Celebramos nuestra fe en tiempos de coronavirus

Circ. Nro. 15/2020

Queridos hermanos,

Ayer celebramos el Domingo de Ramos desde nuestras casas, muy unidos a toda la Iglesia que recibía en Jesús, a su Mesías, al Salvador. Las celebraciones eucarísticas trasmitidas a través de los medios de comunicación y las plataformas digitales, nos permitieron estar cerca y junto al Señor. Pero, además… ¡Cuántos momentos de oración familiar, compartidos virtualmente, animados por las  distintas iniciativas evangelizadoras de parroquias y comunidades, nos revelaron la riqueza de la espiritualidad de nuestro pueblo que sabe encontrar al Señor! Celebraciones sencillas de los padres junto a sus hijos, en torno a la mesa, en el patio o el comedor de la casa, nos hablaban de la importancia de la Iglesia doméstica

Dimos así comienzo a la Semana Santa, donde nuestros corazones acompañarán a Cristo que se entrega para salvarnos. Entre las dificultades que experimentamos a partir de este tiempo de aislamiento social, preventivo y obligatorio, dispuesto por las autoridades, está el normal acceso a los sacramentos, en particular la Reconciliación y la Eucaristía. Si bien todos sabemos que se trata de una medida temporal, nos impacta en nuestras celebraciones más sentidas. Más allá de la obligada observancia de esta norma legal, los cristianos como parte de esta sociedad, fundamos el cumplimiento de estas disposiciones, en el concreto seguimiento del Señor que nos comunica evangélicamente su Mandamiento del Amor (Mateo 7,12).

Hemos debido diferir para cuando podamos, la celebración de la Misa Crismal, máxima expresión de la estrecha fraternidad sacramental que une el presbiterio al Obispo y en la cual tiene lugar la bendición de los óleos y la consagración del santo Crisma, empleados en la celebración de los sacramentos.

Hablándonos de este tiempo tan particular, rezaba el Papa Francisco en su Oración del pasado 27 de marzo, en el Atrio de la Basílica de San Pedro: “Nos  llamas  a tomar  este  tiempo  de  prueba como un momento de elección. No es el momento de tu juicio, sino de nuestro juicio: el tiempo para elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo que pasa, para separar lo que es necesario de lo que no  lo es. Es el tiempo de restablecer el rumbo de la vida hacia ti, Señor, y hacia los demás.”

Deseo ayudar con algunos elementos de reflexión, no sólo a los párrocos y pastores en general, sino, especialmente, a los fieles atribulados naturalmente por la zozobra que nos provoca este tiempo de Coronavirus y el aislamiento dispuesto para evitar su difusión. Me disculpo anticipadamente por la necesaria extensión en razón de la importancia del tema. Santa Teresita del Niño Jesús, en sus Últimas conversaciones (Cuaderno amarillo, 5-6-1897) nos dejó este hermoso testimonio personal: “Sin duda es una gracia muy grande recibir los sacramentos; pero cuando Dios no lo permite, también está bien, todo es gracia.”

Les escribo con la convicción de que pronto nos reencontraremos en las celebraciones comunitarias, vivas y participativas, alegres y felices ante el cese del mal.

Dios perdona siempre

Hace algunos días, el 20 de marzo, en su Homilía de la Misa, el Papa Francisco

afrontaba la dificultad de no poder celebrar el sacramento de la Reconciliación en este tiempo. Con la sencilla y clara pedagogía de un catequista, el Santo Padre nos explicaba:

“Yo sé que muchos de Uds., por Pascua, van a confesarse para reencontrarse con Dios. Pero muchos me dirán hoy: “Padre, ¿dónde puedo encontrar a un sacerdote, a un confesor, porque no se puede salir de casa? Y quiero hacer las paces con el Señor, quiero que Él me abrace, que mi papá me abrace… ¿Qué puedo hacer si no encuentro sacerdotes?”. Tú haz lo que dice el Catecismo (n. 1457). Es muy claro: si no encuentras un sacerdote para confesarte, habla con Dios, es tu  padre,  y  dile  la  verdad: “Señor he cometido esto, esto, esto…, perdóname”, y pídele perdón con todo el corazón, con el Acto de contrición y prométele: “Después me confesaré, pero perdóname ahora”. Y enseguida volverás a la gracia de Dios. Tú mismo puedes acercarte, como nos enseña el Catecismo, al perdón de Dios sin tener a mano un sacerdote. Piénsenlo: ¡es el momento! Y éste es el momento justo, el momento oportuno. Un acto de contrición bien hecho, y así nuestra alma se volverá blanca como la nieve.”

