Comunicado de la CEA sobre la toma de tierras

“Del Señor es la tierra (Sal. 24,1)”

En estos días de extrema vulnerabilidad para el cuerpo social que conformamos, se repite con dolorosa frecuencia la toma de tierras, un fenómeno conocido en la Argentina desde los orígenes mismos de nuestra historia.

En estas últimas décadas, las distintas ocupaciones de tierras evidenciaron la precaria situación de tantas familias, que han debido procurarse un lugar para vivir. En este sentido, como cristianos nos sentimos interpelados ante toda forma de exclusión que deja a hombres y mujeres sin un techo digno.

«La pérdida de la concepción de la tierra como don de Dios para el bienestar de todos está en la raíz de toda concentración, apropiación indebida y depredación de los recursos naturales.» (Una tierra para todos, Comisión Episcopal de Pastoral Social, CEA, 2005).

Ello no obstante, nada justifica la intrusión y la violencia a costa de la vida y los derechos de los demás. La Iglesia no avala las tomas. Son ocasión de violencia y agitación social, muchas veces incentivadas.

Mucho menos aceptable es el oportunismo de quienes se aprovechan de la extrema necesidad de los más pobres para usarlos en función de sus propias ganancias y clientelismo político.

Asimismo, no podemos dejar de expresar también la preocupación por cualquier resolución de estos conflictos que naturalice la violencia y ponga en riesgo la vida de las personas.

Hoy más que nunca se hace necesario un Estado presente que se haga responsable de políticas proactivas en materia de acceso a la vivienda y al trabajo digno. En estas horas dramáticas, en que los casos se replican, confiamos en que una diligente intervención de la justicia evitaría escaladas de violencia entre las partes. Con la autoridad de su mediación se facilitaría el diálogo con las autoridades proponiendo posibles alternativas para las familias pobres que verdaderamente necesiten un lugar para vivir. Nos conmueve la cantidad de niños implicados, ellos esperan una respuesta seria y rápida de nosotros los adultos.

En el arte de la política, siempre necesario, los distintos niveles de gobierno, nacional, provincial y municipal, deben velar por la seguridad de todos los habitantes y trabajar con todas sus energías para desarmar las estrategias de aquellos que sacan ventaja de esta dolorosa situación.

Buenos Aires, 29 de octubre de 2020

Mons. Oscar V. Ojea, Obispo de San Isidro, Presidente
Cardenal Mario Aurelio Poli, Arzobispo de Buenos Aires, Vicepresidente 1º Mons. Marcelo Colombo, Arzobispo de Mendoza, Vicepresidente 2º
Mons. Carlos H. Malfa, Obispo de Chascomús, Secretario General

Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina

Cuatro nuevos diáconos permanentes para la diócesis de Mendoza

Mons. Colombo: “Los invito a enriquecer la vida de la Iglesia con esa experiencia de vida familiar que forma parte de su propio “avío del alma” motivo de alegría y esperanza para la Iglesia en Mendoza.”

El Arzobispo de Mendoza, Mons. Marcelo Colombo ordenó el día viernes 23, cuatro nuevos diáconos permanentes: Fernando Cagnani, Gustavo Delicio, Daniel Miranda y Osvaldo Quinteros. La celebración se realizó en la Catedral Nuestra Señora de Loreto. Para poder llegar a todas las comunidades de la que son oriundos estos nuevos consagrados la celebración se transmitió por redes sociales.

Con inmensa alegría la Iglesia que peregrina en Mendoza recibe a estos ministros, configurados con Cristo Siervo para colaborar con el ministerio del Obispo y los presbíteros, inspirando y animando el servicio de todo el Pueblo de Dios por medio de la diaconía de la Palabra, la Liturgia y la Caridad.

