«Pan, paz y trabajo»

El próximo 7 de agosto celebraremos la fiesta de San Cayetano, cuya devoción se multiplica a lo largo y a lo ancho de nuestra Patria y a quien nuestro pueblo siempre acerca el pedido tan concreto de “paz, pan y trabajo”, consciente de que, en estos bienes, se incluyen muchos otros bienes.

Pedir por el trabajo es pedir que todos los trabajadores y trabajadoras tengan derecho a vivir dignamente del fruto de sus esfuerzos cotidianos y a desplegar sus potencialidades y talentos para aportar al crecimiento de nuestra Patria. ¿Cómo no pedir a San Cayetano que todos los varones y las mujeres de buena voluntad puedan vivir dignamente del fruto de su trabajo?

Peregrinos de San Cayetano, también suplicamos el pan de cada día, como nos enseñó Jesús. El pan que alimenta nuestra vida y que diariamente se hace más inalcanzable a causa de la inflación asfixiante que padecemos y que genera miseria. ¿Cómo no pensar en la cantidad creciente de hermanos y hermanas que se acercan cotidianamente a los comedores, en los adultos mayores que no pueden comprar sus medicamentos, en las familias cuyos ingresos son cada vez más insignificantes? Como reza una canción: ‘no es posible morirse de hambre en esta tierra bendita del pan’. El pan que se pide para todos, el que se logra con el propio trabajo, es un clamor de justicia.

Pedimos también el pan de la fraternidad, porque el pan no se come en soledad, se comparte en la mesa de familia, en comunidad. ¡Cuánto necesitamos este pan en una sociedad agrietada y enfrentada donde no acabamos de entender que “nadie se salva solo” y parece imposible generar proyectos comunes, donde la verdadera brecha se agiganta cada vez más en relación a los últimos, a los que padecen la pobreza y peor aún la indigencia! ¡Cuánto bien nos haría dialogar y compartir el pan de las ideas y de las prácticas que construyan una fraternidad política, para pensar prioritariamente en quienes más sufren esta crisis y para buscar soluciones honestas y realistas que prescindan del uso clientelar de la necesidad de la gente! Se necesita más que nunca en los políticos un ejercicio de la responsabilidad que vaya más allá de los propios intereses. Así aparecerá en nuestro horizonte la paz y la amistad social, que también están incluidas en ese pedido sencillo y a la vez esencial de “paz, pan y trabajo”.

En estos tiempos complejos, en que ningún sector parece dispuesto a ceder en sus intereses, nos hará bien a todos los que somos dirigentes en distintos ámbitos – políticos, sociales, sindicales, empresariales, religiosos, etc.- dejarnos interpelar por las palabras del Papa Francisco: “La profundidad de la crisis reclama proporcionalmente la altura de la clase política dirigente, capaz de levantar la mirada y dirigir y orientar las legítimas diferencias en la búsqueda de soluciones viables para nuestros pueblos.”[1]

Convocamos a todo el Pueblo de Dios a unirnos en oración por nuestra Patria, para que seamos capaces de responder con responsabilidad a las exigencias de este momento difícil.

Pedimos a la Madre de Luján que nos impulse a trabajar juntos para que el pan cotidiano no falte en nuestras mesas argentinas.

Buenos Aires, 30 de julio de 2022

Mons. Oscar V. Ojea, Presidente

Mons. Marcelo Colombo, Vicepresidente 1°

Mons. Carlos Azpiroz Costa, Vicepresidente 2°

Mons. Alberto G. Bochatey, Secretario General

Comisión Ejecutiva


[1] Papa Francisco, Video mensaje a los participantes en el seminario virtual «América Latina: Iglesia, papa Francisco y escenarios de la pandemia», Jueves 19 de noviembre de 2020.

Cuaresma: un tiempo para renovar la fe, la esperanza y la caridad

Presentación del Mensaje del Santo Padre para vivir la Cuaresma 2021

Circular N° 002/21

Cada etapa de la vida es un tiempo para creer, esperar y amar. Este llamado a vivir la Cuaresma como camino de conversión y oración, y para compartir nuestros bienes, nos ayuda a reconsiderar, en nuestra memoria comunitaria y personal, la fe que viene de Cristo vivo, la esperanza animada por el soplo del Espíritu y el amor, cuya fuente inagotable es el corazón misericordioso del Padre.

(Francisco, Mensaje en la Cuaresma 2021)

Queridos hermanos,

Los tiempos litúrgicos animan nuestro crecimiento y nos ayudan a profundizar en el seguimiento del Señor. El próximo miércoles con la tradicional imposición de cenizas, comenzaremos Cuaresma, animados por la espera confiada de la Pascua, triunfo de Dios sobre la muerte y el pecado.

Vivir la Cuaresma en tiempos de pandemia

La situación general de la Humanidad marcada por la dura experiencia del Covid y sus consecuencias nos ha dejado una huella profunda en la vida cotidiana y en cierto modo, condiciona el horizonte de nuestra mirada en los próximos meses y años. Es el contexto real donde transitaremos la Cuaresma.

Preparar nuestro corazón para la Pascua requiere generosidad para vivir los desafíos de este tiempo. Con la ascesis cuaresmal nos despojamos de lo que nos paraliza: el miedo, el individualismo, el egoísmo y todo lo que nos priva de la gracia de la fraternidad que el Señor nos regaló. La reconciliación sacramental será siempre ese instrumento de la gracia que nos regrese a la comunión plena con Dios y con los demás. Si la cuarentena con las distintas modalidades de distanciamiento nos impidió celebrarlo asiduamente, no dejemos pasar este tiempo de Cuaresma para vivirlo como un momento privilegiado del espíritu. Como en años anteriores, pero en este caso con un énfasis especial, pido a los sacerdotes prever momentos para la celebración del sacramento de la reconciliación, incluso invitando sacerdotes vecinos y organizando momentos comunitarios de preparación del sacramento.

