SALUDO A LA COMUNIDAD DIOCESANA

Queridos hermanos,

A través de estas líneas, antes de partir a Roma para las exequias del fallecido Papa Francisco, deseo hacerles llegar mi gratitud por la participación de tantos de Uds. en la sentida celebración de ayer, donde juntos dimos gracias a Dios por la vida y ministerio del Santo Padre. Sé que muchos que no pudieron llegar por la distancia geográfica, se unieron estrechamente a nosotros en distintas celebraciones que tuvieron lugar a lo largo de toda la geografía arquidiocesana.

Me llevo en el corazón, y me acompañarán en mi peregrinación a Roma, los rostros de tantos sacerdotes, diáconos permanentes, religiosos y religiosas, seminaristas, catequistas, voluntarios de Caritas, misioneros, ministros, familias enteras que, con lágrimas en los ojos, nos uníamos con emoción en una fervorosa oración común por el eterno descanso de quien ahora nos precede en el camino al encuentro con el Señor. ¡Gracias, muchas gracias, por esta profunda y esperanzadora experiencia eclesial de fe y amor!

Me parece muy oportuno volver a palabras del mismo Papa Francisco, en relación con el jubileo de la esperanza, para poder vivir este tiempo tan especial.

“Las tempestades nunca podrán prevalecer, porque estamos anclados en la esperanza de la gracia, que nos hace capaces de vivir en Cristo superando el pecado, el miedo y la muerte. Esta esperanza, mucho más grande que las satisfacciones de cada día y que las mejoras de las condiciones de vida, nos transporta más allá de las pruebas y nos exhorta a caminar sin perder de vista la grandeza de la meta a la que hemos sido llamados, el cielo.” (Francisco, Spes non confundit, 25)

Los abrazo y bendigo en Jesús, el buen Pastor resucitado y su Madre santísima del Rosario.

Mendoza, 22 de abril de 2025

+Padre Obispo Marcelo Daniel Colombo