“Por ustedes y por muchos”

 

Nueva traducción del Misal Romano

Nota 1: Pbro. Lic. Carlos W. Rubia


Desde el pasado 15 de agosto hemos comenzado a utilizar la traducción del Misal romano en lengua española, editado por la Conferencia Episcopal Argentina, y que emplearán también el resto de los países de habla hispana del Cono Sur: Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay.

Aunque contiene pocos cambios perceptibles, algunos resultan significativos. Con aprobación de la Santa Sede, toda la liturgia usará el “ustedes” en vez del “vosotros”, también en las palabras de la consagración, hasta ahora excluidas de esa posibilidad.

Se dirá entonces: “Tomen y coman … esto es mi Cuerpo entregado por ustedes. Tomen y beban … este es el Cáliz … derramada por ustedes y por muchos … Hagan esto en conmemoración mía”.

El cambio quizá más evidente respecto de la traducción anterior es el que está en el corazón de la celebración: las palabras de la consagración del cáliz dirán “por muchos”, en lugar de “por todos los hombres”.

¿Por qué este cambio?

Después del Concilio Vaticano II se tradujo el Misal Romano del Latín para que los cristianos pudieran celebrar los misterios del Señor también en su propia lengua. La tarea de traducción no fue una empresa fácil. El latín tenía la seguridad y la precisión de una lengua que secularmente estaba adaptada a las celebraciones. Había que conjugar criterios lingüísticos y catequísticos. En ese momento se prefirió colocar “por todos los hombres” en lugar de la expresión “pro multis – por muchos” en las palabras de la consagración del cáliz. Los motivos eran muy importantes: la revelación bíblica nos enseña que Cristo murió por todos los hombres y las palabras “por todos” reflejarían la intención del Señor en la última cena.

Los evangelistas sin embargo dicen de la Sangre de Cristo:

* Lucas: Que se derrama por ustedes (Lc 22,20).

* Mateo y Marcos: Que se derrama por muchos (Mt 26,28 y Mc 14,24). La tradición que nos llega por medio de estos dos evangelistas es que Jesús explica el perdón que ofrece identificándose con el Siervo de los poemas del profeta de Isaías; el último de ellos concluye con las palabras “El llevó el pecado de muchos e intercedió por los rebeldes” (Is 53,12).

La expresión del Misal Romano une las dos tradiciones de las palabras del Señor, y dice de la sangre: que se derrama por ustedes y por muchos. Con estas palabras, en occidente y en oriente se han celebrado los misterios del Señor por veinte siglos.

Las lenguas modernas traducirán ahora literalmente la expresión, a fin de ser fieles a las palabras que la tradición apostólica y litúrgica nos ha trasmitido.

¿Significa esto que la Sangre de Jesús no ha sido derramada por todos los hombres?

La fe nos dice que Cristo murió por todos los hombres con expresiones muy claras:

* (Caifás) profetizó que Jesús iba a morir por la nación, y no sólo por la nación, sino para reunir a todos los hijos de Dios que estaban dispersos (Jn 11,52).

* Él es víctima de propiciación por nuestros pecados, no sólo por los nuestros, sino por los del mundo entero (1Jn 2,2).

* Porque el amor de Cristo nos apremia al pensar que, si uno murió por todos, todos por tanto murieron. Y murió por todos, para que los que viven no vivan para sí, sino para aquél que murió y resucitó por ellos (2Co 5,14-15).

* Porque se ha mostrado la gracia salvadora de Dios a todos los hombres (Tit 2,11)

¿Por qué entonces volver al por muchos?

Cómo ya se dijo, así seremos fieles a la tradición y podremos decir con San Pablo, acerca de las palabras de la consagración, “yo recibí del Señor lo que a su vez les he trasmitido…” (1Cor 11,23).

Pero además, la expresión “por muchos”, refleja un aspecto central del la fe: La salvación que nos obtuvo Cristo por su Sangre es ofrecida a todos pero requiere la aceptación del hombre. Resulta así que la vida sobrenatural no es algo impuesto a todo hombre; es don, es oferta al que muchos, ayudados por la gracia, han respondido con fe y entrega. Todos somos invitados a contarnos entre ellos.

Siempre será necesaria la catequesis para explicar las Palabras del Señor y el contenido de la fe, para provocar la conversión como respuesta a la oferta del Señor, y para celebrar cada vez mejor los misterios que significan la vida nueva que Cristo nos obtuvo por su sangre derramada.