En nuestra “vieja” normalidad, en estos días comenzábamos a planificar, prever, organizar las distintas actividades que empezaban a desplegarse. Confiamos en que las autoridades nacionales, provinciales y departamentales nos ayuden a recuperar gradual y crecientemente espacios tan importantes como son la escuela, el trabajo, la vida productiva y todos los ámbitos de encuentro familiar, religioso, social y cultural.

Como Iglesia debemos continuar poniendo todo nuestro empeño en la dinámica de cuidado que la pandemia nos exige y queremos retomar en todo cuanto se pueda, aquellas actividades que requieren la presencialidad. Pido a párrocos y responsables de comunidades que dediquen algún tiempo en las próximas semanas para organizar los servicios parroquiales, considerando diferentes alternativas si se retoman estrategias de distanciamiento por razón del Covid. También para nosotros se impone aprender de la experiencia y superar toda forma de parálisis que pueda hacer decaer el entusiasmo evangelizador de las comunidades.

Renovar la fe, la esperanza y la caridad

En esta pequeña Carta, junto con mi saludo al comenzar la Cuaresma, deseo presentarles el Mensaje del Santo Padre con el lema “Cuaresma: un tiempo para renovar la fe, la esperanza y la caridad.” Acompaño el texto del mencionado Mensaje, invitándolos a reflexionar con la ayuda del Papa Francisco el camino penitencial que nos lleva a la Pascua.

En este tiempo de conversión renovemos nuestra fe, saciemos nuestra sed con el “agua viva” de la esperanza y recibamos con el corazón abierto el amor de Dios que nos convierte en hermanos y hermanas en Cristo. En la noche de Pascua renovaremos las promesas de nuestro Bautismo, para renacer como hombres y mujeres nuevos, gracias a la obra del Espíritu Santo. Sin embargo, el itinerario de la Cuaresma, al igual que todo el camino cristiano, ya está bajo la luz de la Resurrección, que anima los sentimientos, las actitudes y las decisiones de quien desea seguir a Cristo.

(Mensaje para la Cuaresma 2021, introducción)

El Mensaje nos invita con una pedagogía sencilla a dejarnos encontrar con la Verdad que es el mismo Cristo, para ser sus testigos ante los hombres. Él quiere poner su Morada entre nosotros (cfr. Mensaje, n. 1); la ascesis cuaresmal nos pide despojarnos, privarnos, de todo lo que nos distrae de ese encuentro imprescindible.

La Cuaresma desafía nuestra esperanza, viviendo este tiempo como un tiempo de Dios en el que Él quiere hacer nuevas todas las cosas (cfr. Mensaje, n. 2). La oración personal y comunitaria, la reconciliación, la capacidad y empeño que pongamos en trasmitir aliento y confianza a los corazones abatidos, ayudan mucho a vivir la novedad a la que Dios nos invita.

Al referirse a la Caridad, para vivir la Cuaresma en tiempos de Covid y en la perspectiva de comprender mejor nuestra misión de artífices de la amistad social, el Papa nos propone varios textos de Fratelli tutti, insistiendo en la necesidad de una caridad activa, que se exprese como solidaridad con los hermanos, con sus sentimientos, con sus distintas situaciones, dolores y fragilidades (cfr. Mensaje, 3)

Misa Crismal

El próximo sábado 20 de febrero, a las 10 de la mañana, celebraremos en la Parroquia “Nuestra Señora de los Dolores” la Misa Crismal. Dadas las exigencias sanitarias de este tiempo, no podemos convocar a una celebración masiva. En el respeto del protocolo vigente, que prevé una concurrencia hasta el 50% de la capacidad total de iglesias y templos, cada parroquia, comisión diocesana y movimiento, podrá invitar hasta un representante. Seamos cuidadosos en este punto para que nuestra Iglesia particular pueda estar presente en su totalidad.

Con la presencia de todos los presbíteros, diocesanos y religiosos, los diáconos permanentes y la vida consagrada, se bendecirán los óleos de los catecúmenos y los enfermos, y se consagrará el santo Crisma, que expresarán la vida de gracia a la que el Señor nos invita. En esta celebración tan significativa para nuestra comunidad eclesial, los sacerdotes renovarán sus promesas de la ordenación sagrada, fortaleciendo su compromiso de seguir anunciando al Señor en comunión con los obispos y sus hermanos presbíteros. Será también la oportunidad para rezar juntos por el fecundo ministerio de los seminaristas que serán ordenados diáconos y presbíteros en el Santuario de El Challao, el próximo 27 de febrero, a las 10 de la mañana.

Mis queridos hermanos, les deseo una feliz Cuaresma, tiempo de Dios para nuestros corazones siempre necesitados de vivir la fe, la esperanza y el amor conforme nuestra vocación cristiana.

Los abrazo y bendigo en Jesús, el buen Pastor, ante la mirada maternal de nuestra Madre del Rosario.

Mendoza, 11 de febrero de 2021.
Memoria litúrgica de Nuestra Señora de Lourdes.

+Marcelo Daniel Colombo, Padre Obispo de Mendoza

La cultura del cuidado como camino de la Paz

Presentación del Mensaje del Santo Padre Francisco para la 54° Jornada Mundial de la Paz

“La cultura del cuidado, como compromiso común, solidario y participativo para proteger y promover la dignidad y el bien de todos, como una disposición al cuidado, a la atención, a la compasión, a la reconciliación y a la recuperación, al respeto y a la aceptación mutuos, es un camino privilegiado para construir la paz.” (Mensaje, n. 9)

Mis queridos hermanos,

En este día de los Santos Mártires Inocentes, estamos celebrando una Jornada de Ayuno y Oración, invitados por la Conferencia Episcopal Argentina a rezar para que se rechace en el Senado el proyecto de legalización del aborto.