El Papa nos recuerda la más genuina tradición de la Iglesia y nos está alentando a una Reconciliación plena con el Señor, en el número 1457 del Catecismo de la Iglesia Católica:

«Quien tenga conciencia de hallarse en pecado grave que no comulgue el Cuerpo del Señor sin acudir antes a la confesión sacramental a no ser que concurra un motivo grave y no haya posibilidad de confesarse; y, en este caso, tenga presente que está obligado a hacer un acto de contrición perfecta, que incluye el propósito de confesarse cuanto antes».

En este tiempo de imposibilidad de recibir la absolución sacramental, preparemos nuestro corazón para la Pascua, reconociendo arrepentidos nuestros pecados y prometiéndole al Señor acercarnos al sacramento de la Reconciliación apenas podamos. Y Dios nos abrazará con su misericordia de Padre bueno.

Recibir espiritualmente el cuerpo y la sangre del Señor

En estos días en los que no podemos tener la celebración de la Eucaristía con participación de fieles, los sacerdotes experimentamos con dolor esa ausencia; están en nuestra oración y ciertamente cuando comulgamos, los hacemos verdaderamente presentes ante el Señor.

Pero también nuestros hermanos que participan a través de los medios de comunicación y las redes sociales, pueden recibir espiritualmente al Señor al momento de la comunión. Según nos enseña Santo Tomás de Aquino, la comunión espiritual consiste en «un deseo ardiente de recibir a Nuestro Señor Jesucristo sacramentalmente y en amoroso abrazo, como si se lo hubiera ya recibido» (Suma Teológica IIIa, q 80).

San Juan Pablo II en su encíclica Ecclesia de Eucaristia, en el n. 34, nos dice que «es  conveniente cultivar en el ánimo el deseo constante del Sacramento eucarístico. De aquí ha nacido la práctica de la «comunión espiritual», felizmente difundida desde hace siglos en la Iglesia y recomendada por Santos maestros de vida espiritual. Santa Teresa de Jesús escribió: «Cuando […] no comulgareis y oyereis misa, podéis comulgar espiritualmente, que es de grandísimo provecho […], que es mucho lo que se imprime el amor así del Señor». (Camino de perfección, c. 35, 1.)”

Benedicto XVI, en la exhortación apostólica post sinodal Sacramentum Caritatis, escrita precisamente a partir del Sínodo sobre la Eucaristía, en el n. 55 nos explica: “Aun cuando no es posible acercarse a la Comunión sacramental, la participación en la santa Misa sigue siendo necesaria, válida, significativa y fructuosa. En estas circunstancias, es bueno cultivar el deseo de la plena unión con Cristo, practicando, por ejemplo, la comunión espiritual, recordada por Juan Pablo II y recomendada por los Santos maestros de la vida espiritual.”

Recibimos la comunión espiritual con nuestras propias palabras, pero podemos también aprovechar cuanto nos ofrecen algunas oraciones de comunión espiritual que propone la Iglesia. Tenemos la conocida oración de San Alfonso María de Ligorio: “Creo,

Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el Cielo y en el Santísimo Sacramento del altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Y como si ya te hubiese recibido, Te abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén.”

En Santa Marta, cada mañana, el Papa reza una bella oración que les transcribo: “A tus pies, Jesús mío, me postro y te ofrezco el arrepentimiento de mi corazón contrito que se abaja en su nada y en tu santa presencia. Te adoro en el Sacramento de tu amor, la inefable Eucaristía. Deseo recibirte en la pobre morada que te ofrece mi corazón. En espera de la felicidad de la comunión sacramental, quiero poseerte en espíritu. Ven a mí, Jesús mío, que yo voy a ti. Que tu amor inflame todo mi ser, en la vida y en la muerte. Creo en ti, espero en ti, te amo. Así sea.”

Queridos hermanos, en este difícil contexto que nos toca vivir, inédito y absolutamente inesperado, la Iglesia nos invita a vivir con intensidad y fervor estos días sagrados en que celebramos la Pasión y la Resurrección del Señor. La plena reconciliación con Dios, a través de nuestro arrepentimiento, y la recepción espiritual del Cuerpo y la Sangre de Cristo, serán el alimento de nuestra vida sacramental de este tiempo. Sin embargo, querría insistir en la importancia de vivir en plenitud nuestra fe, dando los pasos de solidaridad necesaria. Hay distintas iniciativas de este ejercicio concreto de la caridad cristiana, desarrolladas por nuestras Cáritas parroquiales y diocesana; la Pastoral de la Calle y la Pastoral de Migrantes. No debería faltarnos nunca en el horizonte vital concreto de nuestra plena reconciliación con Dios y la comunión espiritual, aquella inquietud de San Pablo, “¿Qué debo hacer Señor?” (Hechos 22, 10) retomada con la urgente disponibilidad misionera de San Francisco Javier en una de sus recordadas cartas: “Aquí estoy Señor, qué quieres que haga.”

