Mensaje de Monseñor Colombo

Mons. Marcelo Colombo nos comunica con un video que mañana desde las 9 hs se podrá seguir por las plataformas digitales de Pastoral de Comunicadores y de la Arquidiócesis la Santa Misa. También nos pide tener en cuenta todas las órdenes recibidas por las autoridades para cuidarnos de la presente pandemia.

El Papa reza por las familias encerradas en casa

Hoy, durante la misa matutina, Francisco oró una vez más por las familias, obligadas a quedarse en casa por la emergencia del coronavirus. En su homilía instó a rezar con humildad, sin la presunción de sentirse justos.

Fuente: VATICAN NEWS

El Papa presidió nuevamente hoy la misa matutina transmitida en vivo desde la Casa Santa Marta, como lo hace en este momento de emergencia debido a la pandemia del coronavirus. Introduciendo la celebración eucarística, dirigió sus pensamientos a las familias.

Hoy me gustaría recordar a las familias que no pueden salir de la casa. Tal vez el único horizonte que tienen es el balcón. Y ahí dentro, la familia, con los niños, los chicos, los padres… Para que puedan encontrar una forma de comunicarse bien entre ellos, para construir relaciones de amor en la familia, y para superar la angustia de este tiempo juntos, en familia. Rezamos por la paz de las familias hoy, en esta crisis, y por la creatividad.

Comentando las lecturas del día, tomadas del Libro del Profeta Oseas (Os 6, 1-6) y del Evangelio en el que Jesús relata la parábola del fariseo y del publicano (Lc 18, 9-14), Francisco exhorta a volver a la oración, una oración humilde, sin la presunción de los que se consideran más justos que los demás.

A continuación, el texto de la homilía según una transcripción nuestra:

Esa Palabra del Señor que escuchamos ayer: «Vuelve, vuelve a casa» (cf. Os 14, 2); en el mismo libro del profeta Oseas encontramos también la respuesta: «Vengan, volvamos al Señor» (Os 6, 1). Es la respuesta cuando ese «vuelve a casa» toca el corazón: «Volvamos al Señor: Él nos ha desgarrado y nos curará». Nos ha golpeado y nos vendará. […] Apresurémonos a conocer al Señor, su venida es tan segura como el amanecer» (Os 6:1,3). La confianza en el Señor es segura: «Vendrá a nosotros como la lluvia del otoño, como la lluvia de la primavera que fecunda la tierra» (v. 3). Y con esta esperanza el pueblo comienza el viaje de regreso al Señor. Y una de las maneras, de las formas de encontrar al Señor es la oración. Oremos al Señor, volvamos a Él.

En el Evangelio (cf. Lc 18:9-14) Jesús nos enseña a orar. Hay dos hombres, uno presuntuoso que va a rezar, pero para decir que es bueno, como si le dijera a Dios: «Mira, soy tan bueno: si necesitas algo, dímelo, yo resolveré tu problema». Así se dirige hacia Dios. Presunción. Tal vez hacía todo lo que decía la Ley, lo dice: «Ayuno dos veces a la semana, pago los diezmos por todo lo que tengo». (v. 12) … «Soy bueno». Esto también nos recuerda a otros dos hombres. Nos recuerda al hijo mayor de la parábola del hijo pródigo, cuando le dice a su padre: «Yo, que soy tan bueno, no tengo la fiesta, y éste, que es un desgraciado, le haces la fiesta…». Presuntuoso (cf. Lc 15:29-30). El otro, cuya historia hemos escuchado en estos días, es la de aquel hombre rico, un hombre sin nombre, pero que era rico, incapaz de hacerse un nombre, pero era rico, no le importaba la miseria de los demás (cf. Lc 16, 19-21). Son estos los que tienen seguridad en sí mismos o en el dinero o el poder.

Luego está el otro, el publicano. Que no va delante del altar, no, se queda lejos. «Deteniéndose a distancia, ni siquiera se atrevió a levantar los ojos al cielo, pero se golpeó el pecho diciendo: «Oh Dios, ten piedad de mí, un pecador»» (Lc 18:13). Esto nos lleva también al recuerdo del hijo pródigo: se dio cuenta de los pecados que había cometido, de las cosas malas que había hecho; él también se golpeó el pecho: «Volveré a mi padre y [le diré]: padre, he pecado». Humillación (cf. Lc 15:17-19). Nos recuerda a ese otro hombre, el mendigo Lázaro, a la puerta del rico, que vivió su miseria ante la presunción de ese señor (cf. Lc 16, 20-21). Siempre esta combinación de personas en el Evangelio.