Durante la homilía el padre obispo se expresó sobre el diaconado en estos términos: “Si el contexto de la aparición del diaconado en la vida y la misión de la Iglesia tuvo un preciso contexto vital, la necesidad de testimoniar al Señor de palabra y de obra, hoy tienen Uds. mis queridos hermanos, una situación de la Humanidad sin precedentes, que interpela el ministerio que comenzarán a ejercer.” Y agregó al concepto: “La dramática descripción del mundo actual que nos ofrece el Papa en su última encíclica Fratelli tutti, no prescinde, al contrario, exige, la esperanza cristiana que ponemos sólo en Dios que nos impulsa a darlo todo por su Reino, a favor de los hermanos. El Papa nos invita a caminar en esa esperanza, con un corazón abierto al encuentro con todos los hombres. “(…) seamos capaces de reaccionar con un nuevo sueño de fraternidad y de amistad social que no se quede en las palabras.” (FT 6).”

Con este don sacramental de Dios, la Arquidiócesis continúa acrecentando en número de Diáconos, colaboradores del ministerio pastoral, en las diversas comunidades y sectores pastorales.

Demos gracias a Jesús Siervo, “Diácono del Padre y de los hombres” que acrecienta su presencia entre nosotros “como el que sirve”, en la persona de estos nuevos diáconos. Estimulados por la riqueza sacramental de su ministerio comprometámonos a ser cada día más una Iglesia pobre y servidora.

https://www.facebook.com/pastoralcomunicadoresmendoza/posts/3385876958133216

Comunicado de la CEA sobre el tratamiento de la ley de aborto

En este tiempo, cuando el ánimo de los argentinos se sobrepone a situaciones extremas con paciencia, ingenio y esperanza –aún ante la pérdida de seres queridos en las familias-; cuando padecemos el humillante aumento en la cantidad de hogares cada vez más pobres; en un año escolar que dejó al margen a una gran cantidad de alumnos y puso en evidencia la desigualdad de recursos y medios; cuando los heroicos agentes sanitarios agotados por el esfuerzo sobrehumano nos piden a gritos que cuidemos la vida; el sentido común -que abunda en el pueblo sencillo- nos revela que no hay lugar para pensar en proyectos legislativos que contradicen el discurso que dice cuidar a todos los argentinos como prioridad.

Desde el comienzo de este largo tiempo en que respondemos como sociedad a la virulencia de una pandemia inesperada, la Iglesia ha acompañado todas las acciones destinadas a enfrentar y mitigar las consecuencias del Covid19. Lo hemos hecho con prudencia y respeto a las decisiones de la autoridad política y sanitaria ya que sabemos que la búsqueda y el fortalecimiento de la unidad es una consigna para la superación de todo lo que nos aflige como País y como Humanidad. Recordamos aquella consigna dramática y todavía vigente del Santo Padre en su oración del 27 de marzo: “¡Estamos todos en la misma barca!” “¡Nadie se salva solo!”

Nos preocupa todo cuanto pueda alejarnos de este compromiso por la unidad a favor del bien común o que pueda acrecentar la brecha que nos divide.

Las últimas noticias sobre la inminente introducción del proyecto de Ley de aborto al Congreso Nacional nos sorprenden tristemente porque desalientan la búsqueda del encuentro fraterno e imprescindible entre los argentinos. Oscurece gravemente el horizonte que nos propone el Papa Francisco en su reciente Encíclica Fratelli tutti: abrir el corazón ante un mundo que rompe en pedazos los sueños y se encierra detrás de una mirada egoísta y excluyente, porque “en el fondo no se considera ya a las personas como un valor primario que hay que respetar y amparar, especialmente si son pobres o discapacitadas, si “todavía no son útiles” –como los no nacidos-, o si “ya no sirven”- como los ancianos” (Fratelli Tutti nº 18).

Así como la dignidad de la vida y la promoción de los derechos humanos son conceptos centrales en una agenda auténticamente democrática, la situación general de la Salud Pública, planteada por esta dolorosa coyuntura, hace insostenible e inoportuno cualquier intento de presentar y discutir una ley de estas características.

La pandemia nos ha alertado que el Estado debe velar por el cuidado de la «salud pública» es decir, el cuidado de la vida humana. No cuidar todas las vidas, toda la Vida, sería una falta gravísima de un Estado que quiere proteger a sus habitantes.

Invitamos a la prudencia política para no desalentar la búsqueda de la máxima unidad posible en un cuerpo social herido por los desencuentros entre argentinos.

