Mensaje de Monseñor Colombo

Mons. Marcelo Colombo nos comunica con un video que mañana desde las 9 hs se podrá seguir por las plataformas digitales de Pastoral de Comunicadores y de la Arquidiócesis la Santa Misa. También nos pide tener en cuenta todas las órdenes recibidas por las autoridades para cuidarnos de la presente pandemia.

El Papa reza por las familias encerradas en casa

Hoy, durante la misa matutina, Francisco oró una vez más por las familias, obligadas a quedarse en casa por la emergencia del coronavirus. En su homilía instó a rezar con humildad, sin la presunción de sentirse justos.

Fuente: VATICAN NEWS

El Papa presidió nuevamente hoy la misa matutina transmitida en vivo desde la Casa Santa Marta, como lo hace en este momento de emergencia debido a la pandemia del coronavirus. Introduciendo la celebración eucarística, dirigió sus pensamientos a las familias.

Hoy me gustaría recordar a las familias que no pueden salir de la casa. Tal vez el único horizonte que tienen es el balcón. Y ahí dentro, la familia, con los niños, los chicos, los padres… Para que puedan encontrar una forma de comunicarse bien entre ellos, para construir relaciones de amor en la familia, y para superar la angustia de este tiempo juntos, en familia. Rezamos por la paz de las familias hoy, en esta crisis, y por la creatividad.

Comentando las lecturas del día, tomadas del Libro del Profeta Oseas (Os 6, 1-6) y del Evangelio en el que Jesús relata la parábola del fariseo y del publicano (Lc 18, 9-14), Francisco exhorta a volver a la oración, una oración humilde, sin la presunción de los que se consideran más justos que los demás.

A continuación, el texto de la homilía según una transcripción nuestra:

Esa Palabra del Señor que escuchamos ayer: «Vuelve, vuelve a casa» (cf. Os 14, 2); en el mismo libro del profeta Oseas encontramos también la respuesta: «Vengan, volvamos al Señor» (Os 6, 1). Es la respuesta cuando ese «vuelve a casa» toca el corazón: «Volvamos al Señor: Él nos ha desgarrado y nos curará». Nos ha golpeado y nos vendará. […] Apresurémonos a conocer al Señor, su venida es tan segura como el amanecer» (Os 6:1,3). La confianza en el Señor es segura: «Vendrá a nosotros como la lluvia del otoño, como la lluvia de la primavera que fecunda la tierra» (v. 3). Y con esta esperanza el pueblo comienza el viaje de regreso al Señor. Y una de las maneras, de las formas de encontrar al Señor es la oración. Oremos al Señor, volvamos a Él.

En el Evangelio (cf. Lc 18:9-14) Jesús nos enseña a orar. Hay dos hombres, uno presuntuoso que va a rezar, pero para decir que es bueno, como si le dijera a Dios: «Mira, soy tan bueno: si necesitas algo, dímelo, yo resolveré tu problema». Así se dirige hacia Dios. Presunción. Tal vez hacía todo lo que decía la Ley, lo dice: «Ayuno dos veces a la semana, pago los diezmos por todo lo que tengo». (v. 12) … «Soy bueno». Esto también nos recuerda a otros dos hombres. Nos recuerda al hijo mayor de la parábola del hijo pródigo, cuando le dice a su padre: «Yo, que soy tan bueno, no tengo la fiesta, y éste, que es un desgraciado, le haces la fiesta…». Presuntuoso (cf. Lc 15:29-30). El otro, cuya historia hemos escuchado en estos días, es la de aquel hombre rico, un hombre sin nombre, pero que era rico, incapaz de hacerse un nombre, pero era rico, no le importaba la miseria de los demás (cf. Lc 16, 19-21). Son estos los que tienen seguridad en sí mismos o en el dinero o el poder.

