Invitación a unirnos al X Encuentro Mundial de Familias

Celebración arquidiocesana en Nuestra Señora de Monserrat (20-06-2022)

“La alegría del amor que se vive en las familias es también el júbilo de la Iglesia.” (Francisco, Amoris Laetitia, n.1)

Queridos hermanos,

Deseo compartir con Uds. esta grata invitación a unirnos a la celebración del X Encuentro Mundial de Familias que tendrá lugar en Roma próximamente, del 22 al 26 de junio. La posibilidad de retomar los encuentros presenciales permitirá a representantes de todos los países, reunirse para orar y reflexionar sobre la familia, así como de proponer aquellos caminos que fortalezcan la vigencia de la familia como modelo de comunión de amor y de formación de las personas.

Con nuestra Pastoral Familiar, deseo invitar a párrocos y responsables de comunidades, a procurar este tipo de espacios de oración y reflexión en sus parroquias y capillas. Acompaño dos módulos catequísticos que pueden favorecer estas iniciativas siempre necesarias en la vida de la Iglesia. Se trata de un material enviado en ocasión de este Encuentro Mundial y que puede ayudar para preparar encuentros con padres de Catequesis e inclusive con los grupos de Catequesis de Confirmación. Al importante trabajo que suele ofrecernos nuestra Junta de Catequesis, podemos agregar estos encuentros que sintonizan con la Iglesia universal en el camino de valorar y promover el fortalecimiento de nuestras familias.

“(…) muchas familias, que están lejos de considerarse perfectas, viven en el amor, realizan su vocación y siguen adelante, aunque caigan muchas veces a lo largo del camino (…) Las realidades que nos preocupan son desafíos. No caigamos en la trampa de desgastarnos en lamentos autodefensivos, en lugar de despertar una creatividad misionera. En todas las situaciones, la Iglesia siente la necesidad de decir una palabra de verdad y de esperanza. Los grandes valores del matrimonio y de la familia cristiana corresponden a la búsqueda que impregna la existencia humana.” (Francisco, Amoris laetitia n. 57)

Asimismo, el lunes 20 de junio, a las 20 hs. en la Parroquia “Nuestra Señora de Monserrat”, Godoy Cruz, en adhesión a este X Encuentro y para orar por su feliz realización, presidiré la Santa Misa con los voluntarios y colaboradores de la Pastoral Familiar Arquidiocesana, así como todos los equipos de pastoral familiar de las parroquias que pudiesen concurrir. Invito especialmente a participar a los dirigentes y responsables de los movimientos de apostolado familiar para expresar nuestra comunión con toda la Iglesia en el deseo de servir al misterio del Amor de Dios manifestado en las familias, para la vida de nuestros hermanos.

Los abrazo y bendigo en Jesús, el buen Pastor.

Mendoza, 26 de mayo de 2022
+Padre Obispo Marcelo Daniel Colombo

El Papa reza por las familias encerradas en casa

Hoy, durante la misa matutina, Francisco oró una vez más por las familias, obligadas a quedarse en casa por la emergencia del coronavirus. En su homilía instó a rezar con humildad, sin la presunción de sentirse justos.

Fuente: VATICAN NEWS

El Papa presidió nuevamente hoy la misa matutina transmitida en vivo desde la Casa Santa Marta, como lo hace en este momento de emergencia debido a la pandemia del coronavirus. Introduciendo la celebración eucarística, dirigió sus pensamientos a las familias.

Hoy me gustaría recordar a las familias que no pueden salir de la casa. Tal vez el único horizonte que tienen es el balcón. Y ahí dentro, la familia, con los niños, los chicos, los padres… Para que puedan encontrar una forma de comunicarse bien entre ellos, para construir relaciones de amor en la familia, y para superar la angustia de este tiempo juntos, en familia. Rezamos por la paz de las familias hoy, en esta crisis, y por la creatividad.

Comentando las lecturas del día, tomadas del Libro del Profeta Oseas (Os 6, 1-6) y del Evangelio en el que Jesús relata la parábola del fariseo y del publicano (Lc 18, 9-14), Francisco exhorta a volver a la oración, una oración humilde, sin la presunción de los que se consideran más justos que los demás.

A continuación, el texto de la homilía según una transcripción nuestra:

Esa Palabra del Señor que escuchamos ayer: «Vuelve, vuelve a casa» (cf. Os 14, 2); en el mismo libro del profeta Oseas encontramos también la respuesta: «Vengan, volvamos al Señor» (Os 6, 1). Es la respuesta cuando ese «vuelve a casa» toca el corazón: «Volvamos al Señor: Él nos ha desgarrado y nos curará». Nos ha golpeado y nos vendará. […] Apresurémonos a conocer al Señor, su venida es tan segura como el amanecer» (Os 6:1,3). La confianza en el Señor es segura: «Vendrá a nosotros como la lluvia del otoño, como la lluvia de la primavera que fecunda la tierra» (v. 3). Y con esta esperanza el pueblo comienza el viaje de regreso al Señor. Y una de las maneras, de las formas de encontrar al Señor es la oración. Oremos al Señor, volvamos a Él.

