en nuestros silencios, y nada podrá nunca robarnos el amor que nos tienes”.

La segunda parte del anuncio pascual: el envío

El obispo de Roma cita Mt 28,10: “Comuniquen a mis hermanos que vayan a Galilea» y nos recuerda: “Es hermoso saber que camina delante de nosotros, que visitó nuestra vida y nuestra muerte para precedernos en Galilea; es decir, el lugar que para Él y para sus discípulos evocaba la vida cotidiana, la familia, el trabajo. Jesús desea que llevemos la esperanza allí, a la vida de cada día”.

Ir a Galilea, afirma el Papa es ir a donde todo comenzó, es el lugar de los recuerdos, el lugar de la llamada: “Volver a Galilea es acordarnos de que hemos sido amados y llamados por Dios. Necesitamos retomar el camino, recordando que nacemos y renacemos de una llamada de amor gratuita. Este es el punto de partida siempre, sobre todo en las crisis y en los tiempos de prueba» (…) «Cada uno tenemos nuestra propia Galilea».

Pero también, insiste el Papa, Galilea es el sitio más alejado de Jerusalén, sitio donde conviven otras creencias, la «Galilea de los gentiles» (Mt 4,15). Y nos dice: “¿Qué nos dice esto? Que el anuncio de la esperanza no se tiene que confinar en nuestros recintos sagrados, sino que hay que llevarlo a todos. Porque todos necesitan ser reconfortados” y prosigue: “Qué hermoso es ser cristianos que consuelan, que llevan las cargas de los demás, que animan, que son mensajeros de vida en tiempos de muerte. Llevemos el canto de la vida a cada Galilea, a cada región de esa humanidad a la que pertenecemos”.

Acallar los gritos de muerte

Francisco insiste en que un servicio grande que todos los cristianos podemos hacer por la humanidad y enumera cuatro acciones a emprender: “Acallemos los gritos de muerte, que terminen las guerras. Que se acabe la producción y el comercio de armas, porque necesitamos pan y no fusiles. Que cesen los abortos, que matan la vida inocente. Que se abra el corazón del que tiene, para llenar las manos vacías del que carece de lo necesario”.

El Papa finalizó la homilía volviendo a los personajes con que comienza el relato evangélico de Mateo: las mujeres, “Abrazaron los pies que pisaron la muerte y abrieron el camino de la esperanza. Nosotros, peregrinos en busca de esperanza, hoy nos aferramos a Ti, Jesús Resucitado. Le damos la espalda a la muerte y te abrimos el corazón a Ti, que eres la Vida”.

Mensaje y saludo de Pascua

Mis queridos hermanos,

¡Cristo ha resucitado! La alegría de la Pascua, el triunfo definitivo de nuestro Dios sobre la muerte y el pecado, nos llenan de alegría en estos tiempos difíciles que desafían a nuestra esperanza. Con estas palabras deseo llegar para saludarlos y desearles una muy feliz Pascua de Resurrección.

Estos días los hemos transcurrido con una extraordinaria cercanía. La lejanía física que nos imponía el aislamiento social, preventivo y obligatorio, desafiaba nuestras posibilidades de comunión. Pero el Señor nos ha reunido de muchas y nuevas maneras para hablarnos elocuentemente de una Iglesia viva, creativa y solidaria, con signos que expresan claramente que el mensaje de Cristo es siempre una Palabra nueva: las celebraciones familiares de Ramos y del triduo sacro, la actuación solidaria de nuestras pastorales “de trinchera” acompañando a los pobres, a los hermanos en situación de calle o privados de libertad y a los migrantes; los encuentros de oración y reflexión de las pastorales evangelizadoras de la familia, de la juventud, de las misiones; las celebraciones trasmitidas a través de las plataformas digitales, que nos obligaron a los sacerdotes a intentar nuevas formas de comunicación y a actualizarnos en la tecnología para seguir cerca de Uds. animando su vida de fe.

Atrás quedaron los fariseos, con sus polémicas y doctrinas; atrás quienes, llenos de un Dios sin misericordia, ni alegría, ni libertad, querían suprimirlo; atrás también, los poderosos que sólo querían cuidarse sus puestitos; atrás, la traición de Judas y las negaciones de Pedro… Ahora están ante nosotros la tumba vacía y las vendas y el sudario en el piso. ¡Cristo, nuestra esperanza está vivo! Su amor es más grande que todo cuanto quería alejarnos de Dios. Sus palabras resuenan ahora entre nosotros, urgiendo nuestra fidelidad a su amor: “Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes.” (Juan 15, 4)

Los invito a seguir rezando por los enfermos de COVID19, los médicos, enfermeros y personal sanitario, por los servidores públicos en general, por nuestros voluntarios de Cáritas, la Pastoral de la Calle, la Pastoral de Migrantes, por nuestros sacerdotes capellanes de hospitales y todos cuantos colaboran en la Pastoral de la Salud.

