Misa en Memoria del Fundador del M. Comunión y Liberación

 

5º Aniversario de la muerte de Mons. Luigi Giussani

Mons. Sergio Buenanueva, obispo auxiliar de Mendoza, presidirá, el viernes 26 de febrero, a las 20:00 horas, la Eucarística en conmemoración del 5º aniversario de la muerte de Mons. Luigi Giussani, fundador del Movimiento Eclesial Comunión y Liberación.

La Misa se celebrará en la capilla María Reina Inmaculada y San Juan Evangelista del Barrio Infanta, de Las Heras, perteneciente a la parroquia San Antonio de Padua. La celebración será transmitida en directo por 90.7 Radio Cultural Claret en sintonía con Radio María Argentina.

“Yo soy cero, Dios es todo". Vida de Don “Gius”

El 22 de febrero del 2005, a la madrugada, fallecía a los 82 años, Don Luigi Giussani, fundador de Comunión y Liberación. Don Luigi nació en Desio, localidad del Milanesado, en 1922. De su madre aprenderá a tener una intensa vida espiritual, mientras que de su padre recibirá su concepto de la estética y de la belleza. Amante de la música, su casa sería siempre hogar para muchos amigos dedicados al noble arte de Euterpe. Don “Gius”, como lo llamaban cariñosamente los miembros de la familia espiritual que fundó, recordaba a menudo algunos episodios de su vida en familia, como por ejemplo, el episodio cuando aún niño caminando a la misa matutina con su madre, bajo la primera luz del amanecer, quedó grabada en su memoria la repentina exclamación de su madre al ver la última estrella en el cielo: "¡Qué bello es el mundo y qué grande Dios!".

En la juventud, Luigi Giussani entró en el seminario diocesano de Milán, donde coincidirá con profesores de relieve en la facultad de Teología de Venegono. Gaetano Corti, Carlo Colombo, Giovanni Colombo y Carlo Figini ayudaron a agudizar la intensa vida espiritual del joven seminarista. Su amor por la estética, y su cultivo de la música le llevará a acercarse a Dios a través de la belleza. Además de la formación cultural y de las relaciones de estima y humanidad viva que tuvo con algunos de sus maestros, Venegono fue para Giussani un ámbito importantísimo para vivir la amistad con algunos de sus compañeros como Enrico Manfredini, futuro Arzobispo de Bologna. También pudo descubrir el valor de la vocación, valor que se realiza en el mundo y para el mundo. Fueron años de estudio intenso y de grandes descubrimientos.

Su fuerte personalidad e inquietud le hace promover junto a otros seminaristas una pequeña revista “Studium Christi” que trasmite, a nivel interno, la búsqueda de Cristo de este grupo de jóvenes que lo han dejado todo por Cristo. Tras su ordenación, será invitado a quedarse en el seminario como profesor de los futuros sacerdotes. Sus estudios se orientarán hacía la adhesión racional a la fe y a la Iglesia, por lo que estudiará la teología de los hermanos separados, de la Europa oriental y del protestantismo norteamericano. Incluso irá a Estados Unidos, de cuyo fruto saldrá su obra: “Grandi linee della teologia protestante americana. Profilo storico dalle origine agli anni 50″.

En aquellos años se reforzó la convicción de que la cima de todo genio humano es profecía, a menudo inconsciente, del acontecimiento de Cristo. Desde entonces, la idea de que la verdad se reconoce por la belleza con que se manifiesta, formó siempre parte de su método educativo. A la disciplina y el orden en la vida del seminario se sumó la fuerza de un temperamento que se distinguió, en el coloquio con sus superiores y en las actividades con los compañeros, por su vivacidad y agudeza. Ya ordenado sacerdote, don Giussani se quedó como profesor en el mismo seminario de Venegono.