En este caso, el Señor nos enseña a rezar, a acercarnos al Señor: con humildad. Hay una hermosa imagen en el himno litúrgico de la fiesta de San Juan Bautista. Dice que el pueblo se acercó al Jordán para recibir el bautismo, «alma y pies desnudos»: rezar con el alma desnuda, sin maquillaje, sin disfrazar sus virtudes. Él, lo leemos al principio de la misa, perdona todos los pecados, pero necesita que le muestre los pecados, con mi desnudez. Rezar así, desnudo, con el corazón desnudo, sin tapujos, sin siquiera tener fe en lo que he aprendido sobre la oración… Rezar, tú y yo, cara a cara, el alma desnuda. Esto es lo que el Señor nos enseña. En cambio, cuando vamos al Señor un poco demasiado seguros de nosotros mismos, caemos en la presunción de que este [fariseo] o el hijo mayor o ese hombre rico a quien no le faltaba nada. Tendremos nuestra confianza en otra parte. «Yo voy al encuentro del Señor…, quiero ir allí, para ser educado… y le de tú a tú, prácticamente…». Este no es el camino. El camino es rebajarse, el rebajarse. El camino es la realidad. Y el único hombre aquí, en esta parábola, que entendió la realidad, fue el publicano: «Tú eres Dios y yo soy un cantero».  Esa es la realidad. Pero yo digo que soy un pecador no con la  boca: con el corazón. Sentirse pecador.

No olvidemos lo que el Señor nos enseña: justificarse es soberbia, es un orgullo, es exaltarse a sí mismo. Es disfrazarse de lo que no soy. Y las miserias permanecen dentro. El fariseo se justificaba a sí mismo. Es necesario confesar los pecados directamente, sin justificarlos, sin decir: «Pero, no, yo hice esto, pero no fue mi culpa…». El alma desnuda. El alma desnuda.

Que el Señor nos enseñe a entender esto, esta actitud para comenzar la oración. Cuando empecemos a rezar con nuestras justificaciones, con nuestras certezas, no será una oración: será hablar con el espejo. En cambio, cuando empezamos la oración con la verdadera realidad – «Soy un pecador, soy un pecador» – es un buen paso adelante para dejarnos mirar por el Señor nos mire. Que Jesús nos enseñe esto.

También hoy, Francisco terminó la celebración con la adoración y la bendición eucarística, invitándonos a hacer la comunión espiritual.

A continuación, la oración recitada por el Papa:

Jesús mío, creo que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del altar. Te amo por encima de todas las cosas y te deseo en mi alma. Ya que no puedo recibirte sacramentalmente ahora, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Y como ya has venido, te abrazo y me uno todo a ti. No dejes que me separe jamás de ti.

Declaración de la Conferencia Episcopal Argentina

Acompañamos a todo el Pueblo Argentino que ante esta Pandemia ha sido llamado al cuidado y a la responsabilidad.
Cuidarnos a nosotros mismos de un modo responsable es la mejor manera de cuidar a los demás.
Creemos que la responsabilidad y el cuidado se oponen al miedo y al pánico.
El miedo nos lleva a ocuparnos solo de nosotros mismos y a tener actitudes antisociales sin pensar en los demás.
El cuidado y la responsabilidad para con los hermanos y hermanas nos llevan al amor, a la solidaridad y al servicio.
Nos parece clave vivir esta crisis como una oportunidad para crecer como personas y como sociedad.
El Papa emérito Benedicto XVI nos llamaba a una nueva “imaginación de la caridad”, la caridad y el servicio al prójimo son creativos.
El distanciamiento social como medio de prevención puede estar acompañado de una gran cercanía espiritual de modo que aunque físicamente aislados, nadie se sienta solo.
El uso de las redes sociales puede ayudarnos aportando nuestra creatividad para comunicarnos y sostenernos en la esperanza, generando nuevos modos de ayuda mutua y de compañía.
Otro modo de crecimiento surge de nuestra capacidad de mirar la situación de tantos hermanos que están lejos de ciertos niveles de vida en la Argentina.
En los más de 4.400 barrios carenciados del país viven varios millones de personas. A estas personas no les va a resultar muy fácil quedarse en sus casas ya que necesitan salir para ganar el pan para sus familias día por día.
Nos veremos obligados en este tiempo a cambiar estilos de vida y hábitos de consumo.
Tal vez viviendo con mayor austeridad podamos redescubrir nuevos modos de vínculos entre nosotros, más simples y sencillos y nos permita reflexionar sobre cosas en las que habitualmente no pensamos.
Los cristianos viviremos una Cuaresma muy especial apoyados en la gran fuerza de la oración pidiendo por los enfermos y sus familiares.
Queremos agradecer especialmente a quienes están sirviendo a los enfermos y a los más pobres: al personal sanitario, médicas y médicos, enfermeras y enfermeros, voluntarios de la pastoral de la salud presentes en esta hora compleja y apremiante, a todos llegue nuestro aliento y la seguridad de nuestra oración.
Encomendamos particularmente a nuestros sacerdotes que iluminarán este momento con la fuerza de la Palabra de Dios y buscaran caminos para una mayor cercanía pastoral.
Miremos a María, Nuestra Madre de Luján que permanece al pie de la Cruz y pongamos bajo su mirada a todo nuestro pueblo que en esta crisis pondrá a prueba su fibra más íntima, que el Señor lo bendiga para que pueda vivir en estos tiempos una autentica fraternidad evangélica.

