Nuestro encuentro con el Papa

 

Roma, 27 de marzo de 2009

A los fieles católicos -pastores, ministros, consagrados y laicos- y comunidades de la Iglesia diocesana de Mendoza:

Permítannos compartir con ustedes un testimonio de fe, para que nuestra comunión se acreciente en la caridad.

El jueves 26 de marzo, a las 11:00 horas, fuimos recibidos por el Santo Padre Benedicto XVI en audiencia privada. Nos acompañaron en el saludo inicial, los PP Mariano Cinquemani y Diego Resentera, sacerdotes de Mendoza que se encuentran cursando estudios superiores de teología en Roma.

Después de los saludos y las fotos, el Santo Padre nos pidió que ubicáramos Mendoza en el mapa de Argentina. A partir de ahí, la conversación transcurrió fluida, abarcando diversos temas. Ante todo, le hicimos llegar el saludo y el cariño de los católicos mendocinos. Le manifestamos nuestra gratitud por su enseñanza y nuestra adhesión a su persona, habida cuenta de las dificultades que hoy se presentan.

Los puntos centrales de nuestro diálogo tuvieron que ver con la vida de la Iglesia y su acción pastoral. Le manifestamos que nuestro empeño evangelizador está centrado en la renovación de la fe en Jesucristo, expresado en nuestro Plan de Pastoral. Recordó, en este contexto, el mensaje lleno de esperanza de Aparecida para todo el continente.

Hablamos un poco de la vida de los sacerdotes y los desafíos que hoy tiene su misión pastoral. También del Seminario y de los seminaristas.

Un tema sobre el que se interesó particularmente fue el de la educación católica. Le llamó la atención que hubiera en la diócesis alrededor de 60 colegios católicos.

Nos preguntó por la acción de otros grupos religiosos y sectas. Se mostró realmente preocupado por un fenómeno que se difunde por todas partes. Le hablamos de la religiosidad popular, y de nuestro empeño por fortalecer la fe de nuestro pueblo.

Nos preguntó por la situación de la catequesis. Le contamos de nuestra preocupación por fortalecer la acción pastoral en este campo. Nos alentó mucho a profundizar en una formación integral, seria y profunda de los catequistas.

Se mostró también muy interesado y preocupado por la situación de la familia en Mendoza y Argentina. Compartimos la preocupación que nos despierta la profunda crisis de valores que vivimos. Nos alentó a fortalecer a las familias cristianas para que puedan darse apoyo unas a otras, en medio de un ambiente cultural difícil.

Nos preguntó por la situación económica y social de Mendoza. Le hablamos del cultivo de la vid y de la industria del vino, y de lo que esto significa para los mendocinos. “Los vinos argentinos y chilenos son famosos”, señaló. Recordaba también la crisis de 2001. Señalamos que, junto a la superación de muchas dificultades, nos preocupa mucho la salud de nuestra democracia. El Santo Padre, en este punto, nos instó a trabajar por una renovación espiritual y moral de la sociedad, a fin de afrontar estos retos.

Al ir concluyendo, le pedimos la bendición para la diócesis. Él mencionó especialmente el Seminario, los sacerdotes y religiosos.

Este encuentro personal con el Obispo de Roma es uno de los objetivos fundamentales de la visita “ad limina”. Para un obispo y su misión apostólica significa mucho. Es recibir la confirmación del sucesor del Apóstol Pedro, para continuar con la misión recibida. Es un gesto que fortalece la comunión en la gran Iglesia de Cristo.

El Santo Padre lucía muy sereno y atento. Acababa de llegar de África. Un sacerdote argentino que trabaja en la Secretaría de estado y en las ceremonias pontificias, y que lo había acompañado, nos contó que, sobre todo, en la última etapa del viaje (Angola), el calor era agobiante. Sin embargo, al Papa lo encontramos muy bien, repuesto y -como decíamos arriba- muy atento a nuestra conversación. Cuando le preguntamos por el viaje a Camerún y Angola se le iluminó el rostro: “una fiesta de la fe”. Nos contó como crece la Iglesia en África, “continente de la esperanza”, como América latina, añadió.

Queridos amigos de Mendoza: mientras prosigue el ritmo de encuentros y celebraciones, propio de la visita “ad limina”, los tenemos muy presentes en nuestra oración y afecto. Les prometemos algunos testimonios más, sobre todo, de la peregrinación a las tumbas de los Apóstoles Pedro y Pablo.
¡Hasta pronto!

+ José María Arancibia
+ Sergio O. Buenanueva