Nuevos Ministros Lectores y Acólito para la Iglesia

 

"Los hombres deben considerarnos simplemente como servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios". (1Co 4,1)

El pasado 5 de noviembre, en la Capilla del Seminario Arquidiocesano, Mons. José María Arancibia presidió la Sagrada Eucaristía en la que cuatro seminaristas fueron instituidos ministros lectores y acólito. Con la presencia del Obispo Auxiliar, Mons. Sergio Buenanueva, del futuro rector de la casa Pbro. Daniel Manresa, un número importante de sacerdotes y diáconos y muchos fieles de diversas comunidades parroquiales, el Seminario vivió un año más la alegría de contemplar la gracia de Dios en sus hijos.

Los ministerios son un don de Dios para la Iglesia. Ella instituyó ya en tiempos antiguos algunos ministerios para dar debidamente a Dios el culto sagrado y para el servicio del pueblo de Dios, según sus necesidades; con ellos se encomendaba a los fieles funciones litúrgico-religiosas y de caridad para que las ejercieran.

Los seminaristas Leonardo Di Carlo, Germán Lledó y Federico Lucca fueron instituidos Ministros Lectores. Ellos podrán proclamar la Palabra de Dios en la asamblea litúrgica, animarán al pueblo fiel para una participación plena, consciente y activa en las celebraciones e instruirán a quienes deseen recibir dignamente los sacramentos.

El lector Rodrigo Robert fue instituido acólito para ayudar al diácono y al sacerdote cuidando el servicio del altar. Además, podrá distribuir la comunión como ministro extraordinario y se le podrá encargar que exponga públicamente a la adoración de los fieles el sacramento de la Eucaristía.

Si bien son ministerios laicales, Mons. Arancibia destacó en su homilía la importancia que tiene la recepción de los mismos para los candidatos al sacerdocio. Con el ejercicio de estos ministerios, los seminaristas se prepararán mejor a los futuros servicios de la Palabra y del Altar, centro de la misión del Presbítero. A ellos, que un día serán “servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios” por el sagrado orden del sacerdocio, la Iglesia ya les confía esta misión para que puedan prepararse adecuadamente configurando cada día su corazón al de Cristo que se nos da en su Palabra y en el Santísimo Sacramento Eucarístico.

Recemos por el ministerio de estos hermanos nuestros y renovemos nuestra plegaria para que cada día sean más los jóvenes que, escuchando el llamado del Buen Pastor, se animen a entregar su vida al servicio de la Iglesia Diocesana en el sacerdocio ministerial.