Marcelo Regal y Matías Brain son los nuevos presbíteros para la Arquidiócesis de Mendoza

 

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El pasado sábado, 23 de marzo, los diáconos Matías Emir Brain y a Marcelo Andrés Regal recibieron el orden presbiteral de manos del Arzobispo de Mendoza, Mons. Marcelo Daniel Colombo, en la santa eucaristía celebrada en la Pquia. Ntra. Sra. de los Dolores y Tránsito de San José de Ciudad.

En una mañana soleada, la ceremonia inició pasada las 10:30hs., de la cual participaron sacerdotes del clero diocesano y religioso, diáconos, religiosos y religiosas, vírgenes consagradas, familiares y amigos de los nuevos sacerdotes.

En su homilía, Mons. Colombo habló a los nuevos consagrados, que juraron obediencia y fidelidad al ministerio del obispo y al Evangelio: “No serán pastores al modo de los superhéroes de bellas e irreales historias; tampoco invencibles caballeros de fantasía. Sólo servidores sostenidos en la confianza de Aquél que los envía, testigos de un amor que no defrauda y en cuyo nombre sanarán, rescatarán, aliviarán, animarán; aunque heridos por sus propias debilidades, serán curados y fortalecidos por Jesús, el único plenamente fiel.”


Homilía completa de Mons. Marcelo Daniel Colombo

HOMILÍA EN LA ORDENACIÓN PRESBITERAL DE MATÍAS BRAÍN Y MARCELO REGAL
Iglesia Nuestra Señora de los Dolores, Mendoza, 23 de marzo de 2019

Lecturas: 2 Cor. 4, 1-2. 5-7; Sal 95, 1-3. 10; Jn. 21, 15-17

Queridos hermanos,

¡Qué alegría la de esta Iglesia mendocina, Iglesia peregrina, hija de María del Rosario, que tendrá desde hoy dos nuevos sacerdotes para servir a su pueblo!

Nuestro corazón vibra de emoción y gratitud a Dios que no nos abandona, que sostiene nuestra acción apostólica regalándonos el don de la vida y la misión de dos nuevos colaboradores que pastorearán este pueblo en nombre de Jesucristo.

En esta celebración, la obra artesanal de una Iglesia formadora de hombres, guiada por el Espíritu Santo, ve coronados sus esfuerzos en la ordenación sacerdotal de Matías y Marcelo, frutos de nuestro Seminario Mayor Nuestra Señora del Rosario. Por eso, quiero adelantar también, mi gratitud a sus familias por el don de la vida, a los sacerdotes del Seminario que fueron sus educadores, a las comunidades que los acogieron y ayudaron a llegar a este momento.

Servidores de los hombres por amor de Jesús
El Apóstol señala con frases muy sencillas, autobiográficas, testimoniales, la razón de ser de nuestra misión: predicar la Palabra sin traicionarla ni esconderla, anunciarla sin aguarla ni desfigurarla, servir a los hombres en nombre de Cristo sin buscar ventajas ni gratificación o el reconocimiento….

Si la tentación a manipular el mensaje y de adueñarnos de la misión es grande y siempre presente, poner la mirada en Aquél que nos llama nos rescata del engaño de un evangelio acomodado a la propia medida, así como de una vanidosa y mundana autorreferencialidad.

“Es la humildad del corazón que reconoce que la Palabra siempre nos trasciende, que no somos «ni los dueños, ni los árbitros, sino los depositarios, los heraldos, los servidores» Esa actitud de humilde y asombrada veneración de la Palabra se expresa deteniéndose a estudiarla con sumo cuidado y con un santo temor de manipularla (...) No se nos pide que seamos inmaculados, pero sí que estemos siempre en crecimiento, que vivamos el deseo profundo de crecer en el camino del Evangelio, y no bajemos los brazos. Lo indispensable es que el predicador tenga la seguridad de que Dios lo ama, de que Jesucristo lo ha salvado, de que su amor tiene siempre la última palabra.” (Francisco, Evangelii Gaudium, 146.151)

Queridos Matías y Marcelo, el Señor que los conoce y los ama, los envía a anunciarlo. Él mismo se entregó por Uds. para que tengan vida y esa vida puedan comunicarla con alegría y esperanza a nuestro querido pueblo mendocino, a toda la Iglesia. A tiempo y a destiempo, lejos de todo cálculo humano, entréguense a esa Palabra para asumirla y en ella tendrán patente toda la densidad del amor de Dios que los ha querido llamar a su servicio.

Tres preguntas, tres respuestas, una misión
Como cada encuentro entre Jesús y Pedro, el diálogo que el Evangelio nos presenta nos sorprende por la insistencia de las preguntas del Maestro acerca del amor del discípulo. Es que la misión que le está encomendando exige la convicción del amor, una confianza e intimidad que se apoya no en palabras o gestos necesariamente visibles para los otros, sino en el conocimiento que Jesús tiene del corazón de Pedro: “Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo” (Juan 21,17).

A las tres preguntas de Jesús y a las tres respuestas de Pedro, le sigue la encomienda de la misión que nos remiten al Jesús buen pastor (Juan 10) que camina delante del rebaño, a quien las ovejas siguen por su voz, que las conoce y quiere que se alimenten, que ofrece su vida por ellas… Precisamente el anuncio del martirio de Pedro que corona a este texto, se une estrechamente a la misión pastoral. Amar a Jesús lleva a dar la vida por él: Tomarse en serio la misión que Él encomienda y el vínculo que está a la base, lleva a dar la vida por Él y por los demás.