Buenos Aires, 22 de octubre de 2020
Mons. Oscar V. Ojea, Obispo de San Isidro, Presidente
Cardenal Mario Aurelio Poli, Arzobispo de Buenos Aires, Vicepresidente 1º Mons. Marcelo Colombo, Arzobispo de Mendoza, Vicepresidente 2º
Mons. Carlos H. Malfa, Obispo de Chascomús, Secretario General Conferencia Episcopal Argentina

Nuevos servidores para el Pueblo de Dios

“Estoy entre Uds. como el que sirve.” (Lc. 22,27)

Circ. Nro. 60/2020

Queridos hermanos,

Con alegría deseo invitarlos a acompañar con la oración y la cercanía fraterna la ordenación diaconal que tendrá lugar el próximo 23 de octubre, a las 20 hs. en la Iglesia Catedral de Ntra. Sra. de Loreto. Varias veces postergada, en razón de las distintas disposiciones sanitarias, esta celebración conferirá el diaconado en modo permanente a:

  • Fernando Javier Cagnani, originario de la parroquia San Isidro Labrador.
  • Osvaldo Alejandro Delicio, originario de la parroquia Santa Bernardita.
  • Daniel Omar Miranda, originario de la parroquia María Madre de la Iglesia.
  • Osvaldo José Quinteros, originario de la parroquia Nuestra Señora del Carmen de Cuyo – Uspallata.

Con el parecer favorable de sus responsables pastorales, estos queridos hermanos han concluido su itinerario formativo y serán ordenados para el servicio del Pueblo de Dios, peregrino en nuestra Arquidiócesis de Mendoza. 

Las actuales circunstancias nos impiden acompañarlos del modo presencial con que siempre acogemos este don de Dios que es la ordenación sagrada en la vida de nuestros hermanos. Deberemos hacerlo con la participación física de las treinta personas que nos autoriza el Protocolo del decreto provincial Nro. 763/20. Las plataformas digitales que tradicionalmente nos vienen ayudando con las misas y celebraciones, estarán a disposición el próximo viernes para unirnos a ellos sosteniéndolos con nuestra oración fraterna. Oportunamente indicaremos cómo participar virtualmente.

Agradecido a Dios por esta gracia que significa para nuestra Iglesia mendocina el diaconado permanente, los abrazo y bendigo en Jesús, el buen Pastor, en la presencia de su Madre Santísima del Rosario.

Mendoza, 19 de octubre de 2020.-
+Padre Obispo Marcelo Daniel Colombo

La alegría de la maternidad. Saludo a las madres en su día

Circ. Nro. 59/2020

«¡Muchas mujeres han dado pruebas de entereza, pero tú las superas a todas!» (Proverbios 31, 29)

Queridas mamás,

En nombre de esta Iglesia mendocina, quiero saludarlas especialmente en este día. Lo particular del año 2020, la pandemia y la tragedia sanitaria que provoca en la comunidad humana, nos invita más que nunca dar gracias a Dios por el milagro de la vida, comunicada a los hombres con la ayuda maravillosa de las madres. Mientras le peleamos a la enfermedad y a la muerte en este tiempo, los hombres no podemos olvidar ese sí tan imprescindible que pronunciaron nuestras madres ante la llamada de Dios. 

No nos resulta suficiente un agradecimiento de circunstancia para saludarlas cuando tantas lloran la muerte de sus hijos, o padecen la enfermedad o el paso de las horas en sus casas, aisladas, muchas veces en soledad absoluta, mientras aclara este cielo demasiado oscuro que nos aflige desde marzo. Si cada año el día de la Madre nos invita a la gratitud, hoy es un día para reflexionar y testimoniar el valor y la vigencia de la maternidad como signo profético del querer de Dios para una humanidad que sufre y que muere.  Más que nunca dadas estas difíciles circunstancias, queremos unirnos a Uds. a sus alegrías, a sus dolores, a sus sueños y a sus esperanzas.

Gracias queridas mamás por su sí a cada desafío de la vida, desde el que nos recibió como hombres y mujeres nuevos en sus vientres, pasando por los momentos de nuestra educación y fortalecimiento, de pobreza o de incomprensión, hasta cada sí pronunciado de cara a la incertidumbre de la enfermedad y la desazón de la muerte. 