Los abrazo y bendigo en Jesús, el buen Pastor. Nuestra Madre del Rosario cuide nuestro seguimiento fiel y fecundo del Señor Crucificado que nos da la Vida Nueva en su Pascua gloriosa.

Mendoza, 6 de abril de 2020.

+Marcelo Daniel Colombo
Padre Obispo de Mendoza

Oración en un nuevo aniversario de Malvinas

“Tu bondad y tu gracia me acompañan a lo largo de mi vida; y habitaré en la Casa del Señor, por muy largo tiempo.” (Sal. 23,6)

Circ. Nro. 14/2020

Queridos hermanos,

Junto a la Causa de Malvinas, cada 2 de abril evocamos a los caídos a causa de esa Guerra, al dolor de sus familiares y a los argentinos que regresaron con vida y nos testimonian su entrega por la Patria. En estos días tan difíciles que transitamos, donde la pandemia del COVID19, una guerra de otra naturaleza, nos aflige y atormenta, los invito a rezar por ellos; especialmente pido a los sacerdotes un recuerdo especial en la celebración de la Eucaristía.

Esta guerra de hoy nos pide cuidarnos y cuidar la vida de nuestros hermanos, ser responsables en el cumplimiento de las orientaciones y disposiciones sanitarias dictadas para frenar la difusión del COVID19.

En esta sentida evocación, pidamos a Dios que nos ayude y fortalezca para amar y servir a nuestros hermanos con generosidad y abnegación.

Nuestra Señora del Rosario nos acompañe con su amor materno y nos enseñe a estar, como Ella, junto al Señor crucificado, acompañando el dolor de nuestro pueblo.

Mendoza, 2 de abril de 2020.-
+Marcelo Daniel Colombo
Padre Obispo de Mendoza

Lugar elegido para celebrar la Fiesta de nuestra Madre.

En la Anunciación del Señor: cercanía, consuelo y esperanza

Circ. N° 13/2020

Queridos hermanos,

Quería escribirles en este tiempo difícil que nos toca atravesar, consciente de la necesidad que tenemos de animarnos y sostenernos en la fe. Con Mons. Mazzitelli, sentimos como pastores, la urgencia de seguir presentes en sus vidas, aunque no podamos encontrarnos personalmente, por ahora.

Van pasando los primeros días desde que comenzó este período de aislamiento social, preventivo y obligatorio. Si bien todos advertíamos la gravedad de la situación, la veloz expansión de la pandemia a nivel mundial nos hizo pensar a los cristianos, en la necesidad de cuidarnos y cuidar a los demás, como una consecuencia del Mandamiento del amor de Jesús.

¡Cuántos planes personales y familiares debieron posponerse en este tiempo! También en nuestras parroquias y en nuestra vida diocesana, hemos sentido el impacto de estas decisiones preventivas que buscan garantizar el bien común de la sociedad que afectan, naturalmente, la riqueza y el dinamismo de esta parte de la Cuaresma y los días sagrados de la Pasión y de la Pascua, tiempo de vitalidad espiritual y pastoral para la Evangelización.

Sin embargo, deseo destacar la importante creatividad que van desarrollando laicos y sacerdotes, para juntarse virtualmente a pesar de la distancia física y geográfica; una Iglesia muy unida que vibra en el seguimiento del Señor y que no deja de alabarlo, predicarlo y reconocerlo presente en estos signos de los tiempos que desafían nuestra fidelidad. Así entiendo las celebraciones y conferencias en internet por Facebook, Instagram u otras plataformas, los grupos de WhatsApp, las diferentes actividades que se van proponiendo y que desarrollan esa maravillosa mística del nosotros, como parte del Pueblo de Dios, todo lo cual me conmueve y edifica. Lo mismo puedo decir de las actividades de Cáritas, sus comedores y merenderos, la Pastoral de la Calle, la Pastoral de Migrantes ¡Gracias por ese testimonio, gracias por mantenernos atentos al Espíritu Santo que siempre nos está enviando a los hermanos!