En este contexto tan especial, quiero presentarles el Mensaje del Santo Padre Francisco para la Jornada Mundial de la Paz. Cada año, la Iglesia celebra la Jornada Mundial de la Paz, este año convocada con el lema La cultura del cuidado como camino de paz”. Acompaño el texto del Mensaje para que lo tengan a disposición.

La cultura del cuidado en tiempos de COVID

El Papa repasa los rasgos dramáticos del año 2020 por la crisis sanitaria de COVID- 19, “que se ha convertido en un fenómeno multisectorial y mundial, que agrava las crisis fuertemente interrelacionadas, como la climática, alimentaria, económica y migratoria, y causa grandes sufrimientos y penurias.” (Mensaje, n. 1)

Luego de recordar a quienes perdieron un ser querido y también el trabajo, al personal de la salud (médicos, enfermeros, farmacéuticos, investigadores, voluntarios, capellanes y personal de los hospitales y centros de salud), el Santo Padre pide a los líderes políticos y al sector privado, que se garanticen a los enfermos, a los pobres y frágiles el acceso a las vacunas contra el COVID-19 y a las tecnologías esenciales necesarias para prestarles

Lamentando profundamente las “diversas formas de nacionalismo, racismo, xenofobia e incluso guerras y conflictos que siembran muerte y destrucción” (Mensaje, n. 1), propone la cultura del cuidado para erradicar la prevalencia de la indiferencia, el rechazo y la confrontación.

La Iglesia y la cultura del cuidado

Las páginas de la Biblia nos recuerdan que desde el origen del hombre y el mundo “ya estaba contenida una convicción actual: que todo está relacionado, y que el auténtico cuidado de nuestra propia vida y de nuestras relaciones con la naturaleza es inseparable de la fraternidad, la justicia y la fidelidad a los demás” (Mensaje, n. 2)

También vemos en los profetas cómo “la comprensión bíblica de la justicia se manifestaba en la forma en que una comunidad trataba a los más débiles que estaban en ella.” (Mensaje, n.3)

Jesús se manifiesta como el Ungido “enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dejar en libertad a los oprimidos” (Lc 4,18). En su compasión “se acercaba a los enfermos del cuerpo y del espíritu y los curaba; perdonaba a los pecadores y les daba una vida nueva. Jesús era el Buen Pastor que  cuidaba de las  ovejas (cf. Jn 10,11-  18; Ez 34,1-31); era el Buen Samaritano que se inclinaba sobre el hombre herido,  vendaba sus heridas y se ocupaba de él (cf. Lc 10,30-37).” (Mensaje, 4) Para cuidarnos y ganarnos la vida nueva, se entregó en la Cruz.

Las primeras comunidades se hacían cargo, responsablemente, de las necesidades de los más pobres. A lo largo de la historia de la Iglesia, esta exigencia de testimoniar concretamente la solicitud por los más pobres se hizo visible en las enseñanzas de los Padres de la Iglesia. Esta sostenida inquietud de la Iglesia inspiró “numerosas instituciones para el alivio de todas las necesidades humanas: hospitales, hospicios para los pobres, orfanatos, hogares para niños, refugios para peregrinos, entre otras” (Mensaje, n. 5)

En este camino eclesial de solidaridad, fue madurando la Doctrina social de la Iglesia cuyos principios fundamentan la cultura del cuidado, que se manifiestan en “la promoción  de la dignidad de toda persona humana, la solidaridad con los pobres y los indefensos, la preocupación por el bien común y la salvaguardia de la creación.” (Mensaje, n. 6)

La comunidad internacional y la cultura del cuidado

Para concluir, el Santo Padre propone a la dirigencia internacional, autoridades políticas y organismos internacionales, tomar como brújula estos principios a los efectos de dar un rumbo común, realmente humano, al proceso de globalización frente a la extendida cultura del descarte. Con la brújula de los principios sociales, el Papa anima a todos los hombres a “convertirse en profetas y testigos de la cultura del cuidado, para superar tantas desigualdades sociales… con un fuerte y amplio protagonismo de las mujeres, en la familia y en todos los ámbitos sociales, políticos e institucionales.” (Mensaje, n. 7)

Esta brújula orienta no sólo la vida en una determinada comunidad sino también en “las relaciones entre las naciones, que deberían inspirarse en la fraternidad, el respeto mutuo, la solidaridad y el cumplimiento del derecho internacional. A este respecto, debe reafirmarse la protección y la promoción de los derechos humanos fundamentales, que son inalienables, universales e indivisibles” (Mensaje, n. 7)

El Papa insiste en el valor del derecho humanitario, frente a los conflictos y las guerras presentes, con sus consecuencias de inseguridad, hambruna y las migraciones forzadas. Por eso cuestiona el dinero destinado a la fabricación de armas, y propone en cambio, un Fondo mundial para enfrentar el hambre (cfr. Mensaje, n. 7)

La familia, la educación y las religiones al servicio de la cultura del cuidado

La cultura del cuidado se forja en la educación, nace en la familia y se fortalece en los ámbitos educativos posteriores en una relación de interacción permanente (cfr. Mensaje, n. 8).

