Saludo de pascua

“Vio y creyó.” (Juan 20,8)

Queridos hermanos:

¡Muy feliz Pascua! El Señor ha cumplido su Palabra. Con su Resurrección, nos regala la certeza de la vida nueva en Él. El poder de las tinieblas y de la muerte han sido vencidos por nuestro buen Pastor resucitado.

Estos días de Semana Santa desde el domingo de Ramos, nos han ofrecido la oportunidad de reflexionar y rezar personalmente y en comunidad, en las distintas celebraciones y momentos preparados para ello. ¡Cuánta vida en esas expresiones tan hondas de fe! Sencillas en cuanto a su manifestación, son muy significativas porque ponen de manifiesto: nuestros deseos sinceros de caminar bajo la mirada de Dios, en cercanía fraterna unos de otros.

En este tiempo post Covid, donde esperábamos distendernos de esa amenaza de muerte permanente, vivimos perplejos la crueldad de una guerra que no ahorra atrocidades. Pascua viene a proclamarnos el triunfo de la vida porque Cristo nos invita a la esperanza. No hay muerte que pueda con Él, ni hay límite humano que el Señor no pueda doblegar y ayudarnos a superar.

Por esa razón, con esta certeza en la victoria de Dios, queremos pedir al Resucitado, el regreso de la paz y el respeto de la vida, la gracia de la unidad en nuestro pueblo, la atención preferencial a la situación de los más pobres, el abandono de la agresividad y la fragmentación como modo de relación entre nosotros, una mayor toma de conciencia por parte de todos los dirigentes en los distintos niveles, de sus respectivas responsabilidades en la gestión del bien común.

Cristo nuestra Pascua se nos adelanta en el camino de la vida, para anunciar nuestro horizonte de plenitud y de luz, junto a Él. Dejémonos abrazar por esa claridad que todo transparenta y quiere dejar de manifiesto lo mejor de nosotros mismos. No hemos celebrado la Pascua para volver a la atmósfera de traición y negación de la noche del Jueves. El discípulo amado y María Magdalena nos indican el camino hacia adelante, para que, como ellos, también nosotros veamos y creamos.

Los abrazo y bendigo en Jesús, el buen Pastor resucitado.

Mendoza, Pascua de Resurrección, 2022

+ Padre Obispo Marcelo Daniel Colombo

Saludo a los sacerdotes en su día

Circ. Nro. 10/22

Queridos hermanos sacerdotes,

¡Feliz día del sacerdote! Aunque hay otros días del año en que la liturgia de la Iglesia nos invita a dar gracias por nuestro ministerio, el Jueves Santo nos lleva al instante en que el Señor después de lavar los pies a los discípulos, instituyó la Eucaristía y nos hizo sus servidores para celebrarla en memoria suya.

Como les decía, en la Misa Crismal, los sacerdotes hemos sido enviados por el Señor a anunciar la buena noticia de su Reino. En nuestro caso, como miembros de un presbiterio que quiere amar en esta Iglesia mendocina, que desea crecer en fidelidad a la invitación del Maestro que no vino a ser servido sino a servir. Él nos ungió para que nosotros ungiéramos a nuestros hermanos.

“Somos ungidos para ungir. Ungimos repartiéndonos a nosotros mismos, repartiendo nuestra vocación y nuestro corazón. Al ungir somos reungidos por la fe y el cariño de nuestro pueblo. Ungimos ensuciándonos las manos al tocar las heridas, los pecados y las angustias de la gente; ungimos perfumándonos las manos al tocar su fe, sus esperanzas, su fidelidad y la generosidad incondicional de su entrega que muchas personas ilustradas consideran como una superstición. El que aprende a ungir y a bendecir se sana de la mezquindad, del abuso y de la crueldad.” (Francisco, Misa Crismal, 18 de abril de 2019)

Al saludarlos en este día, les agradezco toda la colaboración prestada a nuestro ministerio episcopal en cercanía fraterna y generosa entrega pastoral, lo cual constituye para nosotros una ayuda imprescindible y un testimonio de la fecundidad de la Iglesia.

Los abrazo y bendigo en Jesús, buen Pastor, reiterándoles mi deseo de un feliz día del sacerdote.