La fiesta de la Anunciación del Señor, compromete nuestra oración junto al Santo Padre, que nos pide acompañarlo y unirnos con toda la Iglesia y comunidades creyentes, en las siempre nuevas y consoladoras palabras del Padrenuestro, mañana a las 8.00 hs. de Argentina. Más tarde, a las 12.00 hs., como Iglesia en la Argentina, rezando el Padrenuestro haremos resonar las campanas de nuestras iglesias y templos.

Refiriéndose a la fiesta de la Anunciación, nos enseña el Papa Francisco: “El pasaje del Evangelio de Lucas que hemos escuchado nos relata el momento decisivo de la historia, el más revolucionario. Es una situación convulsionada, todo cambia, la historia se invierte. Es difícil predicar sobre este pasaje. Y cuando en Navidad o en el día de la Anunciación profesamos la fe para decir este misterio nos arrodillamos. Es el momento en que todo cambia, todo, desde la raíz. Litúrgicamente hoy es el día de la raíz. La antífona que hoy marca el sentido es la raíz de Jesé, “de la que nacerá un brote”. Dios se agacha, Dios entra en la historia y lo hace con su estilo original: una sorpresa. El Dios de las sorpresas nos sorprende una vez más.” (Papa Francisco, En la Anunciación de 2018)

Si Dios quiso entrar en nuestra historia, no nos abandonará ya que nada nuestro le resulta ajeno o indiferente y porque siempre quiere nuestro bien. Que Dios se haya hecho hombre, que haya tomado nuestra carne para habitarla y dignificarla, desafía nuestra propia capacidad para vivir con coherencia ese don de Dios. Él nos ha querido hijos; se trata ahora de trabajar para vivir nuestra condición de hermanos a partir de esa filiación que nos rescata y eleva.

Es un tiempo de mucha responsabilidad social, exigida precisamente por esta fraternidad entre todos los hombres. Las grietas y diferencias infinitas que nos estaban embargando deben cesar ante la contemplación de la pandemia que nos asedia. El amor de Dios nos urge a ayudarnos y a ser solidarios de verdad, quedándonos en casa, limitando las posibilidades de circulación del virus, atendiendo al máximo las disposiciones de la autoridad pública dictadas para el bien común.

Los innumerables gestos de solidaridad que se multiplican entre nosotros expresan esa condición de hermanos. Así entendemos las ayudas con las compras entre vecinos para evitar desplazamientos, la participación responsable (con las normas de higiene y seguridad indicadas) en los espacios de voluntariado que normalmente integramos, las llamadas telefónicas o por otros medios para hacernos presentes en la vida de los demás e interesarnos sobre su salud y estado de ánimo, y ciertamente, la más importante de las solidaridades, la intercesión de unos por otros, por los que están enfermos o han fallecido, por sus familias, por los médicos, enfermeros e investigadores, presentes en las trincheras donde se enfrenta el COVID19, para que pronto pase esta calamidad y volvamos a estar juntos en plenitud.

En estos días les haré llegar aquellas orientaciones necesarias para celebrar la Semana Santa. No deseo adelantarme a las posibles determinaciones de la autoridad pública. Pero estamos ante una situación extraordinaria que desafía nuestra creatividad en la dolorosa limitación de no poder encontrarnos y participar como siempre. Desde el próximo domingo y mientras dure el coronavirus, televisaremos la Santa Misa, por canal 7, a las 9 hs. Agradecemos a las autoridades del Canal la buena disposición a nuestra propuesta. Aún no hemos conseguido todavía asegurar la difusión televisiva de las celebraciones de Jueves Santo y Viernes Santo, tan sentidas para nuestro pueblo cristiano. Pero ciertamente estaremos presentes en las habituales plataformas virtuales.

Como rezábamos con el Papa Francisco hace algunos días, ante la Virgen María, nuestra Estrella encendida, pidámosle que, por su intercesión poderosa, como en Caná, vuelvan la alegría y la fiesta al corazón de los hombres, de las familias, de los pueblos, de la Humanidad.

Los abrazo y bendigo en Jesús el Buen Pastor. Aunque crucemos por oscuras quebradas, no temeremos ningún mal. Su guía y su mano nos infunden confianza (cfr. Salmo 23,3).

