Manos a la Obra. Proyecto Solidario Universitario

 

Nota: Pastoral Universitaria

La simplicidad de las Obras


“Son cosas chiquitas. No acaban con la pobreza (…) pero quizá desencadenen la alegría de hacer, y la traduzcan en actos. Y al fin y al cabo, actuar sobre la realidad y cambiarla aunque sean un poquito, es la única manera de probar que la realidad es transformable”.
(Galeano)

Compartir con personas de la tercera edad, educar en valores, ayudar a un grupo de jóvenes, tomar la presión y educar en la salud, pintar una escuela, reparar la instalación eléctrica de un hogar, armar una canchita para que jueguen los chicos del barrio, capacitar microemprendedrores y mucho más. Son cosas chiquitas, simples, pequeñas acciones pero con un fin grande: amar al prójimo desde el propio ser universitario, desde la propia vocación.

Este es sin duda uno de los principales objetivos que guía el proyecto solidario “Manos a la Obra”, impulsado por tercer año consecutivo por la Pastoral Universitaria de la Arquidiócesis de Mendoza. Así fue como del 26 al 30 de diciembre, cerca de 265 jóvenes universitarios construyeron el Reino de Dios mediante acciones concretas, poniendo sus talentos y sus vidas al servicio de los demás.

Los estudiantes agrupados por carreras, pensaron y aplicaron sus proyectos en el departamento de Lavalle, en las zonas de Asunción, Costa de Araujo y Villa Tulumaya.

“Confirmé que enseñar y transmitir lo que uno sabe para ayudar a crecer a los demás es hermoso, y hacerlo desde el Amor Cristiano le da un sabor aún más duradero La gente respondió excelente, luego algunos más se unieron por el entusiasmo de los que ya habían ido”, comentó Diego Bosín, estudiante de Ingeniería en Sistemas que participó del proyecto de capacitación informática en Villa Tulumaya.

Para Julieta Lelio, estudiante de Letras, fue “una experiencia muy bella e inquietante (…) donde no importo zona, parroquia, facultad, sólo poner mucho esfuerzo para tratar de construir en Lavalle, a la luz de Cristo, nuestra Iglesia.”


Además de brindar un servicio concreto, los estudiantes, compartieron tiempos de oración y reflexión en torno al lema “Solidarios en Cristo, unamos nuestras manos”. Son pocos los espacios que muchas veces se tienen para pensar lo propio, para analizar el por qué y el para qué de las opciones hechas; por eso, durante el proyecto, se busca reservar momentos en los cuales los estudiantes puedan volver sobre lo que hacen de una manera reflexiva que les permita encontrar el fundamento y los valores sobre los cuales quieren edificar sus vidas y su futura actividad profesional. A su vez, lo que se trabaja y se piensa, se propone llevarlo a la oración, para aquellos que buscan un camino que una su vida con la fe que profesan. De este modo, los momentos de encuentro con Jesús en la oración y en la eucaristía sirven de sustento y fundamento del encuentro con el prójimo.

La solidaridad no quedó sólo en nuestra provincia sino que, a partir de la experiencia compartida en el año 2007 con las delegaciones de Pastoral Universitaria de las diócesis de San Isidro y Tandil, Manos a la Obra cruzó las fronteras de nuestra región. Además este año, se sumaron estudiantes de las Pastorales de Santa Fé y de Avellaneda- Lanús.

Manos a la Obra quiere ser una forma de servicio a la sociedad pero teniendo puesta la mirada en Cristo. Por eso, desde él y para él queremos como jóvenes universitarios llegar a cada uno de nuestros hermanos y estar atentos a cada una de sus necesidades. Son muchas las obras que quedan por realizar pero sabemos que desde Cristo se alcanzarán.

Testimonios

Julieta Lelio – estudiante de Letras


“Contar lo que fue Manos 08 requiere necesariamente una actitud de agradecimiento ante la posibilidad de vivir en comunidad el servicio a Cristo, ya que esta posibilidad es una bendición de nuestro Señor.