Buenos Aires, 19 de marzo de 2020
Comisión Ejecutiva
Conferencia Episcopal Argentina

Francisco reza por los reclusos e invita a la Comunión espiritual

Este 19 de marzo, en la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa Santa Marta, el Santo Padre elevó una oración especial por las personas que encuentran recluidas en las cárceles y en la Solemnidad de San José recordó la importancia de la adoración, invitando a los fieles a la Comunión espiritual.

Fuente: Vatican News

En la Solemnidad de San José, Esposo de la Bienaventurada Virgen María y Patrono de la Iglesia Universal y además, en el Séptimo aniversario del inicio de su Ministerio Petrino, El Papa Francisco celebró la Misa matutina en la capilla de la Casa Santa Marta, la misma que fue transmitida en vivo. Al introducir la celebración Eucarística, dirige su oración por todos los detenidos en este momento de emergencia caracterizado por tantas restricciones debido a la pandemia del coronavirus:

“Recemos hoy por los hermanos y hermanas que están en las cárceles: ellos sufren mucho, por la incertidumbre de lo que sucederá dentro de la cárcel, y también pensando en sus familias, cómo están, si alguien está enfermo, si falta algo. Estamos cerca de los detenidos, hoy, que sufren tanto en este momento de incertidumbre y dolor”.

En su homilía, comentando el Evangelio del día, que habla de San José, hombre justo, es decir, hombre fiel, capaz de entrar en el misterio de Dios, el Pontífice recordó la importancia de la oración de adoración.

A continuación el texto de la homilía según nuestra transcripción y al mismo tiempo te invitamos a seguir la Santa Misa (video integral) desde nuestro canal de Youtube:

El Evangelio (Mt 1:16.18-21.24) nos dice que José era «justo», es decir, un hombre de fe, que vivía la fe. Un hombre que puede ser enumerado en la lista de todas esas personas de fe que hemos recordado hoy en el oficio de las lecturas (cf. Carta a los Hebreos, cap. 11); esas personas que vivieron la fe como fundamento de lo que se espera, como garantía de lo que no se ve, y como prueba de lo que no se ve.

José es un hombre de fe: por eso era «justo». No sólo porque creía, sino también porque vivía esta fe. Un hombre «justo». Fue elegido para educar a un hombre que era un verdadero hombre pero que también era Dios: se necesitaba un hombre-Dios para educar a un hombre así, pero no había. El Señor eligió a un hombre «justo», un hombre de fe. Un hombre capaz de ser un hombre y también capaz de hablar con Dios, de entrar en el misterio de Dios. Y esta fue la vida de José. Vivir su profesión, su vida de hombre y entrar en el misterio. Un hombre capaz de hablar con el misterio, de interactuar con el misterio de Dios. No era un soñador. Entró en el misterio. Con la misma naturalidad con la que llevó a cabo su oficio, con esta precisión de su oficio: fue capaz de ajustar un ángulo milimétrico en la madera, sabía cómo hacerlo; fue capaz de bajar, de reducir un milímetro de la madera, de la superficie de una madera. Cierto, era preciso. Pero también era capaz de entrar en el misterio que no él podía controlar.

Esta es la santidad de José: llevar adelante su vida, su oficio con rectitud, con profesionalidad; y de momento, entrar en el misterio. Cuando el Evangelio nos habla de los sueños de José, nos hace entender esto: entrar en el misterio.

Pienso en la Iglesia hoy, en esta Solemnidad de San José. Nuestros fieles, nuestros Obispos, nuestros sacerdotes, nuestros consagrados y consagradas, los papas: ¿son capaces de entrar en el misterio? ¿O es necesario que se regulen de acuerdo con las prescripciones que los defienden de lo que no pueden controlar? Cuando la Iglesia pierde la posibilidad de entrar en el misterio, pierde la capacidad de adorar. La oración de adoración sólo puede darse cuando uno entra en el misterio de Dios.

