Ordenados nuevos diáconos en Mendoza

 

Siete varones creyentes y llenos del Espíritu

El pasado lunes 17, Mons. José María Arancibia, confirió el Orden Sagrado del Diaconado a siete ministros acólitos para el servicio en la arquidiócesis.

Los nuevos diáconos son: dos seminaristas en camino al sacerdocio: Horacio Day y Ernesto Mario Fiocchetto y como diáconos permanentes a Pablo Luís Brega, Rafael Abel Coccuzza, Oscar Juan Dreidemie, Sebastián Gastón Pablo y Sergio Alberto Vallone.

Los diáconos son en la Iglesia un signo sacramental específico de Cristo servidor. Por ello y fortalecidos con la gracia del sacramento, estarán al servicio del Pueblo de Dios en el ministerio de la liturgia, la palabra y la caridad.

Mons. Sergio Buenanueva, obispo auxiliar de Mendoza, recibió la profesión de fe y juramento de los ordenandos, en la tarde del viernes 14 en la oración de vísperas celebradas en la Catedral Nuestra Señora de Loreto.

Siete varones creyentes y llenos del Espíritu

La ceremonia de ordenación, presidida por Mons. José María Arancibia, estuvo revestida de la solemnidad y emoción propia de la alegría que brota por estos nuevos servidores para la Iglesia de Mendoza. Unos tres mil fieles se congregaron en el santuario de Nuestra Señora de Lourdes, en El Challao, para acompañar y celebrar este gozoso acontecimiento.

El arzobispo en su homilía, recordando la frase del libro de los Hechos (6,1-7), “Siete varones creyentes y llenos del Espíritu”, expreso que ésta, se consideraba referida a la institución de los primeros diáconos – y dijo – “Me complace recordarla hoy aquí, al convocar como obispo de la Iglesia en Mendoza a otros siete varones para el ministerio diaconal. Estoy seguro que ellos han respondido a este llamado, movidos por la fe y la gracia del Espíritu Santo. Aun cuando en este momento, sienten seguramente en su corazón cierta debilidad y temor. Es propio de la reverencia que nos merecen los dones maravillosos de la gracia divina”.

Mons. Arancibia comparó la situación de la primera Iglesia y la de hoy. Aunque era diferente, destacó algunos aspectos comunes, que mueven a la oración y a la confianza, como es dedicar tiempo y energía a la predicación, a la oración, y especial atención a los pobres.

“Esta diócesis – agregó - que se alegra de cumplir sus primeros 75 años, ha sentido el soplo del Espíritu que la anima desde dentro: a valorar el tesoro de la fe en Jesucristo, y a llevar la Buena Noticia del Evangelio a cuantos no lo conocen, o no tienen aún la convicción para vivirlo. Quiere profundizar la experiencia de haber conocido a Jesús, a fin de ofrecer a todos la vida que Él ha traído al mundo, y así crecer en la comunión del amor verdadero. Además, nos duele profundamente la situación grave de pobreza. En nuestro proyecto pastoral hemos reconocido un deterioro social de precio muy alto, y recogimos algunos indicadores. La fe cristiana impulsa de veras una tarea de promoción humana, pero no en cuanto es debido y necesario”. (cf PDP pág 52-53).

Manifestó su alegría por tener nuevos servidores de la Palabra y de los pobres: “Sus corazones serán consagrados por el Espíritu con la imposición de manos, para infundir en ellos los dones que la misión requiere. Esa es nuestra esperanza cierta”.

Finalmente hizo una entrega confiada a María, orando junto a toda la comunidad para que nuestra Madre, maestra de fe, de caridad, de humildad, y del servicio oculto, nos enseñe a: escuchar y a anunciar con fe la Palabra, a entregarse al servicio del Pueblo de Dios, a la grandeza de hacerse pequeños y la alegría de servir en la Iglesia con ardiente amor.

“En este año jubilar diocesano – dijo - elevo con ustedes esta suplica confiada a María, patrona nuestra, para que estos nuevos siete diáconos vivan desde hoy llenos de los dones maravillosos del Espíritu Santo”.

Texto completo de la homilía

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