Mendoza, 14 de abril de 2022

+Padre Obispo Marcelo Daniel Colombo

Un nuevo diácono para la Iglesia de Mendoza

El día sábado 19 de marzo, día de San José, Mons. Marcelo Colombo consagró diácono al seminarista Emilio Quiroga (Milo), en su camino al sacerdocio. Con mucha alegría, sacerdotes, diáconos, seminaristas, amigos y familiares de Milo, participaron en la celebración que tuvo lugar en la Iglesia de Nuestra Señora de los Dolores y Tránsito de San José.

En su homilía, nuestro Padre y Pastor, hizo referencia al fiat de San José y la respuesta de Emilio al llamado al sacerdocio. “En el Evangelio asistimos al fiat de José. Un sí precedido de desconcierto y temores, de nobleza y de inquietud espiritual. Un sí confrontado con la llamada de Dios que lo asocia a la entrega de María. Un sí a los sueños de Dios para José y para su pueblo.(…) Querido Milo, vos también sos un hombre invitado a dar un sí pleno y total, en la fe, al Señor que te invita a mirar con esperanza el camino a recorrer, un camino de paternidad espiritual, un camino de fecundidad ministerial en la Iglesia del Señor”, expresó.

Mons. Colombo finalizó su prédica explicando la importancia del diaconado en la vida sacerdotal. “En tu itinerario al sacerdocio ministerial, recibís el diaconado para servir a los hombres según el estilo de Jesús, como en la Última Cena, lavando los pies a sus discípulos; como en su entrega total en la Cruz, derramando su sangre por amor. La dimensión diaconal constituye una parte inseparable de tu entrega sacerdotal. Siempre serás diácono, porque cada día de tu vida tendrás que optar entre ser servido o servir, entre guardarte tus dones para vos o animarte a entregar para bien de los hermanos todo lo que te viene de Dios como gracia”.

Emilio inició su formación en el Seminario de Mendoza en el año 2013. A lo largo de este tiempo formativo ha compartido con las comunidades de las parroquias: Nuestra Señora del Carmen, de Tunuyán; San Isidro Labrador, de Rivadavia; Nuestra Señora de la Consolata, de Guaymallén. En los próximos meses, Emilio colaborará como diácono en la parroquia San Miguel de Las Heras.

Próxima ordenación diaconal de Emilio Quiroga

Circ. Nro. 007/22

Queridos hermanos,

Quiero compartir con Uds. una hermosa noticia. Me refiero a la ordenación diaconal del seminarista Emilio Quiroga (Milo), en la parroquia Nuestra Señora de los Dolores, Ciudad de Mendoza, el 19 de marzo a las 10 hs., en la solemnidad de San José.

Milo inició su formación en 2013. Procedente de la parroquia San Pedro y San Pablo, San Martín, e integró a lo largo de estos años la comunidad formativa de nuestro Seminario, compartiendo los fines de semana en distintas parroquias de la Arquidiócesis (Nuestra Señora del Carmen, de Tunuyán; San Isidro Labrador, de Rivadavia; Ntra. Sra. de la Consolata, de Guaymallén). Ha concluido sus estudios el año pasado y en estos días comenzará a servir en la parroquia San Miguel, de Las Heras.

Esta ordenación diaconal nos llena de alegría como Iglesia y nos invita también a dar gracias al Señor que sigue invitando a jóvenes de nuestras comunidades para seguirlo en el ministerio sacerdotal.

Los invito a acompañar a Milo con la oración, para que sea siempre dócil y disponible a la voluntad de Dios y ser un día sacerdote en nombre de Jesús, el buen Pastor.

Los saludo con afecto, encomendándolos a la protección de nuestra Madre, la Virgen del Rosario.

+Padre Obispo Marcelo Daniel Colombo

Carta Pastoral de Cuaresma 2022

Circ. Nro. 006/2022

Hagamos el bien a todos (Gálatas 6,10)

Queridos hermanos:

