Nueva etapa de la cuarentena y continuación de las celebraciones religiosas

Circ. N° 40/2020

Queridos hermanos,

En el día de ayer el Gobernador de la Provincia de Mendoza ha comunicado las nuevas condiciones que deberán cumplirse entre nosotros para vivir esta etapa de la cuarentena.

Prescindiendo de las complejas denominaciones y los diferentes estadios, propios de los especialistas, está claro que las cifras de infectados y la extensión generalizada del virus por encima de la media que veníamos llevando, obligan a reforzar nuestra respuesta a fin de cuidarnos y cuidar a los demás.

En mi condición de máximo responsable de la Iglesia católica en esta Arquidiócesis de Mendoza, deseo recordarles que las normas sanitarias son de estricto cumplimiento por parte de toda la población, de la que nosotros formamos parte. Y esto implica la exhaustiva aplicación de los criterios y normas del Decreto Provincial Nro. 763 que estableció el correspondiente protocolo de actuación en materia de celebraciones religiosas. Este pleno acatamiento ha sido dispuesto también en el último decreto, el Nro. 935 que hoy fue publicado.

Gracias a Dios, las disposiciones sobre las celebraciones religiosas se mantienen y es una buena noticia para tantos creyentes. Los párrocos y sus comunidades han sabido prodigarse para cumplir las normas vigentes y recibimos incluso, visitas de preventores de los distintos departamentos que han podido comprobarlo.

Por eso además de agradecerles esta buena disposición, manifestada hasta la fecha, quiero pedirles la perseverancia para que nuestras celebraciones sigan teniendo lugar, como hasta ahora, en ambientes sanos y bien preparados para evitar cualquier contagio.

Los saludo en Jesús, el buen Pastor, y nuestra Madre del Rosario.

Mendoza, 4 de agosto de 2020
+Padre Obispo Marcelo Daniel Colombo

30 de julio: Día Mundial de Lucha contra la Trata de Personas

Circ. Nro. 38/2020

Queridos hermanos,

La preocupación de la Iglesia por la vida y la dignidad integral de las personas nos lleva a trabajar junto a otros hombres y mujeres consustanciados con esta misión de distintos credos y culturas. En esta perspectiva, la lucha contra la trata de personas que hoy especialmente conmemoramos, nos desafía desde un lugar particularmente doloroso de la vida humana.

La vida y la libertad de una persona no son mercancías ni bienes negociables. “Es importante reconocer que la explotación sexual, la prostitución y el tráfico de seres humanos son actos de violencia contra las mujeres, constituyen una ofensa a la dignidad de la mujer y son una grave violación de los derechos humanos fundamentales” (Cfr. n. 1 de las Conclusiones del 1er Encuentro Internacional para la liberación de las mujeres de la calle”, Roma, junio de 2005).

Por eso les propongo interiorizarse y participar, según sus posibilidades, de distintas iniciativas que tienen lugar en la Arquidiócesis de Mendoza; además de las acciones que emprende la Pastoral de Migrantes, tenemos desde hace varios años al Grupo Pastoral Guadalupe que busca dar contención y apoyo, de forma sistemática y sostenida a mujeres que ejercen la prostitución o fueron víctimas de trata con fines de explotación sexual, y –a través de ellas-, a sus grupos de convivencia más próximos y que se encuentran en riesgo social. Este objetivo lo logran a través de la implementación de distintos talleres con propuestas de promoción humana de estas mujeres y especialmente, en el contacto personal y en el diálogo con cada una, poniendo el acento en el encuentro, en el abrazo, la sonrisa y la ternura en el trato que busca reflejar el abrazo, la sonrisa y la ternura de Dios.

En un proceso de concientización creciente, apelando a la libertad individual, la metodología de intervención que guía al Grupo Pastoral Guadalupe, apunta principalmente al fortalecimiento de las mujeres de la calle en los múltiples ámbitos de su vida cotidiana, incidiendo además en su grupo social inmediato. Se busca recrear un espacio humano y cristiano, fraterno y de profunda acogida, brindando asesoramiento y apoyo ante diversos problemas psicológicos, judiciales, de salud y bienestar, de educación y otros derivados de la particular situación de prostitución; haciendo hincapié en un trato interpersonal humanitario, respetuoso de sus creencias y, a la vez, fundante de una nueva perspectiva de vida basada en el trabajo real y digno, la convivencia sin manipulaciones, el cumplimiento de sus obligaciones ciudadanas y el uso de sus derechos como tal. Los números de contacto para interiorizarse o integrarse a esta propuesta: 2616810813 – gabrielamarchesini@gmail.com (Gabriela Marchesini); 2616810770 – josimani@gmail.com (Javier Osimani).