Entre 1954 y 1964, inicia un nuevo período de su vida al ejercer su magisterio en el Liceo Clásico “G. Berchet”. De aquí vendrá su experiencia educativa y la causa de que su investigación y educación se centre en el mundo pedagógico. Es la época que desarrolla la actividad de Gioventú Studentesca, embrión de lo que luego será Comunión y Liberación. Su éxito entre los jóvenes estudiantes, en un momento de control absoluto de los marxistas de los ambientes clausúrales hace que el joven pedagogo s ehaga cargo desde 1964 hasta 1990 de la cátedra de Introducción a la Teología en la Universidad Católica del Sacro Cuore de Milán. A partir de 1969, aquellos estudiantes formados en sus enseñanzas empiezan a ser conocidos como Comunión y Liberación. Un movimiento laical implicado en la educación cristiana del hombre y el descubrimiento de Cristo, como liberador de la persona, a través de la escuela de comunidad. La persona se convierte en apóstol en el ambiente en el que se encuentra. CL ha subrayado su presencia en el mundo cultural, de donde procede esencialmente, pero no por ello ha descuidado su compromiso social con proyectos en países del tercer mundo y en barriadas periféricas.

En la actualidad, CL ha generado diversas formas de espiritualidad. La fraternidad de CL, reconocida desde 1982 por el Pontificio Consejo para los Laicos, asociación laical que reúne a cerca de 50.000 personas de 70 países del mundo y se reúnen semanalmente en las escuelas de comunidad; la fraternidad de San Carlos Borromeo, que reúne a los miembros que han recibido el orden sacerdotal; la fraternidad de San José, que reúne a viudos y solteros que viven su celibato en el mundo; los Memores Domini, laicos que se comprometen a una entrega absoluta a través de vivir la pobreza y la virginidad; e incluso una congregación de vida consagrada, las hermanas de la Caridad de la Asunción.

En cuanto a Don Giussani, fue consultor de la Congregación para el clero y del Pontifico Consejo para los Laicos, y en 1983, fue nombrado prelado de honor de Juan Pablo II. Recibió distintos premios por su trayectoria intelectual e importancia en el mundo educativo, donde se destacaría en 1995, el premio Internacional de la cultura católica.

Entre sus obras podemos destacar: “El sentido religioso”; “El milagro de la hospitalidad”; “Porque la Iglesia”; “Afecto y morada”; “El hombre y su destino: en camino, La autoconciencia del cosmos”; “El yo, el poder las obras”; “El atractivo de Jesús”; “Toda la tierra desea ver tu rostro”; “Crear huellas en la historia del mundo”; “Los orígenes de la pretensión humana”; “La conciencia religiosa en el hombre”; “El templo y el tiempo”; “Para vivir la liturgia: un testimonio”; “Mis lecturas”; “El riesgo educativo”, entre los principales.

En una entrevista concedida cuando cumplió los ochenta años, mirando hacia atrás, explicaba: "Espero que mi vida se haya desarrollado según lo que Dios deseaba de ella. Se puede decir que se ha desarrollado bajo el signo de la urgencia porque toda circunstancia, o mejor cada instante, ha sido para mi conciencia cristiana búsqueda de la gloria de Cristo. Mi obispo, el cardenal Dionigi Tettamanzi, al llegar a la sede de Milán ha dicho: «Los hombres y las mujeres de nuestro tiempo, aun inconscientemente, nos piden que les hablemos de Cristo, es más, que les hagamos verlo». Jesucristo, Su gloria humana en la historia, es el único signo positivo en medio del mundo, que, de otro modo, sería un moverse absurdo de tiempo y espacio. Porque, como diría Eliot, sin el significado no hay tiempo. La vida está llena de nulidad y negatividad, y Jesús de Nazaret es el desquite. Esto lo tengo claro. Así, la esperanza es la certeza por la cual se puede respirar en el presente, en el presente se puede gozar."

En esa misma entrevista, preguntado sobre su vida espiritual, abría su corazón de sacerdote santo: "Mi oración es la liturgia y la repetición continuada de una fórmula: «Veni Sancte Spiritus, Veni per Mariam». Ven Espíritu Santo, ven por María, hazte presente a través del seno y de la carne de la Virgen. Esta antigua jaculatoria es síntesis de toda la Tradición y señala el método de Dios para darse a conocer a los hombres: la Encarnación. Todo el cristianismo está ahí. Dante habla en su himno a la Virgen del «calor» del vientre de la Virgen: pensar que desde ahí se proclama el Misterio es verdaderamente lo más misterioso, y sólo en la experiencia de una comunión vivida se puede empezar a comprender algo de este inefable misterio de Dios. Por ello, la oración es el gesto más razonable que el hombre, implicado en la lucha cotidiana por la vida, puede realizar, la petición es el alfa y la omega de todo. Yo no he hecho nada, soy un cero. Todo lo hace el Infinito y nosotros no haríamos nada si no se nos diera."