Comenzamos el tiempo de Cuaresma, invitados por el Señor y su Iglesia a convertirnos al amor de Jesús, que muere y resucita para salvarnos. “Conviértete y cree en el Evangelio” son las palabras con las que recibimos las cenizas en la frente al comenzar el itinerario cuaresmal hacia la Pascua y constituyen la consigna de viaje y de trabajo.No es un camino de conversión sin contexto; como parte de la gran familia humana, todo lo que acontece nos invita a tomar una posición desde nuestro lugar de creyentes y en favor de la vida. Además de los motivos personales y comunitarios, en este tiempo, nos urge elevar a Dios una plegaria permanente por la paz, especialmente en Ucrania, que atraviesa horas aciagas viendo invadido su territorio y perdiéndose tantas vidas por los bombardeos militares. Las consecuencias devastadoras de los incendios en Corrientes, también nos reclaman nuestra respuesta sensible y solidaria.En la Cuaresma, el Señor nos interpela sobre nuestra capacidad de amar y de ser solidarios con los que sufren. Por eso, para ayudarnos en nuestra reflexión para este tiempo, el Santo Padre nos envía un Mensaje que nos anima a vivir la Cuaresma en perspectiva evangélica, afrontando los desafíos de nuestra conversión personal y comunitaria.“Ciertamente, la Cuaresma es un tiempo favorable, pero también lo es toda nuestra existencia terrena, de la cual la Cuaresma es de alguna manera una imagen. Con demasiada frecuencia prevalecen en nuestra vida la avidez y la soberbia, el deseo de tener, de acumular y de consumir, como muestra la parábola evangélica del hombre necio, que consideraba que su vida era segura y feliz porque había acumulado una gran cosecha en sus graneros (cf. Lc 12,16- 21). La Cuaresma nos invita a la conversión, a cambiar de mentalidad, para que la verdad y la belleza de nuestra vida no radiquen tanto en el poseer cuanto en el dar, no estén tanto en el acumular cuanto en sembrar el bien y compartir.” (Francisco, Mensaje Cuaresma 2022, 1)Tomando la Biblia como referencia, el Papa nos propone la dinámica de la siembra y la cosecha, donde Dios es el agricultor que pone en nosotros la semilla de la Palabra para fecundar nuestra vida, invitándonos a hacernos sus colaboradores en su buena siembra entre los hombres. Cosechamos el bien en nosotros mismos, si hemos sido dóciles a esa Palabra y la acogimos en nuestras vidas con libertad y generosidad, decididos a compartirla y a no acallarla. El Señor nos fortalece con la riqueza de su amor y nos hace capaces de participar en su siembra sabiendo que, aunque nosotros mismos no lleguemos a ver los frutos de nuestras buenas acciones, otros los recogerán a su tiempo.

“Frente a la amarga desilusión por tantos sueños rotos, frente a la preocupación por los retos que nos conciernen, frente al desaliento por la pobreza de nuestros medios, tenemos la tentación de encerrarnos en el propio egoísmo individualista y refugiarnos en la indiferencia ante el sufrimiento de los demás (…) sólo con los ojos fijos en Cristo resucitado (cf. Hb 12,2) podemos acoger la exhortación del Apóstol: «No nos cansemos de hacer el bien» (Ga 6,9)”(Mensaje, n. 2)

En su mensaje, el Papa profundiza en los distintos alcances de hacer el bien, invitándonos a no cansarnos de rezar ya que en Dios tenemos el consuelo para confortarnos en la aflicción y aquella fortaleza necesaria para sobrellevar las dificultades del camino. Este tiempo de combatir el mal que hay en nosotros, nos pide purificarnos y liberarnos de cuanto nos impide vivir con libertad. En la celebración del sacramento de la Reconciliación, nuestro arrepentimiento sincero nos abre a la misericordia de Dios que nos hace mujeres y hombres nuevos. Finalmente, en este no cansarnos de hacer el bien, el Papa Francisco nos propone una caridad activa hacia el prójimo, ya que la Cuaresma “es un tiempo propicio para buscar—y no evitar— a quien está necesitado; para llamar —y no ignorar— a quien desea ser escuchado y recibir una buena palabra; para visitar —y no abandonar— a quien sufre la soledad.” (Mensaje, n. 2)

Luego de las difíciles circunstancias vividas por la pandemia, nos alegramos de poder retomar las distintas actividades eclesiales en nuestras comunidades, especialmente aquellos espacios catequísticos tan necesarios en la evangelización, y ofrecer a nuestros hermanos una Iglesia que les sale al encuentro con el amor de Jesucristo. Deseamos poder seguir profundizando en la dinámica sinodal de encuentro y escucha de las comunidades, a través de las distintas instancias que nos propone el equipo de animación pastoral de la arquidiócesis, con las reuniones y asambleas parroquiales, la actuación de los equipos decanales y la conformación del Consejo arquidiocesano de pastoral, que fuera imposibilitada a causa del Covid.