A todas las mamás, un abrazo grande y mi bendición, ante la mirada atenta de María, nuestra Madre del Rosario.

Mendoza, 17 de octubre de 2020
+Padre Obispo Marcelo Daniel Colombo

Restablecimiento de la vigencia del Decreto Provincial 763/20: regreso de las Misas.

Circ. Nro. 58/2020

Queridos hermanos,

En horas del mediodía nos reunimos con el Señor Gobernador de la Provincia. Fue un encuentro cordial, con buena disposición recíproca de escuchar los distintos puntos de vista, acerca del régimen de las celebraciones religiosas para el Gran Mendoza, a partir del reciente Decreto de Necesidad y Urgencia Nro. 792. 

El Gobernador nos expresó que había solicitado a la Nación la pertinente autorización para poder reanudar las celebraciones. En nuestro caso, pudimos explayarnos, según nuestra interpretación, acerca de las facultades del gobierno provincial para mantener el régimen vigente hasta el domingo. Inclusive llegamos a dialogar sobre la posible revisión, en el futuro, del criterio del número por una complementación con el criterio de porcentaje de ocupación, a partir de la existencia de Iglesias y templos muy grandes. 

En ese clima de diálogo, nos despedimos a la espera de la oportuna definición del gobierno provincial en horas de la tarde, luego de un pronunciamiento de la autoridad sanitaria.  Y hace unos minutos, nos ha llegado de parte de las autoridades, el texto de la Resolución respectiva, que saldrá publicada esta noche, restableciendo la plena vigencia del decreto provincial Nro. 763/20. Volvemos a las Misas con treinta personas a partir de mañana. Como Iglesia, reiteramos nuestro compromiso de seguir aplicando rigurosamente los criterios de seguridad e higiene para evitar la circulación del virus.

Agradezco a la feligresía en general, por la espera paciente de estos días, luego de conocida la noticia de la suspensión de las celebraciones, después de mi reclamo del pasado lunes 12. Especialmente quiero agradecer al Obispo auxiliar, Mons. Mazzitelli, y a los miembros del Consejo Presbiteral, que respaldaron con convicción y comunión, mi posición respecto a la necesaria reanudación de las celebraciones. En esa línea de comunión convencida, se expresaron apoyando, nuestros diáconos permanentes y la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa. ¡Gracias a todos!

Los abrazo en el Señor Jesús, buen Pastor, encomendándolos a la protección de nuestra Madre del Rosario.

Mendoza, 16 de octubre de 2020
+Padre Obispo Marcelo Daniel Colombo

Comunicación del fallecimiento del Pbro. Bonifacio Miguel Benitez (1935-2020)

«Servidor bueno y fiel, entra a participar del gozo de tu Señor» (cfr. Mateo 21,23)

Circ. 57/2020

Queridos hermanos,

En horas de la madrugada ha fallecido el Padre Bonifacio Miguel Benítez.

Nació el 14 de mayo de 1935, en Corrientes. Recibió la ordenación sacerdotal el 22 de diciembre de 1984. Ejerció sus primeros años de sacerdocio en la Arquidiócesis de Rosario, luego en la Diócesis de San Rafael, hasta que el 23 de enero de 1992 es incardinado por Mons. Rubiolo en nuestra Arquidiócesis. Desde entonces, se desempeñó como párroco en San Antonio de Padua y en Nuestra Señora del Rosario de Pompeya. Pero, de modo especial, dedicó muchos años de su ministerio a la Pastoral Policial. Allí llevó el anuncio esperanzador del Evangelio, hasta su retiro por su jubilación.

Confiados en la intercesión de la Santísima Virgen, unamos a ella nuestra oración pidiendo que el Señor lo reciba en su morada con amor y misericordia.

Mendoza, 14 de octubre de 2020

+Padre Obispo Marcelo Daniel Colombo

Fe y familia, siempre esenciales

Circ. Nro. 56/2020

Mis queridos hermanos,

Acabamos de escuchar las palabras del Señor Gobernador de la Provincia, Dr. Rodolfo Suárez, respecto a la aplicación en Mendoza, del nuevo Decreto de Necesidad y Urgencia, dictado en horas de la noche por el Señor Presidente de la Nación, Dr. Alberto Fernández.

