«Pan, paz y trabajo»

El próximo 7 de agosto celebraremos la fiesta de San Cayetano, cuya devoción se multiplica a lo largo y a lo ancho de nuestra Patria y a quien nuestro pueblo siempre acerca el pedido tan concreto de “paz, pan y trabajo”, consciente de que, en estos bienes, se incluyen muchos otros bienes.

Pedir por el trabajo es pedir que todos los trabajadores y trabajadoras tengan derecho a vivir dignamente del fruto de sus esfuerzos cotidianos y a desplegar sus potencialidades y talentos para aportar al crecimiento de nuestra Patria. ¿Cómo no pedir a San Cayetano que todos los varones y las mujeres de buena voluntad puedan vivir dignamente del fruto de su trabajo?

Peregrinos de San Cayetano, también suplicamos el pan de cada día, como nos enseñó Jesús. El pan que alimenta nuestra vida y que diariamente se hace más inalcanzable a causa de la inflación asfixiante que padecemos y que genera miseria. ¿Cómo no pensar en la cantidad creciente de hermanos y hermanas que se acercan cotidianamente a los comedores, en los adultos mayores que no pueden comprar sus medicamentos, en las familias cuyos ingresos son cada vez más insignificantes? Como reza una canción: ‘no es posible morirse de hambre en esta tierra bendita del pan’. El pan que se pide para todos, el que se logra con el propio trabajo, es un clamor de justicia.

Pedimos también el pan de la fraternidad, porque el pan no se come en soledad, se comparte en la mesa de familia, en comunidad. ¡Cuánto necesitamos este pan en una sociedad agrietada y enfrentada donde no acabamos de entender que “nadie se salva solo” y parece imposible generar proyectos comunes, donde la verdadera brecha se agiganta cada vez más en relación a los últimos, a los que padecen la pobreza y peor aún la indigencia! ¡Cuánto bien nos haría dialogar y compartir el pan de las ideas y de las prácticas que construyan una fraternidad política, para pensar prioritariamente en quienes más sufren esta crisis y para buscar soluciones honestas y realistas que prescindan del uso clientelar de la necesidad de la gente! Se necesita más que nunca en los políticos un ejercicio de la responsabilidad que vaya más allá de los propios intereses. Así aparecerá en nuestro horizonte la paz y la amistad social, que también están incluidas en ese pedido sencillo y a la vez esencial de “paz, pan y trabajo”.

En estos tiempos complejos, en que ningún sector parece dispuesto a ceder en sus intereses, nos hará bien a todos los que somos dirigentes en distintos ámbitos – políticos, sociales, sindicales, empresariales, religiosos, etc.- dejarnos interpelar por las palabras del Papa Francisco: “La profundidad de la crisis reclama proporcionalmente la altura de la clase política dirigente, capaz de levantar la mirada y dirigir y orientar las legítimas diferencias en la búsqueda de soluciones viables para nuestros pueblos.”[1]

Convocamos a todo el Pueblo de Dios a unirnos en oración por nuestra Patria, para que seamos capaces de responder con responsabilidad a las exigencias de este momento difícil.

Pedimos a la Madre de Luján que nos impulse a trabajar juntos para que el pan cotidiano no falte en nuestras mesas argentinas.

Buenos Aires, 30 de julio de 2022

Mons. Oscar V. Ojea, Presidente

Mons. Marcelo Colombo, Vicepresidente 1°

Mons. Carlos Azpiroz Costa, Vicepresidente 2°

Mons. Alberto G. Bochatey, Secretario General

Comisión Ejecutiva


[1] Papa Francisco, Video mensaje a los participantes en el seminario virtual «América Latina: Iglesia, papa Francisco y escenarios de la pandemia», Jueves 19 de noviembre de 2020.

Jornada de oración y ayuno por la paz

La Conferencia Episcopal Argentina adhiere fervientemente al llamado que realizó el Papa Francisco para que el próximo 2 de marzo se realice en todo el mundo una​​ jornada de oración y ayuno por la Paz.

En el marco del inicio del tiempo de Cuaresma, invitamos a que en todas las comunidades del país se convoque ese día a implorar a Dios el cese inmediato de cualquier posibilidad de violencia y uso de armas, y como pide el Santo Padre, rezar para que se preserve la paz ante la amenaza de la “locura de la guerra”.