Que el Señor nos conceda andar sus caminos, fortalecidos por su Espíritu, libres de cuanto nos ata y animados a darnos con generosidad para sembrar con la buena Noticia nuestra vida y la de los hermanos.

Mendoza, 1° de marzo de 2022

+Padre Obispo Marcelo Daniel Colombo

Saludo a los/as consagrados/as

EN LA XXVI JORNADA MUNDIAL DE LA VIDA CONSAGRADA

Queridos hermanos y hermanas:

¡Felicidades! A través de este mensaje deseo saludarlos y expresarles mi gratitud por su presencia entre nosotros, integrando comunidades vivas al servicio del Reino de Dios. Hago extensivas estas palabras a las vírgenes consagradas de nuestra Arquidiócesis quienes, en el seguimiento del Señor, animan generosamente distintos apostolados.

Si bien la Iglesia en la Argentina celebra el Día de la Vida consagrada en el mes de setiembre, la fiesta de la Presentación del Señor ha sido tradicionalmente una jornada de referencia para muchos religiosos y consagrados. En este día, muchos de Uds. han celebrado su profesión o renovación de votos, y reiterado su acción de gracias por una llamada tan hermosa como exigente: vivir como Cristo en pobreza, castidad y obediencia, para ser, en el servicio comprometido desde los distintos carismas, testigos de la vida a la que Dios nos llama.

“Si recordamos nuestro encuentro decisivo con el Señor, nos damos cuenta de que no surgió como un asunto privado entre Dios y nosotros. No, germinó en el pueblo creyente, en medio de tantos hermanos y hermanas, en tiempos y lugares precisos. El Evangelio nos lo dice, mostrando cómo el encuentro tiene lugar en el pueblo de Dios, en su historia concreta, en sus tradiciones vivas: en el templo, según la Ley, en clima de profecía, con los jóvenes y los ancianos juntos (cf. Lc. 2,25-28.34). Lo mismo en la vida consagrada: germina y florece en la Iglesia; si se aísla, se marchita. Madura cuando los jóvenes y los ancianos caminan juntos, cuando los jóvenes encuentran las raíces y los ancianos reciben los frutos. En cambio, se estanca cuando se camina solo, cuando se queda fijo en el pasado o se precipita hacia adelante para intentar sobrevivir. Hoy, fiesta del encuentro, pidamos la gracia de redescubrir al Señor vivo en el pueblo creyente, y de hacer que el carisma recibido se encuentre con la gracia de hoy.” (Papa Francisco, Homilía en la Santa Misa para los Consagrados, 2-2-2019).

En estos días, algunos consagrados parten y otros llegan para integrar las nuevas comunidades de apostolado. A quienes son trasladados, deseo agradecerles la entrega generosa de este tiempo y animarlos a seguir donándose fecundamente al pueblo de Dios allí donde estén. A quienes llegan para poner la mano en el arado de la evangelización y la caridad en Mendoza, les doy mi fraternal bienvenida. Que podamos caminar y servir juntos en este tiempo de la Iglesia y de nuestro país. En esa perspectiva, en esta Iglesia particular, la experiencia de una rica tradición de interacción de los institutos de vida consagrada con el presbiterio y los numerosos agentes de pastoral, nos alegra y llena de esperanza.

Los abrazo y bendigo en Jesús, el buen Pastor, y su Madre santísima del Rosario.

Mendoza, 2 de febrero de 2022, Fiesta de la Presentación del Señor

+Padre Obispo Marcelo Daniel Colombo

Saludo de Fin de Año y presentación del mensaje del Papa Francisco por la Jornada Mundial de la Paz

Circ. Nro. 037/21

Queridos hermanos,

Como cada año, concluyendo 2021, deseo saludarlos, expresarles mis deseos de un fecundo año nuevo e invitarlos a la lectura y reflexión del mensaje del Santo Padre para la Jornada Mundial de la Paz, convocada este año bajo el lema: Diálogo entre generaciones, educación y trabajo: instrumentos para construir una paz duradera.