Luego está el otro, el publicano. Que no va delante del altar, no, se queda lejos. «Deteniéndose a distancia, ni siquiera se atrevió a levantar los ojos al cielo, pero se golpeó el pecho diciendo: «Oh Dios, ten piedad de mí, un pecador»» (Lc 18:13). Esto nos lleva también al recuerdo del hijo pródigo: se dio cuenta de los pecados que había cometido, de las cosas malas que había hecho; él también se golpeó el pecho: «Volveré a mi padre y [le diré]: padre, he pecado». Humillación (cf. Lc 15:17-19). Nos recuerda a ese otro hombre, el mendigo Lázaro, a la puerta del rico, que vivió su miseria ante la presunción de ese señor (cf. Lc 16, 20-21). Siempre esta combinación de personas en el Evangelio.

En este caso, el Señor nos enseña a rezar, a acercarnos al Señor: con humildad. Hay una hermosa imagen en el himno litúrgico de la fiesta de San Juan Bautista. Dice que el pueblo se acercó al Jordán para recibir el bautismo, «alma y pies desnudos»: rezar con el alma desnuda, sin maquillaje, sin disfrazar sus virtudes. Él, lo leemos al principio de la misa, perdona todos los pecados, pero necesita que le muestre los pecados, con mi desnudez. Rezar así, desnudo, con el corazón desnudo, sin tapujos, sin siquiera tener fe en lo que he aprendido sobre la oración… Rezar, tú y yo, cara a cara, el alma desnuda. Esto es lo que el Señor nos enseña. En cambio, cuando vamos al Señor un poco demasiado seguros de nosotros mismos, caemos en la presunción de que este [fariseo] o el hijo mayor o ese hombre rico a quien no le faltaba nada. Tendremos nuestra confianza en otra parte. «Yo voy al encuentro del Señor…, quiero ir allí, para ser educado… y le de tú a tú, prácticamente…». Este no es el camino. El camino es rebajarse, el rebajarse. El camino es la realidad. Y el único hombre aquí, en esta parábola, que entendió la realidad, fue el publicano: «Tú eres Dios y yo soy un cantero».  Esa es la realidad. Pero yo digo que soy un pecador no con la  boca: con el corazón. Sentirse pecador.

No olvidemos lo que el Señor nos enseña: justificarse es soberbia, es un orgullo, es exaltarse a sí mismo. Es disfrazarse de lo que no soy. Y las miserias permanecen dentro. El fariseo se justificaba a sí mismo. Es necesario confesar los pecados directamente, sin justificarlos, sin decir: «Pero, no, yo hice esto, pero no fue mi culpa…». El alma desnuda. El alma desnuda.

Que el Señor nos enseñe a entender esto, esta actitud para comenzar la oración. Cuando empecemos a rezar con nuestras justificaciones, con nuestras certezas, no será una oración: será hablar con el espejo. En cambio, cuando empezamos la oración con la verdadera realidad – «Soy un pecador, soy un pecador» – es un buen paso adelante para dejarnos mirar por el Señor nos mire. Que Jesús nos enseñe esto.

También hoy, Francisco terminó la celebración con la adoración y la bendición eucarística, invitándonos a hacer la comunión espiritual.

A continuación, la oración recitada por el Papa:

Jesús mío, creo que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del altar. Te amo por encima de todas las cosas y te deseo en mi alma. Ya que no puedo recibirte sacramentalmente ahora, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Y como ya has venido, te abrazo y me uno todo a ti. No dejes que me separe jamás de ti.