Ha sido una experiencia muy bella e inquietante vivir estos días compartidos en Manos, donde no importo zona, parroquia, facultad, sólo importo poner mucho esfuerzo para tratar de construir en Lavalle, a la luz de Cristo, nuestra Iglesia.

Durante el tiempo que pusimos nuestras manos para tratar de ser instrumento, ante una realidad que la reclama necesariamente, fui bendecida con la posibilidad de servir, fuimos bendecidos con la posibilidad de dar.

Manos a la obra perpetuó el milagro de un Cristo entregado, de un Cristo amante, que sale al encuentro de sus hermanos, y de un Cristo que nos llama.

Cuando la realidad parece superarnos observar la llama del amor de Dios, que inunda corazones, que nos empapa de la necesidad de ser misioneros, que nos interpela a servir, nos desborda de esperanza.

Manos a la Obra sencillamente fue una experiencia inefable del amor de Dios, fue una experiencia que nos reclama e interpela a seguir actuando por Él y hacia Él, a seguir tratando de construir el Reino de Dios, a mirar hacia lo alto para comprender el mensaje de amor que debemos construir en nuestra sociedad. Manos me devolvió la esperanza de seguir este camino que recién comienza, y que nos insta a ser conscientes de la necesidad de ser profesionales solidarios, comprometidos con la dignidad humana, comprometidos con Cristo.

Fui muy feliz por ver también a esas cuatro personitas que ofrendan su vida, que la entregan enteramente para perpetuar el mensaje de Su amor.

El amor de Dios es la síntesis más hermosa del amor de Cristo, ojalá seamos conscientes de la necesidad de perpetuarlo.
"Quien no vive como piensa, acaba pensando como vive.”


Diego Bosín – estudiante de Ingeniería en Sistemas

“Cuando alguien me pregunta qué hice este fin de semana y les cuento, no puedo evitar que mi piel se ponga crespa como la de una gallina, que mi corazón lata más fuerte y mis ojos brillen. Cualquiera que no supiera el contexto de mis palabras hasta diría que estoy enamorado, y no se equivocaría... Dios hace que me enamore cada día más de su propuesta de vida.

Resumiendo un poco lo vivido, el viernes llegamos y no teníamos ni un inscripto, teníamos muchas pilas pero nos comimos tremendo bajón por la noticia. Ese día Dios nos enseño que no siempre las cosas se plantean fáciles, que no siempre nuestras estructuras dan los resultados que queremos, y que no somos autosuficientes. Nos pusimos en sus manos y el sábado fuimos a difundir golpeando casa por casa. 25 hermanos Lavallinos se entusiasmaron con el proyecto de informática. Ese nuevo día Dios nos demostró que con paciencia, Fe y uniendo fuerzas las cosas funcionan.

Sentí que el viernes había sido un hombre de poca Fé al bajonearme por muy poco.

Sábado y Domingo confirmé que enseñar y transmitir lo que uno sabe para ayudar a crecer a los demás es hermoso, y hacerlo desde el Amor Cristiano le da un sabor aún más duradero. La gente respondió excelente, luego algunos más se unieron por el entusiasmo de los que ya habían ido. Realmente me llenó el corazón ver gente queriendo progresar.

Algo adicional y más bien personal es que este fin de semana confirmé que dentro de mi profesión quiero hacerme un espacio explícitamente para la docencia.

¡Cuánto crece uno cuando va por el camino de Dios! ¿no?, fueron sólo dos días y cuantas cosas aprendí para mi vida.

Para no ser más extenso ni aburrirlos, quiero dar un GRACIAS gigante a todas las personas que pusieron su esfuerzo desinteresadamente para que Manos a la Obra se hiciera posible una vez más, a cada uno que compartió su Cristo inmenso conmigo en tan pocas horas.

Les pido desde el fondo de mi corazón que nunca dejen de soñar. Soñar es uno de los motores más importantes de la vida, y Manos a la Obra es un sueño hecho realidad.

El Amor de Cristo todo lo transforma, sigamos juntos caminando de la mano dibujando sonrisas en nuestros hermanos.”