Acercamiento a la Carta del Santo Padre a los obispos

 

Por Pbro. Marcelo De Benedectis

En el momento de la elección del entonces cardenal Ratzinger como Benedicto XVI, una de las preguntas que se hacía era si Ratzinger sería capaz de unir a su erudición teológica la paternidad propia del ministerio del Obispo de Roma, que une en la caridad a todas las Iglesias. Han pasado cuatro años de esta inquietud. La Carta dada a conocer el día 12 de marzo nos hace aparecer el Papa en toda la paternidad de su ministerio.

Es una carta directa, sincera, novedosa. Nos presenta el Papa que analiza, reflexiona, aclara, orienta, educa. Es una carta humilde en reconocer desaciertos y muy valiente para afianzar la paz en la Iglesia. Es una carta muy luminosa para quien tenga la necesaria benevolencia al leerla, sin la cual ningún contenido es comprensible.

Trataré de acercar los contenidos fundamentales de esta carta, que teniendo como fondo la remisión de la excomunión a los cuatro Obispos ordenados por Mons. Marcel Lefrebve, sin embargo, ilumina el camino de la Iglesia hoy. ¿Qué escribe el Papa a los Obispos? Destaco cuatro núcleos fundamentales: 1. La situación planteada, 2. El contenido doctrinal a tener en cuenta, 3. Las prioridades pastorales de la Iglesia y 4. Las actitudes en la Iglesia

1. La situación planteada

Considerando la remisión de la excomunión a los cuatro Obispos el Papa junto al gesto de misericordia se pregunta sobre la oportunidad de la misma. Al mismo tiempo se dieron algunos temas concomitantes: acusar al Papa de volver atrás de la época Conciliar, desconociendo las orientaciones del mismo Concilio y poniendo entre paréntesis el empeño ecuménico y el diálogo interreligioso, esto último por las declaraciones del Obispo Williamson. Además el Papa se detiene en las reacciones que se suscitaron dentro y fuera de la Iglesia.

2. El contenido doctrinal a tener en cuenta

"La excomunión afecta a las personas, no a las instituciones". Es preciso distinguir entre el plano disciplinar, que concierne a las personas en cuanto tales, y el plano doctrinal, en el que entran en juego el ministerio y la institución. Hasta que las cuestiones relativas a la doctrina no se aclaren, la Fraternidad San Pío X no tiene ningún estado canónico en la Iglesia, y sus ministros, no obstante hayan sido liberados de la sanción eclesiástica, no ejercen legítimamente ministerio alguno en la Iglesia. A la luz de esta situación, asociará próximamente la Pontificia Comisión "Ecclesia Dei", a la Congregación para la Doctrina de la Fe. Con esto se aclara que los problemas que deben ser tratados ahora son de naturaleza esencialmente doctrinal, y se refieren sobre todo a la aceptación del Concilio Vaticano II y del magisterio postconciliar de los Papas.

Junto a esta clarificación el Papa se pregunta: "¿Era necesaria tal iniciativa? ¿Constituía realmente una prioridad? ¿No hay cosas mucho más importantes?" Retoma las líneas trazadas en sus prioridades al inicio de su Pontificado y para ello cita las palabras del Señor en el Cenáculo a Pedro: "Tú... confirma a tus hermanos" (Lc 22,32). Y a 1 Pe 3,15: "Estad siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere". Y se sitúa en la situación de la fe en nuestro tiempo, fe que está en peligro de apagarse como una llama que no encuentra ya su alimento, así la prioridad que está por encima de todas es hacer presente a Dios en este mundo y abrir a los hombres el acceso a Dios, al Dios en cuyo rostro reconocemos el amor llevado hasta el extremo en Jesucristo crucificado y resucitado.

3. Las prioridades pastorales de la Iglesia

Desde una mirada de pastor dirá: "El auténtico problema en este momento actual de la historia es que Dios desaparece del horizonte de los hombres y, con el apagarse de la luz que proviene de Dios, la humanidad se ve afectada por la falta de orientación, cuyos efectos destructivos se ponen cada vez más de manifiesto. Conducir a los hombres hacia Dios, hacia el Dios que habla en la Biblia: Ésta es la prioridad suprema y fundamental de la Iglesia y del Sucesor de Pedro en este tiempo. De esto se deriva, como consecuencia lógica, que debemos tener muy presente la unidad de los creyentes. En efecto, su discordia, su contraposición interna, pone en duda la credibilidad de su hablar de Dios."

Y desde esta perspectiva el Santo Padre afirma. "Por eso, el esfuerzo con miras al testimonio común de fe de los cristianos –el ecumenismo- está incluido en la prioridad suprema. A esto se añade la necesidad de que todos los que creen en Dios busquen juntos la paz, intenten acercarse unos a otros, para caminar juntos, incluso en la diversidad de su imagen de Dios, hacia la fuente de la Luz. En esto consiste el diálogo interreligioso. Quien anuncia a Dios como Amor "hasta el extremo" debe dar testimonio del amor. Dedicarse con amor a los que sufren, rechazar el odio y la enemistad, es la dimensión social de la fe cristiana, de la que habló en la Encíclica Deus caritas est.

Por tanto, si el compromiso laborioso por la fe, por la esperanza y el amor en el mundo es en estos momentos la auténtica prioridad para la Iglesia, entonces también forman parte de ella las reconciliaciones pequeñas y medianas dentro y fuera de la Iglesia.

4. La actitudes en la Iglesia

Llama mucho la atención las duras expresiones que usa el Papa para expresar las actitudes dentro de la Iglesia, como él mismo dice: "Me ha entristecido el hecho de que también los católicos, que en el fondo hubieran podido saber mejor cómo están las cosas, hayan pensado deberme herir con una hostilidad dispuesta al ataque. Justamente por esto doy gracias a los amigos judíos que han ayudado a deshacer rápidamente el malentendido y a restablecer la atmósfera de amistad y confianza". Y al final de la Carta citando a san Pablo: Ga 5,13-15, percibe con sorpresa la inmediatez con que las frases usadas nos hablan del momento actual: "No una libertad para que se aproveche el egoísmo; al contrario, sean esclavos unos de otros por amor". Porque toda la ley se concentra en esta frase: "Amarás al prójimo como a ti mismo". Pero, atención: que si se muerden y devoran unos a otros, terminarán por destruirse mutuamente". Desgraciadamente, dirá el Papa, este "morder y devorar" existe también hoy en la Iglesia como expresión de una libertad mal interpretada. Y se pregunta sobre la necesidad de que debamos aprender nuevamente el justo uso de la libertad, y que una y otra vez debamos aprender la prioridad suprema: el amor.

La Carta concluye confiando en Maria este tiempo de la Iglesia, agradece todas las oraciones y palabras de consuelo y ruega al Señor que nos proteja a todos nosotros y nos conduzca por la vía de la paz.

Es una Carta que nos acerca más a la persona de Benedicto XVI, nos ayuda a clarificar la situación planteada con la remisión de las excomuniones, nos urge a la evangelización y es un llamado a la comunidad creyente a crecer y a vivir el amor fraterno.