Debe considerarse además el importante lugar que tienen las religiones, respaldando la formación para la cultura del cuidado, “en la transmisión a los fieles y a la sociedad de los valores de la solidaridad, el respeto a las diferencias, la acogida y el cuidado de los hermanos y hermanas más frágiles.” (Mensaje, n. 8)

Queridos hermanos, en este nuevo Año, encomendado a San José, quien ejerció ejemplarmente la cultura del cuidado al asumir la paternidad del mismo Hijo de Dios, asumamos estas enseñanzas del Papa Francisco como una concreción de las páginas del Evangelio que nos urge a amar y servir. Mañana nuestra Patria atravesará una página dramática donde un puñado de hombres y mujeres tendrán la gravísima responsabilidad de votar en conciencia la aprobación o el rechazo de una ley manifiestamente injusta y contraria a una ética auténticamente humanista, donde la vida es un valor indisponible y cuidarla, una exigencia de la mayor responsabilidad moral. Sigamos rezando para que esos senadores sean conscientes de esta responsabilidad de cuidar la vida, cada vida, todas las vidas.

Concluyo compartiéndoles el saludo final del Papa Francisco en el Mensaje que hoy les presento, donde expresa el sentido deseo de un tiempo decididamente nuevo para todos nosotros: “Como cristianos, fijemos nuestra mirada en la Virgen María, Estrella del Mar y Madre de la Esperanza. Trabajemos todos juntos para avanzar hacia un nuevo horizonte de amor y paz, de fraternidad y solidaridad, de apoyo mutuo y acogida. No cedamos a la tentación de desinteresarnos de los demás, especialmente de los más débiles; no nos acostumbremos a desviar la mirada, sino comprometámonos cada día concretamente para formar una comunidad compuesta de hermanos que se acogen recíprocamente y se preocupan los unos de los otros.” (Mensaje, n. 8)

En Cristo buen Pastor, los abrazo y les deseo un muy feliz 2021, caminando junto a Él, que es Camino, Verdad y Vida.

Mendoza, 28 de diciembre de 2020
+Padre Obispo Marcelo Daniel Colombo

Se realizó el XIII Encuentro Anual de Secretarios/as Parroquiales

El Padre Mario Panetta, Canciller y Secretario General de la Arquidiócesis de Mendoza, nos relata lo acontecido en el XIII Encuentro Anual de Secretarios/as Parroquiales.

Con gran alegría y esfuerzo el de encontrarnos a través de los medios modernos, el pasado viernes se pudo llevar a cabo el XIII Encuentro Anual de Secretarios/as Parroquiales. Dadas las circunstancias y con la intención de poder acompañarnos en tan delicada tarea, y en los tiempos que estamos transitando, generamos este nuevo encuentro por Videoconferencia.

El objetivo principal fue poder tener un espacio de escucha, acompañamiento y oración. Previamente motivamos a un encuentro personal y decanal, para prepararnos y de hacer oración en el Decanato, con todo lo que estamos viviendo, con lo difícil y con lo positivo que nos deja esta cuarentena, con lo que la gente nos hace llegar a las parroquias.

Iniciamos con la presencia y el saludo de nuestro Padre y Pastor, Mons. Marcelo Colombo; continuamos iluminados por la Palabra, elevamos juntos la oración que cada Decanato traía, para rezar por toda nuestra Diócesis. Luego de la meditación, organizamos un trabajo en pequeños grupos, para escuchar las resonancias.

Después de la pausa y trabajo grupal, nos volvimos a reunir todos, y allí compartimos algunos testimonios. Pudimos participar alrededor de 37 parroquias, y la colaboración de Federico Panella, Claudio Zincarini y Gonzalo Vera.

Fue un momento muy valorado, alentador y con una profunda mirada de esperanza, siendo conscientes que no dejamos de ser “instrumentos” para anunciar la Buena Noticia del Reino.

Damos gracias al Señor, en nombre de toda la Iglesia Diocesana, por estos “servidores del Evangelio” que llevan adelante tan importante tarea evangelizadora.

Testimonios

«Soy Mariana García secretaria de la Parroquia Nuestra Señora del Carmen, de San Martín, la verdad que este tiempo no lo puedo catalogar como “malo” es un tiempo “DISTINTO” que nos ha llamado a buscar nuevas formas de comunicarnos. En los primeros meses, mayo aproximadamente, la secretaría parroquial se convirtió en secretaría de Cáritas, ya que las personas que se acercaban eran para solicitar ayuda en alimentos: los cafeteros, los cuida coches; estaban sin sus ingresos y no tenía forma de subsistir.  En varias ocasiones fui el “Delivery” de Cáritas, asistiendo a familias que se encontraban aisladas.

Se puede decir que es un tiempo de “Sinodalidad Popular”, han sido muchos los que se acercaron para poder dar una mano, personas que no eran asiduas a la parroquia empezaron a colaborar con alimentos, elementos de limpieza.

Como dijo el Papa Francisco “de las crisis no se sale igual, se sale mejores o peores” y en este período he notado cómo muchas personas han dado el paso de salir de sus propias preocupaciones para salir en la ayuda del hermano.

También he notado cómo la gente ha buscado más los espacios de oración, (antes el templo pasaba varias horas vacío), se ampliaron los horarios de confesiones, muchas familias se acercan para pedir el sacramento del Bautismo… y es una constante la expresión “yo sólo quiero bautizar a mi hijo…”, frente a las limitaciones del cupo de asistentes a las celebraciones…

Mariana García, Secretaria de la Parroquia Nuestra Señora del Carmen, San Martín.

Mi nombre es Elizabeth, hace un mes que me estoy iniciando como secretaria parroquial en la Cuasiparroquia San Cayetano.

Luego de compartir la reflexión con el Padre Mario y realizar la lectura de Lc 10, 25-37 y el punto 77 y 78 de “Fratelli Tutti” compartí con mi grupo.

En mi casa la situación es particular en esta pandemia porque soy docente, por ello en este aislamiento social he “entrado a muchos hogares” y mis más de doscientos alumnos “han ingresado a casa”.

Me parece novedoso y alentador concebir este momento histórico como una pausa para Dios y para la familia a. Gracias a esta nueva postura para mí, veo como un regalo del Señor estos espacios para compartir con Él y con mi familia.