Presbítero Matías Taricco, nuevo subsecretario de la CEA

Fue elegido en el marco de la 189ª reunión de la Comisión Permanente de la CEA que, hoy y mañana, preside Mons. Oscar Ojea. Participan los nuevos miembros elegidos en la plenaria de noviembre.

Los obispos eligieron subsecretario de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) al presbítero Matías Taricco, en el marco de la primera de dos jornadas de la 189ª reunión de la Comisión Permanente que se desarrolla desde hoy en la sede episcopal del barrio porteño de Retiro. 

Las deliberaciones comenzaron con el intercambio pastoral entre las distintas regiones pastorales.

La reunión está encabezada por el obispo de San Isidro y presidente de la CEA, monseñor Oscar Vicente Ojea y participan los miembros de la Comisión Ejecutiva: monseñor Marcelo Daniel Colombo, arzobispo de Mendoza y vicepresidente primero; monseñor Carlos Alfonso Azpiroz Costa OP, arzobispo de Bahía Blanca y vicepresidente segundo; y monseñor Alberto Germán Bochatey OSA, obispo auxiliar de La Plata y secretario general de la CEA.

La Comisión Permanente, se explicó, “mantiene una atención pastoral constante sobre la realidad argentina, tanto general como regional, procurando reconocer en ella los desafíos que presenta la acción evangelizadora”. En respuesta a tales desafíos, propone a la Asamblea Plenaria las grandes líneas u opciones pastorales para su oportu­na consideración”.

Los nuevos integrantes de la Comisión Permanente, además de la mesa ejecutiva, son: Mons. Víctor Manuel Fernández (La Plata), Mons. Gabriel Antonio Mestre (Mar del Plata), Mons. César Daniel Fernández (Jujuy), Mons. Héctor Luis Zordán M.SS.CC (Gualeguaychú), Mons. Ariel Torrado Mosconi (Nueve de Julio), Mons. Jorge Rubén Lugones SJ (Lomas de Zamora), Card. Mario Aurelio Poli (Buenos Aires), Mons. Jorge Vázquez (Morón), Mons. Gabriel Bernardo Barba (San Luis), Mons. Guillermo Caride (auxiliar de San Isidro), Mons. Pedro María Laxague (Zárate-Campana), Mons. Hugo Ricardo Araya (Cruz del Eje), Mons. Marcelo Fabián Mazzitelli (auxiliar de Mendoza), Mons. Hugo Norberto Santiago (San Nicolás de los Arroyos, Mons. Ramón Alfredo Dus (Resistencia), Mons. Mario Antonio Cargnello (Salta), Mons. Jorge Eduardo Scheinig (Mercedes-Luján) y Mons. Juan José Chaparro CMF (San Carlos de Bariloche). Invitados: Mons. Miroslaw Adamczyk, nuncio apostólico y Mons. Carlos José Tissera, obispo de Quilmes y presidente de Cáritas Argentina.

En la reunión, los participantes también considerarán el camino del Sínodo de los Obispos que ya comenzó con la fase diocesana que se está llevando a cabo.

En otra sesión verán el itinerario formativo para el ministerio de los Catequistas, según el motu proprio Antiquum Ministerium.

A lo largo de las dos jornadas se llevarán a cabo nombramientos y designaciones en las comisiones episcopales elegidas para el período 2021-2024.

Fuente: AICA

Comunicado de la Conferencia Episcopal Argentina

La Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina declara su total respaldo a lo actuado en la causa conocida como «Monasterio del Cristo Orante» por los Obispos Marcelo Colombo, Marcelo Mazzitelli, Dante Braida y el fallecido Carlos Franzini.

Habiendo tomado estado público una denuncia particular enviada a la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, desestimamos de manera rotunda cualquier actitud de encubrimiento por parte de los Obispos y Sacerdotes mencionados. La Iglesia de Mendoza, conducida por sus Pastores, ha declarado con firmeza su condena a las situaciones de abuso que se produjeron en dicho Monasterio y obrado en consecuencia para sancionar a los responsables del delito.

