Gran convocatoria en la Fiesta Diocesana y la Peregrinación Joven Mendoza


Bajo el lema “Con María del Rosario, somos comunión y misión”, miles de
fieles participaron de una jornada de fe, encuentro y celebración. La
peregrinación juvenil, la Santa Misa y la entrega del documento de síntesis
del proceso sinodal marcaron una celebración que renovó el compromiso
misionero de la Iglesia mendocina.


En el marco de la Fiesta Diocesana y de la festividad de Nuestra Señora del
Rosario, se llevó a cabo la tradicional peregrinación de la Juventud
Arquidiocesana (Joven Mendoza), en una jornada marcada por la alegría, la
oración y el compromiso evangelizador.


Las actividades comenzaron a las 10 h en la Plaza Independencia, donde los
jóvenes se reunieron para participar de la entrega de la cruz peregrina antes de
iniciar la marcha hacia el Santuario de la Virgen del Challao para vivir junto a la
Iglesia Diocesana la festividad de Nuestra Señora del Rosario.
La convocatoria superó ampliamente las expectativas y las cifras registradas el
año anterior. Se estima que alrededor de 2.000 jóvenes participaron de la
peregrinación, mientras que la concurrencia total alcanzó entre 4.000 y 5.000
personas.


Durante la jornada, las distintas pastorales, servicios y movimientos de la
Arquidiócesis compartieron sus experiencias y propuestas en el Paseo de los
Carismas, un espacio destinado a dar a conocer la vida y la misión de las
comunidades eclesiales.


También hubo momentos de profunda espiritualidad, con una Adoración
Eucarística acompañada por sacerdotes que estuvieron disponibles para celebrar
el sacramento de la Reconciliación. La música y la animación estuvieron a cargo
del grupo Hakuna de la Arquidiócesis, que llenó de alegría el encuentro.


María, modelo de fe y de respuesta a Dios


El momento central de la celebración estuvo marcado por la entrada de la imagen
de Nuestra Señora del Rosario, recibida entre aplausos, cantos y muestras de
veneración por parte de los presentes. Este emotivo acontecimiento, dio paso a la
celebración de la Santa Misa, presidida por el arzobispo de Mendoza, monseñor
Marcelo Daniel Colombo.


En su homilía, el arzobispo invitó a vivir la Fiesta Diocesana como una verdadera
celebración de familia, en la que los peregrinos se reúnen en torno a María, Madre
del Rosario, para renovar su fe y fortalecer los vínculos que los unen como pueblo
de Dios.


A partir de las lecturas bíblicas, destacó la importancia de la oración personal y
comunitaria, tomando como referencia a los discípulos que permanecieron unidos
junto a María a la espera del Espíritu Santo. En este sentido, subrayó que la
comunión entre los miembros de la Iglesia es fundamental para dar un testimonio
cristiano auténtico.


Asimismo, reflexionó sobre la respuesta de María ante la iniciativa de Dios,
resaltando su libertad para amar, su disponibilidad y su decisión de ponerse al
servicio de los demás. Su “sí”, expresó, es un ejemplo que acompaña y sostiene a
los creyentes a lo largo de su camino de fe.


Una Iglesia sinodal, misionera y abierta a todos


Monseñor Colombo vinculó la celebración con el camino que recorre la Iglesia
mendocina, especialmente en el contexto de la preparación para la visita del papa
León XIV.


En este marco, señaló la importancia de continuar profundizando el camino
sinodal mediante la reflexión y el discernimiento, con el desafío de transformar los
vínculos, las estructuras y las relaciones dentro de la Iglesia.


El arzobispo también destacó la necesidad de construir una Iglesia que acoja,
incluya e integre a todos, especialmente a las personas más pobres, vulnerables y
alejadas. Una Iglesia samaritana, servidora de los demás y comprometida con la
misericordia de Dios.


