De Pablo de Tarso al Cura de Ars

 

Por Mons. Sergio O. Buenanueva, obispo auxiliar de Mendoza

La clausura del Año paulino ha coincidido prácticamente con la inauguración del Año sacerdotal, al cumplirse el 150 aniversario de la muerte del Santo Cura de Ars.

Pablo de Tarso le ha pasado la posta a Juan María Vianney. El Apóstol al Cura párroco.

Pablo vivió en el siglo I. Murió alrededor del año 64 DC. El Cura de Ars en el siglo XIX, cuando el cristianismo era ya añejo. ¿Qué puede haber de común entre ambos? ¿Qué pueden decirnos dos figuras tan lejanas a nosotros, creyentes y sacerdotes del siglo XXI?

La Iglesia es tradición viva. De generación en generación, los cristianos transmitimos lo que somos y lo que inspira nuestra vida. Transmitimos aquella Palabra, de la que dice San Juan que se hizo carne, y cuya gloria hemos contemplado, llena de gracia y de verdad: Jesús el Cristo, el Unigénito de Dios venido en carne.

Cristo, la Palabra, vive y habla en la vida de quien cree en Él. Cristo es inseparable de los cristianos, de su vida y de su fe.

En la discontinuidad de los tiempos y en la diversidad de circunstancias, el Apóstol Pablo y el Párroco Juan María son portadores de un mensaje vivo para los sacerdotes de hoy.

“Te recomiendo que reavives el don de Dios que has recibido por la imposición de mis manos”, decía Pablo a Timoteo (cf. 2Tim 1,6). Es también el mensaje que el Papa ha querido mandar a los sacerdotes católicos en este comienzo del siglo XXI.

Reavivar el don recibido. ¿De qué don se trata? Es mucho más que una función a favor de la comunidad cristiana. Es una identificación sacramental con Cristo que toca el ser mismo del sacerdote. Una misión que transforma a la persona. Una identificación sacramental que, por su propio dinamismo, busca transformarse en una configuración existencial con el Buen Pastor. Algo similar a lo que ocurre ya con el bautismo.

El amor a Cristo, y el amor de Cristo por los hombres. Un único y mismo amor presente en la vida del sacerdote. Así fue en Pablo. Así también el Cura de Ars. Así también en nuestra vida sacerdotal. Con este hilo, fino y firme a la vez, está tejida la vida de todos los pastores, de Pablo a nosotros, pasando por el Cura de Ars.

Pablo de Tarso le ha pasado la posta a un párroco. La pasión apostólica de Pablo ha sido revivida en la humildad del servicio de un cura por su pueblo. Como en sus mejores épocas, el sacerdocio católico está llamado a revivir esta pasión misionera de Pablo, su entrega total al Evangelio de Cristo, su dedicación hasta el agotamiento a la transmisión de la Palabra. Un sacerdocio eminentemnte pastoral y misionero.

¡Feliz el servidor a quien su Señor encuentre en este empeño cotidiano!