Pidamos al Señor la gracia de que la Iglesia viva en la concreción de la vida cotidiana y también en la «concreción» – entre comillas – del misterio. Si no puede hacerlo, será una Iglesia a mitad, será una asociación piadosa, llevada adelante por prescripciones pero sin el sentido de la adoración. Entrar en el misterio no es soñar; entrar en el misterio es precisamente esto: adorar. Entrar en el misterio hoy es hacer lo que haremos en el futuro, cuando lleguemos a la presencia de Dios: adorar.

Que el Señor dé a la Iglesia esta gracia.

Antes de concluir la Misa, el Papa exhortó a la Comunión espiritual en este difícil momento debido a la pandemia del coronavirus, que provocó la suspensión de las Misas en Italia con la participación de los fieles para evitar cualquier contagio. El Papa Francisco terminó la celebración con la adoración y la bendición Eucarística.

“Invito a todos los que están lejos y siguen la misa por televisión a hacer la comunión espiritual”.

A tus pies, oh Jesús mío, me postro y te ofrezco el arrepentimiento de mi corazón contrito que se abandona en su nada y en Tu santa presencia. Te adoro en el sacramento de tu amor, deseo recibirte en la pobre morada que mi corazón te ofrece. En espera de la felicidad de la comunión sacramental, quiero tenerte en espíritu. Ven a mí, oh Jesús mío, que yo vaya hacia Tí. Que tu amor pueda inflamar todo mi ser, para la vida y para la muerte. Creo en Ti, espero en Ti, Te amo. Que así sea.

Comunicado sobre suspensión de celebraciones

“Oh Dios, Tú eres mi Roca y mi baluarte: por tu Nombre, guíame y condúceme.” (Salmo 31,3)

Circ. Nro 12/2020

Queridos hermanos,

En estos días nos hemos estado comunicando con frecuencia. La gravedad de la situación planteada por la expansión del Coronavirus nos ha exigido estar atentos a la voz del Señor que nos invitaba a cuidarnos y cuidar la vida de los hermanos. Por esa razón, hemos procurado tomar decisiones pastorales que expresaran el Mandamiento del Amor de Jesús.

En el día de ayer, con el presbiterio en su conjunto, y en estas últimas horas, con el Consejo Presbiteral, hemos querido discernir pastoralmente nuestro mejor modo de servir a la comunidad cristiana para acompañarla en esta particular hora de dolor e incertidumbre. Dios nos habla al corazón en este tiempo de dolor invitándonos a perseverar en fidelidad y esperanza.

Las Iglesias deben estar abiertas en los horarios habituales en la medida de las posibilidades de los sacerdotes y sus colaboradores. El consuelo del diálogo y el sacramento del perdón no pueden faltar como parte del ejercicio de nuestro ministerio pastoral. Nuestros enfermos y ancianos, nuestros pobres, los niños y jóvenes, nuestras familias, deben sentirnos más que nunca cerca y presentes en sus vidas según sea la específica necesidad.

Pero las últimas horas nos han revelado, además, la imperiosa necesidad de suspender todas las celebraciones a fin de evitar cualquier forma de propagación del virus; así lo haremos a partir de este próximo viernes 20, y mientras dure esta enorme emergencia sanitaria. Confiamos que todos puedan comprender el alcance de esta decisión, que busca contribuir del mejor modo al cuidado del bien común.

Los sacerdotes seguiremos celebrando la Eucaristía sin participación de fieles y procuraremos hacernos presentes a través de los distintos medios audiovisuales, en la vida de nuestros fieles y sus familias. Ya hemos dado a conocer los canales a través de los cuales se difunde la celebración diaria y especialmente dominical de la Eucaristía. Próximamente comunicaremos otros servicios pastorales que nos mantendrán orantes y en comunión.

Agradecemos a los sacerdotes la completa aplicación de estas disposiciones. Queremos expresar nuestro especial reconocimiento a los servidores de la salud pública, médicos y enfermeros, a nuestros colaboradores de Cáritas y de la Pastoral de la Calle, que están en la trinchera de la vida amenazada, dando testimonio de amor ejemplar y valiente. Comprometemos por ellos nuestra oración y cercanía fraterna en lo que haga falta.

Los abrazamos en Jesús, implorando la protección maternal de la Virgen del Rosario.

Mendoza, 19 de marzo de 2020.- Fiesta de San José.

+ Mons. Marcelo Daniel Colombo
Arzobispo de Mendoza

+ Mons. Marcelo Fabián Mazzitelli
Obispo Auxiliar de Mendoza

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