María nos acompaña a celebrar el Bicentenario de la Nación

 

Homilía pronunciada por Mons. José María Arancibia en la Celebración de Nuestra Señora de Lourdes, en el Santuario de El Challao. 11-2-2010

En su homilía Mons. Arancibia pidió a María que nos acompañe y guíe en este tiempo para seguir construyendo con esperanza un proyecto de Nación y que la gracia maternal de nuestra Madre nos ilumine el camino en todo lo que necesitamos. Dice el arzobispo:

“¿Cómo no pedir hoy al Señor, por intermedio de María, las gracias necesarias para esta Patria nuestra de 200 años? Cada uno pida y agradezca con plena confianza. La ocasión del Bicentenario nos congrega para suplicar a María que nos acompañe. Recemos a la Virgen por la Nación que queremos ser, forjada por: el aprecio a los dones compartidos; la responsabilidad ciudadana de cada persona; el trabajo honesto y bien remunerado; una vida digna y respetada desde el primer momento; la búsqueda del bien común integral, por parte de sus gobernantes, que permita superar la pobreza, la miseria, la injusta desigualdad y toda forma de violencia”.

Texto completo del mensaje:

María nos acompaña a celebrar el Bicentenario de la Nación

1. Desde ayer procuro estar unido a tantos devotos y peregrinos que vienen a Lourdes. Aquí en El Challao de Mendoza, y en tantos otros lugares donde se venera a la Inmaculada Concepción, que se apareció a santa Bernardita. La Iglesia católica enseña a los discípulos de Jesús a confiar plenamente en María, porque Ella "con su amor materno cuida de los hermanos de su Hijo, que todavía peregrinan y se debaten entre peligros y angustias y luchan contra el pecado...” (LG 62). Esta es nuestra fe, que estamos contentos de profesar y renovar. Con esta convicción hemos llegado hasta aquí. Estamos seguros que María escucha el ruego de cada peregrino, que trae su petición y acción de gracias.

2. Hemos comenzado el año del BICENTENARIO. Percibo que la gente siente tanto ilusiones como preocupaciones, por el presente y el futuro de la Patria. Los obispos argentinos han llamado a elaborar un proyecto de Nación, basado en la justicia y la solidaridad. Esperamos poder pensarlo y rezarlo, para alentar la responsabilidad de todos y de cada uno.

Desde la condición de creyentes, esperamos -ante todo- que la Virgen nos ayude a vivir los valores fundamentales de la vida cristiana. Así se expresan pastores de la Iglesia:

-“María es la que pone corazón y compasión en el ámbito de la vida cristiana” (Card. Martini)

-“María, Madre, despierta el corazón filial que duerme en cada hombre. En esta forma, nos lleva a desarrollar la vida del bautismo por el cual fuimos hechos hijos. Simultáneamente, ese carisma maternal hace crecer en nosotros la fraternidad. Así María hace que la Iglesia se sienta familia” (DP 295).

Recordando el mensaje de la Virgen en Lourdes, pidamos a María que los cristianos de esta Nación podamos edificarla buscando: un bienestar humano completo y compartido entre todos.

3. En este día, es evidente que María convoca multitudes de todas partes. Hoy aparecemos como pueblo unido y peregrino, marchando hacia una meta común. Pero a los argentinos nos falta mucho para pensar, vivir y trabajar como un verdadero pueblo, congregado en torno a grandes valores. Necesitamos respetarnos y ayudarnos más. Incluso reconciliarnos entre nosotros y sanar muchas heridas. María nos reúne por la Palabra que Ella guarda y cumple. Nos acompaña a crecer en el amor que se alimenta del Cuerpo y la Sangre de Cristo, hecho hombre en sus purísimas entrañas.