Acompaño distintos materiales que pueden ser empleados para la oración y la concientización en este día.

En Jesús, buen Pastor, y nuestra Madre Santísima.

Mendoza, 30 de julio de 2020.-
+Padre Obispo Marcelo Daniel Colombo

Comunicación del fallecimiento del Pbro. Raúl Galán (1944-2020)

“Servidor bueno y fiel, entra a participar del gozo de tu Señor.” (cfr. Mateo 21,23)

Circ. Nro. 37/2020

Queridos hermanos,

En horas de la mañana, ha partido a la Casa del Padre, a causa de la grave enfermedad que lo afectaba hace varios años, el Pbro. Raúl Galán. En él, todos recordaremos al sacerdote fiel y entregado a un fecundo ministerio pastoral al servicio de esta Iglesia mendocina.

Nació el 23 de noviembre de 1944, recibió la ordenación sacerdotal el 11 de octubre de 1980. Muy unido al nacimiento, organización y desarrollo inicial de nuestro Seminario Arquidiocesano “Nuestra Señora del Rosario”, desarrolló una intensa actividad sacerdotal en distintas comunidades de esta Arquidiócesis. Además de sus importantes servicios a nuestra Iglesia particular en las áreas de la formación sacerdotal y de la administración, desempeñó la misión de párroco en Nuestra Señora del Perpetuo Socorro (Chacras de Coria), Nuestra Señora de Luján de Cuyo (Luján de Cuyo), Nuestra Señora del Rosario (Junín), Nuestra Señora de la Candelaria (Maipú) y Nuestra Señora de las Mercedes (Bermejo, Guaymallén). Los últimos años vivió su entrega sacerdotal colaborando en la parroquia Corazón de María hasta su retiro a la Casa del Clero para la atención de su salud.

Deseo expresar las condolencias de la comunidad arquidiocesana a la familia y amigos del P. Raúl. Unidos a ellos, oramos al Señor para que lo reciba en su morada con amor y misericordia. La esperanza cristiana anima nuestra mirada y nos ayuda, aún en el dolor, a anhelar el reencuentro final, en Cristo.

Un agradecimiento especial deseo expresar a quienes acompañaron el calvario del P. Raúl en estos últimos tiempos: Las familias de la parroquia Corazón de María y el P. Willy Rubia, que lo ayudaban con los traslados, las sesiones de diálisis e internaciones médicas; a las Sras. Jessica y Mary, del Hogar sacerdotal, siempre presentes en las vicisitudes de la enfermedad y su compleja atención cotidiana, así como a los PP. Fabián Vilches y Osvaldo Scandura, y a Mons. Marcelo Mazzitelli por el acompañamiento del P. Raúl en este tiempo difícil.

En horas de la tarde, bajo las estrictas normas de protocolo sanitario exigidas por el tiempo que vivimos, lo despediremos con la celebración de la Eucaristía en la parroquia Corazón de María. Pido a los sacerdotes que hagan extensiva esta oración en las distintas celebraciones que tengan lugar estos días en sus respectivas comunidades.

Que junto a nuestra Madre, la Virgen de Luján, el P. Raúl interceda ante el Señor por esta Iglesia mendocina a la que amó y sirvió generosamente.

Siervo bueno y fiel, descansa en la Paz del Señor.

Mendoza, 27 de julio de 2020.
+ Padre Obispo Marcelo Daniel Colombo

Invitación a vivir la fiesta del Patrón Santiago

En las huellas de Santiago, por el camino del cuidado, salgamos al encuentro de Jesús

Circ. N° 36/2020

Mis queridos hermanos,

El próximo 25 de julio celebraremos al Apóstol Santiago, declarado Patrono de Mendoza, vinculado principalmente a los primeros tiempos de la fundación de nuestra ciudad capital. Los registros históricos refieren las distintas ceremonias que tenían lugar en ocasión de esta fiesta, así como una estrecha conexión con las formalidades previstas en la asunción de nuevas autoridades. En aquellos tiempos Santiago expresaba cabalmente la identidad española, siendo un patrono reconocido como valioso protector: así dan cuentan las numerosas referencias al Apóstol.