Al dirigirse especialmente a los jóvenes, los animó a sentirse convocados a la
santidad y a la comunión, siendo protagonistas de una Iglesia que sale al
encuentro de quienes más necesitan acompañamiento y esperanza.
En su mensaje, también recordó a hombres y mujeres que dejaron huellas de
santidad en la historia de la Iglesia en Mendoza, y agradeció el testimonio de
quienes hoy trabajan en las parroquias y áreas pastorales, como catequistas,
servidores de la caridad y misioneros.


La homilía concluyó con una invitación a renovar el compromiso cristiano y
misionero: “Bienvenidos todos. Vayan y anuncien”, expresó monseñor Colombo.

La entrega del documento de síntesis del proceso sinodal


En el marco de la Fiesta Diocesana, también se realizó la entrega del documento
de síntesis del proceso sinodal al arzobispo. Este material constituye una
devolución del camino recorrido por la comunidad diocesana, a partir de las
experiencias, reflexiones y aportes compartidos durante el proceso.


Tras su entrega, el documento comenzó a distribuirse entre las distintas
comunidades, con el propósito de compartir lo vivido y continuar promoviendo una
Iglesia que escucha, discierne y camina unida en la misión evangelizadora.
Esta instancia representa un paso significativo en el camino sinodal, que invita a
fortalecer la participación, renovar los vínculos comunitarios y seguir construyendo
una Iglesia cada vez más cercana a las realidades de su pueblo.


Una Iglesia que camina unida y sale al encuentro


La Fiesta Diocesana y la peregrinación Joven de Mendoza fueron una expresión
de la fe compartida, la devoción mariana y el compromiso de una comunidad que
busca renovar su misión evangelizadora.


Bajo el lema “Con María del Rosario, somos comunión y misión”, la jornada
dejó una invitación a seguir caminando juntos, con una espiritualidad profunda,
una actitud de acogida y la disposición de anunciar el Evangelio con alegría.
Una Iglesia que celebra su fe, reconoce el camino recorrido y renueva su
compromiso de salir al encuentro de todos.

HOMILÍA DE MONS. MARCELO COLOMBO DURANTE LA FIESTA DIOCESANA

Queridos hermanos,

Bienvenidos a esta fiesta de familia, de los peregrinos hijos e hijas de Dios que visitan a la Virgen en su casa del Challao para celebrar la fiesta de nuestra Madre del Rosario. Le traigo el saludo de Mons. Mazzitelli que, en razón de la fiesta de San Francisco en su diócesis, no puede acompañarnos como hubiera deseado.

La celebración que hoy nos reúne, como les digo, es una fiesta de familia y la vivimos en un contexto muy particular, a la espera de la visita del Papa.  Podemos experimentar, como decía uno de los jóvenes recién, que estamos en la previa de la visita del Papa y por eso la alegría del pueblo que espera el encuentro con Pedro que viene a confirmarnos en la fe.

En la Palabra de Dios de hoy, Dios siempre es quien tiene la iniciativa. En la primera lectura, nos propone poner la mirada sobre esa comunidad de discípulos en oración a la espera del Espíritu Santo. Vienen de despedirse de Jesús que asciende al Padre. Nos dice el libro de los Hechos que subieron al primer piso y allí en oración, en íntima comunión espiritual, oraban sin cesar junto a María, la Madre de Jesús. El texto nos hace notar la necesidad que tenemos de tomarnos el tiempo de oración y de contemplación del ministerio de Dios, y también de hacerlo no solo de una manera personal, sino como comunidad. Pero también nos hace sentir la ausencia de uno en el grupo de los Doce a partir de la traición de Judas. Más tarde tendrán la oportunidad de nombrar su reemplazante para completar el número de los apóstoles, herederos de las doce tribus de Israel. Esa referencia nos hace pensar en el dolor de no estar totalmente unidos y cómo Jesús ha querido que fuéramos uno para que el mundo crea. La íntima comunión de los discípulos nos hace entonces pensar también en la importancia de trabajar fuertemente entre nosotros para que la comunidad se estreche en torno a Jesús y viva consciente del valor de la unidad en función de ese testimonio compartido.