La presencia del Pedro-pastor en medio de los suyos se relaciona estrechamente con el servicio de amor que el Señor previó para continuar presente en su Iglesia, prolongando su modo de ser y amar entre los hombres.

No nos resulta difícil imaginarlo a Jesús preguntándoles hoy a Uds., Matías y Marcelo, si lo aman y si están dispuestos a ir donde Él los lleve. El mismo Señor es quien les da la misión de amar y cuidar de su rebaño. En el ministerio que les confía, la clave es el amor, un amor valiente y fiel, un amor disponible que se renueva toda vez que nace y se apoya en la Palabra del Señor, un amor que es respuesta confiada y generosa a Dios y a los hombres.

Pastores en una Iglesia sinodal animadora de la solidaridad y la esperanza
Con la emoción de este día, quiero invitarlos a contemplar la misión que el Señor les confía y las exigencias del contexto donde ésta se desarrollará. No faltarán quienes les digan que estos son tiempos más difíciles y complejos. Ciertamente nunca fue ni será sencillo asumir en toda su densidad una misión que nos excede por nuestras propias carencias y fragilidades, pero que quiere contar con nosotros por puro amor del Señor.

Pero éste es nuestro tiempo. Se trata de amarlo y abrazarlo para servir a los hombres nuestros hermanos. En él, partirán el Pan de Vida y darán de comer al pueblo encomendado.

Seguramente hay elementos que caracterizan dolorosamente a esta época en relación con otras. A Uds., junto a nosotros, les tocará “remar” con una sociedad descreída, ilusionada en la arrogancia suicida de “archivarlo” a Dios, desconfiada, errática en sus aspiraciones, seducida por compulsiones materialistas y voraces, arrasada por grietas infinitas, innecesarias, crueles, masacradoras de vidas y sueños.

Pero seguramente, más que nunca, en el vigor de su juventud consagrada no les faltará la pasión para asumir este aquí y ahora que habitarán como pastores, enviados del Dios amor que sale a buscar al hombre para ganar su corazón.

Por esto, frente al desaliento de los indicadores sociales y a pesar de nuestras innumerables e innegables fragilidades y pecados como Iglesia, el Señor quiere confiar en este ministerio que hoy estrenan, en el amor creativo y exigente que lo sostiene, en la sencilla pero firme consideración de que todo lo pueden en Aquel que nos amó primero y lo dio todo por nosotros, ultrajado, insultado, colgado injustamente de una Cruz. Él es nuestra única esperanza. Es la Palabra fiel sin vencimiento ni doblez. El único garante del servicio que hoy comienzan a ejercer en su nombre.

No serán pastores al modo de los superhéroes de bellas e irreales historias; tampoco invencibles caballeros de fantasía. Sólo servidores sostenidos en la confianza de Aquél que los envía, testigos de un amor que no defrauda y en cuyo nombre sanarán, rescatarán, aliviarán, animarán; aunque heridos por sus propias debilidades, serán curados y fortalecidos por Jesús, el único plenamente fiel.

Una señora nos conmovía en la reciente Jornada Juntos Caminamos cuando compartiendo el trabajo de su grupo, pedía a nuestra Iglesia los hospitales de campaña que acogen, contienen, esperanzan. En esa comunidad de discípulos amados, de pequeños y excluidos, de periferias existenciales por las que opta preferencialmente por el Señor, Uds. serán el eco de su voz, apasionada, confiada, propositiva.

En el camino de la Cuaresma, queriendo asumir nuestra rica historia diocesana de búsqueda de la voluntad de Dios a través de asambleas y planificaciones pastorales, nos hemos invitado a crecer en la dimensión sinodal de la Iglesia, no como un simpático eslogan, sino por la exigencia evangélica de vivir según un estilo y en una atmósfera donde no falten la Palabra que ilumina, el Espíritu que acompaña y la escucha atenta al clamor de todos los hermanos para un discernimiento pastoral de los signos de los tiempos, las prioridades pastorales así como las respuestas necesarias a la llamada del Señor.

En esta Iglesia sinodal, Uds. serán pastores, maestros siempre deseosos de aprender, testigos alegres y fecundos de la presencia del Señor entre nosotros, artesanos que una y otra vez quieran poner de manifiesto la belleza de la obra de Dios entre los suyos.

Como ven queridos Matías y Marcelo, no se tratará tanto de hacer mucho sino de amar mucho. A Dios y a los hombres, sus hermanos. De ese ministerio de amor este mundo, este tiempo, están necesitados. Pero no se asusten. No están solos. Hoy, los recibimos en el presbiterio mendocino al que se incorporan. Con su experiencia de vida y misión, los hermanos sacerdotes sabrán animarlos a perseverar mientras profundizan cada día su sí a Dios y a los hermanos. Nadie nace sacerdote, sino que se va haciendo en la trabajosa maduración del tiempo, mientras descansa en las manos del Señor y el amor de su pueblo que siempre cura los rigores del camino.

Queridos Matías y Marcelo,
Sabemos de su entusiasmo y alegría. Nos llena de esperanza saber que desde hoy trabajarán sacerdotalmente por el bien del pueblo encomendado. Por eso, los confío a María Santísima del Rosario y a nuestro Patrono, Santiago, para que ellos cuiden sus sueños y proyectos, los caminos que recorran y las comunidades donde sirvan, para que Uds. puedan llevar a feliz y fecundo cumplimiento la misión que el Señor les encomendó.

Mendoza, 23 de marzo de 2019
+Padre Obispo Marcelo Daniel Colombo

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Las ordenaciones en fotografías (Foto: Cristian García)

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