¿Cómo celebrar hoy al Patrón Santiago, en este contexto de pandemia, de cuarentena y su consiguiente distanciamiento social, preventivo y obligatorio? De este tiempo se ha exaltado reiteradamente su carácter de inédito, por lo que significan hoy para la Humanidad esta enfermedad, la creciente pérdida de vidas a causa del Covid19 y el impacto que la lucha contra el virus ha causado en el desarrollo social y económico de hombres y pueblos.

Encontramos al Apóstol Santiago en momentos muy particulares del ministerio de Jesús. Con su hermano Juan, llamados por Cristo, dejan las redes para hacerse pescadores de hombres. En la Transfiguración, junto a Pedro y a Juan, será testigo anticipado de la gloria del Señor contemplándolo entre Moisés y Elías; más tarde, lo acompañará en su sentida oración en el Huerto de los Olivos. Esta cercanía de Santiago a Jesús, nos invita a renovar nuestra confianza en su intercesión. En el seguimiento del Señor y en la comprensión de su voluntad, Santiago puede ayudarnos, animando nuestra oración creyente y alentando el servicio generoso a nuestros hermanos.

Este año hemos querido proponer el camino de Santiago en clave de cuidado de la vida. El desafío de protegernos y proteger a los demás de la circulación del Covid19 no debe confundirse con una obsesión sanitarista de la Iglesia, como una suerte de rendición de lo religioso a los dictados de políticas estatales, sino como la auténtica comprensión de la responsabilidad de la Iglesia en el cuidado del bien común, así como la concreta aplicación del criterio de respeto que tiene todo don de Dios, en este caso la vida de las personas.

Como Iglesia, estamos llamados a resignificar nuestra cercanía para que el aislamiento y el cuidado nunca sea desentendernos y encerrarnos en actitudes egoístas, autorreferenciales e indiferentes ante lo que vivimos. Por eso nos ha conmovido la creatividad generosa de tantas comunidades y familias que han perseverado en la oración y la solidaridad. Admirados vimos cómo ante la imposibilidad de celebrar nuestra fe en Iglesias y templos, se multiplicó la conciencia de ser Iglesia doméstica en numerosas familias. Si Santiago, como Pedro y Juan, se quedaban dormidos aquella noche en Getsemaní y merecían el reproche triste del Señor, hoy Jesús tiene ante sus ojos un Pueblo despierto y dispuesto a vivir su fe con esperanza. El camino del cuidado que proponemos exige seguir poniendo signos del Reino de Dios en esta etapa dramática de la historia de los hombres.

Este camino del cuidado nos pide también empezar a pensar como comunidad eclesial, los próximos pasos, en esta dinámica sinodal que comenzamos el año pasado. Las celebraciones con poca presencia física nos seguirán acompañando por causa del temor responsable a contagios no deseados, así como las restricciones de las disposiciones sanitarias. Seguramente regresarán nuestras fiestas y asambleas, pero será de un modo gradual, lento y trabajoso.

Por eso, en esta dinámica de cuidado, será importante fortalecer la comprensión de la ministerialidad familiar de los bautizados, ahora asumida y valorada, especialmente por los esposos, padres y madres respecto de sus hijos; la asunción de nuevas responsabilidades por parte de los jóvenes, en diálogo respetuoso y responsable con las generaciones mayores, son un signo de la renovación de los espacios de evangelización y servicio que requerirá un mayor discernimiento en fidelidad a las ricas experiencias vividas; una nueva y creciente relación con los medios de comunicación, principalmente las redes sociales, entendidos en su carácter instrumental al servicio de la evangelización, nos pedirá navegar decididos a poner luz y profundidad, aún dentro de las aguas turbulentas de su fugacidad y la saturación desgastante de su uso excesivo.

Pastores y fieles estamos llamados a vivir con entusiasmo no exento de dolor y de preocupación, los tiempos que vienen. El cristiano animado por la esperanza que pone en Dios, es invitado a asumir y afrontar la historia como un espacio de realización personal y comunitaria, donde junto al Señor, en la Iglesia, se siente protagonista apasionado de la vida.