Buenos Aires, 12 de junio de 2021
Comisión Ejecutiva
Conferencia Episcopal Argentina

Comunicado de la Conferencia Episcopal Argentina

Una necesidad vital

Hay un sentimiento interior que todos de alguna manera experimentamos: la Pandemia se hace larga. Lo saben especialmente los esenciales que están en la primera línea, cuidando la fragilidad de nuestro pueblo, entre ellos el personal de salud y tantos otros servidores de la comunidad como, por ejemplo, las mujeres que llevan adelante los comedores comunitarios.

¿Qué ayuda a mantener encendida la esperanza en este tiempo tan dramático que vivimos? Con claridad lo decimos: La dimensión trascendente y religiosa de la vida. Así lo expresa y tiene necesidad de hacerlo nuestro pueblo. Ella constituye el horizonte de muchos argentinos y los llena de fortaleza, consuelo y esperanza. Aún para muchos que habitualmente no participaban de celebraciones y encuentros religiosos, la enfermedad y la muerte cercana de algún ser querido, así como la angustia y la desesperanza, se revelan como momentos difíciles que la fe ayuda a afrontar con mayor fortaleza. Entonces, la mejor política arraigada en el pueblo, es también la que reconoce la importancia de la espiritualidad en la vida de los pueblos.

Con el Papa Francisco afirmamos: “Para la Iglesia es imposible separar la promoción de la justicia social del reconocimiento de los valores y la cultura del pueblo, incluyendo los valores espirituales que son fuente de su sentido de dignidad. En las comunidades cristianas, estos valores nacen del encuentro con Jesucristo, que busca incansablemente a quien está desanimado o perdido, que se desplaza hasta los mismos límites de la existencia, para ser rostro y presencia de Dios, para ser “Dios con nosotros”.” (Video-mensaje del Santo padre Francisco a los participantes en la Conferencia Internacional: «A POLITICS ROOTED IN THE PEOPLE» (UNA POLÍTICA ARRAIGADA EN EL PUEBLO). 15 de abril 2021)

Desde el 20 de marzo de 2020, como Iglesia entendimos y acompañamos las disposiciones sobre el cuidado de la vida y de la salud de todos. Pero también constatamos que nuestro pueblo, ante esta terrible incertidumbre, necesita vivir la dimensión comunitaria de la fe en estos momentos significativos de su vida. Así, poder dar cristiana sepultura a los seres queridos, como tener los espacios de oración y celebración de fe, nos fortalece en medio de la crisis en estos tiempos de soledad y aislamiento, de duelo y angustia por lo incierto del futuro. Por eso necesitamos rezar, acudir a algunos de los santuarios donde alguna vez hemos experimentado con fuerza la ayuda de Dios o pedir la contención espiritual del ministro religioso. En estos casos, contemplamos con gratitud cómo la vocación sacerdotal y religiosa, no presentan reparos a la hora de estar con el que sufre.

A los fines de cumplir con lo dispuesto en este tiempo de pandemia, la Iglesia ha adoptado todas las normas que eviten la difusión del COVID. En nuestras comunidades, vimos cómo se han ido perfeccionado los protocolos, los cuidados y sobre todo el sentido de responsabilidad social de ministros.

Creemos que el respeto de esta sensibilidad religiosa no puede quedar librado a respuestas arbitrarias de las autoridades o a decisiones fundadas en la opinión personal de un funcionario. Por eso, a partir de la experiencia satisfactoria de tantos barrios, ciudades y provincias, solicitamos a las autoridades se adopten aquellas normas razonables que posibiliten la realización de celebraciones durante estos tiempos de bajas temperaturas, dentro de los templos, con la previsión de aforos en la proporción adecuada a sus espacios físicos.

En un dialogo abierto y eficaz, creemos posible se adopten aquellas medidas que garanticen estas celebraciones, asumiendo los ciudadanos y las autoridades religiosas, el pleno cumplimiento de las disposiciones en materia de distanciamiento y aquellas otras medidas sanitarias que se vienen llevando adelante en este tiempo.

Encomendamos al Señor y a la Virgen la salud del pueblo argentino.