4. María nos invita a confiar como hijos en el plan del Padre. A agradecer los dones hermosos que de Él recibimos. Bienes materiales y espirituales que no siempre reconocemos, agradecemos y compartimos. ¿Cómo no confiar en la providencia de Dios, y trazar un proyecto de Nación, que reconociendo tantos regalos logre cuidarlos y hacerlos crecer para bien de todos? La Virgen canta al Dios, que siendo fiel a su promesa se acuerda de los humildes y de los pobres. De nuestra parte, acompañados por esta Madre, queremos tener un corazón grande para ser compasivos como Jesús en el Evangelio. Maria nos enseña a descubrir cualquier forma de pobreza y de enfermedad, en el cuerpo y en el espíritu; en uno mismo y en los demás. La veneración de María como Madre, nos educa en la verdadera fraternidad. A Lourdes podemos llegar cargados de cualquier mal, propio o ajeno, pero siempre volvemos a casa más animosos y confiados, menos egoístas o mezquinos. Construir una patria de hermanos, para celebrar 200 años de Patria, requiere corazones grandes, fraternales, sencillos y generosos.

6. El mensaje de Lourdes incluye una invitación a la conversión. En la gruta de la Virgen encuentran acogida los buenos y los malos. Ella insistió en la necesidad de orar mucho por los pecadores. A menudo pedimos gracias que necesitamos, y luego las agradecemos. María nos ayuda a descubrir algo más: la visita de Dios en Jesucristo, que busca la oveja perdida, que se alegra por cada pecador que retorna al buen camino. Nos resulta patente el mal presente alrededor nuestro. Nos afligen fuertes calamidades, hechas no tanto de desastres naturales, sino de la malicia humana, de perversión y de injusticia, de muerte violenta o de vida menos digna. Nos cuesta un poco más reconocer y asumir las maldades del propio corazón. Solemos encontrar un justificativo o cargamos la responsabilidad sobre los demás. De todas formas, el misterio del mal es terrible, y agobia el corazón cuando no hay esperanza en la salvación de Jesucristo.

Pensando en el Bicentenario: ¿podremos edificar un país sobre roca sólida, si no aceptamos errores de antes y de ahora? Los pueblos sabios no esconden sus falencias. No aprovecha disimularlas o echar toda culpa a los demás. No sirve llorarlas sin esperanza. La conversión es la forma en que personas y comunidades se recuperan aprendiendo de su propia historia. Volver al buen camino y reparar el mal cometido, pertenecen a la sabiduría humana y divina del Evangelio de Jesús. Para ello, los cristianos tenemos la esperanza puesta en un Dios misericordioso y fiel, tierno y compasivo, al que María cantó llena del Espíritu Santo. Deseo y pido que Argentina marche por este sendero.

7. El misterio de Lourdes ha creado numerosos lugares de conversión y oración. El agua de tantas grutas, como aquella que bebió santa Bernardita, es un símbolo del lavado espiritual de la gracia; de la vida nueva de los hijos de Dios, otorgada en el bautismo. La oración incesante que recomienda la Virgen, es la condición permanente de los cristianos que cada día ponen su vida delante de Dios, para agradecerla y encomendarla al cuidado divino. Todo podemos con la gracia de Dios. Nada hay imposible para Él. Y la oración cotidiana nos recuerda nuestra condición de hijos amados y salvados, pero necesitados siempre de auxilio oportuno.

¿Cómo no pedir hoy al Señor, por intermedio de María, las gracias necesarias para esta Patria nuestra de 200 años? Cada uno pida y agradezca con plena confianza. La ocasión del Bicentenario nos congrega para suplicar a María que nos acompañe. Recemos a la Virgen por la Nación que queremos ser, forjada por: el aprecio a los dones compartidos; la responsabilidad ciudadana de cada persona; el trabajo honesto y bien remunerado; una vida digna y respetada desde el primer momento; la búsqueda del bien común integral, por parte de sus gobernantes, que permita superar la pobreza, la miseria, la injusta desigualdad y toda forma de violencia.

¡Santa María de Lourdes, ruega por nosotros!