Jornada Mundial del migrante y refugiado

 

«San Pablo migrante, ‘Apóstol de los pueblos’

El próximo 6 de septiembre celebraremos en Argentina un día especial por el migrante y refugiado, meditando sobre la preocupación de Pablo de hacer de la humanidad una sola familia, donde no haya distinción entre griego y romano, entre esclavo y libre, entre judíos y personas de otras religiones.

Aunque el año paulino haya terminado hace poco, el mensaje del Papa Benedicto XVI para la Jornada del Migrante 2009 se centra igualmente en la figura de San Pablo como el gran peregrino que, en el mundo conocido en aquel entonces, divulgó la palabra de Cristo en las culturas griegas y romanas.

La Iglesia una vez más insiste en la unidad del conjunto familiar, a pesar de que intervenga la emigración de un miembro de la familia; lo antes posible tienen que recomponerse los vínculos de amistad entre todos los integrantes de la misma.

Hay además otro factor que hay que tener en cuenta: la emigración de individuos y familias argentinas; las cifras, aunque no estén respaldadas por un censo, arrojan un saldo de 1.500.000 argentinos en el mundo; ellos también forman parte de una pastoral que va más allá de los límites de una parroquia; son hijos que han sido engendrados a la vida divina en el Bautismo recibido aquí en la geografía de nuestra tierra; la madre nunca puede olvidar a sus hijos; la madre Iglesia argentina tiene que preocuparse de los fieles que ahora, por circunstancias de la vida, viven en otras latitudes, argentina ha pasado de país inmigratorio a país con los dos componentes: inmigratorio-emigratorio.

Este año el Mensaje para la Jornada Mundial del Emigrante y el Refugiado, del Santo Padre, tiene por tema «San Pablo migrante, ‘Apóstol de los pueblos’». En el texto, el Papa remarca que, “la predicación y la obra de mediación entre las diversas culturas y el Evangelio, que realizó san Pablo «emigrante por vocación», constituyen un punto de referencia significativo también para quienes se encuentran implicados en el movimiento migratorio contemporáneo”.

El Apóstol, dice, fue un auténtico «misionero de los emigrantes», emigrante él mismo y embajador itinerante de Jesucristo, para invitar a cada persona a ser, en el Hijo de Dios, «nueva criatura» (2 Co 5, 17).

“Su vida y su predicación estuvieron totalmente orientadas a hacer que Jesús fuera conocido y amado por todos, porque en él todos los pueblos están llamados a convertirse en un solo pueblo.

También en la actualidad, en la era de la globalización, esta es la misión de la Iglesia y de todos los bautizados, una misión que con atenta solicitud pastoral se dirige también al variado universo de los emigrantes”.

El Papa Benedicto XVI, nos exhorta finalmente, “Formulo el deseo de que cada comunidad cristiana tenga el mismo fervor apostólico de san Pablo, el cual, con tal de anunciar a todos el amor salvífico del Padre (cf. Rm 8, 15-16; Ga 4, 6) a fin de «ganar para Cristo al mayor número posible» (1 Co 9, 19) se hizo «débil con los débiles..., todo a todos, para salvar a toda costa a algunos» (1 Co 9, 22). Que su ejemplo nos sirva de estímulo también a nosotros para que seamos solidarios con estos hermanos y hermanas nuestros, y promovamos, en todas las partes del mundo y con todos los medios posibles, la convivencia pacífica entre las diversas etnias, culturas y religiones.

La Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado, ha de ser para todos un estímulo a vivir en plenitud el amor fraterno sin distinciones de ningún tipo y sin discriminaciones, con la convicción de que nuestro prójimo es cualquiera que tiene necesidad de nosotros y a quien podemos ayudar (cf. Deus caritas est, 15). Que la enseñanza y el ejemplo de san Pablo, humilde y gran Apóstol y emigrante, evangelizador de pueblos y culturas, nos impulse a comprender que el ejercicio de la caridad constituye el culmen y la síntesis de toda la vida cristiana”.

Texto Completo del mensaje

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