Buenos Aires, 1 de junio de 2021

Mons. Oscar V. Ojea, Obispo de San Isidro, Presidente
Cardenal Mario Aurelio Poli, Arzobispo de Buenos Aires, Vicepresidente 1º
Mons. Marcelo Colombo, Arzobispo de Mendoza, Vicepresidente 2º
Mons. Carlos H. Malfa, Obispo de Chascomús, Secretario General

Conferencia Episcopal Argentina

Comunicado de la CEA sobre el tratamiento de la ley de aborto

En este tiempo, cuando el ánimo de los argentinos se sobrepone a situaciones extremas con paciencia, ingenio y esperanza –aún ante la pérdida de seres queridos en las familias-; cuando padecemos el humillante aumento en la cantidad de hogares cada vez más pobres; en un año escolar que dejó al margen a una gran cantidad de alumnos y puso en evidencia la desigualdad de recursos y medios; cuando los heroicos agentes sanitarios agotados por el esfuerzo sobrehumano nos piden a gritos que cuidemos la vida; el sentido común -que abunda en el pueblo sencillo- nos revela que no hay lugar para pensar en proyectos legislativos que contradicen el discurso que dice cuidar a todos los argentinos como prioridad.

Desde el comienzo de este largo tiempo en que respondemos como sociedad a la virulencia de una pandemia inesperada, la Iglesia ha acompañado todas las acciones destinadas a enfrentar y mitigar las consecuencias del Covid19. Lo hemos hecho con prudencia y respeto a las decisiones de la autoridad política y sanitaria ya que sabemos que la búsqueda y el fortalecimiento de la unidad es una consigna para la superación de todo lo que nos aflige como País y como Humanidad. Recordamos aquella consigna dramática y todavía vigente del Santo Padre en su oración del 27 de marzo: “¡Estamos todos en la misma barca!” “¡Nadie se salva solo!”

Nos preocupa todo cuanto pueda alejarnos de este compromiso por la unidad a favor del bien común o que pueda acrecentar la brecha que nos divide.

Las últimas noticias sobre la inminente introducción del proyecto de Ley de aborto al Congreso Nacional nos sorprenden tristemente porque desalientan la búsqueda del encuentro fraterno e imprescindible entre los argentinos. Oscurece gravemente el horizonte que nos propone el Papa Francisco en su reciente Encíclica Fratelli tutti: abrir el corazón ante un mundo que rompe en pedazos los sueños y se encierra detrás de una mirada egoísta y excluyente, porque “en el fondo no se considera ya a las personas como un valor primario que hay que respetar y amparar, especialmente si son pobres o discapacitadas, si “todavía no son útiles” –como los no nacidos-, o si “ya no sirven”- como los ancianos” (Fratelli Tutti nº 18).

Así como la dignidad de la vida y la promoción de los derechos humanos son conceptos centrales en una agenda auténticamente democrática, la situación general de la Salud Pública, planteada por esta dolorosa coyuntura, hace insostenible e inoportuno cualquier intento de presentar y discutir una ley de estas características.

La pandemia nos ha alertado que el Estado debe velar por el cuidado de la «salud pública» es decir, el cuidado de la vida humana. No cuidar todas las vidas, toda la Vida, sería una falta gravísima de un Estado que quiere proteger a sus habitantes.

Invitamos a la prudencia política para no desalentar la búsqueda de la máxima unidad posible en un cuerpo social herido por los desencuentros entre argentinos.

Buenos Aires, 22 de octubre de 2020
Mons. Oscar V. Ojea, Obispo de San Isidro, Presidente
Cardenal Mario Aurelio Poli, Arzobispo de Buenos Aires, Vicepresidente 1º Mons. Marcelo Colombo, Arzobispo de Mendoza, Vicepresidente 2º
Mons. Carlos H. Malfa, Obispo de Chascomús, Secretario General Conferencia Episcopal Argentina

Fray Mamerto de la Ascensión Esquiú y Medina será beato

Compartimos este comunicado de la Conferencia Episcopal Argentina sobre la Beatificación del Venerable Fray Mamerto de la Ascensión Esquiú y Medina:

«Un salterio celeste de vírgenes y santos, un cáliz de virtudes y una copa de cantos, tal era Fray Mamerto Esquiú».

Rubén Darío

La Iglesia que peregrina en la Argentina recibe con inmensa alegría la noticia: el Papa Francisco decretó la beatificación de Fray Mamerto de la Ascensión Esquiú y Medina.