Siento como fundamental poder conmovernos ante la realidad de mi prójimo y en nuestro ministerio conmovernos ante todos aquellos que vienen a buscar un alimento, una palabra y un oído. Son muchas las personas que hoy se acercan a la Iglesia, a la oración y a Dios, buscando el apoyo para seguir adelante.

Tomando palabras del Papa Francisco, es momento ver “las dificultades que parecen enormes como oportunidades para crecer”.

Elizabeth, Secretaria de la Cuasiparroquia San Cayetano, Godoy Cruz.

Oración por la humanidad

La Conferencia Episcopal Argentina nos invita a unirnos en oración, ayuno y obras de caridad para implorar la ayuda de Dios en esta pandemia.

Prot. CEA N° 50/2020
Buenos Aires, 5 de mayo de 2020

Queridos Hermanos y Hermanas:

En comunión con el Papa Francisco, la Conferencia Episcopal Argentina hace suya e invita cordialmente a unirse a Líderes y Comunidades Religiosas presentes en nuestro país, a la Oración por la Humanidad a realizarse el próximo 14 de mayo.

Dijo el Santo Padre: “He aceptado la propuesta del Alto Comité para la Fraternidad Humana, para que el próximo 14 de mayo, creyentes de todas las religiones se unan espiritualmente en un día de oración, ayuno y obras de caridad para implorar a Dios que ayude a la humanidad a superar la pandemia del coronavirus”.

Señalamos también lo que los miembros del Alto Comité subrayan en su Mensaje: “junto a la afirmación de nuestra creencia en la importancia del papel de la medicina y la investigación científica en el tratamiento de esta pandemia no nos olvidamos de dirigirnos a Dios, el Creador, en esta gran crisis”.

Unidos en esta esperanza los saludamos con renovada fraternidad en “el Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo”.

Celebración de la Divina Misericordia

«Dios, que es rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, y estando nosotros muertos por nuestros delitos, nos dio vida por Cristo» Ef. 2,4s

Circ. Nro. 17/2020

Queridos hermanos,

Con la alegría de la Pascua, celebramos que Jesús, el Señor, está vivo. Ha cargado sobre sus hombros nuestros pecados, ha enfrentado a la muerte y le ha ganado. Y su triunfo es el nuestro, que hemos sido ganados al precio de su sangre y sanados por su amor. Como María Magdalena, como Pedro, como los demás discípulos, estamos invitados a testimoniar esta Vida, la de Cristo resucitado.

En el año 2000, la Iglesia estableció que el segundo domingo de Pascua se celebrara la fiesta de la Divina Misericordia. Para el Papa Juan Pablo II, esta celebración es “(…) una invitación perenne para el mundo cristiano a afrontar, con confianza en la benevolencia divina, las dificultades y las pruebas que esperan al género humano en los años venideros” (Palabras espontáneas del Papa Juan Pablo II en la Homilía en la Canonización de Santa Faustina, 30 de abril de 2000)

Desde entonces, las comunidades cristianas tienen en gran estima esta fiesta y es la oportunidad de reflexionar sobre la misericordia de Dios, manifestada en Jesucristo, nuestro Redentor. Así también en Mendoza teníamos prevista y organizada una celebración arquidiocesana, en Guaymallén, allí donde recordamos a la Virgen y el Año Mariano Nacional de 1980. Quedará para el “regreso”, para cuando podamos ir retomando las distintas actividades. Sabemos que será un camino largo y lleno de nuevos desafíos a la concreta vivencia de nuestra fe, creativa y solidaria.

Sin embargo, quiero invitar a todos a unirse en la Celebración de la Divina Misericordia, acompañándome en la Misa televisada por Canal 7, este próximo domingo, a las 9 hs, la cual también se trasmitirá por los medios digitales de la Arquidiócesis. Unidos al Señor Misericordioso, queremos pedirle el cese de esta pandemia, el regreso de los enfermos a sus hogares, la recuperación de la vida social y la reanimación de la vida económica para el digno sustento de las familias.

Pero, además, quiero proponerles un gesto que se una a esta importante oración. Estamos transitando un momento delicado en la subsistencia de muchos hogares. Por eso les pido que ayuden a Cáritas. Al final de esta circular, les recuerdo los datos para comunicarse con esta importante institución eclesial.

La Misericordia de Dios se expresa en esa imprescindible caridad fraterna porque estamos llamados a amar como Él nos amó. En 2019, en esta Fiesta, el Papa Francisco nos enseñaba: Todos nosotros necesitamos de la misericordia, lo sabemos. Acerquémonos a Jesús y toquemos sus llagas, en nuestros hermanos  que sufren. Las heridas de Jesús son un tesoro: de ellas brota la misericordia. Seamos valerosos y toquemos las llagas de Jesús. Con estas llagas está delante del Padre y se las enseña, como si dijera «Padre, éste es el precio, estas llagas son lo que yo he pagado por mis hermanos». Con sus llagas Jesús intercede ante el Padre. Nos da la misericordia si nos acercamos e intercede por nosotros. No olviden las llagas de Jesús.”

Los abrazo y bendigo en Jesús Misericordioso, el buen Pastor resucitado. Que nuestra Madre del Rosario nos siga ayudando a estar presentes en el mundo de los hermanos más pobres y necesitados. Afectuosamente,

+Padre Obispo Marcelo Daniel Colombo
Mendoza, 15 de abril de 2020

Francisco: «Cristo ha resucitado, miremos con confianza el futuro»

El Santo Padre en el «Lunes del Ángel» recuerda con cercanía y afecto a todos los países fuertemente golpeados por el coronavirus y asegura sus oraciones por todos ellos: «No olviden que el Papa reza por vosotros». También ha reflexionado sobre el imprescindible papel de la mujer en el mundo, que desde el anuncio de la Resurrección de Jesús hasta nuestros días, ha sido siempre primordial.

