98º Aniversario de la Coronación Pontificia de la Virgen del Carmen de Cuyo

 

Celebración en la Basílica San Francisco

El pasado 8 de septiembre, Mons. José María Arancibia, presidió la celebración del 98º aniversario de la Coronación Pontificia de Nuestra Señora del Carmen de Cuyo, en la Basílica de San Francisco. La misa fue concelebrada por fray Alberto Ameri, guardián del convento y rector de la basílica.

En esta fiesta en honor a la Virgen del Carmen, patrona del Ejército de Los Andes y de las escuelas mendocinas, participaron representantes de escuelas y de las fuerzas armadas, las damas de la Cofradía Virgen del Carmen de Cuyo, la banda del Liceo General Espejo, y numerosos fieles. Terminada la liturgia la imagen de la Virgen fue transportada a la plaza San Martín, frente al templo, custodiada por personal de Gendarmería Nacional; allí se realizó un homenaje artístico.

En su homilía, Mons. Arancibia destacó la profunda e histórica devoción mariana de nuestra provincia, de esta tierra de María. Por lo tanto – dijo – “No resulta extraño, pues, que el general San Martín, movido por ese mismo amor a María, invocada con tantos nombres pero una misma fe, haya hecho la consulta mencionada por los historiadores, para determinar a quien confiaría la causa de la independencia. La Virgen del Carmen resultó providencialmente elegida, y ante su imagen las tropas presentaron su bandera y el general le confió su bastón de mando”.

El arzobispo expresó también, que el pueblo se siente acompañado por María: “La Iglesia que peregrina en Mendoza, como nos gusta decir, se reconoce profundamente mariana. A pesar de corrientes de pensamiento adversas o críticas de la fe católica, ha encontrado en María, una fuente de inspiración y de consuelo, en su largo caminar para seguir a Cristo”. Recordó el Congreso mariano celebrado en 1980, el proyecto pastoral de nuestra Iglesia, que tiene a María, como madre, modelo y estrella de la nueva evangelización; como así también los obispos en Aparecida, llamando a María: la discípula más perfecta del Señor (cf DA 266); y aún como pedagoga de la evangelización, porque nos enseña a ser hijos en su Hijo (cf DA 1).

Resaltó especialmente este año de gracia, “Este año 2009, estamos celebrando 75 años de la creación de la diócesis. Le hemos llamado: “año jubilar y misionero”. Queremos agradecer a Dios con alegría, el hecho de estar reunidos en la comunión de la fe, por el Espíritu Santo; de ser una porción del pueblo de Dios que, guiada por un sucesor de los apóstoles, crece por la Palabra y la Eucaristía para ofrecer a todos la vida en abundancia. Éste es el sentido de una diócesis o iglesia particular. Recordarlo nos anima y compromete. Vamos celebrando este Jubileo especial en diversos momentos del año, y a cada comunidad se le ha pedido: afianzar la fe gozosa que caracteriza a los discípulos de Jesucristo; y comprometerse con acciones misioneras que expresen la dicha de comunicar esa misma fe a los demás. De nuestro amor a Maria ha brotado confiar estos proyectos a la Virgen del Rosario, reconocida como señora y patrona nuestra, desde mediados del siglo XVIII (Carta pastoral 6)”.

Finalmente pidió preparar la entrega confiada de Mendoza a María.
“El momento central del año jubilar y misionero, será la fiesta patronal de Nuestra Señora del Rosario, que celebraremos el primer domingo de octubre. Para ese día, estamos invitando a todos los fieles católicos, con especial y afectuosa insistencia. Esta vez, queremos volver a realizar una dedicación o entrega confiada a María, como hicimos en el gran Jubileo del año 2000, siguiendo el ejemplo del Papa Juan Pablo II. En preparación de aquella solemne entrega que haremos el 4 de octubre, día de San Francisco de Asís, he pensado invocar aquí y ahora, a la Virgen del Carmen de Cuyo, para que nos ayude a disponer el corazón de cada mendocino para aquel momento:

Virgen del Carmen, que has mantenido en tus devotos la inquietud por la salvación eterna como vida plena en Dios: ayúdanos a superar una visión materialista de la condición humana; a descubrir nuestra dignidad de hijos de Dios, y a defenderla de cualquier daño material y espiritual; porque estamos destinados a compartir desde ahora la amistad con Dios, que es fuente de verdadera dicha y de abnegado amor fraterno, y que gozaremos consumada en el cielo, por toda la eternidad”.

Texto completo de la homilía

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