Es más grande el que sirve

 

Homilía de Mons. Sergio Buenanueva. Celebración de Santiago Apóstol - 25 de julio

1.
“Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero que se haga su esclavo” (Mt 20,26).

La figura del Apóstol Santiago es un espejo en el que podemos ver reflejada la verdad evangélica de estas palabras.

Santiago es de los primeros discípulos de Jesús, llamados junto al mar de Galilea. Con su hermano Juan y Simón Pedro conforma el círculo más íntimo de Jesús, testigo de la Transfiguración y Getsemaní.

En los Hechos de los Apóstoles, aparece ocupando un lugar destacado en la comunidad de Jerusalén. Allí también se nos ofrece el escueto relato de su martirio: “Por aquel entonces, el rey Herodes hizo arrestar a algunos miembros de la Iglesia para maltratarlos. Mandó ejecutar a Santiago, hermano de Juan” (Hch 12,1-2). Consagró con su martirio “las primicias de la predicación apostólica”, recuerda la liturgia de hoy (cf. oración colecta).

2. En un punto de este itinerario personal de fe tiene lugar la escena que hemos escuchado, y que podemos llamar: la conversión de Santiago. Más precisamente, después de la Transfiguración; y de que Jesús, tres veces, anunciara su pasión en Jerusalén. En este contexto, la madre de los Zebedeo suplica: “Manda que mis dos hijos se sienten en tu Reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda” (Mt 20,21).

“«No saben lo que piden», respondió Jesús. «¿Pueden beber el cáliz que yo beberé?». «Podemos», le respondieron” (Mt 20,22).

La respuesta de Jesús no es ni un reto ni un reproche. Es una invitación a profundizar el seguimiento, llevando aquel “sí” junto al mar de Galilea, a su pleno cumplimiento. La expresión es elocuente: “beber el cáliz que yo beberé”. La repetiremos enseguida, al poner las ofrendas sobre el altar. En el lenguaje bíblico, esto quiere decir: compartir el mismo destino, hasta la plena comunión e identificación de las personas.

3. Jesús pronuncia a continuación las palabras que venimos comentando: “Ustedes saben que los jefes de las naciones dominan sobre ellas y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero que se haga su esclavo: como el Hijo del hombre, que no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud” (Mt 20,25-28).

Confronta así dos modos muy diversos de pararse frente a la vida y de encarar las relaciones humanas: o dominadores o servidores.

Es interesante que San Lucas haya colocado esta escena en el contexto de la última cena, como preámbulo de la institución de la Eucaristía y en cercanía inmediata con la Pasión. “¿Quién es más grande -se pregunta Jesús-, el que está a la mesa o el que sirve? ¿No es acaso el que está a la mesa? Y sin embargo, yo estoy entre ustedes como el que sirve” (Lc 22,27).

4. Dios mismo se posiciona así frente al hombre, su creatura: como servidor, como esclavo, dirá San Pablo (cf. Flp 2,6-11), no como dominador. En Jesús, la verdad de Dios resplandece ante los ojos humanos como amor humilde y servidor, crucificado y salvador.

Esta es la gran conversión que comienza a crecer en el corazón de Santiago: renunciar a criterios de dominio, para aprender a encarar la vida como servicio, como don total y sincero de sí mismo, a semejanza del Maestro. Santiago comienza a vivir según Dios, según el humilde pero eficaz modo de servir y amar del Dios amor. Una opción verdaderamente inteligente.

El martirio en Jerusalén será el sello de este camino de conversión, cuya meta es la plena configuración con Aquel que “no ha venido a ser servido, sino a servir, y a dar la vida en rescate por la multitud” (Mt 20,28).

5. Nuestra Iglesia diocesana está celebrando los 75 años de su creación con un Jubileo misionero. Hoy se mira en el espejo de su santo Patrono: el Apóstol Santiago. Su patronazgo es una gracia, una llamada y una misión.

Un Jubileo es siempre tiempo de reforma de la propia vida. Y nuestro Jubileo diocesano no sería pleno si faltara este deseo sincero de conversión personal y comunitaria.

¿Qué nos enseña el Patrón Santiago al respecto?

Mirando el entorno que nos rodea, la sociedad de la que formamos parte, la cultura que vamos edificando día a día, podemos decir: nuestra fe en Jesucristo, inspirándose en el modelo del Apóstol Santiago, nos está invitando a vivir intensamente el evangelio del don, del servicio y de la gratuidad.

Es mucho más que una actitud o una conducta. Es todo un modelo de humanidad nueva, de ser hombres y mujeres según Dios, a imagen de Cristo, que siendo rico se hizo pobre (cf. 2Co 8,9), se hizo servidor de todos.

6. Nuestro Salvador ha querido que su familia visible, la Iglesia, se rija por esta ley: es más grande el que sirve. Pero es también una gran aportación que los hombres y mujeres de fe podemos hacer a la sociedad mendocina.

Ya en ella hay testimonios elocuentes de esta lógica auténticamente humana que antepone el don, la gratuidad y el servicio a los criterios del poder, del dominio y de la exaltación del propio yo. Pienso, por ejemplo, en la labor desinteresada de tantos hombres y mujeres que están en la primera línea de batalla por la salud de nuestro pueblo, de nuestros niños, ancianos y enfermos. Lo hemos visto en estos días.

Pienso en las múltiples iniciativas de personas e instituciones (religiosas, de la sociedad civil u oficiales) para ofrecer un futuro de esperanza a nuestros jóvenes, especialmente a los marginados. Las más de las veces, reeditando aquella lucha entre David y Goliat. ¿Quién no se ha sentido así alguna ante el avance abrumador de la droga, del descontrol en las adicciones, de la imposición de modelos de vida seductores, pero que no dejan de mostrarse fatuos, banales y, en definitiva, destructores? Sin embargo, contra toda lógica materialista, el espíritu del hombre resiste, lucha y aprovecha la mínima condición para que la vida triunfe sobre la muerte.

Pienso también en los esposos que se abren generosamente a la vida, con la convicción de que los hijos no son una carga o una molestia, sino una bendición de Dios y una expresión de confianza en la belleza de la vida.

Aquel: “entre ustedes no debe ser así, el que quiera ser grande que se haga servidor”, pronunciado por Jesús, está inscrito en lo más hondo del corazón humano. Al mirar hoy, como creyentes y ciudadanos, la figura del Patrón Santiago, tenemos la oportunidad de volver a escuchar estas palabras y convertirnos a ellas.

Así sea