Precisamente el día en que la liturgia católica celebra la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús –fuente inacabable de donde dimana toda gracia y santidad–, nos llega el consuelo de saber que un hijo de esta tierra será elevado a los altares, confirmando así la aspiración de un pueblo creyente, el que guiado por su sentido de la fe, nunca dudó de las virtudes espirituales, apostólicas y misioneras que coronaron la vida y obra del humilde, sabio y austero franciscano.

El pueblo de Catamarca lo vio nacer en una familia criolla, donde recibió la fe de sus mayores, y celebró su vocación al consagrarse de por vida a Dios en la Orden de los franciscanos menores. La comunidad franciscana de Tarija (Bolivia) fue testigo durante más de trece años de su vida ascética y virtuosa: docente, catequista, apasionado por la misión. Lo recordarán también por sus gestos nobles y fraternos en la convivencia cotidiana.

Luego, la feligresía de la diócesis de Córdoba lo recibió como su pastor, y por su entrega generosa en los intensos dos años de su ministerio episcopal, lo guarda en su memoria como a uno de sus obispos sabios y misioneros, muy cercano al pueblo más probado.

La Patria además lo reconoce como a uno de sus ciudadanos más eminentes, por su protagonismo desinteresado en horas oscuras de nuestra historia nacional, cuando enconadas fracciones políticas y partidarias solo resolvían sus diferencias por la vía de las armas, con sus secuelas de muerte, dolor y odios.

Fue entonces que surgió la voz autorizada de Fray Mamerto, el hombre prudente, quien convencido de los valores supremos de la paz que alimentaba la espiritualidad del carisma de su Orden, deseaba ardientemente infundir en el corazón de sus compatriotas sentimientos de unidad y justicia.

Aun cuando bregaba para que la cultura, la fe y la historia del pueblo postergado en la Argentina Federal estuviesen más reflejadas en la Carta Magna, –sobrevolando a sus convicciones personales, pero sin renunciar a ellas–, su actuación pública mantuvo una mirada amplia ante la crítica y compleja encrucijada que vivía el país: «Se trata, Señores, de edificar la República Argentina, y la Religión os envía el don de sus verdades» (Sermón en la Iglesia matriz de Catamarca, el 9 de julio de 1853, con motivo de la jura de la reciente Constitución. Nacional). De ese modo, con lúcida elocuencia convocó a la unidad nacional exhortando a la obediencia y respeto de la ley, y a un incondicional sometimiento a la Constitución de la Confederación Argentina de 1853, sancionada por el Congreso General Constituyente reunido en Santa Fe.

«Nos alegramos de Vuestra Gloria» (esta frase fue dicha en latín: «Laetamur de Gloria Vestra»), fue la frase que vibró en los oyentes de sus memorables sermones patrios, los que fueron divulgados en todo el país y constituyeron un faro de referencia por su contenido pacificador, promoviendo el encuentro fraterno para deponer actitudes contrarias y acercar las partes a un ideal común: la prosperidad del pueblo de la nación, largamente esperada. Al mismo tiempo, deseoso de lograr el bien deseado y la paz social, compelido a actuar públicamente como exigencia del Evangelio de Jesús, con carácter profético afirmó: «¡Basta de palabras que no han salvado a la Patria! Aplaudo, felicito, me postro ante los héroes de la Independencia; cantaré vuestras glorias, tributo mi adoración a la nobleza de los Argentinos; pero también señalaré sus llagas, apartando sus ricos envoltorios que encubren vuestra degradación» (Ibídem, nota 1).

Los obispos argentinos sentimos una gran alegría porque nuestro hermano es agregado por la Iglesia a los bienaventurados del Cielo. Con la vida y obra de Fray Mamerto, Dios nos habla: ya sea para iluminar el camino de laicos, consagrados, sacerdotes y ciudadanos de buena voluntad, así como también a quienes compartimos el ministerio episcopal. A todos nos recuerda nuestra bella vocación bautismal y la invitación del Señor a seguirlo por el camino de las Bienaventuranzas (Mt 5), a ser solidarios y generosos para construir una sociedad más justa y fraterna. Por este ideal evangélico palpitó el corazón incorrupto de Fray Mamerto Esquiú.