Como muchos de Uds., sacerdotes y laicos, experimento con frustración que una vez más familia e Iglesia sufran la mirada restrictiva de las disposiciones que se adoptan, dada su significación para la vida personal y social. Ciertamente todos valoramos las palabras del Señor Gobernador en torno a la importancia de la salud espiritual de los mendocinos, que esperemos alienten la nota que mañana se eleve a la Jefatura de Gabinete, para respaldar con énfasis el pedido de habilitación para las celebraciones religiosas y los encuentros de familia.

Nuestros laicos y sacerdotes han dado a nuestras Iglesias y templos una cuidada aplicación de los sucesivos protocolos que se fueron dictando. Con escrupulosidad de quirófano y terapia intensiva, he visto desenvolverse nuestras celebraciones religiosas de este tiempo. Templos grandes y espaciosos como muchas de nuestras iglesias deberían poder recibir en sus celebraciones un porcentaje de la capacidad de ocupación.

Por las razones que hemos escuchado de la máxima autoridad provincial, hasta que no se nos notifique la autorización a tener celebraciones, éstas no podrán tener lugar en el Gran Mendoza, en Tunuyán y en Tupungato; en el resto de la jurisdicción de la Arquidiócesis, podrán seguir como hasta ahora; sin embargo, según las palabras del Señor Gobernador, en los departamentos alcanzados por las últimas restricciones, las Iglesias podrán permanecer abiertas para la visita espiritual o el diálogo pastoral con el sacerdote, excepto en Godoy Cruz cuyo intendente tampoco lo había autorizado entonces.

Pido a Dios que suscite capacidad de diálogo y de comprensión en quienes nos gobiernan, a nivel nacional, provincial y municipal. Estos largos meses de aislamientos y restricciones tienen enormes efectos sobre nuestras vidas, sobre nuestros vínculos, sobre nuestras expectativas, sueños y proyectos, además del impacto emocional y psicológico, y su evidente incidencia sobre la economía. Ya no estamos en el 20 de marzo donde una incipiente cuarentena parecía concluir en quince días. Por eso, con todo respeto pido a nuestros gobernantes que evalúen esos efectos y sepan articular con inteligencia, junto a las medidas sanitarias y de gobierno, aquellas otras que nos animen a emprender un camino fecundo de vida, con ejercicio de una exigente y creciente responsabilidad personal.

Concluyo con unas palabras del Papa Francisco en su última encíclica: “La esperanza es audaz, sabe mirar más allá de la comodidad personal, de las pequeñas seguridades y compensaciones que estrechan el horizonte, para abrirse a grandes ideales que hacen la vida más bella y digna” (Fratelli tutti, Nro. 55). Apoyado en esa esperanza, que sólo ponemos plenamente en Dios, los saludo y bendigo en Jesús el buen Pastor, encomendándolos a la eficaz protección de nuestra Madre del Rosario.

Mendoza, 12 de octubre de 2020
+Padre Obispo Marcelo Daniel Colombo

«Con María del Rosario, una Iglesia cercana y en comunión»

La Iglesia de Mendoza festejó este Domingo 4 de Octubre el día de su Patrona, la Virgen del Rosario. Bajo el lema “Con María del Rosario, una Iglesia cercana y en comunión” hicimos fiesta como las circunstancias lo permiten: de manera virtual. Desde las 17 hs comenzó la transmisión por el canal de Youtube de Pastoral de Comunicadores Mendoza.