En el Evangelio (cf. Lc 18:9-14) Jesús nos enseña a orar. Hay dos hombres, uno presuntuoso que va a rezar, pero para decir que es bueno, como si le dijera a Dios: «Mira, soy tan bueno: si necesitas algo, dímelo, yo resolveré tu problema». Así se dirige hacia Dios. Presunción. Tal vez hacía todo lo que decía la Ley, lo dice: «Ayuno dos veces a la semana, pago los diezmos por todo lo que tengo». (v. 12) … «Soy bueno». Esto también nos recuerda a otros dos hombres. Nos recuerda al hijo mayor de la parábola del hijo pródigo, cuando le dice a su padre: «Yo, que soy tan bueno, no tengo la fiesta, y éste, que es un desgraciado, le haces la fiesta…». Presuntuoso (cf. Lc 15:29-30). El otro, cuya historia hemos escuchado en estos días, es la de aquel hombre rico, un hombre sin nombre, pero que era rico, incapaz de hacerse un nombre, pero era rico, no le importaba la miseria de los demás (cf. Lc 16, 19-21). Son estos los que tienen seguridad en sí mismos o en el dinero o el poder.

Luego está el otro, el publicano. Que no va delante del altar, no, se queda lejos. «Deteniéndose a distancia, ni siquiera se atrevió a levantar los ojos al cielo, pero se golpeó el pecho diciendo: «Oh Dios, ten piedad de mí, un pecador»» (Lc 18:13). Esto nos lleva también al recuerdo del hijo pródigo: se dio cuenta de los pecados que había cometido, de las cosas malas que había hecho; él también se golpeó el pecho: «Volveré a mi padre y [le diré]: padre, he pecado». Humillación (cf. Lc 15:17-19). Nos recuerda a ese otro hombre, el mendigo Lázaro, a la puerta del rico, que vivió su miseria ante la presunción de ese señor (cf. Lc 16, 20-21). Siempre esta combinación de personas en el Evangelio.

En este caso, el Señor nos enseña a rezar, a acercarnos al Señor: con humildad. Hay una hermosa imagen en el himno litúrgico de la fiesta de San Juan Bautista. Dice que el pueblo se acercó al Jordán para recibir el bautismo, «alma y pies desnudos»: rezar con el alma desnuda, sin maquillaje, sin disfrazar sus virtudes. Él, lo leemos al principio de la misa, perdona todos los pecados, pero necesita que le muestre los pecados, con mi desnudez. Rezar así, desnudo, con el corazón desnudo, sin tapujos, sin siquiera tener fe en lo que he aprendido sobre la oración… Rezar, tú y yo, cara a cara, el alma desnuda. Esto es lo que el Señor nos enseña. En cambio, cuando vamos al Señor un poco demasiado seguros de nosotros mismos, caemos en la presunción de que este [fariseo] o el hijo mayor o ese hombre rico a quien no le faltaba nada. Tendremos nuestra confianza en otra parte. «Yo voy al encuentro del Señor…, quiero ir allí, para ser educado… y le de tú a tú, prácticamente…». Este no es el camino. El camino es rebajarse, el rebajarse. El camino es la realidad. Y el único hombre aquí, en esta parábola, que entendió la realidad, fue el publicano: «Tú eres Dios y yo soy un cantero».  Esa es la realidad. Pero yo digo que soy un pecador no con la  boca: con el corazón. Sentirse pecador.

No olvidemos lo que el Señor nos enseña: justificarse es soberbia, es un orgullo, es exaltarse a sí mismo. Es disfrazarse de lo que no soy. Y las miserias permanecen dentro. El fariseo se justificaba a sí mismo. Es necesario confesar los pecados directamente, sin justificarlos, sin decir: «Pero, no, yo hice esto, pero no fue mi culpa…». El alma desnuda. El alma desnuda.

Que el Señor nos enseñe a entender esto, esta actitud para comenzar la oración. Cuando empecemos a rezar con nuestras justificaciones, con nuestras certezas, no será una oración: será hablar con el espejo. En cambio, cuando empezamos la oración con la verdadera realidad – «Soy un pecador, soy un pecador» – es un buen paso adelante para dejarnos mirar por el Señor nos mire. Que Jesús nos enseñe esto.

También hoy, Francisco terminó la celebración con la adoración y la bendición eucarística, invitándonos a hacer la comunión espiritual.

A continuación, la oración recitada por el Papa:

Jesús mío, creo que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del altar. Te amo por encima de todas las cosas y te deseo en mi alma. Ya que no puedo recibirte sacramentalmente ahora, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Y como ya has venido, te abrazo y me uno todo a ti. No dejes que me separe jamás de ti.

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