Mendoza, 24 de marzo de 2020
En Vísperas de la Anunciación del Señor.
+Marcelo Daniel Colombo
Padre Obispo de Mendoza

Padre Nuestro con el Papa

Esta invitación nos llega de parte de la Comisión de Medios de Comunicación Social de la Conferencia Episcopal Argentina, para este próximo miércoles 25 de marzo, Solemnidad de la Anunciación, en relación con el pedido del Santo Padre Francisco:

“El Papa Francisco invitó a todos los cristianos de las distintas confesiones a rezar juntos el Padre Nuestro el miércoles 25 de marzo, día en que recordamos el anuncio a la Virgen María de la Encarnación del Verbo. Unidos a las 12.00 AM de Roma (08:00 de Argentina) rezaremos juntos en este momento de prueba en que la humanidad tiembla por la amenaza de la pandemia.

Ese mismo día de la Anunciación del Señor a las 12.00 del mediodía de Argentina, invitamos a que suenen las campanas de las Iglesias y también recemos la oración que Jesús nos enseñó y responder y hacer sentir nuestra cercanía con las personas más solas y exhaustas.”

Asimismo, nuestro Padre Obispo, Mons. Marcelo Colombo, nos anima a extender esta invitación a otros cristianos y personas de buena voluntad, para que pueda ponerse de manifiesto la extraordinaria fuerza de la oración de los creyentes.

Mensaje de Monseñor Colombo

Mons. Marcelo Colombo nos comunica con un video que mañana desde las 9 hs se podrá seguir por las plataformas digitales de Pastoral de Comunicadores y de la Arquidiócesis la Santa Misa. También nos pide tener en cuenta todas las órdenes recibidas por las autoridades para cuidarnos de la presente pandemia.

Comunicado sobre suspensión de celebraciones

“Oh Dios, Tú eres mi Roca y mi baluarte: por tu Nombre, guíame y condúceme.” (Salmo 31,3)

Circ. Nro 12/2020

Queridos hermanos,

En estos días nos hemos estado comunicando con frecuencia. La gravedad de la situación planteada por la expansión del Coronavirus nos ha exigido estar atentos a la voz del Señor que nos invitaba a cuidarnos y cuidar la vida de los hermanos. Por esa razón, hemos procurado tomar decisiones pastorales que expresaran el Mandamiento del Amor de Jesús.

En el día de ayer, con el presbiterio en su conjunto, y en estas últimas horas, con el Consejo Presbiteral, hemos querido discernir pastoralmente nuestro mejor modo de servir a la comunidad cristiana para acompañarla en esta particular hora de dolor e incertidumbre. Dios nos habla al corazón en este tiempo de dolor invitándonos a perseverar en fidelidad y esperanza.

Las Iglesias deben estar abiertas en los horarios habituales en la medida de las posibilidades de los sacerdotes y sus colaboradores. El consuelo del diálogo y el sacramento del perdón no pueden faltar como parte del ejercicio de nuestro ministerio pastoral. Nuestros enfermos y ancianos, nuestros pobres, los niños y jóvenes, nuestras familias, deben sentirnos más que nunca cerca y presentes en sus vidas según sea la específica necesidad.

Pero las últimas horas nos han revelado, además, la imperiosa necesidad de suspender todas las celebraciones a fin de evitar cualquier forma de propagación del virus; así lo haremos a partir de este próximo viernes 20, y mientras dure esta enorme emergencia sanitaria. Confiamos que todos puedan comprender el alcance de esta decisión, que busca contribuir del mejor modo al cuidado del bien común.

Los sacerdotes seguiremos celebrando la Eucaristía sin participación de fieles y procuraremos hacernos presentes a través de los distintos medios audiovisuales, en la vida de nuestros fieles y sus familias. Ya hemos dado a conocer los canales a través de los cuales se difunde la celebración diaria y especialmente dominical de la Eucaristía. Próximamente comunicaremos otros servicios pastorales que nos mantendrán orantes y en comunión.

Agradecemos a los sacerdotes la completa aplicación de estas disposiciones. Queremos expresar nuestro especial reconocimiento a los servidores de la salud pública, médicos y enfermeros, a nuestros colaboradores de Cáritas y de la Pastoral de la Calle, que están en la trinchera de la vida amenazada, dando testimonio de amor ejemplar y valiente. Comprometemos por ellos nuestra oración y cercanía fraterna en lo que haga falta.

Los abrazamos en Jesús, implorando la protección maternal de la Virgen del Rosario.

Mendoza, 19 de marzo de 2020.- Fiesta de San José.

+ Mons. Marcelo Daniel Colombo
Arzobispo de Mendoza

+ Mons. Marcelo Fabián Mazzitelli
Obispo Auxiliar de Mendoza

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