Que el testimonio misionero del Apóstol Santiago, aliente la vida de la Iglesia en Mendoza, intercediendo por sus hijos y fortaleciendo su comunión, concretada en nuevos modos de cercanía y amistad social. Discípulos misioneros del Señor Jesús, seamos testigos de un amor grande que crea puentes entre los hombres y se pone, como su Maestro, al servicio de sus hermanos.

Mendoza, 19 de julio de 2020
A los ochenta años de la muerte del primer Obispo de Mendoza, Mons. José Aníbal Verdaguer y Corominas

+Padre Obispo Marcelo Daniel Colombo

Se cumplen 80 años de la muerte de Mons. Verdaguer

Circ. Nro. 34/2020

MONSEÑOR JOSÉ ANÍBAL VERDAGUER Y COROMINAS, PRIMER OBISPO DE MENDOZA A LOS OCHENTA AÑOS DE SU MUERTE (19 de julio de 1940)

“La muralla de la ciudad se asienta sobre doce piedras, que llevan los nombres de los doce Apóstoles del Cordero.” (Ap. 21, 14)

Queridos hermanos,

Somos parte de un pueblo peregrino en la historia de los hombres, la Iglesia, pueblo de Dios. Y por esa condición, hacemos memoria agradecida al Padre por cuanto nos concede vivir en el seguimiento de Cristo, su Hijo. Aún los momentos más difíciles de la historia de la Iglesia, nos desafían a expresar toda la vitalidad del proyecto de Dios, su Reino de Amor para todos los hombres.

En ese pueblo andariego por los caminos de Dios, nos toca a los obispos la responsabilidad de conducir el rebaño de Cristo, el buen Pastor. Desde los Apóstoles, este pastoreo en nombre del Señor Jesús ha caracterizado a la Iglesia y no nos resulta difícil evocar obispos ejemplares, auténticos modelos de vida cristiana para todos los tiempos.

Por eso quiero recordar con Uds. a Mons. José Aníbal Verdaguer y Corominas, primer obispo de Mendoza (1934-1940), de quien el próximo 19 de julio, se cumplen 80 años de su fallecimiento. Nacido en Mendoza en 1877, en Plumerillo, desarrolló un destacado ministerio presbiteral en distintas parroquias e instituciones de la diócesis de San Juan de Cuyo: párroco en la parroquia matriz de San Nicolás (1906-1907), de nuestra ciudad; pro-vicario foráneo de Mendoza (1920); estrecho colaborador de Mons. Orzali en los sínodos diocesanos de San Juan de Cuyo y rector del seminario diocesano (19311934). Escribió entre otras obras, Historia eclesiástica de Cuyo y Lecciones de Historia de Mendoza, referencias imprescindibles para todos los historiadores de la Iglesia y de nuestra Provincia.

Como primer Obispo de Mendoza, tuvo a su cargo sentar las bases de la diócesis naciente, que entonces abarcaba también la provincia de Neuquén: la animación espiritual del clero, las misiones rurales, la educación de los jóvenes. En 1937 funda la Congregación de las Hnas. Obreras Catequistas de Jesús Sacramentado, presentes y activas entre nosotros. La muerte temprana de Mons. Verdaguer, por causa de su diabetes, estuvo precedida de una dolorosa intervención quirúrgica en Italia mientras integraba la visita ad limina de los obispos argentinos. Pudo regresar para fallecer en Mendoza el 19 de julio de 1940.

Queremos recordarlo con afecto, evocando su figura y conociendo más su obra pastoral. Acompaño esta circular con una Breve biografía que pedí al Pbro. Gerardo Argüello, a quien agradezco este servicio. Y les presento un momento de oración diario desde el 11 al 19 de julio, preparado por las hnas. Obreras Catequistas de Jesús Sacramentado, para quienes puedan compartirlo con sus comunidades. En esta rica historia diocesana de nuestra Arquidiócesis, Mons. Verdaguer le toco un lugar eminente y si breve, su ministerio pastoral dejó su sello e impronta en la sensibilidad evangelizadora que caracteriza a Mendoza.

Los abrazo y bendigo en Jesús, el buen Pastor, y nuestra Madre del Rosario.