Los invito a seguir participando de las distintas iniciativas que se vayan dando a favor de la evangelización, la celebración de los misterios de la fe y la animación de la caridad. El tiempo pascual será el contexto religioso que acompañará lo que resta de cuarentena. Cristo resucitado alentará nuestro andar, suscitará nuestro seguimiento confiado y fortalecerá la esperanza cada vez que ésta pueda decaer. Sigamos cuidándonos y cuidando a los demás. Será nuestro modo de permanecer en el amor de Dios. Los abrazo y bendigo en Jesús Resucitado, nuestro buen Pastor. Que la Virgen del Rosario nos acompañe en este tiempo tan particular.

En Mendoza, en la Pascua de Resurrección del año 2020.
+ Mons. Marcelo Daniel Colombo
Arzobispo de Mendoza

Viernes Santo: Francisco presidió la celebración de la Pasión

Este 10 de abril, Viernes Santo, el Papa Francisco presidió la celebración de la Pasión del Señor en la Basílica de San Pedro en el Vaticano, que en esta ocasión estuvo vacía a causa de la pandemia del coronavirus.

FUENTE: ACIPRENSA

El Papa solo estuvo acompañado del maestro de celebraciones pontificias, Mons. Guido Marini, los acólitos, un reducido coro y algunos funcionarios del Vaticano.

En la Basílica desprovista de ornamentos e iluminada tenuemente en consonancia con la sobriedad de la ceremonia en la que no se celebró la Eucaristía, el Santo Padre, vestido de púrpura en recuerdo de la sangre de Cristo derramada en la Cruz, se postró en el suelo delante del altar para orar durante unos minutos.

Tras los minutos de oración silenciosa, el Pontífice se puso de nuevo de pie para la liturgia de la Palabra en la que se leyó un pasaje del libro de Isaías (52,13 – 53,12), se recitó el salmo 31, se leyó la Carta a los hebreos 4:14-16, y 5: 7-9; y el Evangelio de San Juan que relata la Pasión de Cristo.

En la oración universal de los fieles, el Papa elevó una especial petición por los enfermos de coronavirus: “Dios omnipotente y eterno, singular protector de la enfermedad humana, mira compasivo la aflicción de tus hijos que padecen esta epidemia; alivia el dolor de los enfermos, da fuerza a quienes los cuidan, acoge en tu paz a los que han muerto y, por todo el tiempo que dura esta tribulación, haz que todos puedan encontrar alivio en tu misericordia. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén”.

Después se realizó la adoración de la cruz, aclamada tres veces en latín con las palabras “Mirad el árbol de la Cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo. ¡Venid a adorarlo!”.

En esta ocasión, la adoración se realizó con el crucifijo milagroso de San Marcelo, que ayudó a vencer la peste hace varios siglos y ante el cual el Papa rezó el viernes 27 de marzo por el fin de la pandemia.

Al igual que otros años, el predicador de la Casa Pontificia, P. Rainiero Cantalamessa, pronunció la homilía. Esta vez su prédica llevó por título “Tengo proyectos de paz, no de aflicción”.

A continuación el texto completo de su reflexión:

Tengo proyectos de paz, no de aflicción

San Gregorio Magno decía que la Escritura cum legentibus crescit, crece con quienes la leen. Expresa significados siempre nuevos en función de las preguntas que el hombre lleva en su corazón al leerla. Y nosotros este año leemos el relato de la Pasión con una pregunta —más aún, con un grito— en el corazón que se eleva por toda la tierra. Debemos tratar de captar la respuesta que la palabra de Dios le da.

Lo que acabamos de escuchar es el relato del mal objetivamente más grande jamás cometido en la tierra. Podemos mirarlo desde dos perspectivas diferentes: o de frente o por detrás, es decir, o por sus causas o por sus efectos.

Si nos detenemos en las causas históricas de la muerte de Cristo nos confundimos y cada uno estará tentado de decir como Pilato: «Yo soy inocente de la sangre de este hombre» (Mt 27,24). La cruz se comprende mejor por sus efectos que por sus causas. Y ¿cuáles han sido los efectos de la muerte de Cristo? ¡Justificados por la fe en Él, reconciliados y en paz con Dios, llenos de la esperanza de una vida eterna! (cf. Rom 5, 1-5).

