La Educación en Valores como cimiento de la sociedad

Compartimos el artículo elaborado por la profesora Noelia Doña y la licenciada Irene Gómez de Wilde, coordinadoras de la Dimensión Pedagógica de CEDUCAR, acerca de “La Educación en Valores como cimiento de la sociedad”

Actualmente en el contexto  mundial, regional, local y en  las instituciones políticas, sociales, educativas y aún en el seno de la familia, se observan y vivencian permanentemente antivalores. El mundo está signado por la guerra y la discriminación entre los pueblos y los seres humanos.

Ante ello, es indispensable priorizar valores que permitan forjar sociedades con seres humanos capaces de amar, de buscar la verdad, de actuar y pensar con rectitud, de trabajar por la paz, la ciudadanía responsable, la igualdad, el desarrollo sostenible y el cuidado de la casa común, entre otros.

Los avances que están haciendo los gobiernos, con la Agenda 2030 y los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, para mejorar la educación son notorios, pero insuficientes. Existe la voluntad  y se intentan diferentes líneas de acción pero persiste la fractura ya que no se logra aunar esfuerzos entre estado, familia y sociedad.

Se pueden identificar algunos signos evidentes de esta fractura:

  • La deconstrucción del Humanismo, según el Papa Francisco, es una de las principales dificultades asociada al individualismo, a la indiferencia, al elitismo y a la existencia de un torbellino de velocidad, cambiando constantemente los puntos de referencia. Con este individualismo el sentido de comunidad se desdibuja y se priorizan los derechos individuales.
  • Consumismo: tendencia a poseer bienes o servicios de forma acumulativa y que va más allá de las necesidades básicas de la persona y no se contemplan las necesidades de los demás.
  • La idea del carpe diem (“disfruta el momento”), el presente se pone en primer lugar y como tiempo único, se debilitan las nociones de compromiso y de responsabilidad.
  • Uso descontrolado y acrítico de los recursos digitales y la abundancia de estímulos e imágenes atractivas y continuas, alteran las relaciones humanas, provocan pérdida de identidad, falta de interioridad y de apertura a la  trascendencia.
  • Necesidad de hacer público lo privado mediante la exposición exacerbada en redes sociales.

Según Educación 2030, Declaración de Incheon (2015), suscrita por estados miembros de UNESCO, en un mundo globalizado en el que existen problemas de tipo social, político, económico y ambiental por resolver, resulta esencial una educación que contribuya a construir sociedades pacíficas y sostenibles.

Caben varios interrogantes: quién educa en valores y cómo hacerlo.

Se percibe en la vida diaria de las personas, instituciones, sociedad y comunidad internacional que no se vive según una priorización de valores que esté acorde con la concepción de ser humano y de sociedad que se proclama en múltiples foros y propuestas que se realizan año a año.

La ruptura del pacto educativo entre escuela, familia, estado y sociedad es un aspecto fundamental  que desestabiliza la educación y que el Papa Francisco describe con vehemencia en varios pronunciamientos La misión de educar ha sido depositada en la escuela, aún en aquellos aspectos que son función intrínseca de la familia.

Cabe preguntarse quién educa al ser humano, quién educa en valores desde el comienzo de la vida. No hay respuesta única. Educa la familia, la escuela, la sociedad, las políticas educativas, el contexto local e internacional. Hay actores con responsabilidades primarias y mandatos insoslayables.

La familia, primera educadora por naturaleza, independientemente de su conformación, es la responsable de la socialización primaria: escuchar, compartir, respetar, comportarse adecuadamente, convivir, ser guiado y acompañado por los mayores. Los valores evidenciados en actitudes, afectos, hábitos se vivencian desde el comienzo de la vida en el seno de la familia, en ese ambiente cercano que identifica y da identidad a cada uno de sus miembros, que establece confianza y límites que permiten crecer.

A la escuela, le corresponde la socialización secundaria. Su función es de transmitir y desarrollar cultura,  formar ciudadanos críticos que aprendan a ser, a convivir, a formar parte de la sociedad y de habitar el mundo. Esto implica necesariamente la formación activa en valores de acuerdo a las edades del estudiante y el desarrollo de actitudes que evidencien dichos valores.

Es fundamental ofrecer pautas que guíen a los estudiantes a desarrollar la dimensión axiológica  y actitudes para desenvolverse  como personas y ciudadanos justos en la aldea global.

En este sentido, el sistema normativo escolar y del aula recobra vital importancia debido a que requiere  la adecuación entre valores, actitudes y normas. Asimismo toda la escuela educa, el clima escolar, basado en valores positivos, sostenido  por acuerdos entre los distintos actores institucionales, es el ambiente propicio para aprender a vivir con otros. 

Toda acción educativa formal e informal supone una sólida visión antropológica, en palabras del Papa  Francisco: “contra la cultura del descarte, poner en el centro de todo proceso educativo a la persona, para hacer emerger su especificidad y su capacidad de estar en relación con los demás”.

De allí se desprende que la educación debe atender a la formación integral de la persona en todas sus dimensiones. En consonancia a la visión antropológica, es que resulta  necesario concretar un currículum centrado en la persona. Este enfoque se encuentra basado en un cuerpo de “valores”, que forma a la persona para la elaboración de su proyecto de vida, de una manera libre, responsable, atendiendo a cada estudiante de forma individual, pero destacando a su vez el aspecto  social.

Esto se concreta en el Proyecto Educativo Institucional, que desde su ideario, ilumina el quehacer educativo dando sentido a los saberes, las normas escolares, la organización institucional y las metodologías de enseñanza.

Más allá de las estrategias que proponga cada diseño curricular, cada escuela o cada docente, al diseñar las situaciones de enseñanza, es prioritario que se acuerden acciones didácticas que asuman diferentes formatos: talleres, proyectos, instancias colaborativas. Con ello, se generan espacios mediante los cuales se escucha a los niños, niñas, adolescentes y a sus familias y se logra que la participación de los mismos sea central para una escuela abierta al contexto (“en salida”).

Además es menester, desde la escuela y desde edad temprana fomentar actividades que aprecien y defiendan el medio ambiente, cuidando  la casa común y abriendo el corazón a la belleza ante las maravillas de la naturaleza (Pacto Educativo Global. Papa Francisco 2020).

En consonancia con el Objetivo de Desarrollo Sostenible de la ONU, la educación requiere de educadores capaces de generar propuestas pedagógicas para una ética ecológica que ayuden, efectivamente, a caminar juntos, crecer en la solidaridad, la responsabilidad y el cuidado basado en la empatía, la compasión, la paz y la justicia.

Prof. Noelia Doña

Lic. Irene Gómez de Wilde

Dimensión Pedagógica

Comisión de Educación del Arzobispado de Mendoza