Buenos Aires, 22 de junio de 2020

Comisión Ejecutiva Conferencia Episcopal Argentina

Día Mundial contra la Explotación del Trabajo Infantil

Como integrantes del Área Pastoral del Cuidado de la Vida y de la Niñez, de la Comisión Episcopal de Vida, Laicos y Familia, de la Conferencia Episcopal Argentina, queremos hacer nuestro y dar a conocer las palabras que el Santo Padre el Papa Francisco ha dicho al final de la Audiencia General, del pasado miércoles 10 de junio, con respecto al Día Mundial contra la Explotación del Trabajo Infantil. He aquí sus palabras:

“El próximo viernes 12 de junio celebramos el Día Mundial contra la Explotación del Trabajo Infantil, un fenómeno que priva a los niños y niñas de su infancia y pone en peligro su desarrollo integral. En la actual situación de emergencia sanitaria, en varios países muchos niños y chicos se ven obligados a realizar trabajos inadecuados para su edad, a fin de ayudar a sus familias en condiciones de extrema pobreza. En muchos casos se trata de formas de esclavitud y reclusión que provocan sufrimiento físico y psicológico. Todos somos responsables de esto.

Hago un llamamiento a las instituciones para que hagan todo lo posible por proteger a los menores, llenando las lagunas económicas y sociales que están en la base de la dinámica distorsionada en la que, lamentablemente, ellos se ven envueltos. Los niños son el futuro de la familia humana: ¡depende de todos nosotros favorecer su crecimiento, salud y serenidad!”.

Papa Francisco, Audiencia General, 10 de junio de 2020.

Este llamamiento es urgente, más aún para nuestra Patria, donde lamentablemente la explotación del trabajo infantil y adolescente es un hecho que nos duele. Según los últimos datos del Barómetro Social de la Infancia, de la UCA, “cuando se consideran ambos tipos de trabajos, el doméstico intensivo y el económico en el mercado, se alcanza un 14,7% en 2019 a nivel de la población de 5 a 17 años”(BARÓMETRO SOCIAL DE LA INFANCIA UCA, Ianina Tuñon, CONDICIONES DE VIDA DE LAS INFANCIAS PRE- PANDEMIA COVID-19, mayo 2020, p. 96). Con ocasión de la pandemia estos porcentajes han aumentado debido a la situación de confinamiento y pobreza en amplios sectores de la población urbana.

Según este mismo estudio la pobreza en general de los niños, niñas y adolescentes antes de la pandemia ya era crítica en lo que se refiere a los derechos de la infancia y la adolescencia (vida, alimentación, educación, conectividad, hábitat, salud y medidas contra el abuso y explotación). Es evidente que los efectos pospandemia serán muchos más crudos, especialmente en hogares de pobreza y pobreza extrema, y en ellos, nuestros niños, niñas y adolescentes son los que llevan y seguirán llevando la peor parte.

Reconocemos, agradecemos y acompañamos el esfuerzo y las iniciativas de las autoridades públicas y privadas para ayudar y paliar los efectos de esta pandemia y de la cuarentena, especialmente en los hogares de mayor pobreza y exclusión. Alentamos a vivir esta crisis como una oportunidad para sentarnos y pensar juntos estrategias concretas que ayuden a superar los niveles más críticos de la pobreza. Casi el 60% de la infancia y adolescencia de nuestra Patria viven y padecen este flagelo.

Ante el dolor y vergüenza que nos genera o debería generar esta realidad, invitamos y llamamos a todas las Comunidades, Instituciones y Movimientos de nuestra Iglesia que peregrina en la Argentina a redoblar esfuerzo y dedicación para dar respuestas oportunas y creativas para cuidar la vida de nuestros niños, niñas y adolescentes.

El Papa Francisco nos ha dicho “que todos somos responsables de esto”, y alienta a que entre todas las instituciones hagan “todo lo posible para proteger a los menores”. Por eso queremos una Argentina donde ningún niño, niña y adolescente sea privado de sus derechos esenciales, donde puedan crecer en familia, y así no les privemos de sus sueños y ganas de vivir.

Buenos Aires, 12 de junio de 2020.
Día Mundial contra la Explotación y Trabajo Infantil.

Área Pastoral del Cuidado de la Vida y de la Niñez
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