Saludo de Pentecostés: caridad y sinoladidad

“No ruego solamente por ellos, sino también por los que, gracias a su palabra, creerán en mí.” (Juan 17,20)

Pentecostés nos invita una vez más a reconocernos Iglesia en camino al encuentro de los hermanos. En este tiempo climáticamente tan adverso, en un contexto económico difícil para tantas familias de nuestro pueblo, somos testigos de Jesús para compartir su amor con nuestros hermanos que quieren conocerlo y a quienes servimos con el anuncio y el compromiso solidario.

En Pentecostés queremos dar razón de nuestra esperanza, Cristo salvador, ante los hombres, para que creyendo en Él tengan vida. Pasados estos años anteriores tan difíciles en razón del Covid, los espacios catequísticos y pastorales habituales, son lugares privilegiados para el anuncio personal y familiar del Señor Jesús. Por eso es tan importante convocar a nuevos catequistas, así como fortalecer su formación inicial y permanente en los distintos centros que nuestra Iglesia particular tiene establecidos en los diferentes decanatos.

En el remanso de vida que nos deja Pentecostés, dos importantes convocatorias eclesiales tendrán lugar la próxima semana, el fin de semana del 11 y 12 de junio: la colecta anual de Cáritas y la primera asamblea plenaria del flamante Consejo Arquidiocesano de Pastoral que comenzará a sesionar.

Tu compromiso acorta distancias. Colecta anual de Cáritas

Con el lema “Tu compromiso acorta distancias”, Cáritas Argentina ha convocado a la Colecta anual que tiene por objeto sostener, además de programas de ayuda inmediata y de desarrollo humano integral de nuestros hermanos más pobres de todo el país, “proyectos relacionados con microemprendimientos productivos y de autoconsumo, capacitación laboral, inclusión educativa, abordaje pastoral y comunitario de las adicciones, cuidado de la primera infancia, formación en ciudadanía, centros comunitarios de atención integral, jardines maternales” como nos informa el sitio oficial de Cáritas Argentina. Nuestros voluntarios de Cáritas se vienen preparando en este último tiempo para celebrar creativa y eficazmente este verdadero compromiso de amor que une muy estrechamente a toda la Iglesia en Argentina.

Como obispo deseo recordarles la necesidad de que pastores y fieles participemos muy activamente en esta acción pastoral solidaria que nos ayuda a responder a las necesidades de nuestros hermanos más pobres durante todo el año. Se destinarán como recaudación, las colectas íntegras del fin de semana del 11 y 12 de junio, más todo lo que se reúna a lo largo de la semana previa con este propósito en las distintas iniciativas que organicen parroquias y comunidades. Inmediatamente, en la semana siguiente, deberán hacerse las rendiciones a Cáritas Mendoza, para su elevación a Cáritas nacional. La grave situación económica no consiente dilaciones innecesarias e injustificadas.

Deseo anticipadamente agradecerles todo lo que hacen nuestras comunidades y familias por los pobres. Gracias a los sacerdotes, religiosos, diáconos permanentes y agentes de pastoral por la animación de esta dinámica solidaria de la Iglesia en la Argentina.

El Consejo Arquidiocesano de Pastoral, un espacio concreto de sinodalidad

El próximo sábado 11 de junio, a las 15 hs. comenzará a sesionar en la Sede de Cáritas Mendoza, el Consejo Arquidiocesano de Pastoral. Fruto de las distintas asambleas preparatorias convocadas desde 2019, tenemos la nueva composición del Consejo Arquidiocesano de Pastoral que nos ofrecerá su reflexión al servicio de la vida pastoral de nuestra Iglesia particular.

En estos días remitimos al Equipo animador nacional del Sínodo, la síntesis sobre las respuestas solicitadas oportunamente en vistas a integrar el informe nacional que se enviará a Roma próximamente. En esas respuestas ofrecidas por nuestras parroquias, los decanatos y los organismos arquidiocesanos, se valora la dimensión sinodal de la Iglesia y la llamada a integrar todas las voces en el discernimiento pastoral sobre aquellos temas que se refieren a su misión evangelizadora.

Agradezco al Equipo de animación pastoral, coordinado por el Pbro. José Martín, por la tarea desempeñada en estos años y que ahora se ve concretada en el comienzo de las sesiones del Consejo Arquidiocesano de Pastoral, así como en el acompañamiento de los equipos decanales de animación.

Queridos hermanos, el Espíritu Santo impulsa la vida y la misión de la Iglesia, y también anima nuestras vidas para fortalecernos en la esperanza en Cristo, el buen Pastor resucitado, y encender de amor generoso y fiel, nuestra respuesta personal a la invitación a ser sus testigos entre los hombres.

Que nuestra Iglesia en Mendoza sea siempre ese espacio de forja del hombre nuevo que una sus pasos a Jesús, camino, verdad y vida.

