El diálogo en la cultura universitaria - Por Pastoral Universitaria de Mendoza

 

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Por Pastoral Universitaria de Mendoza

Transcurría 2015, cuando un buen día de otoño un grupo de jóvenes estudiantes universitarios se reunieron en la Facultad de Ciencias Agrarias de Mendoza. Algunos estudiaban Agronomía, otros Diseño, otros Arte… Curiosamente, el centro de tal reunión no era la carrera sino algo más, alguien más era quien los convocaba. Había allí una imagen abandonada de la Virgen María, hasta tal vez olvidada, pero estaba allí, inmutable, como es la montaña, que llueve, truene o tiemble, se mantiene allí, permanece. Se erguía en yeso blanco descascarado pero, para los creyentes, su mirada manifestaba aún el amor de la Madre de Dios. Existe la convicción entre muchos y muchas estudiantes, docentes, personal de apoyo y demás itinerantes de la facultad, de que, si al pasar frente a ella orabas, decías unas palabras, o simplemente la mirabas, te iría bien en los exámenes, podrías descargar alguna pena o hacer una acción de gracias en el momento vital en el que te encontraras. Vaya a saber uno si la Virgen intervenía e intercedía o no. Pero lo que ciertamente importa es que de hecho era tomada como una referencia, una presencia que podía tomar forma de consuelo, alivio, "compartir" cargas.

Estos jóvenes decidieron restaurar la imagen, pintarla, arreglar el yeso. Gestionaron y consiguieron pintura celeste y rosa (claro, era "La Auxiliadora" y esos son sus colores) y la recuperaron dejándola hermosa y bella, como Ella es. Cada uno de los jóvenes no sólo puso sus manos y talentos de artista sino que, y sobre todo, cada uno puso su corazón para que la Virgencita tuviese lugar y permaneciese allí, ya no con su rostro de pálido yeso blanco sino con el color con que la vistieron, color que reflejaba el ímpetu, alegría y buenas intenciones de esos años de juventud. Pasó un tiempo y esos jóvenes transitaron el mundo universitario, algunas se recibieron, otros cambiaron de carrera, otros con la tesis... Pero la Virgen continuaba allí, como si el tiempo no hubiese pasado, la Eternidad le sentaba bien, los colores no se perdían. Siguieron pasando frente a esa presencia nuevos estudiantes, nuevos sueños, nuevos pedidos de auxilio en los exámenes, nuevos proyectos profesionales, nuevos saberes ofrecidos al servicio.

Esta sencilla historia, que nos es conocida en primera persona, seguramente es semejante, sino en sus detalles, sí en la devoción y cariño con que la imagen de la Virgen es tratada en muchos lugares donde se encuentra presente en el medio universitario. Pensemos en las manos anónimas que día tras día, y a lo largo de años, depositaban ramos de flores en la imagen de la entrada al predio universitario o en la de ciencias económicas, por citar otras.

Hace algunos meses, distintas personas han visto en estas imágenes una amenaza, una imposición, una molestia. Esto resultó en algunos acontecimientos por todos conocidos y, finalmente, en la decisión del Consejo Superior de retirar las imágenes de la Universidad. Duele. Claro que duele, no se trata solamente de la violación al artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre (porque se ve afectada la libertad de pensamiento, conciencia y religión), se trata de otra categoría, inentendible para muchos, pero palpable para los que creemos. Es el arrebato, como modo de proceder y como hecho de quita, de un espacio, una presencia y de lo que ellos representan: historias, cariño, nombres de personas, deseos profundos… El arrebato de un signo de trascendencia, de un modelo de mujer, de nuestra Madre.

La resolución actual modifica una anterior de 2011 en la que se garantizaba la pluralidad de expresiones en los espacios públicos de la Universidad, resolución precedida por un amplio debate sobre el derecho a la libertad de culto y la laicidad universitaria. A la luz de estos debates plurales se entendía que la Universidad es de todos, que por ella transitamos todos y que todos merecemos la posibilidad de expresar nuestras convicciones y nuestros pensamientos (ideológicos, culturales, religiosos). Hoy nos preguntamos ¿por qué se nos impide en nombre de una laicidad excluyente y no incluyente, poder expresarnos religiosamente?

No se trata solamente de la perplejidad que nos genera el modo de resolver esto en una asamblea corta, lejos, entre gallos y medianoches, se trata de pensar y preguntarnos: ¿El camino es la intolerancia? ¿Estamos eligiendo cada vez vivir más en el individualismo, recortando los derechos de algunos? ¿Hemos olvidado que hay un "otro"? Un otro que se expresa como puede, como le sale, como le enseñaron, como eligió. Un otro que elige depositar sus sueños donde se siente acogido, comprendido, acompañado.

Desde el primer momento, cuando tuvieron lugar los tristes hechos de vandalismo hacia una de las imágenes del predio universitario, como Pastoral Universitaria de Mendoza decidimos apostar por el diálogo. Diálogo y debate real, con conciencia de que hay un "otro" y que su idea vale tanto como la nuestra, y supimos que el camino eran la vías institucionales. Lástima que el "diálogo" se dio en ámbitos donde burocracia y claustro estuvieron protagonizando la orden del día, lástima que nadie conversó con aquellos jóvenes del 2015, lástima que no se convocó a personas que pudieran verse afectadas y que se expresaron firmando múltiples petitorios (a favor de una y otra postura). Lástima que la resolución actual no expresa ningún fundamento para cambiar la anterior, algo que siempre es necesario, sobre todo cuando se trata de restringir el ejercicio de derechos reconocidos previamente. Pero fundamentalmente, lástima por convertirnos en una sociedad donde prima sólo un modo de racionalidad, donde las historias personales, las convicciones profundas, los modos de expresión radicados en las tradiciones religiosas y en los corazones parecen no interesar ni tener oportunidad de expresarse públicamente.

El ser humano es un ser simbólico, se expresa en signos, símbolos e imágenes. La prueba de ello es que inmediatamente se exhibieron otros símbolos en el lugar donde habían estado las imágenes religiosas. La resolución actual parece decidir sobre qué expresiones son legítimas y cuáles no. Es una pena que recortemos la posibilidad de expresión, en vez de garantizar su pluralidad en un espacio que se pretende universitario, es decir universal.

La fe no se nos va porque se saquen las imágenes religiosas, al contrario, la fe nos anima a descubrir nuevos horizontes de la realidad, nuevos "otros" que antes eran invisibles, nuevas voces que quieren ser escuchadas. Seguiremos transitando el mundo universitario con Dios en el corazón de cada uno, con Dios en el corazón de cada "otro". Queremos seguir trabajando como si todo dependiera de nosotros, pero confiando como si todo dependiera de Dios; dialogando con cada "otro", porque donde habita cada "otro", habita Dios.

Desde ese lugar, el de creyentes universitarios y universitarios creyentes, es que hoy compartimos, en este gesto de hacer memoria y poner en palabras, algo de la perla y el tesoro que representan para nosotros hacer Pastoral Universitaria: la fe como apertura del horizonte de la mirada y posibilidad de superar el individuo centrismo, el diálogo como espacio valioso en sí mismo capaz de reconocer al otro en el que Dios también habita, la caridad como horizonte de espiritualidad encarnada que rompe la lógica del ganar/perder y costo/beneficio mercantil ya que nos remite a Aquel que "perdiendo" todo en la Cruz a los ojos del mundo, nos "ganó" la Vida. Vida manifestada en libertad, entrega, servicio, lazos, comunidad.

Fuente: https://losandes.com.ar/article/view?slug=el-dialogo-en-la-cultura-universitaria-por-pastoral-universitaria-de-mendoza