Mendoza, 11 de julio de 2020.-
+Padre Obispo Marcelo Daniel Colombo

Servidores por amor a Jesús (cfr. Lucas 17,10)

Circ. Nro. 32/2020

Queridos hermanos,

Con gran alegría, deseo compartirles una buena noticia: el próximo 4 de julio, a las 10 hs., nuestros seminaristas acólitos Abel Alfaro y Pablo Arlotta, recibirán la ordenación diaconal en el marco de la Eucaristía que celebraremos en la capilla del Seminario Arquidiocesano “Nuestra Señora del Rosario”.

Esta ordenación estaba prevista para el pasado 24 de marzo. Si bien la cuarentena nos impidió celebrarla, tanto Abel como Pablo aceptaron serenamente estas circunstancias excepcionales y continuaron su preparación en las parroquias; Abel en Inmaculada Concepción de Palmira y Pablo en Ntra. Sra. de Guadalupe de Godoy Cruz. Acompañados por sus respectivos párrocos, los Padres Carlos y Sebastián, fueron muy bien recibidos por ambas comunidades. ¡Gracias a todos ellos por este tiempo de madurar la entrega de nuestros futuros diáconos!

Tres meses después, en esta etapa de distanciamiento social, preventivo y obligatorio en la cual podemos tener celebraciones según los estrictos requisitos del protocolo del Decreto provincial 763, consideramos que se dan las condiciones para celebrar la ordenación de Abel y Pablo. Deberemos hacerlo en condiciones muy diferentes a las habituales, con participación predominantemente virtual de sacerdotes y fieles.

Además de los ministros y servicios requeridos para una ordenación, estarán los formadores y algunos sacerdotes vinculados a la vida y el ministerio de los ordenandos, así como algunos familiares y amigos que ellos mismos nos indicarán según el número permitido de concurrentes, disposición que queremos respetar totalmente.

La Pastoral de los Comunicadores de nuestra Arquidiócesis, tan eficaz y presente en la difusión de nuestras actividades, hará todo lo posible para su trasmisión on line, en las plataformas digitales. De esto indicaremos próximamente cómo será.

Los invito a acompañar con la oración este tiempo de preparación inmediata a la ordenación de Abel y Pablo, para que el Señor les dé un corazón de servidores, especialmente de los más pobres y necesitados de su amor, conforme el carisma de Jesús, el Siervo fiel.

Los abrazo en Jesús, el buen Pastor, encomendándolos a nuestra Madre, la Santísima Virgen del Rosario.

+ Padre Obispo Marcelo Daniel Colombo

«Danos siempre este pan» (Juan 6,34)

Compartimos la Circular N°31 de nuestro pastor junto al Decreto oficial Nº 763, con los anexos del Protocolo para las actividades religiosas en Iglesias, Templos y Lugares de Culto y el modelo de planilla para el registro de asistentes. 

Queridos hermanos,

Emocionados y felices, nos hemos reencontrado en la Eucaristía a partir de la solemnidad de Corpus Christi. Luego del diálogo con las autoridades provinciales y los responsables de otras confesiones religiosas, regresamos a las celebraciones tan importantes para expresar comunitariamente nuestra fe y la dimensión trascendente de nuestra vida.

Por esta razón, deseo animarlos a seguir cuidando este espacio que se ha abierto a nuestra esperanza y que exige el pleno cumplimiento de todas las precauciones sanitarias. Nuestras celebraciones deben atenerse detalladamente a lo previsto en el Decreto provincial Nro. 763, que constituye su marco normativo y ofrece el protocolo de actuación para responsables, ministros y asistentes a las celebraciones religiosas.

Especialmente, sin imposiciones enojosas, queremos pedir a quienes integran los grupos de riesgo, a cuidarse de todo cuanto pudiera hacer peligrar su salud. El uso del barbijo, la limpieza de las manos con alcohol, la utilización de cloro en los paños de piso, el debido distanciamiento social, son recaudos imprescindibles. Debemos recordar el tope de treinta concurrentes, además del pequeño grupo que asiste al presidente de la celebración. La planilla con los datos requeridos sobre los presentes, debe completarse con precisión, para su archivo y disponibilidad en secretaría, ante cualquier consulta de la autoridad sanitaria.

