Visita pastoral a la Parroquia de Cristo Rey

 

Del miércoles 2 al domingo 6 de septiembre, el Obispo auxiliar Sergio Buenanueva realizó la Visita pastoral a la Parroquia “Cristo Rey” de Guaymallén.

Esta jurisdicción parroquial tiene aproximadamente 9.000 habitantes; el 70 % de los cuales profesa la fe católica. La parroquia es atendida por los Padres redentoristas, quienes le han dado una fuerte impronta misionera.

La Visita incluyó distintos encuentros: con los sacerdotes, con el Consejo de Pastoral, con los catequistas, con los misioneros, con las personas de Caritas.

Fue muy interesante el diálogo del Obispo con los jóvenes. Interrogados acerca de sus principales preocupaciones, ellos señalaron el influjo de la droga y otras adicciones, como también el problema de los jóvenes y la delincuencia. El diálogo se volvió muy vivo cuando los chicos se animaron a preguntar al Obispo muchas inquietudes y problemas que hoy les preocupan. Fue un encuentro muy enriquecedor para todos.

Otra actividad destacada fue la visita a los ancianos y enfermos de un sector de la parroquia, llevando la comunión. Fue un momento de oración y de intercambio en la fe con esa porción tan valiosa de la comunidad cristiana.

La Visita culminó con la celebración de la Santa Misa, a las 11:00 horas del día domingo. Al concluir la Misa el Obispo impuso las manos y bendijo a cada uno de los niños que, en gran número, asisten a dicha celebración.

Contagiar esperanza

Por la tarde del domingo, Mons. Buenanueva participó de una iniciativa acertadísima de los curas del Decanato de Godoy Cruz: aprovechando la fiesta patronal de la Parroquia madre “San Vicente Ferrer”, las comunidades cristianas del Decanato se encaminaron hacia la plaza departamental, frente a la cual está el hermoso templo dedicado al santo.

Allí tuvo lugar una animación previa, y seguidamente la procesión y Eucaristía en el templo presidida por el obispo, que realizó el envío misionero de cada una de las comunidades en el espíritu de Aparecida y el Plan Diocesano de Pastoral.

Homilía de Mons. Sergio Buenanueva, obispo auxiliar de Mendoza – Domingo 6 de septiembre

1.
“Entonces le presentaron a un sordomudo y le pidieron que le impusiera las manos.” (Mc 7,32). Las manos de Jesús siguen actuando. Son manos inquietas. Nunca están ociosas. Son las manos del Dios que se hizo hombre para trabajar y transformar el mundo con sus manos humanas; manos que curan, consuelan, transmiten el calor y la vida de Dios.

El hombre -dice la Biblia- ha surgido de las manos del Dios alfarero que lo modeló del barro de la tierra. Somos fruto de la obra artesanal de las manos de Dios y de su aliento de vida. Dice, en efecto, el Génesis: “Entonces el Señor Dios modeló al hombre con arcilla del suelo y sopló en su nariz un aliento de vida. Así el hombre se convirtió en un ser viviente.” (Gn 2,7).

2. La Biblia describe también la actitud religiosa fundamental del hombre como una mirada dirigida precisamente a las manos bondadosas y hábiles de Dios. Así reza el Salmista: “Como los ojos de los servidores están fijos en las manos de su señor, y los ojos de la servidora en las manos de su dueña: así miran nuestros ojos al Señor, nuestro Dios, hasta que se apiade de nosotros.” (Salmo 123,2).

¡Cuántas veces nosotros mismos hemos dirigido nuestra mirada de fe a las manos de Dios, suplicándole que actúe, que intervenga con el poder de su brazo!

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