Carta Pastoral en el comienzo del Adviento

«No se dejen aturdir» (Lc. 21,34)

A poco de comenzar el Adviento, deseo saludarlos e invitarlos a vivir este tiempo de la Iglesia con la alegría y la esperanza que le son características. ¡Viene el Señor! Por eso nuestro corazón quiere prepararse para recibirlo: las comunidades se revisten de iniciativas que acercan a las familias para vivir la llegada del Salvador, siempre Buena Noticia para todos.

Las palabras de Jesús, pidiendo que no nos dejemos aturdir, constituyen una invitación a la serenidad y a la oración, para poder encontrarnos c sobre todo, los ruidos que nos abruman y despistan. En Él, dejando de lado falsas prioridades y, el Adviento nos ofrece ese espacio necesario para no llegar a vivir la Navidad descuidados, indiferentes o superficiales.

La Palabra de Dios nos ayuda a esperar con confianza. La larga preparación de Pueblo de Dios ilumina nuestro propio andar de peregrinos en Adviento. El Señor que viene, en su fragilidad, nos revela la fuerza de Dios; así lo experimentaron Isaías y los profetas que lo anunciaron, María y José que le dieron el sí de su corazón entero, los pastores de Belén testigos directos de su llegada a la historia humana…

En nuestra preparación de Adviento, las celebraciones penitenciales son muy importantes
porque nos acercan al perdón de Dios, que quiere rescatarnos del pecado y restaurarnos de sus
consecuencias. La reconciliación sacramental hace posible recibir ese maravilloso don del Señor y alienta nuestro deseo de una conversión permanente en el seguimiento de Jesús.

Los pesebres vivientes de las parroquias nos permiten testimoniar el anhelo de la llegada de Jesús, y en su realización convergen niños, jóvenes y adultos con su creatividad y esfuerzos. La alegría de todos siempre es el fruto de su celebración. Pero hay un signo familiar que hace presente la espera de Jesús: la preparación del pesebre en casa. Recuerdo una bella expresión del Norte argentino que explica su significado más profundo. Allí se dice “Vamos a adorar el pesebre”. Verdaderamente Navidad es el tiempo de adorar al Dios vivo y verdadero que ha venido a nosotros para darnos Vida nueva. La oración familiar ante el pesebre lo testimonia.

La alegría de la venida del Señor no nos saca del dolor por el contexto difícil que atraviesan muchas familias y sectores sociales que padecen el rigor de la situación económica. Por eso queremos en el camino del Adviento, sumarnos a las distintas iniciativas solidarias parroquiales que les permitan a tantos pobres celebrarla, preparando aún con mucha sencillez en su mesa navideña.

“No se dejen aturdir” nos dice Jesús. Concentramos la mirada y el corazón en prepararnos para su venida, cercana la celebración del jubileo de la Iglesia universal, mientras concluimos nuestro propio jubileo arquidiocesano, vocacional y misionero.

¡Feliz y fecundo comienzo del Adviento! Peregrinos del sueño de Dios, caminamos al encuentro de Jesús, con nuestras fragilidades y dolores, con nuestras ganas de amar y servir, con nuestra oración personal y comunitaria que apure su llegada a nuestros corazones.

Mendoza, 30 de noviembre de 2024.

+Padre Obispo Marcelo Daniel Colombo