Comprendemos las decisiones tomadas por las autoridades para proteger a la población de la difusión y circulación del Covid19. Como parte de esta sociedad, somos corresponsables de su aplicación para bien de todos. Cuidarnos y cuidar la vida de los demás es la necesaria concreción del Mandamiento del Amor que nos obliga como creyentes. Acompañamos el dolor y la preocupación de sacerdotes y fieles de nuestras comunidades cercanas al epicentro de los últimos contagios en Maipú, que, con responsabilidad cristiana, han suspendido las celebraciones presenciales hasta tanto se supere este duro momento.

El pasado viernes 12, los obispos de la Provincia enviamos un mensaje a todas nuestras comunidades en la vigilia de la autorización de las celebraciones. Allí comunicamos que, mientras dure esta pandemia, la sagrada comunión se recibirá en la palma de la mano para evitar la trasmisión y circulación del virus. Seguiremos haciéndolo, con todo el respeto y la debida reverencia al Señor, sin adminículos de ningún tipo en la palma de la mano de quien lo recibe. Quienes no deseen comulgar en la mano, pueden hacer la comunión espiritual, según ya hemos explicado en catequesis anteriores.

Los abrazo y bendigo en el Señor Jesús, nuestro buen Pastor. María Santísima del Rosario, nos cuide y acompañe en el camino hacia la plena normalidad sanitaria.

Mendoza, 18 de junio de 2020.-
+Padre Obispo Marcelo Daniel Colombo

Circular N°30

Mis queridos hermanos,

En estos días hemos tenido la grata comunicación que Mendoza entraba en una fase más distendida de la estrategia para evitar la difusión y circulación del Covid19. El denominado Distanciamiento social, preventivo y obligatorio, parece indicar que se podrán ir retomando con las debidas precauciones, muchas de las actividades ordinarias.

Agradecemos al gobierno provincial, el esfuerzo realizado en estos largos meses, así como la gradualidad inteligente que permitió las caminatas, el reencuentro de familias primero y ahora de amigos y grupos, la apertura de iglesias y de templos. Vaya un “gracias” especial al área de Salud, por la entrega extraordinaria de quienes la conforman.

Por todos estos aspectos auspiciosos del regreso cuidadoso a la vida ordinaria, es que he pedido  al Señor Gobernador en dos oportunidades, que autorice la celebración de la Santa Misa y los sacramentos. Inclusive adjunté un protocolo que pudiera ser de referencia, difundido ampliamente por los medios de comunicación.

El decreto 520 del Poder Ejecutivo Nacional habilita celebraciones de diez personas. Pero añade que el Jefe de Gabinete puede autorizar expresamente excepciones.

“El Jefe de Gabinete de Ministros, en su carácter de Coordinador de la “Unidad de Coordinación General del Plan Integral para la Prevención de Eventos de Salud Pública de Importancia Internacional” podrá disponer excepciones a lo previsto en este artículo. Las excepciones deberán autorizarse con el protocolo respectivo que deberá dar cumplimiento a las recomendaciones e instrucciones de la autoridad sanitaria nacional, la que deberá intervenir y expedirse, en forma previa, acerca de la conveniencia de la medida de excepción y respecto de la pertinencia del mencionado protocolo.”

En el modo de trabajo que han llevado hasta ahora, Nación y Provincia, esas excepciones las tramita el Gobernador. Esa exigua cantidad de fieles resulta insuficiente para las personas que deseen participar de las ceremonias religiosas. Se puede pensar en una razonable ampliación hasta el 25% o el 50% de la capacidad de nuestros templos para que, respetando la distancia social necesaria, podamos compartir nuestra oración común por excelencia, la Santa Misa, y recibir eventualmente en celebraciones más chicas a otros hermanos para otros sacramentos.

En la nueva normalidad, como se define este tiempo, la espiritualidad, la religiosidad, el culto, tienen un lugar significativo y necesario. No es justo ignorar estas dimensiones del hombre, silenciadas en la Conferencia de Prensa de ayer; silencio que ofende, habida cuenta del respeto y cooperación que la Iglesia y las otras confesiones religiosas han mantenido en relación con las decisiones de gobierno. En nuestro caso, nunca ejercimos presiones indebidas, y ayudamos, según nuestras posibilidades, para que muchos entendieran estas medidas restrictivas.