“En cada época, la paz es tanto un don de lo alto como el fruto de un compromiso compartido. Existe, en efecto, una “arquitectura” de la paz, en la que intervienen las distintas instituciones de la sociedad, y existe un “artesanado” de la paz que nos involucra a cada uno de nosotros personalmente. Todos pueden colaborar en la construcción de un mundo más pacífico: partiendo del propio corazón y de las relaciones en la familia, en la sociedad y con el medioambiente, hasta las relaciones entre los pueblos y entre los Estados. Aquí me gustaría proponer tres caminos para construir una paz duradera. En primer lugar, el diálogo entre las generaciones, como base para la realización de proyectos compartidos. En segundo lugar, la educación, como factor de libertad, responsabilidad y desarrollo. Y, por último, el trabajo para una plena realización de la dignidad humana.” (Mensaje, n. 1)

De esta manera, la invitación del Papa nos ayuda a profundizar nuestra reflexión sobre el diálogo intergeneracional, la educación y el trabajo como tres verdaderas herramientas al servicio de una paz duradera para hacernos artesanos de la paz.

En cuanto al imprescindible diálogo intergeneracional, el Papa se refiere a los interlocutores, los mayores como depositarios de la memoria y los jóvenes como los continuadores de la historia. Educación y trabajo son los lugares y contextos de este diálogo. “Es la educación la que proporciona la gramática para el diálogo entre las generaciones, y es en la experiencia del trabajo donde hombres y mujeres de diferentes generaciones se encuentran ayudándose mutuamente, intercambiando conocimientos, experiencias y habilidades para el bien común.” (Mensaje, n. 2)

A nivel mundial, contrasta escandalosamente la gran inversión en armas con los magros aportes a la educación por parte de los Estados. Para el Papa Francisco, además de invertir en educación, debe fortalecerse la opción por la educación, con un fuerte compromiso con el desarrollo de la cultura del cuidado y el establecimiento de un pacto educativo global que tenga a los jóvenes como protagonistas para formarlos como personas maduras, con una decidida participación de las familias, las comunidades, las escuelas, las universidades, instituciones, religiones y gobiernos, con atención al cuidado de la casa común y de la fraternidad humana (cfr. Mensaje, n.2).

Al referirse al trabajo como el ámbito donde el hombre comparte sus dones personales en un marco de compromiso, esfuerzo y colaboración con los otros, el Papa evalúa los condicionamientos creados por el Covid19 y la incidencia del factor tecnológico, muchas veces sustitutivo del ser humano en cuanto fuerza laboral.

Y no deja de subrayar la importante participación y cuidado de todos los actores: “Es más urgente que nunca que se promuevan en todo el mundo condiciones laborales decentes y dignas, orientadas al bien común y al cuidado de la creación. Es necesario asegurar y sostener la libertad de las iniciativas empresariales y, al mismo tiempo, impulsar una responsabilidad social renovada, para que el beneficio no sea el único principio rector.” (cfr. Mensaje, n. 3).

Al comenzar un nuevo año, el Mensaje Papal inspira nuestra comprensión del tiempo que vivimos para que, como creyentes, seamos artífices de una renovada vida social. Participar activamente en ella, debe ser para los cristianos un imperativo según el estado de vida, las condiciones personales y vocacionales para involucrarse y testimoniar la vigencia del Evangelio. Si bien la Doctrina social de la Iglesia siempre nos pone a disposición su rica reflexión de los grandes temas de la comunidad humana, nos toca a nosotros, los cristianos, dar el paso de concretarla en nuevas y más conscientes prácticas de ciudadanía, en la vivencia coherente del ideal evangélico por parte de las familias y las comunidades a partir de la solidaridad con los más pobres y alejados, con los excluidos y los descartados.

Los proyectos de Cáritas de ayuda en la emergencia, pero sobre todo los que constituyen propuestas de promoción humana, educativa y laboral, el trabajo con los encarcelados, los enfermos, los migrantes y las personas víctimas de la trata y las adicciones, así como la asistencia de las personas en situación de calle, son expresiones de nuestras pastorales “de trinchera” en las que la comunidad eclesial proclama con fuerza que el Amor es más fuerte. En este servicio pastoral de la Iglesia, los pobres no son meros destinatarios de nuestra caridad sino hermanos muy queridos, convocados a ser protagonistas de la vida en toda su plenitud y dignidad. Para eso trabajamos.

Que el Señor nos conceda vivir con pasión evangélica el año 2022, que sumemos nuestros esfuerzos para transformar el mundo por amor, ese amor nacido como respuesta personal al llamado evangélico de Jesús a ser sal de la tierra y luz del mundo.

