Acción de Gracias por Año Jubilar y Misionero en Mendoza

 

Mensaje de Mons. José María Arancibia al concluir el Año Jubilar y Misionero en Mendoza. Diciembre de 2009

Con la celebración de la Navidad se concluyó el año jubilar en Mendoza. El arzobispo, en su mensaje de Acción de Gracias destaca especialmente el sentido y frutos deseados en este año de gracia. Así también, expresó el obispo, "nos deja inquietudes decididas y comprometedoras, menciono algunas: intensificar la pastoral familiar, con ayuda de las mismas familias cristianas; impulsar la pastoral educativa para ofrecer a niños y jóvenes una formación integral, la debida maduración personal y la inserción social; promover el compromiso laical por un Bicentenario de la Nación en justicia y solidaridad; velar por la dignidad humana amenazada de tantas formas, y procurar una vida plena para todos, sin exclusión alguna".

Texto Completo del Mensaje

Al terminar el Año Jubilar y Misionero en Mendoza, celebrado en 2009 a los 75 años de la creación de esta Diócesis, me siento movido como obispo a dar gracias a Dios, como así también a tantos colaboradores, agentes pastorales y comunidades cristianas. El recuerdo rápido de los principales acontecimientos nos ayude a reconocer este tiempo como ocasión providencial de nuevas gracias, y nos impuse a elevar a Dios cantos de alabanza y gratitud.

La fiesta tradicional de Lourdes y la Jornada “Juntos Caminamos” a principios de marzo, nos permitió anunciar esta celebración jubilar, explicando los motivos y las acciones propuestas en la Carta Pastoral, firmada el mismo 11 de febrero. Estuvieron presente en esas ocasiones representantes de todas las parroquias, capillas, colegios y asociaciones.

En la Misa Crismal, celebrada durante la semana santa, con todos los sacerdotes diocesanos y religiosos, más los diáconos permanentes, realizamos la apertura del Año jubilar. Dimos gracias con la Palabra de Dios que inspira gratitud y conversión. Honramos agradecidos la memoria de todos los obispos anteriores de Mendoza, con sus respectivos presbiterios diocesanos.

Junto con el obispo auxiliar, Mons. Sergio O. Buenanueva, hemos realizado la visita pastoral a varias parroquias a lo largo del año, alentando a volver con entusiasmo sobre el Plan Diocesano actualizado, para un nuevo quinquenio (2008-2012). Me consta que varios consejos pastorales y equipos de animación han emprendido el esfuerzo de estudiarlo y de aplicarlo. Espero que el 2010, al comenzar el Bicentenario de la Patria (2010-2016), nos traiga renovados motivos para seguir avanzando en el camino de renovación eclesial y pastoral, al servicio de nuestro pueblo.

Al compartir momentos importantes del año litúrgico, como también muchas fiestas patronales en distintos lugares, tuvimos oportunidad de crecer en la consciencia de ser Iglesia particular, con una cultura y una historia propias, y enviada hoy al mundo para seguir evangelizando y trabajado por la promoción integral de todos.

Reconozco haberme sentido conmovido y complacido al conocer la cantidad de gestos misioneros emprendidos en pueblos y barrios, por comunidades parroquiales y demás instituciones. He visto y escuchado a muchas personas contentas de anunciar su fe, aún de manera sencilla, saliendo así de una actitud temerosa o cómoda, y comprobando que la misma fe se fortalece al compartirla.

Nos ayudaron bastante los tiempos de reflexión y de espiritualidad, programados para sostener la fe y la esperanza en Jesucristo, propia de los discípulos Suyos que han de ser siempre misioneros. El momento más importante fueron las Jornadas de Pastoral en septiembre, vividas por los consagrados en Lunlunta, y luego por representantes de comunidades, organismos, colegios y asociaciones, en el Colegio de la Misericordia. Nos habíamos comprometido a revisar nuestra pastoral ordinaria a la luz del Plan Diocesano, y así lo hicimos. En un clima espiritual fuerte repasamos la relación entre evangelización, cultura y misión, y los compromisos que de allí surgen. Los testimonios de la pastoral penitenciaria y de la pastoral universitaria nos hicieron mucho bien.

La situación actual nos ha puesto delante de numerosos dolores y carencias del pueblo mendocino. No podemos ni queremos ser ajenos a cualquier forma de sufrimiento, tristeza o privación. La consigna de nuestro proyecto pastoral es precisamente trabajar por una vida plena para todos, desde nuestra vocación y misión pastoral. Por ello el Año Jubilar concluye dejando inquietudes decididas y comprometedoras. Menciono algunas: intensificar la pastoral familiar, con ayuda de las mismas familias cristianas; impulsar la pastoral educativa para ofrecer a niños y jóvenes una formación integral, la debida maduración personal y la inserción social; promover el compromiso laical por un Bicentenario de la Nación en justicia y solidaridad; velar por la dignidad humana amenazada de tantas formas, y procurar una vida plena para todos, sin exclusión alguna.

Tengo en Dios puesta toda mi confianza. Estoy seguro que Él ha derramado gracias especiales en este tiempo, para sanar heridas y alentar a muchos por el camino de la santidad. Incluso a través de la indulgencia plenaria ofrecida por la Iglesia. Seguimos rogando para que nos regale la gracia de abundantes vocaciones al sacerdocio, al diaconado, a la vida consagrada, y al apostolado de fieles laicos comprometidos.

Nuestro saludo de Navidad dirigido a todos los cristianos menciona el sentido y fruto deseado de este año jubilar: Ha sido una oportunidad para agradecer el don maravilloso de la fe, que deseamos vivir aún con mayor intensidad. Una ocasión para proclamarla con alegría, a través de muchas experiencias de misión. Roguemos al Señor que siga renovando la fe y la esperanza de los creyentes, para que produzcan frutos abundantes de justicia y de amor, en la verdad plena.

Reitero pues mi gratitud por lo vivido y mis buenos deseos para todos, compartiendo al mismo tiempo el propósito de ser fieles al Señor que no ha llamado a seguirlo y a servirlo.