Cuaresma: un camino comunitario

 

Por Pbro. Sergio O. Buenanueva

Este miércoles 6 de febrero comienza la Cuaresma: cuarenta días que preparan a la comunidad cristiana para la celebración de la Pascua de Cristo.

Las indicaciones que la misma Iglesia nos hace para vivir intensamente este tiempo de preparación son muy valiosas. Están contenidas en los libros litúrgicos: el Misal, el Leccionario y el Ceremonial de los Obispos.

Ante todo, estos cuarenta días han de ser vividos como memoria del Bautismo, por el que hemos sido unidos a la pasión, muerte y resurrección del Señor. Se trata de hacer cada vez más nuestra la gracia de la vida nueva que nos da el Espíritu en el baño bautismal. Apunta así a un crecimiento cualitativo de nuestra vida cristiana como seguimiento, imitación y configuración con Cristo.

De allí también brota la invitación a la conversión y a la penitencia, como modo de unirnos a Cristo, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, y establece la justicia de Dios en el mundo.

El Misal romano nos ofrece además otras indicaciones interesantes. Aunque no muy practicadas entre nosotros, descubren con claridad el espíritu y la mística interior del camino cuaresmal.

Invita a los pastores -especialmente al Obispo- a fomentar algunas reuniones especiales de fieles en los templos, santuarios y lugares de peregrinación más importantes de la diócesis, o de las principales ciudades.

El rito propuesto es simplísimo: reunido el pueblo en un lugar apto fuera del templo, el sacerdote saluda a la asamblea y pronuncia una oración. Si la celebración no se realiza en domingo, se aconsejan las siguientes oraciones: la colecta de la Misa votiva del Misterio de la Santa Cruz; la de la Misa por el perdón de los pecados; la de la Misa por la Iglesia, especialmente la Iglesia local; o cualquiera de las oraciones sobre el Pueblo indicadas en el Ordinario de la Misa.

Se inicia entonces la procesión hacia el templo donde tendrá lugar la Eucaristía. La única indicación que se da aquí es la posibilidad de cantar las Letanías de los santos, añadiendo los patronos o los de mayor devoción popular. Llegados al templo, se puede cantar el “Kyrie eleison” (Señor ten piedad), se pronuncia la oración colecta de la Misa del día, y la celebración sigue como de costumbre.

Se nos ofrece una indicación más: en lugar de la Santa Misa, es posible realizar alguna Celebración de la Palabra o incluso una Celebración penitencial.

Retengamos lo esencial: congregar al pueblo; caminar juntos invocando a los santos; escuchar juntos la Palabra; juntos también implorar el perdón; celebrar la Eucaristía.

La noble sencillez de los gestos litúrgicos es elocuente. La Cuaresma es, ante todo, un camino que la Iglesia, pueblo de Dios, transita en comunión. Es un camino comunitario.

Lo que la liturgia dice de la Cuaresma vale para la vida. No estamos solos. Nos tenemos unos a otros, como hermanos, como compañeros de camino. Esto es, en definitiva, la Iglesia. El Domingo I° nos recordará que este camino común es, ante todo, el camino de Jesús. Él lo ha recorrido primero. Él lo ha abierto para nosotros. Con Él lo transitamos.

¡Ojalá podamos sumar a muchos a este camino común! La alegría pascual será así más pura y verdadera. Será la alegría de un pueblo.