Los abrazo y bendigo en Cristo, el buen Pastor, junto a su Madre Santísima del Rosario. ¡Feliz y fecundo 2022 en el Señor!

Mendoza, 30 de diciembre de 2021.
+Padre Obispo Marcelo Daniel Colombo

Saludo de Navidad 2021

“… veamos lo que ha sucedido y que el Señor nos ha anunciado.” (Lc. 2, 15)

Circ. Nro. 035/2021

Mis queridos hermanos:

Como los pastores, en esta Navidad queremos acercarnos al pesebre de Belén para encontrar al Señor y llenarnos de alegría porque el Padre ha cumplido su promesa de darnos un Salvador. En su pequeño Hijo, Dios nos recuerda nuestra fragilidad y nos invita a estrecharnos en derredor suyo para ser fortalecidos con su amor.

“Un niño nos hace sentir amados, pero también nos enseña a amar. Dios nació niño para alentarnos a cuidar de los demás. Su llanto tierno nos hace comprender lo inútiles que son nuestros muchos caprichos, y de esos tenemos tantos. Su amor indefenso, que nos desarma, nos recuerda que el tiempo que tenemos no es para autocompadecernos, sino para consolar las lágrimas de los que sufren. Dios viene a habitar entre nosotros, pobre y necesitado, para decirnos que sirviendo a los pobres lo amaremos… Eres tú, Jesús, el Hijo que me hace hijo. Me amas como soy, no como yo me creo que soy; yo lo sé. Al abrazarte, Niño del pesebre, abrazo de nuevo mi vida. Acogiéndote, Pan de vida, también yo quiero entregar mi vida. Tú que me salvas, enséñame a servir. Tú que no me dejas solo, ayúdame a consolar a tus hermanos, porque —Tú sabes— desde esta noche todos son mis hermanos.” (Papa Francisco, Homilía en la Misa de Nochebuena 2020).

Que Jesús, nacido en Belén, nos ayude a fortalecer nuestros vínculos familiares y sociales. Que nuestras comunidades parroquiales, nuestras instituciones y movimientos sean instrumentos al servicio de la fraternidad concreta de hombres y pueblos. Que cada uno de nosotros, miembros de esta Iglesia mendocina, testimoniemos la fuerza del amor que nos trae el Señor.

Los encomiendo a la maternal protección de la Virgen del Rosario. Reciban mi abrazo y la bendición en Jesús, el niño de Belén.

Mendoza, 22 de diciembre de 2021

+Padre Obispo Marcelo Daniel Colombo

Nueva Virgen Consagrada para Mendoza

María Carola Julia Gómez Saa fue consagrada por el Padre Obispo Marcelo Colombo en el Orden de las vírgenes consagradas de la Arquidiócesis de Mendoza. La celebración se realizó el martes 7 de diciembre en la Iglesia Catedral Santuario Nuestra Señora de Loreto. Contó con la presencia del obispo auxiliar Marcelo Mazzitelli, el Delegado Episcopal para el O.V.C, el Párroco de Santiago Apóstol donde Carola es catequista y ministro extraordinario de la comunión, la presencia del Delegado Episcopal de la Arquidiócesis de San Juan, sacerdotes diocesanos y vírgenes consagradas de Mendoza, San Juan y San Luis.

Carola es profesora de Educación Física, se desempeña en Escuelas de Gestión Pública de la Provincia de Mendoza, desde hace varios años acompaña la tarea de la Pastoral Carcelaria de esta Iglesia y es colaboradora del Opus Dei.

Carola ingresa al Orden de las vírgenes consagradas, sumándose a las trece que forman parte de este Cuerpo, ya que si bien cada una se sostiene económicamente y viven en sus domicilios particulares, comparten la vocación de ser IMAGEN DE LA IGLESIA ESPOSA, según lo señala el documento del Vaticano publicado en el año 2018, para unirse en desposorio místico con Jesucristo, en un anticipo de las Bodas Celestiales a las que todos los bautizados estamos llamados a celebrar.

El carisma de la virginidad consagrada tiene por modelo a la Santísima Virgen María como esposa, madre y virgen, haciendo presente a Jesús en los ámbitos en los que viven. Tienen por superior al Arzobispo de la Diócesis, quien puede designar un Delegado, quien las acompaña para ser fermento y levadura para quienes comparten su existencia.

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