Karol Wojtyla, Juan Pablo II

 

P. Sergio O. Buenanueva

Se han cumplido tres años de la partida de SS Juan Pablo II. En coincidencia con esa fecha, el postulador de la causa de beatifiación ha entregado a la Congregación para la causa de los santos la Positio que recoge, de manera ordenada y sistemática, toda la documentación referida a su persona. El proceso sigue su curso y, Dios mediante, un día podremos alegrarnos de su beatificacion y canonización.

Revisando mis apuntes, he encontrado unas reflexiones sobre el Papa Wojtyla que, según creo, nunca publiqué. Fueron escritas en los días de su tránsito. Las ofrezco ahora sin retocarlas más allá de esta introducción. Es un homenaje agradecido a Dios por el don y el misterio del Papa polaco que iluminó con su testimonio nuestras vidas. ¡Ojalá sean de provecho para quienes las lean!

Jueves 3 de abril de 2008

Karol que llega a ser Juan Pablo

Seguramente el paso del tiempo nos ayudará a captar mejor las justas dimensiones del pontificado de Karol Jozef Wojtyla. Como a los viejos patriarcas de la Biblia, la Providencia, en un giro inesperado, le cambió el nombre, la misión y hasta la propia identidad: Karol llegó a ser Juan Pablo. Algo similar le ocurría, dos mil años atrás, a un rudo pescador galileo: “Simón, ahora te llamarás: Pedro-piedra … Sígueme … en adelante serás pescador de hombres”. Lo último que escuchó de su Maestro fueron estas palabras: “Cuando eras joven ibas donde querías. Cuando seas viejo, otro te llevará a donde no quieras … Tú, sígueme”.

Aquí me quiero detener. De todo lo que se puede decir acerca de Juan Pablo II, este aspecto me inquieta y me impacta más hondamente. Es esto lo que quiero comentar: Karol que llega a ser Juan Pablo. Y lo que se mueve dentro de una persona para que esto tenga lugar. Lo declaro con honestidad: es una lectura hecha desde una posición concreta, la que supone la fe en Cristo. Un hecho religioso leído desde una perspectiva religiosa. Otras interpretaciones, incluso divergentes, son legítimas y necesarias. Yo ofrezco lealmente mi lectura. La sintonía con Juan Pablo II -sintonía de fe y de afecto- posibilita captar algunas dimensiones que a otro intérprete más neutral tal vez se le escapen.

Estamos en la zona más misteriosa de la experiencia cristiana. En el lenguaje cristiano, “misterio” no quiere decir límite sino posibilidad. No evoca oscuridad sino luz. Estoy hablando de la experiencia misteriosa de la fe, como don de Dios que se manifiesta, haciéndose luminoso para el hombre. Juan Pablo II ha hablado mucho sobre esto: cuando Dios se da a conocer en Cristo, le muestra al mismo hombre la profundidad de su verdad. La experiencia de la fe es luminosa, reveladora y transformante: “¿Quién eres Tú, Señor, para mí? ¿Quién soy yo para tí?” “¡Qué te conozca, para que pueda conocerme!”.

Ha hablado así, especialmente a los jóvenes, aunque se insista hasta el cansancio en que solo les hablaba de moral y de sexo. No es así. El tema de fondo de todo el Pontificado de Karol Wojtyla ha sido siempre la fe en Cristo. Él ha permanecido hasta el ocaso de su cuerpo, el hombre de la fe inquebrantable en Cristo. En realidad, esto es lo más importante que se le pide a un Papa. El primado que el Papa detenta en la Iglesia es el primado de la fe. Él es el primero al que se le pide que confiese pública y explícitamente la fe en Cristo; así se anuda firmemente la comunión en la Iglesia. Esto sí que lo captaron los jóvenes, con una intuición muy certera. ¿No asimilaron de la misma manera su mensaje moral? El sembrador ha hecho su tarea. No se le pide más; solo esto: sembrar. Dios dará el crecimiento. A Juan Pablo, como a todo predicador del Evangelio, esto significa una gran libertad interior.

En el memorable encuentro con los jóvenes durante el Jubileo, les decía: “Jesús quiere que los discípulos se den cuenta de lo que está escondido en sus mentes y en sus corazones y que expresen su convicción. Al mismo tiempo, sin embargo, sabe que el juicio que harán no será sólo el de ellos, porque en el mismo se revelará lo que Dios ha derramado en sus corazones por la gracia de la fe … En primer lugar está la gracia de la revelación: un íntimo e inexpresable darse de Dios al hombre; después sigue la llamada a dar una respuesta y, finalmente, está la respuesta del hombre, respuesta que desde ese momento en adelante tendrá que dar sentido y forma a toda su vida … Aquí tenemos lo que es la fe. Es la respuesta a la palabra del Dios vivo por parte del hombre racional y libre. Las cuestiones que Cristo plantea, las respuestas de los Apóstoles y la de Simón Pedro, son como una prueba de la madurez de la fe de los que están más cerca de Cristo.” (19 de Agosto de 2000).

Creo que estas palabras nos permite asomarnos -tal vez muy fugazmente- al alma de Karol, sobre todo, para comprender algo de lo que le ocurrió cuando escuchó aquella llamada provocativa de Cristo a transformarse en Juan Pablo, aquel 16 de octubre de 1978.

Juan Pablo, amigo, nos has invitado a entrar contigo en lo vivo de la experiencia de la fe. Nos has permitido compartir contigo la aventura de tu fe hasta el final. Por eso, nos has ayudado a mirar con gran confianza el camino que tenemos por delante. Nos quedan grabadas en el corazón tus primeras palabras al mundo: “No tengan miedo, abran de par en par las puertas a Cristo”. Tus últimas palabras, en la mudez de tu voz, has sido tú mismo. Juan Pablo, amigo, gracias. ¡Hasta pronto!