Con afecto, los abrazo y bendigo, cercanos a María, Nuestra Madre del Rosario.

Mendoza, 3 de junio de 2022

+Padre Obispo Marcelo Daniel Colombo

Mensaje y saludo de Pentecostés

Circ. Nro. 011/21

“(…) cada uno los oía hablar en su propia lengua.” (Hchs. 2,6)

Mis queridos hermanos,

En este tiempo tan especial que vivimos, la Solemnidad de Pentecostés nos convoca a renovarnos en el seguimiento del Señor. Para ello, nos ha prometido el Espíritu Santo. Acechados como aquella primera comunidad por el miedo, la incertidumbre y nuestra propia fragilidad, anhelamos Pentecostés en nuestras vidas, en nuestras familias y comunidades, para poder ser los testigos del Señor que el mundo necesita.

“En el Evangelio, Jesús promete a sus discípulos que, cuando él haya regresado al Padre, vendrá el Espíritu Santo que los «guiará hasta la verdad plena» (Jn 16, 13). Lo llama precisamente «Espíritu de la verdad» y les explica que los ayudará a comprender cuanto Él, el Mesías, ha dicho y hecho, de modo particular de su muerte y de su resurrección (…) A los Apóstoles, incapaces de soportar el escándalo de la pasión de su Maestro, el Espíritu les dará una nueva clave de lectura para introducirles en la verdad y en la belleza del evento de la salvación (…) antes asustados y paralizados, encerrados en el cenáculo para evitar las consecuencias del viernes santo, ya no se avergonzarán de ser discípulos de Cristo, ya no temblarán ante los tribunales humanos.” (Francisco, Homilía en Pentecostés, 24-05-2015)

Este nuevo confinamiento nos impedirá celebrarlo en iglesias y templos lo cual profundiza nuestra pena; sin embargo, siempre podremos vivirlo en nuestro contexto personal y familiar. Aunque un poco cansados de la virtualidad, ésta posibilitará el reencuentro con los hermanos de comunidad. Para ello, las distintas parroquias, según sus posibilidades, mantendrán sus celebraciones recurriendo a las redes sociales como se ha venido haciendo en estas circunstancias.

Las medidas sanitarias adoptadas para paliar las consecuencias de la llamada “segunda ola” del Covid, con cifras alarmantes en estos últimos días, nos exigen su cumplimiento en vistas al bien común. Ciertamente no estamos en iguales condiciones que el año pasado. El dolor y sufrimiento causado por tantas muertes, el agobio económico de tantos trabajadores y sectores productivos, la falta de horizonte y esperanza en tantos hermanos son algunos de los indicadores dramáticos que nos afectan. Gracias a Dios conocemos un poco más la dinámica de este virus y los modos de cuidarnos; pero, además de las restricciones dictadas por la autoridad, está nuestra propia decisión de autolimitarnos responsablemente en cuanto pueda ser riesgoso para nuestra salud y la de todos. Esperamos que al final de estos nueve días, las autoridades puedan cumplir su palabra de devolvernos a las condiciones precedentes a esta cuarentena.

Como pastor de esta querida Iglesia mendocina, quiero testimoniarles mi esperanza y saludarlos con el deseo de vida nueva en el Señor, para Uds., sus familias y comunidades. Como en aquel otro Pentecostés, con nosotros está María, nuestra Madre, animándonos, consolándonos y alentándonos.

Mendoza, 22 de mayo de 2021
+Padre Obispo Marcelo Daniel Colombo

Carta Pastoral de Pentecostés

Circ. Nro. 29/2020

“(…) derramaré mi Espíritu sobre todos los hombres y profetizarán sus hijos y sus hijas; los jóvenes verán visiones y los ancianos tendrán sueños proféticos.” (Hechos 2, 17)

Queridos hermanos,

Mientras vivimos esta etapa tan particular y compleja, caracterizada por el aislamiento de la cuarentena y sus consecuencias, transitamos los últimos días del tiempo pascual en que Cristo nos anima con su paz, vencedor del pecado y de la muerte. Este domingo, celebraremos Pentecostés, la llegada del Espíritu Santo, que hizo de la Iglesia una comunidad misionera, testigo desde entonces, de la alegría del Resucitado entre los hombres y los pueblos.

Si para los judíos, la fiesta de Pentecostés coincidía con una fiesta de primicias que los agricultores ofrecían a Dios (Lev 23,15-19; Num. 28,27-29), nosotros los cristianos celebramos el gran Don que Dios nos da, su Espíritu Santo, que nos impulsa a renovar nuestras vidas, a dejar el miedo o el aislamiento, para lanzarnos a la misión. Como aquella comunidad, entonces asustada y encerrada, recibió del Señor la fuerza para proclamarlo con valentía, hoy nos toca a nosotros testimoniarlo más allá de las difíciles circunstancias que atravesamos. Porque el mensaje del Señor es vida plena para todos, comunión en Él, solidaridad con los más pobres y afligidos, justicia en nuestros vínculos personales, sencillez y sobriedad para vivir cada día. Cristo muerto y resucitado por amor a nosotros es el corazón del anuncio que abre las puertas para que las bienaventuranzas sean un programa de vida anhelado y comunicable.