Declaración de la Conferencia Episcopal Argentina

Acompañamos a todo el Pueblo Argentino que ante esta Pandemia ha sido llamado al cuidado y a la responsabilidad.
Cuidarnos a nosotros mismos de un modo responsable es la mejor manera de cuidar a los demás.
Creemos que la responsabilidad y el cuidado se oponen al miedo y al pánico.
El miedo nos lleva a ocuparnos solo de nosotros mismos y a tener actitudes antisociales sin pensar en los demás.
El cuidado y la responsabilidad para con los hermanos y hermanas nos llevan al amor, a la solidaridad y al servicio.
Nos parece clave vivir esta crisis como una oportunidad para crecer como personas y como sociedad.
El Papa emérito Benedicto XVI nos llamaba a una nueva “imaginación de la caridad”, la caridad y el servicio al prójimo son creativos.
El distanciamiento social como medio de prevención puede estar acompañado de una gran cercanía espiritual de modo que aunque físicamente aislados, nadie se sienta solo.
El uso de las redes sociales puede ayudarnos aportando nuestra creatividad para comunicarnos y sostenernos en la esperanza, generando nuevos modos de ayuda mutua y de compañía.
Otro modo de crecimiento surge de nuestra capacidad de mirar la situación de tantos hermanos que están lejos de ciertos niveles de vida en la Argentina.
En los más de 4.400 barrios carenciados del país viven varios millones de personas. A estas personas no les va a resultar muy fácil quedarse en sus casas ya que necesitan salir para ganar el pan para sus familias día por día.
Nos veremos obligados en este tiempo a cambiar estilos de vida y hábitos de consumo.
Tal vez viviendo con mayor austeridad podamos redescubrir nuevos modos de vínculos entre nosotros, más simples y sencillos y nos permita reflexionar sobre cosas en las que habitualmente no pensamos.
Los cristianos viviremos una Cuaresma muy especial apoyados en la gran fuerza de la oración pidiendo por los enfermos y sus familiares.
Queremos agradecer especialmente a quienes están sirviendo a los enfermos y a los más pobres: al personal sanitario, médicas y médicos, enfermeras y enfermeros, voluntarios de la pastoral de la salud presentes en esta hora compleja y apremiante, a todos llegue nuestro aliento y la seguridad de nuestra oración.
Encomendamos particularmente a nuestros sacerdotes que iluminarán este momento con la fuerza de la Palabra de Dios y buscaran caminos para una mayor cercanía pastoral.
Miremos a María, Nuestra Madre de Luján que permanece al pie de la Cruz y pongamos bajo su mirada a todo nuestro pueblo que en esta crisis pondrá a prueba su fibra más íntima, que el Señor lo bendiga para que pueda vivir en estos tiempos una autentica fraternidad evangélica.

Buenos Aires, 19 de marzo de 2020
Comisión Ejecutiva
Conferencia Episcopal Argentina

Comunicado sobre suspensión de celebraciones

“Oh Dios, Tú eres mi Roca y mi baluarte: por tu Nombre, guíame y condúceme.” (Salmo 31,3)

Circ. Nro 12/2020

Queridos hermanos,

En estos días nos hemos estado comunicando con frecuencia. La gravedad de la situación planteada por la expansión del Coronavirus nos ha exigido estar atentos a la voz del Señor que nos invitaba a cuidarnos y cuidar la vida de los hermanos. Por esa razón, hemos procurado tomar decisiones pastorales que expresaran el Mandamiento del Amor de Jesús.

En el día de ayer, con el presbiterio en su conjunto, y en estas últimas horas, con el Consejo Presbiteral, hemos querido discernir pastoralmente nuestro mejor modo de servir a la comunidad cristiana para acompañarla en esta particular hora de dolor e incertidumbre. Dios nos habla al corazón en este tiempo de dolor invitándonos a perseverar en fidelidad y esperanza.

Las Iglesias deben estar abiertas en los horarios habituales en la medida de las posibilidades de los sacerdotes y sus colaboradores. El consuelo del diálogo y el sacramento del perdón no pueden faltar como parte del ejercicio de nuestro ministerio pastoral. Nuestros enfermos y ancianos, nuestros pobres, los niños y jóvenes, nuestras familias, deben sentirnos más que nunca cerca y presentes en sus vidas según sea la específica necesidad.

Pero las últimas horas nos han revelado, además, la imperiosa necesidad de suspender todas las celebraciones a fin de evitar cualquier forma de propagación del virus; así lo haremos a partir de este próximo viernes 20, y mientras dure esta enorme emergencia sanitaria. Confiamos que todos puedan comprender el alcance de esta decisión, que busca contribuir del mejor modo al cuidado del bien común.

