Cuaresma 2010: Dios, amigo del hombre

 

Mensaje de Mons. Sergio Buenanueva, obispo auxiliar de Mendoza

La Cuaresma cristiana comienza con el gran ayuno del miércoles de ceniza. ¿Por qué ayunar? Se pueden anotar muchas razones legítimas, con fundamento en la tradición bíblica. El ayuno es una práctica religiosa presente en la piedad judía como en otras tradiciones religiosas.

Sin embargo, los cristianos practicamos el ayuno por una razón más sencilla: Jesús mismo ayunó. Porque él lo hizo, y por sus mismas razones, es que nosotros practicamos el ayuno.

“No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”, fue la respuesta de Jesús al tentador que le proponía convertir las piedras en pan para saciar su hambre, al cabo de cuarenta días de oración y ayuno en el desierto.

Nosotros ya hemos creado amplios espacios en nuestra sociedad que funcionan como si Dios no existiera. Ya sabemos lo que significa vivir sin Dios, y organizar el mundo sin Él. Ya no necesitamos que nos lo prometan o nos lo cuenten. Lo vamos sabiendo por experiencia propia.

Jesús se fue al desierto, ayunó y oró, porque la tarea que tenía por delante era precisamente traer Dios al corazón de los hombres y del mundo. El ayuno acompañado de la oración es un modo muy concreto de abrir el mundo a Dios. “No solo de pan vive el hombre”. La privación voluntaria de alimentos puede ser algo costoso para quien lo practica. Sin embargo, es una práctica humanizadora. Nos enseña que, para vivir con autenticidad, es bueno contar con Dios como amigo y compañero. Ese es el sentido del ayuno cristiano.

En Jesús, especialmente en la cruz que lo pone del lado de todos los crucificados, Dios se ha manifestado como el gran Prójimo del hombre. Él mismo se ha comportado como Aquel que carga sobre sí la suerte de su creatura y, así, la redime. Por eso, la oración y el ayuno reclaman también la práctica de la generosidad en el compartir con nuestros prójimos.

“¿Quién es mi prójimo?”, le preguntó una vez a Jesús un maestro de la ley. Jesús le dio una respuesta cambiando la perspectiva: “Convertite vos en prójimo de tus hermanos”, como Dios se ha hecho prójimo de todos los hombres.

Esta es la palabra que sale de la boca de Dios, y la que procura una vida auténticamente humana al hombre: la palabra que testimonia el amor de Dios y el amor al prójimo como ley fundamental de la vida humana. Como dirá San Juan en su primera carta: “Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios, y Dios permanece en él.” (1 Jn 4,16)