Queridos hermanos, sigamos rezando para que Dios ilumine la inteligencia y la voluntad de quienes nos gobiernan. Que sirvan estas palabras para recordar la vigencia de la dimensión  trascendente del hombre, la libertad de culto, y la dignidad integral de las personas.

Los abrazo y bendigo en Jesús, el buen Pastor, poniéndolos al amparo de María Santísima del Rosario.

+Padre Obispo Marcelo Daniel Colombo
9 de junio de 2020

Carta Pastoral de Pentecostés

Circ. Nro. 29/2020

“(…) derramaré mi Espíritu sobre todos los hombres y profetizarán sus hijos y sus hijas; los jóvenes verán visiones y los ancianos tendrán sueños proféticos.” (Hechos 2, 17)

Queridos hermanos,

Mientras vivimos esta etapa tan particular y compleja, caracterizada por el aislamiento de la cuarentena y sus consecuencias, transitamos los últimos días del tiempo pascual en que Cristo nos anima con su paz, vencedor del pecado y de la muerte. Este domingo, celebraremos Pentecostés, la llegada del Espíritu Santo, que hizo de la Iglesia una comunidad misionera, testigo desde entonces, de la alegría del Resucitado entre los hombres y los pueblos.

Si para los judíos, la fiesta de Pentecostés coincidía con una fiesta de primicias que los agricultores ofrecían a Dios (Lev 23,15-19; Num. 28,27-29), nosotros los cristianos celebramos el gran Don que Dios nos da, su Espíritu Santo, que nos impulsa a renovar nuestras vidas, a dejar el miedo o el aislamiento, para lanzarnos a la misión. Como aquella comunidad, entonces asustada y encerrada, recibió del Señor la fuerza para proclamarlo con valentía, hoy nos toca a nosotros testimoniarlo más allá de las difíciles circunstancias que atravesamos. Porque el mensaje del Señor es vida plena para todos, comunión en Él, solidaridad con los más pobres y afligidos, justicia en nuestros vínculos personales, sencillez y sobriedad para vivir cada día. Cristo muerto y resucitado por amor a nosotros es el corazón del anuncio que abre las puertas para que las bienaventuranzas sean un programa de vida anhelado y comunicable.

El milagro de Pentecostés, la presencia de oyentes de distintos pueblos y culturas en Jerusalén, que pueden escuchar proclamar las maravillas de Dios en sus propias lenguas, subraya la universalidad de la llamada de Dios. Contra cualquier pretendida forma de nacionalismo, sectarismo o individualismo, el Espíritu Santo toca los corazones y las mentes de los hombres. Es una llamada generosa, potente, que abre camino al encuentro entre los hombres. Si la tragedia de Babel quería explicar la triste realidad de pueblos y culturas aislados como compartimentos estancos, incapaces de entenderse y de progresar en un destino común, la venida del Espíritu Santo impulsa la comunión en el seguimiento del Señor.

Muchas veces escuchamos hablar de la globalización como un fenómeno económico, social y político, que acercaba a pueblos y a culturas lejanas en una confluencia prevalentemente de intereses económicos. El Papa Francisco ha llamado reiteradamente la atención sobre las relaciones internacionales y la incapacidad para generar una mejor distribución de bienes entre los pueblos, acogiendo a los migrantes y garantizando a todos los hombres la dignidad y plenitud, tomando distancia de toda forma de globalización de la indiferencia. La crisis desatada por la pandemia del Covid19 nos acerca en una sensibilidad común con otros países y otras comunidades, todos atravesados por el impacto de la enfermedad y el miedo a lo que pueda sobrevenir. Lo hemos visto en los medios de comunicación. Las imágenes de dolor y muerte nos golpean con fuerza.

Por eso, hoy más que nunca el lenguaje de la caridad, expresado en distintas formas de empatía, solidaridad y corresponsabilidad, puede ayudar a esta Humanidad así lacerada, a salir de esta dramática situación.

