Oración por la Patria

 

Por Pbro. Sergio O. Buenanueva

Los obispos han peregrinado este miércoles 9 de abril al santuario de Luján. Lo han hecho para rezar por la patria en una “hora delicada y providencial”, según sus propias palabras. Miles de católicos nos hemos unido a ellos en nuestros templos y hogares con la conocida oración: “Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos”. Compuesta por el Cardenal Karlic, fue recitada con especial intensidad en los meses aciagos de 2001-2002.

¿Cuál es el valor y el significado de este gesto? ¿Es posible hacer una lectura política del mismo? ¿Se mezclan así indebidamente religión y política? ¿Es esto legítimo? El alcance fundamental del hecho ha sido específicamente religioso: un momento de oración. Nunca aparece con mayor nitidez el rostro auténtico de la religión que en la plegaria del hombre a Dios. Justamente por eso, ha sido un hecho con un influjo más allá de lo religioso. Porque la oración verdadera no deja de impactar en la totalidad de la vida, a la vez que se nutre de ella, la eleva y la transfigura.

En el breve mensaje que acompañó la invitación a la oración, los obispos señalaban la triple finalidad de su plegaria: rezar a Cristo por la amistad social, el diálogo y las instituciones. En su homilía, Mons. Radrizzani, arzobispo de Mercedes-Luján, profundizó el sentido de estos conceptos.

Tres expresiones claves que encierran todo un conjunto de valores espirituales y éticos, esenciales para la vida de la sociedad. Se trata de valores “pre-políticos”, en cuanto que son anteriores a cualquier ordenamiento jurídico y a los mismos poderes del estado. Constituyen el suelo en que crecen la vida y la convivencia ciudadana. Tienen que ver con lo que anima y da sentido a la vida, a las luchas y a las esperanzas de los personas. De su solidez y vitalidad depende, en gran medida, la buena salud de la vida social.

Cuando la vida ciudadana pierde contacto con este suelo nutricio o se desentiende de él, queda al borde del precipicio. La fragmentación es uno de sus signos más expresivos. Todos somos responsables, en diferente medida, de cuidar este patrimonio común.

La fe y la religión han contribuido de hecho en la conformación de este patrimonio de todos. Y lo siguen haciendo. Pongo un solo ejemplo: la Pastoral universitaria de Mendoza ha puesto en marcha, por iniciativa de los mismos estudiantes, el Proyecto “Manos a la obra”. ¿En qué consiste? Jóvenes que se forman en distintos campos profesionales ofrecen su tiempo para ayudar a algunas comunidades concretas. Cada uno aporta, desde su específico saber profesional, la contribución que puede. De esta manera, se busca que nuestros futuros profesionales vayan aprendiendo a unir su fe, su competencia profesional con las necesidades de la sociedad, más allá de los criterios del lucro o el interés.

No solo las religiones. La sociedad posee muchas fuerzas vivas espirituales, portadoras de humanidad en el sentido más rico de la palabra. Todos nos enriquecemos cuando liberan su fuerza transformadora. De esa forma, el patrimonio de valores que hemos recibido de las generaciones pasadas, se va ampliando y enriqueciendo con aportes nuevos y creatividad.


Texto de la Homilía de Mons. Radrizzani


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