Santificados y enviados

 

Tres nuevos sacerdotes para la Iglesia en Mendoza

En la mañana del sábado 6 de diciembre, en la Eucaristía celebrada en el Santuario Nuestra Señora de Lourdes, de El Challao, Mons. José María Arancibia, consagró presbíteros a los diáconos Javier Alejandro Gibeaud, Raúl Adolfo Gómez y Martín Horacio Guzmán.

La santa misa fue concelebrada por el obispo auxiliar de Mendoza, Mons. Sergio Buenanueva, por el Rector del seminario arquidiocesano, Pbro. Daniel Manresa y el Pbro. Gastón Peroni. Acompañaron numerosos sacerdotes y seminaristas, junto a las familias de los ordenandos y fieles de sus comunidades.

En su Homilía, el obispo destacó la alegría de la Iglesia mendocina por estos tres nuevos sacerdotes, que los recibe con gozo y esperanza.

"Como pastor de la diócesis, - expresó Mons. Arancibia - agradezco a Dios que les inspiró el deseo de ser sacerdotes, y los guió hasta hoy con su mano providente. Doy gracias a ustedes, por su entrega generosa. Y cuantos los acompañaron en este camino. Juntos compartimos la inmensa alegría de tener tres nuevos sacerdotes, porque son un regalo de Dios. La imposición de manos los convertirá en signos de la presencia de Jesús Pastor, en medio nuestro."

Siguiendo la oración de Jesús, llamada "la oración sacerdotal", que se proclamó en el Evangelio, Jn 17,6-23, el obispo resaltó su hondo contenido teológico y eclesial. "Es ella - dice - la oración más larga que conocemos de Jesús. Llamada “oración sacerdotal”, porque Jesús reza como mediador. Pronunciada como ofrenda suya, en el umbral de la pasión. Plegaria, además, de hondo sentido eclesial. El Hijo pide al Padre que los suyos tengan vida plena, por su entrega en la cruz, para ser así él glorificado, y dar cumplimiento al plan de salvación. En esta oración maravillosa, nos encontramos a nosotros mismos, introducidos en el amor del Padre y del Hijo que ofrecen al mundo la verdad, la vida y la alegría."

Y se pregunta: ¿De qué manera estamos involucrados?. Ante todo como creyentes y discípulos, encomendados por Jesús al cuidado del Padre, nos ha confiado al Él para ser liberados del mal, y pide que sus discípulos sean santificados y enviados deseando que seamos comunión misionera.

Finalmente los exhorta a ser buenos pastores del rebaño. "Queridos diáconos: La misión está en marcha. Jesucristo los envía como discípulos misioneros suyos, porque quiere comunicar vida plena a su pueblo. Con ustedes queremos contar. Hoy los vemos: sencillos, humildes, generosos y bien dispuestos; contentos de ser consagrados. A la alegría de ustedes se suma la dicha de esta Iglesia, feliz de ser enviada a evangelizar y santificar, aunque reconoce su pobreza. Pero muy unida a la oración de Jesús, y allí descubre su identidad, su necesidad de conversión, y su felicidad completa." (Ver texto completo aparte).

Una vez consagrados como prebíteros, los nuevos sacerdotes fueron invitados a unise junto a los demás celebrantes en el altar del Señor.


Texto Completo Homilía


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