Admisiones al Sagrado Orden del Diaconado

 

El pasado 6 de diciembre, Mons. José María Arancibia admitió como candidatos al Sagrado Orden del Diaconado Permanente a seis acólitos de la Escuela Arquidiocesana de Ministerios San José.

Durante la Misa que presidió el arzobispo en la Catedral de Nuestra Señora de Loreto, se celebró la correspondiente ceremonia de admisión a los siguientes acólitos:

David Masman de la parroquia Asunción de la Virgen, Guaymallén
Edgardo Da Paisano de la parroquia Nuestra Señora del Carmen, Rodeo de la Cruz
Héctor Rodríguez de la parroquia San Isidro Labrador, Rivadavia
Eduardo Maldonado de la parroquia Nuestra Señora del Carmen, San Martín
Antonio Sánchez de la parroquia Santa Lucía y Nuestra Señora de Castelmonte
Mario Canciani de la parroquia San Isidro Labrador, Rivadavia

A partir de este rito y al iniciar el año próximo estos candidatos comienzan su formación al Diaconado Permanente, lo representa cursar 3 años más del camino que ya han recorrido en la EAM.

Mons. Arancibia destacó la importancia de este rito prescripto y exclusivo de los candidatos al Orden Sagrado, que es un paso más en el discernimiento vocacional, tanto del candidato como de la misma Iglesia.

Así también, el obispo se refirió al compromiso recíproco en orden a una formación integral la cual hay completar todavía, a profundizar el acercamiento al proyecto misionero de la Iglesia local y universal y que este paso es una verdadera bendición pronunciada por la Iglesia y recibida con fe y esperanza.

En su homilía el arzobispo hizo referencia principalmente en este tiempo de adviento, a la vocación esencial del hombre: ¡Todos verán la salvación!. ¡Allanen el camino! “Dios busca a todos, se llega a todos, sin distinción, expresó, porque quiere salvarlos de males muy profundos. A cada uno le pide su consciente y responsable colaboración para caminar por la senda de la justicia y el amor”

“Allanar el camino, continúa en su mensaje el obispo, requiere esfuerzo personal de cada uno. Hacen falta ilusiones y objetivos; constancia y motivación. Un gran desafío para la cultura y la educación. Los creyentes escuchamos el mensaje y confiamos en la prometida intervención del Dios que salva, suscitando fe y esperanza para vivir el amor verdadero. “Estoy firmemente convencido de que aquel que comenzó en ustedes la buena obra la irá completando hasta el día de Cristo Jesús”, afirma san Pablo, contento y convencido del Evangelio predicado y compartido (2a L: Flp 1,4-6.8-11). Ruega por sus fieles, para que crezca el amor del pastor y de su rebaño, y así “discernir lo que es mejor”. En la senda del Adviento, roguemos que la experiencia del pueblo de Dios y el testimonio de Juan Bautista dispongan nuestro corazón para crecer en gracia y en vida comprometida de amor”.