Los sacerdotes seguiremos celebrando la Eucaristía sin participación de fieles y procuraremos hacernos presentes a través de los distintos medios audiovisuales, en la vida de nuestros fieles y sus familias. Ya hemos dado a conocer los canales a través de los cuales se difunde la celebración diaria y especialmente dominical de la Eucaristía. Próximamente comunicaremos otros servicios pastorales que nos mantendrán orantes y en comunión.

Agradecemos a los sacerdotes la completa aplicación de estas disposiciones. Queremos expresar nuestro especial reconocimiento a los servidores de la salud pública, médicos y enfermeros, a nuestros colaboradores de Cáritas y de la Pastoral de la Calle, que están en la trinchera de la vida amenazada, dando testimonio de amor ejemplar y valiente. Comprometemos por ellos nuestra oración y cercanía fraterna en lo que haga falta.

Los abrazamos en Jesús, implorando la protección maternal de la Virgen del Rosario.

Mendoza, 19 de marzo de 2020.- Fiesta de San José.

+ Mons. Marcelo Daniel Colombo
Arzobispo de Mendoza

+ Mons. Marcelo Fabián Mazzitelli
Obispo Auxiliar de Mendoza

El Papa ora por los que murieron a causa del coronavirus

Este 18 de marzo, en la Misa en Santa Marta, el Santo Padre elevó una oración especial por los trabajadores de salud que murieron ayudando a los pacientes con coronavirus. En su homilía, recordó que Dios está siempre cerca de nosotros y en este difícil momento nos pide que estemos cerca unos de otros.

Fuente: Vatican News

En la Misa matutina celebrada y transmitida en vivo desde la Capilla de la Casa Santa Marta, el Papa Francisco manifestó su cercanía a todas las personas que están sufriendo esta pandemia del coronavirus. Hoy, el Pontífice la intención de oración la ha querido dedicar a todos aquellos que han perdido la vida a causa de esta enfermedad:

“Recemos hoy por los difuntos, aquellos que a causa del virus han perdido la vida; de manera especial, me gustaría que rezáramos por los trabajadores de salud que han muerto en estos días. Han donado sus vidas al servicio de los enfermos”.

En su homilía, comentando las lecturas que presenta la liturgia este miércoles de la III Semana de Cuaresma, el Papa Francisco recordó que, nuestro Dios, es un Dios cercano a su pueblo y en este momento difícil nos pide que estemos cerca unos de otros.

A continuación el texto de la homilía según nuestra transcripción y al mismo tiempo te invitamos a seguir la Santa Misa (video integral) desde nuestro canal de Youtube:

El tema de ambas lecturas de hoy es la Ley. La Ley que Dios da a su pueblo. La Ley que el Señor quiso darnos y que Jesús quiso llevar a la más alta perfección. Pero hay una cosa que llama la atención: la forma en que Dios da la Ley. Moisés dice: «Porque ¿qué gran nación tiene a sus dioses tan cerca de ella, como el Señor, nuestro Dios, está cerca de nosotros cada vez que lo invocamos? El Señor da la Ley a su pueblo con una actitud de cercanía. No se trata de prescripciones de un gobernante, que puede estar lejos, o de un dictador… No: es la cercanía; y nosotros sabemos por revelación que es una cercanía paternal, de un padre, que acompaña a su pueblo dándole el don de la Ley. El Dios cercano. «De hecho, ¿qué gran nación tiene a sus dioses tan cerca de ella, como el Señor, nuestro Dios, está cerca de nosotros cada vez que lo invocamos?».

Nuestro Dios es el Dios de la cercanía, es un Dios cercano, que camina con su pueblo. Esa imagen en el desierto, en el Éxodo, la nube, la columna de fuego para proteger al pueblo: Él camina con su pueblo. No es un Dios que deja las prescripciones escritas, «y sigue adelante». Hace las prescripciones, las escribe con sus propias manos en la piedra, se las da a Moisés, pero no deja las prescripciones y se va: camina, está cerca. «¿Qué nación tiene un Dios tan cercano?» Es la cercanía. El nuestro es un Dios de la cercanía.