En la Carta a los Efesios se nos invita a considerar la iniciativa de Dios, que antes de crear el mundo nos predestinó en Cristo, nos hizo sus hermanos y nos eligió no por ser puros, sino para que fuéramos puros por Él y por el amor que Él nos tiene. En esta Carta se destaca claramente la obra de Dios y cómo el hombre viene a ser como la culminación de su obra de amor y donde el universo está en profunda sintonía con el proyecto del Creador es una invitación permanente a un obrar que alaba a Dios para la glorificación de Dios y para nuestro propio bien.

Y finalmente, en el Evangelio, una vez más, la iniciativa de Dios es la que toma de sorpresa a María, esta joven que claramente se ve desbordada por el saludo. El ángel la llama llena de gracia, porque ya es poseedora de los dones de Dios, a fin de poder ser la Madre de su Hijo. En ese diálogo, esta joven sorprendida, perpleja, que hace preguntas, pero que se revela enormemente libre para amar y para decirle que sí a Dios, y concluye diciendo de sí misma que será la servidora del Señor. Y así la vamos a ver más tarde, ponerse en camino para ayudar a su prima Isabel. Una vez más, en el Evangelio, vemos entonces en ese diálogo de libertad, en la iniciativa de Dios, a María que le dice que sí. Y allí estamos nosotros, amados y elegidos por Dios, sostenidos en el sí de esta mujer que nos hace fuertes en ella, en su respuesta. Ella nos va a acompañar y ayudar a sostener nuestro propio sí a lo largo del camino de la vida.

Esta fiesta diocesana nos recuerda nuestro propio camino como pueblo de Dios, peregrino en Mendoza. Nos preparamos para recibir al Papa, Y lo hacemos en un camino sinodal de reflexión y discernimiento permanente em la necesidad de convertir los vínculos, las estructuras y las relaciones al interior de la Iglesia. Esta comunidad que ponemos en manos de la Virgen, está llamada a una espiritualidad profunda, que nos une al Padre y nos hace hermanos de Jesús y hermanos entre nosotros, es la comunidad que junto a toda la Iglesia argentina recibe al Papa León.

La invitación del lema “Bienvenidos todos” conecta con nuestra propuesta de una Iglesia misionera, una Iglesia que acoge, que recibe, que incluye, que integra, que sienta a su mesa a todos sus hijos. Es una Iglesia samaritana de los más pobres y los más frágiles

Esa Iglesia del “todos, todos, todos” del Papa Francisco que sale a buscar a buscar a los más alejado y necesitados de la misericordia de Dios y de la presencia de la Iglesia. Pensando en nuestra historia diocesana y la santidad en ella, imaginaba un “todos, todos, todos” del cielo a partir del recuerdo de personas y la recolección de testimonios de santidad de hijos e hijas de la Iglesia en Mendoza. Son como veinte aquellos quienes desde el Cielo rezan con nosotros. Ustedes saben que en estos años hemos recogido testimonios de santidad, recuerdos, narraciones, relatos sobre personas en la Iglesia en Mendoza. La lista incluye al primer obispo, Mons. Verdaguer, varios sacerdotes, varias religiosas, inclusive una mártir en África, jóvenes y un matrimonio que expresan el misterio de una llamada y una respuesta de amor. Ese “todos” del Cielo también tiene que alentar nuestro propio testimonio cristiano. Por eso, esta es una fiesta de esperanza que nos convoca y compromete. Queridos jóvenes, siéntanse convocados a la santidad y la comunión en esta Iglesia samaritana, servidora de los hombres.

Damos gracias por este regalo de la memoria de los que nos han precedido viviendo en la santidad y por el testimonio de tantos de ustedes que trabajan en las parroquias y en las áreas pastorales diocesanas, anunciando el Evangelio como catequistas, servidores de la caridad, misioneros en Puerto Maldonado o en Angola, como es el caso de Analía y las hermanas obreras catequistas.

Hoy más que nunca, queridos hermanos, bienvenidos todos. Vayan y anuncien.

+ Marcelo Daniel Colombo, padre obispo de Mendoza

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