Por: Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano
FUENTE: VATICAN NEWS

Hoy primer lunes de Pascua, conocido como “Lunes del Ángel”, el Papa Francisco ha rezado a la Virgen María el Regina Coeli, pero antes de su oración, ha comentado el Evangelio de hoy según Mateo en el que el evangelista narra que las mujeres asustadas salen apresuradamente del sepulcro de Jesús, que han encontrado vacío; pero Jesús mismo se les aparece en el camino diciendo: «No tengáis miedo; id y anunciad a mis hermanos y hermanas que se vayan a Galilea: allí me verán».

El Pontífice ha explicado que con estas palabras, el Resucitado, por un lado, “confía a las mujeres un mandato misionero hacia los Apóstoles”; por otro, “recompensa con este gesto especial de atención y predilección el admirable ejemplo de fidelidad, dedicación y amor a Cristo de estas mujeres”.

La Resurrección de Jesús nos dice que la última palabra no es la muerte, sino la vida

El Papa Francisco después explica como la fe de las mujeres, de los discípulos y en especial de Pedro, dio un salto cualitativo que “sólo el Espíritu Santo, don del Resucitado, podía provocar”. “Jesús les había predicho repetidamente que, después de la pasión y la cruz, resucitaría, pero los discípulos no lo habían entendido, porque aún no estaban preparados” asegura el Papa, puntualizando que la Resurrección de Jesús “nos dice que la última palabra no es la muerte, sino la vida” pues al resucitar al Hijo unigénito – continua – “Dios Padre ha manifestado plenamente su amor y misericordia por la humanidad de todos los tiempos”.

Miremos el futuro con confianza a pesar de la incertidumble

El Papa además nos dice cual es el mensaje pascual que estamos llamados a proclamar, con palabras y sobre todo con el testimonio de la vida: “Si Cristo ha resucitado – dice – es posible mirar con confianza todos los acontecimientos de nuestra existencia, incluso los más difíciles llenos de angustia e incertidumbre”. El Papa nos pide hoy que esta alegre noticia “resuene en nuestros hogares y en nuestros corazones: «¡Cristo, mi esperanza, ha resucitado!”, pues – puntualiza – “esta certeza refuerza la fe de todo bautizado y anima especialmente a aquellos que se enfrentan a mayores sufrimientos y dificultades”.

Y justo antes de rezar a la Madre del cielo, el Papa ha expresado su deseo de Pascua: “Que María, testigo silencioso de la muerte y resurrección de su hijo Jesús, nos ayude a creer firmemente en este misterio de salvación que, acogido con fe, puede cambiar nuestras vidas”.

La gran labor de la mujer debe ser reconocida desde el anuncio de la Resurrección de Jesús

Después de rezar a la Reina del cielo, el Papa hecho una pequeña reflexión sobre el importante papel de la mujer en el mundo, ya desde tiempos del anuncio de la Resurrección de Jesús: “Hoy quisiera recordarles lo que hacen muchas mujeres, incluso en este momento de emergencia sanitaria, para cuidar a otros: doctoras, enfermeras, agentes de las fuerzas del orden y de las cárceles, empleadas de tiendas de bienes de primera necesidad… y muchas madres y hermanas que se encuentran encerradas en la casa con toda la familia, con niños, ancianos y discapacitados”. El Papa ha dirigido un pensamiento especial a aquellas mujeres que corren el riesgo de ser sometidas a violencia “por una convivencia de la cual llevan una carga demasiado grande”: “Oramos por ellas, que el Señor les dé fuerzas y que nuestras comunidades puedan apoyarlas junto con sus familias”.

No olvidemos que el Papa reza por todos nosotros

Al final de sus palabras después del rezo mariano, Francisco ha recordado con cercanía y afecto a todos los países fuertemente golpeados por coronavirus, algunos de ellos con gran número de contagiados y muertos, y ha asegurado sus oraciones por todos ellos: «no olviden eque l Papa reza por vosotros» ha concluido. 

Francisco: Que el resucitado sane las heridas de la humanidad desolada

“Hoy resuena en todo el mundo el anuncio de la Iglesia: “¡Jesucristo ha resucitado! ¡Verdaderamente ha resucitado!”. Así comenzó el Papa Francisco su alocución con ocasión de la bendición Urbi et Orbi, este Domingo de Resurrección en el Vaticano.

Por: Manuel Cubías – Ciudad del Vaticano
FUENTE: VATICAN NEWS

Este domingo 12 de abril, el Papa Francisco ha celebrado en la Basílica de San Pedro la misa del Domingo de Resurrección. Acto seguido oró por el mundo entero e impartió la bendición Urbi et Orbi a la humanidad y a toda la creación.

Contagiar la esperanza que viene de la resurrección

“Es el contagio de la esperanza: «¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza!». No se trata de una fórmula mágica que hace desaparecer los problemas. No, no es eso la resurrección de Cristo, sino la victoria del amor sobre la raíz del mal, una victoria que no “pasa por encima” del sufrimiento y la muerte, sino que los traspasa, abriendo un camino en el abismo, transformando el mal en bien, signo distintivo del poder de Dios”, afirmó el Papa Francisco profundizando sobre el sentido de la esperanza.

Mirar al resucitado

El Papa invita a mirar al resucitado, “que no es otro que el crucificado”, para “que sane las heridas de la humanidad desolada”. En este contexto, el Papa tiene presente a los enfermos, a los que han fallecido y a las familias que lloran la muerte de sus seres queridos: “Hoy pienso sobre todo en los que han sido afectados directamente por el coronavirus” y pide para ellos “que el Señor de la vida acoja consigo en su reino a los difuntos, y dé consuelo y esperanza a quienes aún están atravesando la prueba, especialmente a los ancianos y a las personas que están solas. Que conceda su consolación”. De igual manera recordó al personal sanitario, a las autoridades y a todos los que trabajan en los servicios esenciales.

