Misa en Memoria del P. Jorge Contreras

 

24 de agosto de 2009 – 20:00 horas

El lunes 24 de agosto, a un año del fallecimiento del P. Jorge, Mons. José María Arancibia, presidirá la santa Misa en su memoria y recuerdo agradecido, a las 20:00 horas en el templo parroquial de Virgen Peregrina, en el Barrio La Gloria.

En la Eucarística, donde celebramos los misterios de la Fe, memoria del sacrificio pascual, se recordará el paso de este hombre de Dios que sigue caminando con nosotros, por su ejemplo de vida, por su amor a la Iglesia y a los más necesitados.

En su homenaje recordamos parte de las palabras del Testimonio Mons. Arancibia, al despedir al P. Jorge Contreras en agosto de 2008:

“El padre Jorge fue por encima de todo, un hombre de Dios. No sé si todos pueden y se disponen a reconocerlo así. Para mi y para la Iglesia, fue un cristiano cabal, cuya fe en Jesucristo lo movió y guió en su amor al pueblo; sobre todo, a darse a los más pobres y dolientes. Jesús prefirió a los pobres, pecadores y enfermos, como signo de un amor grande, gratuito y misericordioso. Así lo enseñó a sus discípulos y seguidores. Estoy seguro que Contreras, siguiendo el mandato de Jesús, lo quiso encontrar a Él en quienes carecían de bienes materiales y espirituales. Como buen sacerdote, quiso ofrecer a todos no sólo ayuda o consejo, sino la Palabra de Dios, el Pan de la Eucaristía, y el perdón de los pecados.

En este hermano, pues, respeto y reconozco: a un hombre amigo de los más pobres y sufridos; a un auténtico creyente, y a un sacerdote de Jesucristo. Como también a un fiel hijo de la Iglesia Católica. Un servidor generoso y entregado en muchas tareas apostólicas que la Iglesia le confió. Con libre honestidad, tomó parte en situaciones de conflicto, cargadas de desencuentros e incertidumbres dentro de la misma Iglesia. Admiro que siempre supo jugarse por sus convicciones. Sin embargo, nos dio ejemplo de respeto y serenidad frente a las diversas posturas y tendencias. De fidelidad a su vocación sacerdotal, y a la atención debida al pueblo de Dios. De comunión fraterna y filial con los pastores de la Iglesia.

La memoria de este padre bondadoso y hermano muy querido, seguramente hace brotar muchas lágrimas de dolor, de emoción y de gratitud. Desafiando su modestia, damos gracias a Dios, que nos ha regalado este signo de Su presencia viva y eficaz. Si bien, no sólo queremos guardar en la memoria y el corazón, el recuerdo de su paso, sino el intenso deseo de imitar su bondad y sus virtudes, que han sido como el paso de Jesús y de su Evangelio en medio nuestro”.