Celebración diocesana de Corpus Christi

 

“La Iglesia es tu casa, la Eucaristía nuestra mesa”

Alabando al Señor, orando con ánimo agradecido por su promesa de estar con nosotros hasta el fin del mundo, unas dos mil personas participaron el pasado fin de semana de la solemne celebración del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, frente a la basílica San Francisco, de nuestra ciudad.

La Eucaristía estuvo presidida por el arzobispo de Mendoza, Mons. José María Arancibia, junto al obispo auxiliar, Mons. Sergio Buenanueva y los vicarios generales de la arquidiócesis, Pbros. Gerado Aguado y Daniel Forconesi. Se contó con la presencia de numerosos sacerdotes, seminaristas, y los monaguillos de las distintas comunidades, invitados especiales por su servicio a la mesa del Señor.

El altar se ubicó en atrio de la basílica, frente a la plaza San Martín, donde los miles de fieles participaron de la santa Misa y posterior procesión de adoración al Santísimo, alrededor de la plaza.

La homilía estuvo a cargo del obispo auxiliar, Mons. Buenanueva, quién destacó la importancia de la veneración de los sagrados misterios del Cuerpo y la Sangre de Cristo, y que podamos - dijo - experimentar siempre en nosotros el fruto de la redención. “Venerar” significa - expresó - reconocer la presencia sagrada de Dios en la vida con un acto de adoración. Veneramos los misterios de nuestra redención cuando celebramos la Eucaristía con una fe viva por el amor, y cuando el acto litúrgico se prolonga en la vida. Este es el culto que Dios quiere”.

Nos llamó a valorar este fruto que la Eucaristía nos ofrece, como vino generoso en un cáliz rebosante, es Cristo mismo, nuestra esperanza, ”¡La Eucaristía es el sacramento de la libertad de Cristo que se ofreció al Padre, que entregó su Cuerpo y derramó libremente su Sangre para la reconciliación de la humanidad herida! ¡La Eucaristía es escuela de libertad y de esperanza para los discípulos de Cristo!”.

Se refirió también a la misión de ofrecer al mundo razones valederas para vivir y para esperar. Todas esas razones se compendian en un solo Nombre: Jesucristo, Pan vivo para la vida del mundo. (Ver texto completo en nota siguiente).

Finalizada la liturgia de la Eucaristía, se realizó en torno a la plaza la procesión con el Santísimo Sacramento, en ésta, se ubicó en primer lugar la cruz, seguida del Santísimo, los obispos, presbíteros, diáconos, los monaguillos con cirios encendidos y la imagen de la patrona de Mendoza, la Virgen del Rosario, y toda la asamblea.

Se efectuaron cuatro momentos de oración iluminados por el lema de la celebración: “La Iglesia es tu casa, la Eucaristía nuestra mesa”. Dio inicio alabando al Señor por su presencia entre nosotros, luego se elevó una acción de gracias por los dones otorgados a lo largo de los 75 años de vida nuestra diócesis, y se oró suplicando su compañía en los importantes desafíos que reconocemos hoy como Iglesia.

Se concluyó dirigiendo la mirada y el corazón a Cristo, presente sacramentalmente en medio nuestro. Lo adoramos junto a nuestra Madre reconociendo que somos enviados al mundo a vivir la Eucaristía como el sacramento de la Esperanza, ella nos anima en el camino y nos alienta a anunciar esta esperanza a nuestros hermanos acompañados por Jesús que nos parte el pan.