Dificultades generadas por la pandemia

Francisco hizo un recuento de las dificultades que los seres humanos pasan en estos momentos de pandemia: lutos, sufrimientos físicos y problemas económicos. Seguidamente subrayó: “Esta enfermedad no sólo nos está privando de los afectos, sino también de la posibilidad de recurrir en persona al consuelo que brota de los sacramentos, especialmente de la Eucaristía y la Reconciliación”. En este ambiente, nos invita a recordar la antífona de ingreso de la Misa del día de Pascua delMisal Romano:  No temas, «he resucitado y aún estoy contigo».

Un período de cambios repentinos

El Papa se presenta cercano a aquellos que están enfrentando un futuro incierto, pues temen perder el trabajo y las consecuencias que este hecho comporta; también está cercano a quienes toman decisiones políticas y les invita a que encarnen la búsqueda del bien común de todos los ciudadanos “para permitir que todos puedan tener una vida digna y favorecer, cuando las circunstancias lo permitan, la reanudación de las habituales actividades cotidianas”.

Este no es tiempo para la indiferencia ni para el egoísmo

Francisco hace un llamado a los fieles para que actúen en favor de los más débiles: “Este no es el tiempo de la indiferencia, porque el mundo entero está sufriendo y tiene que estar unido para afrontar la pandemia. Que Jesús resucitado conceda esperanza a todos los pobres, a quienes viven en las periferias, a los prófugos y a los que no tienen un hogar. Que estos hermanos y hermanas más débiles, que habitan en las ciudades y periferias de cada rincón del mundo, no se sientan solos”.

Llamamientos a la humanidad

El Obispo de Roma procedió a hacer una serie de peticiones a la humanidad y en particular a los cristianos católicos para que actuemos y así construyamos una nueva humanidad, fruto de la resurrección de Jesús entre nosotros:

Pidió no dejar solos a los pobres, a los presos y a los que no tienen hogar. “Procuremos que no les falten los bienes de primera necesidad, más difíciles de conseguir ahora cuando muchos negocios están cerrados, como tampoco los medicamentos”.

En el caso de los países con sanciones internacionales pidió que “se relajen además las sanciones internacionales de los países afectados, que les impiden ofrecer a los propios ciudadanos una ayuda adecuada”.

A los países que cargan enormes deudas externas, pidió reducir o incluso condonar, “la deuda que pesa en los presupuestos de aquellos más pobres”.

Para Europa, el Papa pidió que enfrente los desafíos actuales con unidad, rechazando los egoísmos: “Que no pierda la ocasión para demostrar, una vez más, la solidaridad, incluso recurriendo a soluciones innovadoras. Es la única alternativa al egoísmo de los intereses particulares”.

El Papa renovó su llamado a finalizar de inmediato todas las guerras y a poner por encima de los conflictos la vida de todos los seres humanos, así como a poner fin al comercio de armas: “No es este el momento para seguir fabricando y vendiendo armas, gastando elevadas sumas de dinero que podrían usarse para cuidar personas y salvar vidas.

A continuación, el Papa hizo memoria de algunos lugares castigados por conflictos bélicos y en los que la población sufre la fuerza de la violencia desde hace muchos años: “Que sea en cambio el tiempo para poner fin a la larga guerra que ha ensangrentado a Siria, al conflicto en Yemen y a las tensiones en Irak, como también en el Líbano. Que este sea el tiempo en el que los israelíes y los palestinos reanuden el diálogo, y que encuentren una solución estable y duradera que les permita a ambos vivir en paz. Que acaben los sufrimientos de la población que vive en las regiones orientales de Ucrania. Que se terminen los ataques terroristas perpetrados contra tantas personas inocentes en varios países de África”.

Seguidamente el Papa recordó a las poblaciones donde se producen crisis humanitarias, en Asia y África, como en la Región de Cabo Delgado, en el norte de Mozambique. También pidió que Jesús “reconforte el corazón de tantas personas refugiadas y desplazadas a causa de guerras, sequías y carestías. Que proteja a los numerosos migrantes y refugiados —muchos de ellos son niños—, que viven en condiciones insoportables, especialmente en Libia y en la frontera entre Grecia y Turquía. Que permita alcanzar soluciones prácticas e inmediatas en Venezuela, orientadas a facilitar la ayuda internacional a la población que sufre a causa de la grave coyuntura política, socioeconómica y sanitaria”.

Finalizó su mensaje diciendo: “Las palabras que realmente queremos escuchar en este tiempo no son indiferencia, egoísmo, división y olvido. ¡Queremos suprimirlas para siempre! Esas palabras pareciera que prevalecen cuando en nosotros triunfa el miedo y la muerte; es decir, cuando no dejamos que sea el Señor Jesús quien triunfe en nuestro corazón y en nuestra vida. Que Él, que ya venció la muerte abriéndonos el camino de la salvación eterna, disipe las tinieblas de nuestra pobre humanidad y nos introduzca en su día glorioso que no conoce ocaso”.

Papa Francisco en Vigilia Pascual: “Ánimo, con Dios nada está perdido»

La noche del Sábado Santo, el Papa Francisco ha celebrado la Vigilia Pascual. Con esta fiesta litúrgica se rompe el silencio, el luto por la muerte de Jesús y se anuncia nuevamente el triunfo de la vida y de que la muerte no tiene la última palabra.

Por: Manuel Cubías – Ciudad del Vaticano
Fuente: VATICAN NEWS

La Vigilia Pascual es una celebración llena de símbolos. La luz, la Palabra de Dios, el agua, la renovación de las promesas bautismales y la recitación y aceptación de los rasgos fundamentales del Dios en quien creemos.

