Consagración episcopal del Padre Sergio

 

27 de septiembre de 2008

El día sábado 27 de septiembre, a las 10:00 horas, en el Santuario "Nuestra Señora de Lourdes", de El Challao, se realizará la ceremonia de consagración episcopal del Pbro. Sergio Buenanueva, obispo auxiliar electo para la arquidiócesis de Mendoza.

El padre Sergio recibirá la ordenación episcopal de manos del arzobispo de Mendoza, Mons. José María Arancibia. Serán obispos co-consagrantes Mons. Rafael Rey y Mons. José A. Rovai.

A Nuestra Señora del Rosario y al apóstol Santiago, encomendamos la vida y misión del P. Sergio Buenanueva.

Testigo del Evangelio de la Gracia de Dios

Por Mons. Sergio Buenanueva


“Poco me importa la vida, mientras pueda cumplir mi carrera y la misión que recibí del Señor Jesús: la de dar testimonio de la Buena Noticia de la gracia de Dios” (Hch 20,24).

En estas palabras de San Pablo reconozco mi propia vocación y misión. Ellas encierran también lo más precioso de mi vida como hombre, como cristiano y como sacerdote.

La gracia de Dios la he conocido a través de mi familia. De mis padres, ante todo. Rezarle a María (“Bendita sea tu pureza...”) y al Ángel Custodio (“Ángel de la guarda, dulce compañía ...”) son las primeras palabras de la fe, que de los labios de mi madre han pasado a mi corazón. Como decía Jesús: así se edifica la casa sobre roca.

Nací en San Martín. Allí viví hasta los 16 años, en que entré al Seminario. Crecí con mis padres y mis dos hermanos: Juan y Roberto. Ambos han formado sus respectivas familias. Bendecidos por Dios con muchas gracias, sobre todo con sus hijos y nietos.

La gracia de Dios fue experiencia muy viva en la comunidad parroquial de “Nuestra Señora del Carmen”, bajo la guía de su Párroco, Mons. Manuel Álvarez. Allí fui monaguillo y, así, la celebración del culto divino que conquistó el corazón. Yo mismo jugaba a “decir Misa”. Antes me daba un poco de vergüenza contar esto (o que otros lo contaran). Hoy me doy cuenta de que esos juegos de niños contenían y expresaban una experiencia de Dios que iba fogueando el corazón con el fuego de la fe. De lo visible a lo invisible, como dice la liturgia de Navidad. No sé que sería de mí sin esa vivencia de la fe. Seguramente, no tan feliz como hoy.

Si sigo contando cosas de mi vida, me van a faltar páginas. Solo digo lo esencial. Entré al Seminario de adolescente. Tenía 16 años. Una gracia grande que Dios me ha hecho es que jamás he dudado de mi vocación. Sí de mis aptitudes o cualidades. Pero eso es bueno. Dios me ha dado también un gran amor por la Iglesia y el anuncio del Evangelio. Es lo que he hecho en estos años, en los que he conjugado mis dos vocaciones: el sacerdocio y la docencia. Tuve la gracia de estudiar Teología en Roma, y ejercer como profesor, tanto en el Seminario como en el Instituto “Pablo VI”. Para mí es un gozo explicar la fe, y ayudar a otros a entrar en ese caudaloso río que es la Tradición viva de la Iglesia.

De todo lo que he vivido y experimentado, recojo esta palabra esencial: “gracia”. Dios es gracia. Jesucristo, su Hijo, es gracia. El Espíritu Santo es la gracia y la alegría de Dios. Deseo fervientemente que muchos puedan conocer el amor que Dios nos tiene, su gracia salvadora, su alegría.

Me encomiendo a la oración de todos ustedes. Encomiéndenme a María. El Rosario es su escuela. Ella allí nos enseña a meternos, más y más, en el corazón de su Hijo Jesucristo. Nos hace como Él. Un saludo a todos.