Y la primera respuesta del hombre, en las primeras páginas de la Biblia, son dos actitudes de no proximidad. Nuestra respuesta siempre es alejarnos, nos alejamos de Dios. Él se acerca y nosotros nos distanciamos. En esas dos primeras páginas, la primera actitud de Adán con su esposa, es esconderse: se esconden de la cercanía de Dios, se avergüenzan, porque han pecado, y el pecado nos lleva a escondernos, a no querer la cercanía. Y muchas veces, se hace una teología sólo pensada «en el juez», y por eso me escondo: tengo miedo.

La segunda actitud, humana, a la propuesta de esta cercanía de Dios es matar. Mata al hermano. «No soy el guardián de mi hermano». Dos actitudes que borran toda proximidad. El hombre rechaza la cercanía de Dios, él quiere ser amo de las relaciones y la cercanía siempre trae consigo alguna debilidad. El «Dios cercano» se vuelve débil, y cuanto más cercano se hace, más débil parece. Cuando viene a nosotros, a habitar con nosotros, se hace hombre, uno de nosotros: se hace débil y trae la debilidad hasta la muerte y la muerte más cruel, la muerte de los asesinos, la muerte de los más grandes pecadores. La proximidad humilla a Dios. Se humilla para estar con nosotros, para caminar con nosotros, para ayudarnos.

El «Dios cercano» nos habla de humildad. No es un «gran Dios», no… No. Está cerca. Está en casa. Y lo vemos en Jesús, Dios hecho hombre, cercano hasta la muerte, con sus discípulos: los acompaña, les enseña, los corrige con amor… Pensemos, por ejemplo, en la cercanía de Jesús a los angustiados discípulos de Emaús: estaban angustiados, fueron derrotados y Él se acerca a ellos lentamente, para hacerles comprender el mensaje de vida, de la resurrección.

Nuestro Dios es cercano y nos pide que estemos cerca unos de otros, no que nos alejemos unos de otros. Y en este momento de crisis por la pandemia que estamos viviendo, esta cercanía nos pide que la manifestemos más, que la mostremos más. No podemos, quizás, acercarnos físicamente por miedo al contagio, pero sí, podemos despertar en nosotros una actitud de cercanía entre nosotros: con la oración, con la ayuda, muchas formas de cercanía. ¿Y por qué deberíamos estar cerca el uno del otro? Porque nuestro Dios está cerca, quiso acompañarnos en la vida. Es el Dios de la cercanía. Por eso no somos personas aisladas: estamos cerca, porque la herencia que hemos recibido del Señor es la cercanía, es decir, el gesto de cercanía.

Pidamos al Señor la gracia de estar cerca unos de otros; no nos escondamos unos de otros; no nos lavemos las manos de los problemas de los demás, como hizo Caín: no. Juntos. Proximidad. Cercanía. «Porque ¿qué gran nación tiene a sus dioses tan cerca de ella, como el Señor, nuestro Dios, está cerca de nosotros cada vez que lo invocamos?».

COVID 19: aclaración sobre nuevas medidas preventivas.

Circ. N°11/2020: ACLARACIÓN SOBRE NUEVAS MEDIDAS PREVENTIVAS DICTADAS POR LA AUTORIDAD PÚBLICA PROVINCIAL

Queridos hermanos sacerdotes y responsables de comunidad,

Como les decía en estas últimas horas, la realidad nos obliga a estar atentos y responder con prontitud al cuidado de la vida y ser prudentes al máximo, extremando todas las medidas de higiene y prevención para preservar la salud de todos y evitar la expansión del Coronavirus.

En mi circular anterior les señalé la importancia de evitar toda forma de aglomeración en nuestras celebraciones. Así lo decía el art. 1, e) del Decreto Provincial 384 al establecer “la prohibición de actos o ritos en Iglesias y templos que impliquen la aglomeración de personas.”