La hora más oscura

El Papa Francisco en su homilía se ha referido a la lectura del evangelio (Mt, 28,1-10) y refiriéndose a los primeros personajes que aparecen en el relato afirma: “Nos vemos reflejados en los sentimientos de las mujeres durante aquel día”. Y continúa: “Vieron la muerte y tenían la muerte en el corazón. Al dolor se unía el miedo, ¿tendrían también ellas el mismo fin que el Maestro?” (…) “La memoria herida, la esperanza sofocada. Para ellas, como para nosotros, era la hora más oscura”.

Ante esta escena, el Papa afirma con fuerza: “las mujeres no se quedaron paralizadas”. Por esta razón, “No renunciaron al amor: la misericordia iluminó la oscuridad del corazón”. Por eso, María “rezaba y esperaba”; las otras mujeres se preparaban para ir al sepulcro al día siguiente:” esas mujeres preparaban en la oscuridad de aquel sábado el amanecer del «primer día de la semana», día que cambiaría la historia”.

El anuncio pascual: ante una tumba escucharon palabras de vida

En ese contexto, ante el sepulcro, dice el Papa: “encontraron a Jesús, el autor de la esperanza, que confirmó el anuncio y les dijo: «No teman» (v. 10). No teman, no tengan miedoHe aquí el anuncio de la esperanza. Que es también para nosotros, hoy. Son las palabras que Dios nos repite en la noche que estamos atravesando”; y prosigue: “En esta noche conquistamos un derecho fundamental, que no nos será arrebatado: el derecho a la esperanza; es una esperanza nueva, viva, que viene de Dios”.

Las esperanzas superficiales se evaporan con el pasar de los días, por eso el Papa afirma: “La esperanza de Jesús es distinta, infunde en el corazón la certeza de que Dios conduce todo hacia el bien, porque incluso hace salir de la tumba la vida. El sepulcro es el lugar donde quien entra no sale. Pero Jesús salió por nosotros, resucitó por nosotros, para llevar vida donde había muerte, para comenzar una nueva historia que había sido clausurada, tapándola con una piedra”.

No depositemos la esperanza bajo una piedra

Francisco nos invita a no ceder a la resignación, a creer que todo está perdido: “no cedamos a la resignación, no depositemos la esperanza bajo una piedra. Podemos y debemos esperar, porque Dios es fiel, no nos ha dejado solos”; y reafirma con fuerza: “La oscuridad y la muerte no tienen la última palabra. Ánimo, con Dios nada está perdido”.

Si eres débil y caes, Dios te dice: ánimo

Francisco recordando el texto de Marcos, 10,49, afirma que tampoco son nuestras flaquezas las que tienen la última palabra: “Si en el camino eres débil y frágil, si caes, no temas, Dios te tiende la mano y te dice: «Ánimo” y nos invita a decirle a Jesús, para superar nuestros miedos: “Ven, Jesús, en medio de mis miedos, y dime también: Ánimo”. Contigo, Señor, seremos probados, pero no turbados” (…) “porque Tú estás con nosotros en la oscuridad de nuestras noches, eres certeza en nuestras incertidumbres, Palabra en nuestros silencios, y nada podrá nunca robarnos el amor que nos tienes”.

La segunda parte del anuncio pascual: el envío

El obispo de Roma cita Mt 28,10: “Comuniquen a mis hermanos que vayan a Galilea» y nos recuerda: “Es hermoso saber que camina delante de nosotros, que visitó nuestra vida y nuestra muerte para precedernos en Galilea; es decir, el lugar que para Él y para sus discípulos evocaba la vida cotidiana, la familia, el trabajo. Jesús desea que llevemos la esperanza allí, a la vida de cada día”.

Ir a Galilea, afirma el Papa es ir a donde todo comenzó, es el lugar de los recuerdos, el lugar de la llamada: “Volver a Galilea es acordarnos de que hemos sido amados y llamados por Dios. Necesitamos retomar el camino, recordando que nacemos y renacemos de una llamada de amor gratuita. Este es el punto de partida siempre, sobre todo en las crisis y en los tiempos de prueba» (…) «Cada uno tenemos nuestra propia Galilea».

Pero también, insiste el Papa, Galilea es el sitio más alejado de Jerusalén, sitio donde conviven otras creencias, la «Galilea de los gentiles» (Mt 4,15). Y nos dice: “¿Qué nos dice esto? Que el anuncio de la esperanza no se tiene que confinar en nuestros recintos sagrados, sino que hay que llevarlo a todos. Porque todos necesitan ser reconfortados” y prosigue: “Qué hermoso es ser cristianos que consuelan, que llevan las cargas de los demás, que animan, que son mensajeros de vida en tiempos de muerte. Llevemos el canto de la vida a cada Galilea, a cada región de esa humanidad a la que pertenecemos”.

Acallar los gritos de muerte

Francisco insiste en que un servicio grande que todos los cristianos podemos hacer por la humanidad y enumera cuatro acciones a emprender: “Acallemos los gritos de muerte, que terminen las guerras. Que se acabe la producción y el comercio de armas, porque necesitamos pan y no fusiles. Que cesen los abortos, que matan la vida inocente. Que se abra el corazón del que tiene, para llenar las manos vacías del que carece de lo necesario”.

El Papa finalizó la homilía volviendo a los personajes con que comienza el relato evangélico de Mateo: las mujeres, “Abrazaron los pies que pisaron la muerte y abrieron el camino de la esperanza. Nosotros, peregrinos en busca de esperanza, hoy nos aferramos a Ti, Jesús Resucitado. Le damos la espalda a la muerte y te abrimos el corazón a Ti, que eres la Vida”.

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