Pero hay un efecto que la situación en acto nos ayuda a captar en particular. La cruz de Cristo ha cambiado el sentido del dolor y del sufrimiento humano. De todo sufrimiento, físico y moral. Ya no es un castigo, una maldición. Ha sido redimida en raíz desde que el Hijo de Dios la ha tomado sobre sí.

¿Cuál es la prueba más segura de que la bebida que alguien te ofrece no está envenenada? Es si él bebe delante de ti de la misma copa. Así lo ha hecho Dios: en la cruz ha bebido, delante del mundo, el cáliz del dolor hasta las heces. Así ha mostrado que éste no está envenenado, sino que hay una perla en el fondo de él.

Y no solo el dolor de quien tiene la fe, sino de todo dolor humano. Él murió por todos. «Cuando yo sea levantado sobre la tierra —había dicho—, atraeré a todos a mí» (Jn 12,32). ¡Todos, no sólo algunos! «Sufrir —escribía san Juan Pablo II desde su cama de hospital después del atentado— significa hacerse particularmente receptivos, especialmente abiertos a la acción de las fuerzas salvíficas de Dios ofrecidas a la humanidad en Cristo» .

Gracias a la cruz de Cristo, el sufrimiento se ha convertido también, a su manera, en una especie de «sacramento universal de salvación» para el género humano

¿Cuál es la luz que todo esto arroja sobre la situación dramática que está viviendo la humanidad? También aquí, más que a las causas, debemos mirar a los efectos. No sólo los negativos, cuyo triste parte escuchamos cada día, sino también los positivos que sólo una observación más atenta nos ayuda a captar.

La pandemia del Coronavirus nos ha despertado bruscamente del peligro mayor que siempre han corrido los individuos y la humanidad: el del delirio de omnipotencia. Tenemos la ocasión —ha escrito un conocido Rabino judío— de celebrar este año un especial éxodo pascual, salir «del exilio de la conciencia».

Ha bastado el más pequeño e informe elemento de la naturaleza, un virus, para recordarnos que somos mortales, que la potencia militar y la tecnología no bastan para salvarnos. «El hombre en la prosperidad no comprende —dice un salmo de la Biblia—, es como los animales que perecen» (Sal 49,21). ¡Qué verdad es!

Mientras pintaba al fresco la catedral de San Pablo en Londres, el pintor James Thornhill, en un cierto momento, se sobrecogió con tanto entusiasmo por su fresco que, retrocediendo para verlo mejor, no se daba cuenta de que se iba a precipitar al vacío desde los andamios. Un asistente, horrorizado, comprendió que un grito de llamada sólo habría acelerado el desastre. Sin pensarlo dos veces, mojó un pincel en el color y lo arrojó en medio del fresco. El maestro, estupefacto, dio un salto hacia adelante. Su obra estaba comprometida, pero él estaba a salvo.

Así actúa a veces Dios con nosotros: trastorna nuestros proyectos y nuestra tranquilidad, para salvarnos del abismo que no vemos. Pero atentos a no engañarnos. No es Dios quien ha arrojado el pincel sobre el fresco de nuestra orgullosa civilización tecnológica. ¡Dios es aliado nuestro, no del virus!

«Tengo proyectos de paz, no de aflicción», nos dice él mismo en la Biblia (Jer 29,11). Si estos flagelos fueran castigos de Dios, no se explicaría por qué se abaten igual sobre buenos y malos, y por qué los pobres son los que más sufren sus consecuencias. ¿Son ellos más pecadores que otros?

¡No! El que lloró un día por la muerte de Lázaro llora hoy por el flagelo que ha caído sobre la humanidad. Sí, Dios «sufre», como cada padre y cada madre. Cuando nos enteremos un día, nos avergonzaremos de todas las acusaciones que hicimos contra él en la vida. Dios participa en nuestro dolor para vencerlo. «Dios —escribe san Agustín—, siendo supremamente bueno, no permitiría jamás que cualquier mal existiera en sus obras, si no fuera lo suficientemente poderoso y bueno, para sacar del mal mismo el bien».

¿Acaso Dios Padre ha querido la muerte de su Hijo, para sacar un bien de ella? No, simplemente ha permitido que la libertad humana siguiera su curso, haciendo, sin embargo, que sirviera a su plan, no al de los hombres. Esto vale también para los males naturales como los terremotos y las pestes. Él no los suscita.

Él ha dado también de la naturaleza una especie de libertad, cualitativamente diferente, sin duda, de la libertad moral del hombre, pero siempre una forma de libertad. Libertad de evolucionar según sus leyes de desarrollo. No ha creado el mundo como un reloj programado con antelación en cualquier mínimo movimiento suyo. Es lo que algunos llaman la casualidad, y que la Biblia, en cambio, llama «sabiduría de Dios».