El art. 7° del Decreto Provincial 390 rectifica parcialmente al Decreto provincial 384 y señala en relación con Iglesias y templos y las posibles celebraciones a tener lugar en ellos: ”La limitación al 50% del factor ocupacional habilitado o en su defecto una limitación que garantice entre los concurrentes la distancia mínima recomendada por las autoridades sanitarias en todo acto o rito en Iglesias o templos.”

En consecuencia, debe tenerse en cuenta que las iglesias y templos pueden admitir en sus celebraciones sólo hasta el cincuenta por ciento de su capacidad prevista y cuidar además que la gente esté bien distante conforme lo especifican las autoridades sanitarias. Pero también es importante prever que ninguna celebración exceda las doscientas personas que según indican los especialistas es el número tope para aceptar un encuentro o actividad. Seamos cuidadosos por favor en este aspecto.

Nuestras iglesias y templos deben estar abiertas en los horarios normales y habituales para la oración de nuestro pueblo. Nosotros tenemos que estar a disposición de quienes nos pidan una palabra de consuelo y esperanza o el sacramento del perdón, en los términos de cuidado e higiene que insistimos, debemos observar.

Seguimos en contacto; el diálogo de hoy con Uds. fue muy fructífero para ayudarnos al discernimiento pastoral de las situaciones difíciles y sobre todo para precisar el modo más completo de servir a nuestra gente mientras aplicamos al máximo y con rigor los criterios sanitarios de las autoridades.

Los abrazo en Jesús, implorando la protección maternal de la Virgen del Rosario.

Mendoza, 17 de marzo de 2020.-
+Marcelo Daniel Colombo
Arzobispo de Mendoza

Papa Francisco rezó por los ancianos que están solos y con miedo

Que el Señor esté cerca dando fuerza a nuestras abuelas y abuelos. Francisco ofreció por esta intención la Misa matutina que se transmitió en vivo desde la capilla de la Casa de Santa Marta. E invitó a saber perdonar siempre y con el corazón.

Fuente: Vatican News

El corazón del Papa mira a todos y cada día a alguien de manera especial. Francisco dedicó la Misa de esta mañana en la capilla de la Casa de Santa Marta (VÍDEO INTEGRAL) a los ancianos que en tiempo de restricciones por el Coronavirus están entre los que sufren más que otros la distancia de sus seres queridos.

Querría que hoy rezáramos por los ancianos que sufren este momento de manera especial, con una soledad interior muy grande y a veces con mucho miedo. Roguemos al Señor para que esté cerca de nuestros abuelos, de nuestras abuelas, de todos los ancianos y les dé fuerza. Ellos nos dieron la sabiduría, la vida, la historia. También nosotros estamos cerca de ellos con la oración.

En su homilía, Francisco se inspiró en el Evangelio y en el tema del perdón que lleva a Pedro a preguntar a Jesús cuántas veces es lícito perdonar a los demás. No es fácil – reconoció el Papa – y recordó que hay «gente que vive condenando a la gente». Pero lo que Dios desea – afirmó – es «ser magnánimo» y  «perdonar, perdonar de corazón».

A continuación el texto de la homilía según una transcripción nuestra:

Jesús viene de hacer una catequesis sobre la unidad de los hermanos y la terminó con una hermosa palabra: «Les aseguro que si dos de ustedes, dos o tres, se ponen de acuerdo y piden una gracia, se les será concedida». La unidad, la amistad, la paz entre los hermanos atrae la benevolencia de Dios. Y Pedro hace la pregunta: «Sí, pero con las personas que nos ofenden, ¿qué debemos hacer? Si mi hermano comete culpas contra mí, me ofende, ¿cuántas veces tendré que perdonarlo? ¿Siete veces?». Y Jesús respondió con aquella palabra que significa, en su idioma, «siempre»: «Setenta veces siete». Siempre se debe perdonar. Y perdonar no es fácil. Porque nuestro corazón egoísta siempre está apegado al odio, a las venganzas, a los rencores. Todos hemos visto familias destruidas por odios familiares que pasan de una generación a otra. Hermanos que, frente al ataúd de uno de sus padres, no se saludan porque guardan viejos rencores. Parece que es más fuerte aferrarse al odio que al amor y éste es precisamente  – digámoslo así – el tesoro del diablo. Él se agazapa siempre entre nuestros rencores, entre nuestros odios y los hace crecer, los mantiene ahí para destruir. Destruir todo. Y muchas veces, por cosas pequeñas, destruye. Y también se destruye a este Dios que no vino a condenar, sino a perdonar. Este Dios que es capaz de festejar con un pecador que se acerca y olvida todo.

