Saludo a los/as consagrados/as

EN LA XXVI JORNADA MUNDIAL DE LA VIDA CONSAGRADA

Queridos hermanos y hermanas:

¡Felicidades! A través de este mensaje deseo saludarlos y expresarles mi gratitud por su presencia entre nosotros, integrando comunidades vivas al servicio del Reino de Dios. Hago extensivas estas palabras a las vírgenes consagradas de nuestra Arquidiócesis quienes, en el seguimiento del Señor, animan generosamente distintos apostolados.

Si bien la Iglesia en la Argentina celebra el Día de la Vida consagrada en el mes de setiembre, la fiesta de la Presentación del Señor ha sido tradicionalmente una jornada de referencia para muchos religiosos y consagrados. En este día, muchos de Uds. han celebrado su profesión o renovación de votos, y reiterado su acción de gracias por una llamada tan hermosa como exigente: vivir como Cristo en pobreza, castidad y obediencia, para ser, en el servicio comprometido desde los distintos carismas, testigos de la vida a la que Dios nos llama.

“Si recordamos nuestro encuentro decisivo con el Señor, nos damos cuenta de que no surgió como un asunto privado entre Dios y nosotros. No, germinó en el pueblo creyente, en medio de tantos hermanos y hermanas, en tiempos y lugares precisos. El Evangelio nos lo dice, mostrando cómo el encuentro tiene lugar en el pueblo de Dios, en su historia concreta, en sus tradiciones vivas: en el templo, según la Ley, en clima de profecía, con los jóvenes y los ancianos juntos (cf. Lc. 2,25-28.34). Lo mismo en la vida consagrada: germina y florece en la Iglesia; si se aísla, se marchita. Madura cuando los jóvenes y los ancianos caminan juntos, cuando los jóvenes encuentran las raíces y los ancianos reciben los frutos. En cambio, se estanca cuando se camina solo, cuando se queda fijo en el pasado o se precipita hacia adelante para intentar sobrevivir. Hoy, fiesta del encuentro, pidamos la gracia de redescubrir al Señor vivo en el pueblo creyente, y de hacer que el carisma recibido se encuentre con la gracia de hoy.” (Papa Francisco, Homilía en la Santa Misa para los Consagrados, 2-2-2019).

En estos días, algunos consagrados parten y otros llegan para integrar las nuevas comunidades de apostolado. A quienes son trasladados, deseo agradecerles la entrega generosa de este tiempo y animarlos a seguir donándose fecundamente al pueblo de Dios allí donde estén. A quienes llegan para poner la mano en el arado de la evangelización y la caridad en Mendoza, les doy mi fraternal bienvenida. Que podamos caminar y servir juntos en este tiempo de la Iglesia y de nuestro país. En esa perspectiva, en esta Iglesia particular, la experiencia de una rica tradición de interacción de los institutos de vida consagrada con el presbiterio y los numerosos agentes de pastoral, nos alegra y llena de esperanza.

Los abrazo y bendigo en Jesús, el buen Pastor, y su Madre santísima del Rosario.

Mendoza, 2 de febrero de 2022, Fiesta de la Presentación del Señor

+Padre Obispo Marcelo Daniel Colombo