El cristianismo habla este lenguaje y promueve una atmósfera de sensibilidad concreta y de generosidad eficaz ante el sufrimiento del hermano. En palabras del Papa Francisco, “es el soplo del Espíritu que abre horizontes, despierta la creatividad y nos renueva en fraternidad para decir presente ante la enorme e impostergable tarea que nos espera. Urge discernir y encontrar el pulso del Espíritu para impulsar junto a otros las dinámicas que puedan testimoniar y canalizar la vida nueva que el Señor quiere generar en este momento concreto de la historia. Este es el tiempo favorable del Señor, que nos pide no conformarnos ni contentarnos y menos justificarnos con lógicas sustitutivas o paliativas que impiden asumir el impacto y las graves consecuencias de lo que estamos viviendo. Éste es el tiempo propicio de animarnos a una nueva imaginación de lo posible con el realismo que sólo el Evangelio nos puede proporcionar. El Espíritu, que no se deja encerrar ni instrumentalizar con esquemas, modalidades o estructuras fijas o caducas, nos propone sumarnos a su movimiento capaz de “hacer nuevas todas las cosas” (Ap. 21, 5).”

La participación de numerosos miembros de nuestras comunidades en diferentes experiencias de voluntariado, particularmente en Cáritas y las áreas pastorales específicas de Migrantes, de la Calle, de la Salud y Carcelaria, dan testimonio de esta apertura realista a las necesidades de la sociedad. También es necesario seguir creciendo en los modos de comunicación en las pastorales del anuncio, principalmente en las distintas catequesis para extender la proclamación de la Buena Noticia a más personas y comunidades. Y deseo alentar a los cristianos que se desempeñan en las distintas profesiones, en la educación, en organizaciones sociales y políticas, a intervenir activamente y conforme a su fe en la etapa que seguirá al cese de la cuarentena, con criterios éticos y humanitarios que incorporen los valores evangélicos. En suma, en la “nueva normalidad” que deberemos habitar los creyentes, el Espíritu Santo nos estará impulsando a participar de la vida social aportando la riqueza del Evangelio del Señor. Nadie debería sentirse ajeno a los desafíos misioneros de estos nuevos tiempos.

Que el Espíritu Santo nos ilumine para vivir con pasión evangélica nuestra condición de creyentes. Con todo afecto, los abrazo y bendigo en el Señor Jesús, buen Pastor. Nuestra Madre Santísima del Rosario nos cuide y siga ayudando a hacer cuanto el Señor nos diga.

Mendoza, 27 de mayo de 2020.-
+Padre Obispo Marcelo Daniel Colombo

Colecta Anual de Cáritas: 12 al 19 de junio de 2020

Circ. N° 27/2020

“Quiero que manifiesten la sinceridad de su amor, mediante la solicitud por los demás.” (2 Corintios 8,8).

Queridos hermanos,

Cada año, la Colecta de Cáritas llega en el mes de junio para invitarnos, en el nombre del Señor, a celebrar concreta y eficazmente la caridad cristiana que nos une. Este gesto fraterno de la Iglesia en la Argentina tendrá en 2020 como lema “Tu generosidad aumenta la esperanza”.

Con estas líneas deseo presentar la Colecta Anual de Cáritas a nuestras comunidades parroquiales e instituciones. De ella dependen, en gran parte, las actividades de Cáritas y por eso, todos los que tenemos alguna responsabilidad en la Iglesia, no dejamos de alentar su realización en función de nuestros hermanos más pobres.

En estos días pasados, he escrito a los sacerdotes, primeros responsables de las Cáritas parroquiales, para compartir con ellos algunos criterios pastorales que animan la Colecta en este año tan particular. Las especiales características de este tiempo que vivimos, fuertemente impactado por el aislamiento social, preventivo y obligatorio, nos hacen buscar el modo de renovar la metodología de la Colecta que principalmente tenía lugar en las misas del Domingo destinado a tal fin.

Por esta razón, es necesario ofrecer a los donantes la oportunidad de hacer llegar su aporte a las parroquias, de distintas maneras, inclusive a través de depósitos bancarios efectuados a las Cáritas arquidiocesana o parroquiales, desde el viernes 12 hasta el viernes 19 del mes de junio.

Agradezco a todos los que de un modo u otro colaboran con la Colecta anual, en Cáritas Mendoza y en las Cáritas parroquiales, y a quienes nos ayudarán a ayudar, con su colaboración económica que nos permitirá afrontar los desafíos de la caridad de todo el año.

Los abrazo en el Señor Jesús, buen Pastor, mientras los encomiendo a nuestra Madre Santísima del Rosario.

Mendoza, 20 de mayo de 2020.-
+Padre Obispo Marcelo Daniel Colombo

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