Cuando Dios nos perdona, olvida todo el mal que hemos hecho. Alguien dijo: «Es la enfermedad de Dios». No tiene memoria, es capaz de perder la memoria en estos casos. Dios pierde la memoria de las historias malas de tantos pecadores, de nuestros pecados. Nos perdona y sigue adelante. Sólo nos pide: «Es lo mismo: aprende a perdonar», no sigas con esta cruz infecunda del odio, del rencor, del «me la pagarás». Esta palabra no es cristiana ni humana. La generosidad de Jesús nos enseña que para entrar en el cielo debemos perdonar. Es más, nos dice: «¿Vas a Misa?» – «Sí» – «Pero cuando vas a Misa acuérdate de tu hermano que tiene algo contra ti, y reconcíliate primero; no vengas a mí con el amor hacia mí en una mano y el odio para con tu hermano en la otra. Coherencia del amor. Perdonar. Perdonar de corazón.

Hay gente que vive condenando a la gente, hablando mal de la gente, ensuciando constantemente a sus compañeros de trabajo, ensuciando a sus vecinos, a sus parientes, porque no perdonan algo que les han hecho, o no perdonan algo que no les gustó. Parece que la riqueza propia del diablo es ésta: sembrar amor al no-perdonar, vivir apegados al no-perdonar. Y el perdón es condición para entrar en el cielo.

La parábola que nos cuenta Jesús es muy clara: perdonar. Que el Señor nos enseñe esta sabiduría del perdón que no es fácil. Y hagamos una cosa: cuando vayamos a confesarnos, a recibir el sacramento de la reconciliación, primero pregúntenos: «¿Yo perdono?». Si siento que no perdono, no hagas de cuenta que pides perdón, porque no serás perdonado. Pedir perdón significa perdonar. Van juntos. No pueden separarse. Y aquellos que piden perdón para sí mismos como este señor, al que el patrón le perdona todo pero él no perdona a los demás, terminarán como este señor. «Así también mi Padre celestial lo hará con ustedes si no perdonan de corazón cada uno a su propio  hermano».

“Que el Señor nos ayude a comprender esto y a bajar la cabeza, a no ser soberbios, a ser magnánimos en el perdón. Al menos a perdonar «por interés». ¿Cómo es eso? Sí: perdonar, porque si no perdono, no seré perdonado. Al menos eso. Pero siempre el perdón”

Nuevas medidas de prevención COVID 19

COMUNICACIÓN SOBRE LAS NUEVAS MEDIDAS PREVENTIVAS DICTADAS POR LA AUTORIDAD PÚBLICA PROVINCIAL

Circ. N°10/2020

“Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa bajo el sol.” (Eclesiastés 3,1)

Queridos hermanos,

Día a día, la realidad nos obliga a estar atentos y responder con prontitud al cuidado de la vida. Sabemos que afrontamos un tiempo difícil que exige y exigirá lo mejor de nosotros mismos en pos del bien común. Es necesario obrar con prudencia, sentido común, cuidado de uno mismo y de los demás. Nos urge el mandamiento del amor del Señor.

Las autoridades nacionales, provinciales y municipales trabajan para preservar la salud de la población y evitar la expansión del Coronavirus. Es necesario observar las normas que al respecto vayan dictando. Debemos precavernos, aprendiendo, inclusive, de la dolorosa experiencia de otros países donde las cifras de muertos e infectados crece permanente y exponencialmente.