El milagro de Pentecostés, la presencia de oyentes de distintos pueblos y culturas en Jerusalén, que pueden escuchar proclamar las maravillas de Dios en sus propias lenguas, subraya la universalidad de la llamada de Dios. Contra cualquier pretendida forma de nacionalismo, sectarismo o individualismo, el Espíritu Santo toca los corazones y las mentes de los hombres. Es una llamada generosa, potente, que abre camino al encuentro entre los hombres. Si la tragedia de Babel quería explicar la triste realidad de pueblos y culturas aislados como compartimentos estancos, incapaces de entenderse y de progresar en un destino común, la venida del Espíritu Santo impulsa la comunión en el seguimiento del Señor.

Muchas veces escuchamos hablar de la globalización como un fenómeno económico, social y político, que acercaba a pueblos y a culturas lejanas en una confluencia prevalentemente de intereses económicos. El Papa Francisco ha llamado reiteradamente la atención sobre las relaciones internacionales y la incapacidad para generar una mejor distribución de bienes entre los pueblos, acogiendo a los migrantes y garantizando a todos los hombres la dignidad y plenitud, tomando distancia de toda forma de globalización de la indiferencia. La crisis desatada por la pandemia del Covid19 nos acerca en una sensibilidad común con otros países y otras comunidades, todos atravesados por el impacto de la enfermedad y el miedo a lo que pueda sobrevenir. Lo hemos visto en los medios de comunicación. Las imágenes de dolor y muerte nos golpean con fuerza.

Por eso, hoy más que nunca el lenguaje de la caridad, expresado en distintas formas de empatía, solidaridad y corresponsabilidad, puede ayudar a esta Humanidad así lacerada, a salir de esta dramática situación.

El cristianismo habla este lenguaje y promueve una atmósfera de sensibilidad concreta y de generosidad eficaz ante el sufrimiento del hermano. En palabras del Papa Francisco, “es el soplo del Espíritu que abre horizontes, despierta la creatividad y nos renueva en fraternidad para decir presente ante la enorme e impostergable tarea que nos espera. Urge discernir y encontrar el pulso del Espíritu para impulsar junto a otros las dinámicas que puedan testimoniar y canalizar la vida nueva que el Señor quiere generar en este momento concreto de la historia. Este es el tiempo favorable del Señor, que nos pide no conformarnos ni contentarnos y menos justificarnos con lógicas sustitutivas o paliativas que impiden asumir el impacto y las graves consecuencias de lo que estamos viviendo. Éste es el tiempo propicio de animarnos a una nueva imaginación de lo posible con el realismo que sólo el Evangelio nos puede proporcionar. El Espíritu, que no se deja encerrar ni instrumentalizar con esquemas, modalidades o estructuras fijas o caducas, nos propone sumarnos a su movimiento capaz de “hacer nuevas todas las cosas” (Ap. 21, 5).”

La participación de numerosos miembros de nuestras comunidades en diferentes experiencias de voluntariado, particularmente en Cáritas y las áreas pastorales específicas de Migrantes, de la Calle, de la Salud y Carcelaria, dan testimonio de esta apertura realista a las necesidades de la sociedad. También es necesario seguir creciendo en los modos de comunicación en las pastorales del anuncio, principalmente en las distintas catequesis para extender la proclamación de la Buena Noticia a más personas y comunidades. Y deseo alentar a los cristianos que se desempeñan en las distintas profesiones, en la educación, en organizaciones sociales y políticas, a intervenir activamente y conforme a su fe en la etapa que seguirá al cese de la cuarentena, con criterios éticos y humanitarios que incorporen los valores evangélicos. En suma, en la “nueva normalidad” que deberemos habitar los creyentes, el Espíritu Santo nos estará impulsando a participar de la vida social aportando la riqueza del Evangelio del Señor. Nadie debería sentirse ajeno a los desafíos misioneros de estos nuevos tiempos.

Que el Espíritu Santo nos ilumine para vivir con pasión evangélica nuestra condición de creyentes. Con todo afecto, los abrazo y bendigo en el Señor Jesús, buen Pastor. Nuestra Madre Santísima del Rosario nos cuide y siga ayudando a hacer cuanto el Señor nos diga.

Mendoza, 27 de mayo de 2020.-
+Padre Obispo Marcelo Daniel Colombo

https://www.facebook.com/arquidiocesismendoza
https://www.youtube.com/@pastoralcomunicadoresmza9000
https://www.instagram.com/pastoralcomunicadores.mza/