¿Vuelve la Misa en latín?

 

Algunos reportes de prensa informan acerca de una decisión que habría tomado el Papa Benedicto XVI respecto a la celebración de la Misa según el así llamado “rito tridentino” o “de San Pío V”.

Se trata del rito de la Misa que rigió hasta la entrada en vigor de la reforma litúrgica promovida por el Concilio Vaticano II (1969).

Aunque había adquirido su forma conocida por mandato del Concilio de Trento (1545-1563), sus orígenes se remontan a los primeros siglos de la vida litúrgica de la Iglesia romana.

Las diferencias más vistosas entre ambos ritos son dos: el uso de la lengua vulgar en lugar del latín y la colocación del altar y del sacerdote “de cara al pueblo”.

Habría que añadir que el Vaticano II impulsó una presencia más abundante de textos bíblicos en la Misa. Es una de las mayores riquezas del nuevo rito.

Conviene recordar que la Eucaristía es fuente y culmen de la vida y misión de la Iglesia. No es una cuestión menor el modo de celebrarla correctamente. Es un espejo que refleja el rostro de la Iglesia.

Los actuales libros litúrgicos (en este caso: el Misal romano) constituyen la norma en vigencia en toda la Iglesia católica para celebrar correctamente la Eucaristía. Tienen fuerza de ley.

Obligan gravemente a todos: sacerdotes y fieles cristianos en general.

“Nadie más (que la Santa Sede y, en lo que le compete, el Obispo), aunque sea sacerdote, añada, quite o cambie nada en la liturgia por iniciativa propia” (Constitución sobre la Liturgia 22,3).

¿Qué ocurriría ahora con esta nueva disposición?

Presumiblemente, se trate de una ampliación del indulto que concediera el Papa Juan Pablo II en el año 1984 a aquellos fieles que, por diversos motivos, se sienten vinculados a la liturgia antigua. Bajo determinadas condiciones - entre ellas: la aprobación del Obispo diocesano y la plena aceptación del Concilio Vaticano II - dicho indulto abría la puerta para la celebración de la Misa tridentina.

La tendencia y el consejo de la Santa Sede ha sido proceder con una amplia generosidad en la concesión de este indulto. Esto es así incluso después del acto cismático protagonizado por Mons. Marcel Lefebvre en 1988, al ordenar sin mandato del Papa a cuatro obispos.

Es de sobra conocida la posición al respecto del actual Papa. En varias oportunidades, antes de su elección, manifestó sus severas críticas a la actuación de la reforma litúrgica del Vaticano II, sobre todo al clima difuso de ruptura con la tradición que acompañó mucho de lo obrado en este terreno.

Es conocido también su parecer acerca de una mayor amplitud al pedido de celebrar según el rito de San Pío V. Pero es conocida también su clara posición a favor de la reforma litúrgica conciliar.

Es presumible que el Papa quiera dar algún paso firme en esta dirección, haciendo más amplio el indulto de su predecesor.

No se trataría por tanto de una vuelta a la Misa de antes - una suerte de golpe brusco de timón - sino de abrir un espacio en la Liturgia católica oficial, al rito tridentino. Los reportes de prensa más serios dan cuenta del carácter extraordinario que seguiría teniendo el permiso.

De hacerse realidad, abriría una puerta más amplia para restablecer la plena comunión con los católicos tradicionales. Es de hecho uno de sus reclamos más fuertes.

Es comprensible sin embargo que no se pueda actuar una liberalización absoluta o incondicional, mucho más si se siguen poniendo reparos importantes al magistero auténtico del Concilio Vaticano II.

No se nos escapan las dificultades que dicha concesión traería a la pastoral ordinaria de la Iglesia católica. Muchos lo han hecho notar.

Lo cierto es que puede ser una ocasión para revisar a fondo cómo y con qué espíritu hemos actuado el mandato de reforma del Concilio Vaticano II en este campo delicado y esencial que es la Liturgia, y especialmente, la celebración del Misterio eucarístico.

P. Sergio O. Buenanueva