https://www.youtube.com/watch?v=Vo1tDa6FOLc&t=3989s

Fueron dos horas de transmisión. En la primera hora fuimos dando lugar a las distintas expresiones pastorales de nuestra Diócesis: Pastoral Social, Pastoral Juventud, Seminario Arquidiocesano, Santo Rosario, etc. En el momento guiado por la pastoral social, se dio amplio espacio al compartir fraterno sobre las actividades llevadas a cabo por las pastorales «de trinchera» en una iglesia hospital de campaña: Pastoral de la Calle, Pastoral de Migrantes, Cáritas, Pastoral Carcelaria entre otras, destacándose específicamente la respuesta eclesial en este tiempo de pandemia: una Iglesia cercana, fraterna y misionera. En la segunda hora pudimos hacer memoria agradecida de Mons. Cándido Rubiolo, de quien se cumplieran recientemente 100 años de su natalicio. También recordamos el gran hito para la Iglesia Argentina que fue el Congreso Mariano Nacional de 1980, del cual estamos cumpliendo 40 años de aquel encuentro de hijos de María, hermanados por Jesús. Este momento lo rememoramos con algunos videos preparados para la ocasión:

– La periodista Laura Carbonari hace memoria sobre el Congreso Mariano del 80 y de la figura de Mons. Rubiolo en el contexto de la venida de San Juan Pablo II en 1987.

https://youtu.be/AYvZcNdaKJI

– La señora Alicia Simón de Azar quien fuera secretaria durante el Congreso Mariano, nos cuenta su experiencia.

https://youtu.be/ByOTDNbMqEY

– El Pbro. Marcelo De Benedectis hace una semblanza de la persona, el sacerdote, el arzobispo y el amigo, Mons. Cándido Rubiolo.

https://youtu.be/9PY7xBhnMp8

– Descripción del momento que vive la Arquidiócesis de Mendoza.

https://youtu.be/qAmLyxm7vI

Luego de esta transmisión realizada por streaming pudimos participar de la Eucaristía en honor a la Virgen del Rosario, y así concluir la fiesta grande de la Iglesia mendocina.

https://youtu.be/- yEe6MlCGss

Equipo Pastoral de Comunicadores Mendoza

https://www.facebook.com/arquidiocesismendoza/posts/196500978520359

Homilía de Mons. Marcelo Colombo en la Fiesta Diocesana 2020

Compartimos la Homilía de nuestro Padre y Pastor con ocasión de celebrarse la Fiesta Diocesana 2020, el domingo 4 de octubre.

Con alma y pies de peregrinos venimos a esta Casa de la Madre de Dios, en la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de la ciudad de Mendoza. Muchos hermanos nos acompañan desde sus casas, con la oración en familia, a través de las plataformas virtuales.

En la primera lectura (Hch. 1, 12-14), hemos escuchado un brevísimo texto del libro de los Hechos de los Apóstoles, que nos sitúa en un contexto muy particular, entre la Ascensión del Señor y Pentecostés, con proyecciones para la vida de la Iglesia que está naciendo. 

Podemos ver dos elementos altamente significativos: la presencia de María y su unión con los discípulos de su Hijo en la plegaria. La Virgen está presente en medio de la comunidad, como Madre de Jesús, “perseverando en la oración”. Es la madre que sostiene, que anima, que hace presente a su Hijo en la plegaria común, en la oración, mientras esperan y anhelan el Espíritu prometido. La Madre del Señor es nuestra Madre, y también hoy quiere estar junto a nosotros cuando en la incertidumbre, la desesperanza, la preocupación, rezamos y queremos responder de todo corazón a la llamada de Dios. 

Como acompañó a la Iglesia naciente, quiere estar hoy junto a sus hijos. Esa presencia perseverante de María en la plegaria, interpela nuestra propia oración, nuestra búsqueda de Dios y de su Reino, nuestra cercanía al Evangelio de la fraternidad entre los hombres. En este tiempo de dolor de la Humanidad, cuando pedimos el Espíritu Santo para iluminar nuestras vidas, Ella anima nuestros corazones decaídos.

“Pues es con la oración como se vence la soledad, la tentación, la sospecha y se abre el corazón a la comunión. La presencia de las mujeres y de María, la madre de Jesús, intensifica esa experiencia: fueron las primeras en aprender del Maestro a manifestar la fidelidad del amor y la fuerza de la comunión que vence todo temor” (Papa Francisco, Catequesis sobre el Libro de los Hechos, 29 de mayo 2019)

En el libro del Apocalipsis leemos que el Arca de la Alianza es una persona viva y concreta: la Virgen María. En el Antiguo Testamento, el arca conservaba las dos tablas de la ley de Moisés, que expresaban la alianza de Dios con su pueblo. Pero desde el sí de María en la Anunciación, sabemos que la Alianza de Dios con nosotros no habita en un mueble, vive en una persona, en un corazón: En María, la que ha llevado en su seno al Hijo eterno de Dios hecho hombre, Jesús nuestro Señor y Salvador. 