1. Las disposiciones sobre suspensión de clases para niños y jóvenes, se aplican igualmente a nuestros encuentros y jornadas de catequesis inicial y de confirmación, charlas, retiros, jornadas y conferencias.

2. Las Iglesias no estarán cerradas, por ahora, en los horarios normales, para que los fieles que deseen orar personalmente puedan hacerlo. No obstante, la recomendación sigue siendo quedarse en casa. Pido a los sacerdotes el máximo celo pastoral, unido a todas las precauciones sanitarias, para atender a los enfermos y a quienes soliciten el perdón del Señor.

3. Respecto a las celebraciones, se prohíben las aglomeraciones. Por ello, según las dimensiones de cada templo, podrán participar de la misa algunas personas, que de ninguna manera estén incluidas en los grupos de riesgo, con mucha distancia física entre sí y con todas las precauciones comunicadas en la circ. Nro. 9. Es posible que, en algún momento, conforme la evolución de esta crisis sanitaria, nos veamos obligados a suspender la celebración de la misa con participación de fieles.

4. Mientras dure esta situación crítica, todos los fieles están dispensados del precepto dominical y podrán seguir la celebración de la misa a través de televisión y/o internet, en los canales y modos que hemos indicado. En la comunión espiritual, nos unimos estrechamente al Señor y a toda la Humanidad en este momento de dolor, perplejidad y desesperanza. 5. Otras celebraciones sacramentales que impliquen la reunión de muchas personas deben posponerse.

Los abrazo en Jesús, implorando la protección maternal de la Virgen del Rosario.

Mendoza, 16 de marzo de 2020.-
+Marcelo Daniel Colombo
Arzobispo de Mendoza

Comunicado de Prensa por COVID 19

Reunión del Arzobispo con el Intendente de la Capital

En horas de la tarde de hoy, el arzobispo de Mendoza, Mons. Marcelo Colombo y el vocero arquidiocesano P. Marcelo De Benedectis, fueron recibidos por el intendente de la Ciudad Capital, Dr. Ulpiano Suárez. El motivo de la reunión era conocer el alcance de las recientes disposiciones provinciales y municipales adoptadas en relación con la prevención del Covid19, más concretamente en relación con la Iglesia y su misión.

Del importante intercambio de ideas, quedó claro que de ningún modo se cierran las Iglesias ni se impiden las celebraciones, pero es clara la restricción que implica evitar cualquier tipo de aglomeración de personas. Deberán tenerse en cuenta, según las expresiones del mandatario capitalino, los criterios de relativa ocupación del espacio físico de los templos, así como un número reducido de personas a fin de cumplir con los objetivos de la nueva normativa. Asimismo, el intendente reconoció la importancia de la aplicación de las normas dentro de la especificidad propia de la Iglesia lo cual requerirá orientaciones específicas del Arzobispado.

De parte de la Iglesia de Mendoza, quedó clara la voluntad de cooperar al máximo con las medidas de prevención dictadas, así como la continuidad de sus servicios con los sectores más pobres a través de Cáritas y la Pastoral de la Calle. En este último caso, el Intendente comprometió ayuda en materia de dispositivos de aseo y cuidado, así como la asistencia de personal del estado capitalino para explicar normas y criterios de higiene. También se proveerá de material didáctico en relación con la campaña contra el Covid19 que ha iniciado el gobierno provincial y los municipios de Mendoza.

El arzobispo pidió se considere la particular atención a los pacientes ancianos y enfermos que prestan sacerdotes y voluntarios, y el intendente reconoció que esta figura está considerada dentro de la ayuda necesaria que se presta a esta específica población.

Finalmente, el intendente reiteró el deseo de seguir contribuyendo al diálogo interinstitucional y todos los participantes convinieron en que más que nunca, hay temas propios de una agenda común de la Iglesia mendocina y el Estado, al servicio de la población.

Mendoza, 16 de marzo de 2020
ARZOBISPADO DE MENDOZA

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