* * *
El otro fruto positivo de la presente crisis sanitaria es el sentimiento de solidaridad. ¿Cuándo, en la memoria humana, los pueblos de todas las naciones se sintieron tan unidos, tan iguales, tan poco litigiosos, como en este momento de dolor? Nunca como ahora hemos percibido la verdad del grito de un nuestro poeta: «¡Hombres, paz! Sobre la tierra postrada demasiado es el misterio».

Nos hemos olvidado de los muros a construir. El virus no conoce fronteras. En un instante ha derribado todas las barreras y las distinciones: de raza, de religión, de censo, de poder. No debemos volver atrás cuando este momento haya pasado.

Como nos ha exhortado el Santo Padre no debemos desaprovechar esta ocasión. No hagamos que tanto dolor, tantos muertos, tanto compromiso heroico por parte de los agentes sanitarios haya sido en vano. Esta es la «recesión» que más debemos temer.

De las espadas forjarán arados,
de las lanzas, podaderas.
No alzará la espada pueblo contra pueblo,
no se adiestrarán para la guerra (Is 2,4).

Es el momento de realizar algo de esta profecía de Isaías cuyo cumplimiento espera desde siempre la humanidad. Digamos basta a la trágica carrera de armamentos. Gritadlo con todas vuestras fuerzas, jóvenes, porque es sobre todo vuestro destino lo que está en juego.

Destinemos los ilimitados recursos empleados para las armas para los fines cuya necesidad y urgencia vemos en estas situaciones: la salud, la higiene, la alimentación, la lucha contra la pobreza, el cuidado de lo creado. Dejemos a la generación que venga un mundo más pobre de cosas y de dinero, si es necesario, pero más rico en humanidad.

* * *

La Palabra de Dios nos dice qué es lo primero que debemos hacer en momentos como estos: gritar a Dios. Es él mismo quien pone en labios de los hombres las palabras que hay que gritarle, a veces incluso palabras duras, de llanto y casi de acusación. «¡Levántate, Señor, ven en nuestra ayuda! ¡Sálvanos por tu misericordia! […] ¡Despierta, no nos rechaces para siempre!» (Sal 44,24.27). «Señor, ¿no te importa que perezcamos?» (Mc 4,38).

¿Acaso a Dios le gusta que se le rece para conceder sus beneficios? ¿Acaso nuestra oración puede hacer cambiar sus planes a Dios? No, pero hay cosas que Dios ha decidido concedernos como fruto conjunto de su gracia y de nuestra oración, casi para compartir con sus criaturas el mérito del beneficio recibido [6] . Es él quien nos impulsa a hacerlo: «Pedid y recibiréis, ha dicho Jesús, llamad y se os abrirá» (Mt 7,7).

Cuando, en el desierto, los judíos eran mordidos por serpientes venenosas, Dios ordenó a Moisés que levantara en un estandarte una serpiente de bronce, y quien lo miraba no moría. Jesús se ha apropiado de este símbolo.

«Como Moisés levantó la serpiente en el desierto —le dijo a Nicodemo— así es preciso que sea levantado el Hijo del hombre, para que todo aquel que cree en él tenga vida eterna» (Jn 3,14-15). También nosotros, en este momento, somos mordidos por una «serpiente» venenosa invisible. Miremos a Aquel que fue «levantado» por nosotros en la cruz. Adorémoslo por nosotros y por todo el género humano. Quien lo mira con fe no muere. Y si muere, será para entrar en la vida eterna.

«Después de tres días resucitaré», predijo Jesús (cf. Mt 9, 31). Nosotros también, después de estos días que esperamos sean cortos, nos levantaremos y saldremos de las tumbas de nuestros hogares. No para volver a la vida anterior como Lázaro, sino a una vida nueva, como Jesús. Una vida más fraterna, más humana. !Más cristiana!

Celebración de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor

Hoy a partir de las 15 hs. estará disponible en Youtube y Facebook la Celebración de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo, presidida por Mons. Marcelo Colombo.

Para verla en youtube este es el link: https://youtu.be/eqwrTNE7xH0
No intentes verla antes de las 15 hs., porque no estará disponible todavía.

Para verla en Facebook, ingresa también a las 15 hs. a la página Pastoral de Comunicadores Mendoza y ahí podrás verla.

Acompañemos a Jesús en sus horas más difíciles, unámonos a Él y con nuestros hermanos sufrientes.

PASTORAL DE COMUNICADORES MENDOZA

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