Para nosotros, “María es el arca de la alianza, porque ha acogido en sí a Jesús; ha acogido en sí a la Palabra viviente, todo el contenido de la voluntad de Dios, de la verdad de Dios; ha acogido en sí al que es la nueva y eterna alianza, culminada con el ofrecimiento de su cuerpo y de su sangre: cuerpo y sangre recibidos por María.  Ella es “arca de la alianza”, arca de la presencia de Dios, arca de la alianza de amor que Dios ha querido expresar de manera definitiva en Cristo para toda la humanidad.”  (Papa Benedicto, Homilía en la Asunción, 2011)

En el Evangelio, el saludo del ángel Gabriel nos llena de alegría: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.” Es un saludo que serena porque nos habla de la presencia de Dios en María, y nos interpela porque anticipa un compromiso mayor: “Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo.”   

Apenas comprende desde la fe, el llamado de Dios, María responde sin hacerse esperar: «Yo soy la servidora del Señor, que se haga en mí según tu Palabra». Su disponibilidad a la Obra de Dios es plena y confiada. El Sí de María a la voluntad de Dios expresará en adelante su total identificación con la invitación de Dios a un nuevo tiempo, al tiempo anhelado para su Pueblo. 

En estas duras circunstancias que vivimos, aceptar la voluntad de Dios sigue siendo el gran desafío. Descubrir su presencia en los acontecimientos cotidianos, su llamada en las urgencias de la vida diaria, su voz en el silencio del dolor físico y espiritual, como en las atronadoras informaciones que nos afligen, son exigencias del discernimiento creyente en el camino de nuestra respuesta de amor, madura y generosa. 

Decir serenos y confiados, “Hágase tu voluntad”, es nuestra meta, nuestro deseo de vivir fielmente, desde el amor, esta condición de Hijos que nos hermana en el Señor. 

Por eso, celebremos a nuestra Madre del Rosario, patrona de Mendoza, queriendo tener como Ella, el corazón abierto y disponible a la voluntad de Dios. María es el Arca de la Alianza, portadora en su vientre del signo indeleble con que el Padre nos ha amado, su propio Hijo, El que expresa con su entrega, la Alianza definitiva de Dios con los hombres. Cuidando la Alianza en nuestro corazón frágil e inconstante y animando la oración del pueblo creyente, está la Madre del Rosario; Ella permanece en oración junto a nosotros. Y nunca nos defrauda. 

No olvidamos la presencia de María en nuestro camino sinodal apenas comenzado, en continuidad con la intensa vida de encuentros de oración y discernimiento pastoral de esta Arquidiócesis en el pasado. Si la pandemia y sus consecuencias sanitarias nos han apartado circunstancialmente de la presencialidad e inmediatez de nuestras reuniones, no decae nuestra vocación de seguir creciendo como Iglesia cercana y en comunión. 

Si el distanciamiento o el aislamiento nos privaban del abrazo y los encuentros, la lógica de la comunión y la cercanía nos invitaban a procurar seguir comunicándonos con mayor creatividad procurando no dejar a nadie fuera de la invitación de Dios a ser Iglesia de la alegría del Evangelio. Le traigo a la Virgen estos casi siete meses de intenso trabajo pastoral, vividos por nuestra comunidad eclesial con mucha generosidad, más aún en la imposibilidad de vernos como siempre:

  • Las celebraciones y encuentros bien preparados, de cursos y charlas procuraron a través de las redes sociales y las plataformas digitales, llegar a tantos hermanos y hermanas, para seguir anunciando la Palabra, animar la devoción eucarística, profundizar la solidaridad de los creyentes. Queríamos sostener la vigencia de un vínculo fraterno que nos une más allá de la ausencia física, para seguir más juntos que nunca. Por eso deseo agradecer a sacerdotes y fieles la creatividad de su entrega. 
  • El voluntariado juvenil animó y anima la solidaridad como expresión de una Iglesia que es misericordia y ternura de Dios para sus hijos. Nuestros jóvenes relevaron a tantos adultos mayores y ancianos que nutrían el servicio de Cáritas Mendoza y las Cáritas parroquiales, tomando la posta en la distribución de alimentos y la realización de la colecta nacional.
  • La conciencia ciudadana nos permitió hacernos presentes como Iglesia en la colaboración con la atención de problemas y urgencias de la sociedad mendocina: la aplicación de la vacuna antigripal en ancianos y grupos de riesgo, tuvo lugar mayormente en espacios de la Iglesia; así también, la recepción de mercaderías y encomiendas destinadas a los presos, tiene en nuestras parroquias puntos de recolección para evitar la circulación del virus en los establecimientos carcelarios.
  • Desde el 12 de junio tuvimos la posibilidad de celebrar la Eucaristía. Más allá de las restricciones posteriores, esto significó el regreso de las misas con grupos de treinta personas. Allí la laboriosidad de tantos fieles, permitió adaptar los templos e iglesias a las medidas dispuestas. He visto la seriedad con que se cumplen las disposiciones del protocolo y esto anima a seguir esperando que pronto tengamos más personas en las celebraciones.

Esta celebración tan significativa para nuestra comunidad eclesial recoge también lo que hemos querido recordar con memoria agradecida en esta tarde: la celebración del Congreso Mariano Nacional, cuarenta años atrás aquí en Mendoza, y el centenario del nacimiento de Mons. Rubiolo que fuera buen pastor de esta Iglesia mendocina.

Aquel acontecimiento de carácter nacional permitió a nuestra Iglesia mendocina constituirse en anfitriona de un siempre necesario homenaje a la Madre del Señor. En tiempos difíciles de la comunidad nacional, Ella nos invitaba a redescubrirnos hermanos y a trabajar fuertemente por el bien común. Peregrina siempre presente en el corazón de los creyentes, María nos llevaba de su mano materna, al encuentro de Cristo, su Hijo, con “la promesa de victoria, nuestro triunfo sobre el mal” (Himno Congreso Mariano Nacional 1980)  

En la evocación de Mons. Rubiolo, me gustaría recordarlo con sus propias palabras en el 50° aniversario de su ordenación sacerdotal, su “magnificat” personal, sencillo y sereno ante la obra de Dios en su vida. 

“A semejanza de Nuestra Madre y Patrona yo también siento la necesidad de cantar la grandeza del Señor y proclamar su misericordia. Todo, absolutamente todo, en mi ya larga vida, ha sido y es un DON de Dios, un Regalo de su infinito amor. Con toda verdad puedo afirmar que «soy obra de sus manos». A pesar de mis faltas de fidelidad a las gracias recibidas a pesar de mi «pequeñez espiritual», «obró en mí grandes cosas el Todopoderoso». Al celebrar cincuenta años de vida sacerdotal, no puedo menos de entonar un himno de acción de gracias por todos los favores que Dios me ha dispensado; como también por los momentos de dolor y de cruz, ya que ellos me ayudaron y me ayudan a vivir el Misterio Pascual de un modo más profundo y personal.”

Quiero poner en manos de la Virgen, nuestro Seminario Arquidiocesano, a nuestros formadores, a los jóvenes seminaristas y sus familias y comunidades de origen, para que Ella los acompañe en el seguimiento del Señor; que nuestros seminaristas siempre tengan en sus vidas como meta, el servicio generoso a los hermanos, en la alegría de anunciar el Evangelio y entregarse con todo su corazón, con toda su alma, con todo su Espíritu, al Reino de Dios y su justicia.

La Iglesia mendocina de ayer, de hoy, de siempre, a los pies de su Madre, la Virgen del Rosario, renueva su compromiso de ser una Iglesia cercana, fraternal y misionera. Ella siempre nos indicará el mejor camino para llegar a Jesús.

+Marcelo Daniel Colombo, arzobispo de Mendoza

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