Mons. Colombo: CELEBRACIÓN DE LA JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ - Presentación del Mensaje del Santo Padre y saludo en el comienzo del nuevo año

 

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Circular Nro. 18/2018
Para toda la comunidad diocesana

CELEBRACIÓN DE LA JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ

Presentación del Mensaje del Santo Padre y saludo en el comienzo del nuevo año

Mis queridos hermanos,


Desde hace más de cincuenta años, la Iglesia ha querido consagrar el primer día del año a la sublime causa de la Paz. Desde el Papa Pablo VI hasta Francisco, cada pontífice nos ha venido ofreciendo un mensaje que nos hiciera apreciar el valor de la paz, don del Señor, en relación a un mundo tan abrumado por guerras, divisiones e injusticias de todo tipo. La defensa de la vida, la dignidad inviolable de los derechos humanos, el cuidado de la Creación, como Casa común, y otros temas de especial importancia para la convivencia pacífica entre los hombres, han estado presentes en esos mensajes y alocuciones que constituyen un tesoro de magisterio espiritual y pastoral.

La providencial coincidencia de esta Jornada Mundial de la Paz con la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios, es un sentido augurio de poner en sus manos maternas, al comienzo del nuevo año, la realidad humana que Ella abrazó en su divino Hijo.

En este año 2019 que nos aprestamos a comenzar, la Jornada Mundial de la Paz nos propone como tema de reflexión que, “la buena política está al servicio de la paz.” El Papa Francisco desea insistirnos en las posibilidades de la política para construir y conservar la paz.

“En efecto, la función y la responsabilidad política constituyen un desafío permanente para todos los que reciben el mandato de servir a su país, de proteger a cuantos viven en él y de trabajar a fin de crear las condiciones para un futuro digno y justo. La política, si se lleva a cabo en el respeto fundamental de la vida, la libertad y la dignidad de las personas, puede convertirse verdaderamente en una forma eminente de la caridad.”
(Papa Francisco, Mensaje en la 52° Jornada Mundial de la Paz 2019, n. 2).

Si la política se vincula a la convivencia humana en sociedad como un servicio al bien común, respondiendo a las exigencias éticas del bien, ello auspicia una urgente revisión de fines y medios para que el sano ejercicio de la actividad política cuide el bien, la verdad y la justicia en función del supremo don de la Paz. En ese señalamiento se pide a todos los políticos, cualquiera sea su origen cultural o religioso, el trabajar juntos por el bien de la familia humana, “practicando aquellas virtudes humanas que son la base de una buena acción política: la justicia, la equidad, el respeto mutuo, la sinceridad, la honestidad, la fidelidad.” (Mensaje, n. 3)

La Doctrina Social de la Iglesia no es un cuerpo de conceptos inertes sin capacidad para animar la transformación de la realidad de hombres y pueblos según el proyecto del Señor. Por eso, este Mensaje del Papa Francisco señala concretamente aquellos vicios que debilitan y destruyen a la política:

“Estos vicios, que socavan el ideal de una democracia auténtica, son la vergüenza de la vida pública y ponen en peligro la paz social: la corrupción —en sus múltiples formas de apropiación indebida de bienes públicos o de aprovechamiento de las personas—, la negación del derecho, el incumplimiento de las normas comunitarias, el enriquecimiento ilegal, la justificación del poder mediante la fuerza o con el pretexto arbitrario de la “razón de Estado”, la tendencia a perpetuarse en el poder, la xenofobia y el racismo, el rechazo al cuidado de la Tierra, la explotación ilimitada de los recursos naturales por un beneficio inmediato, el desprecio de los que se han visto obligados a ir al exilio.” (Mensaje, n. 4)

En cambio, en la buena política hay lugar para todos, especialmente para los jóvenes, para las minorías, para los migrantes, para el otro, que no es mi enemigo, sino alguien con quien debo confrontar sanamente mi parecer a través del diálogo racional y la búsqueda sincera de la paz. A través de una confianza creciente, respetuosa de tiempos y procesos personales y comunitarios, estamos invitados a construir juntos, a ser artesanos de la paz (cfr. Mensaje, n. 5).

Lejos de la guerra y de la estrategia del miedo, que tanto daña la vida de los hombres y de los pueblos (cfr. Mensaje, n. 6), donde pobres y migrantes son vistos como amenazas a la seguridad, al empleo, al desarrollo de las economías y a las culturas locales, se impone la sostenida búsqueda de un proyecto de paz, una paz fruto de una profunda conversión interior y que reconoce tres dimensiones inseparables:

“— la paz con nosotros mismos, rechazando la intransigencia, la ira, la impaciencia y - como aconsejaba san Francisco de Sales - teniendo “un poco de dulzura consigo mismo”, para ofrecer “un poco de dulzura a los demás”;
— la paz con el otro: el familiar, el amigo, el extranjero, el pobre, el que sufre...; atreviéndose al encuentro y escuchando el mensaje que lleva consigo;
— la paz con la creación, redescubriendo la grandeza del don de Dios y la parte de responsabilidad que corresponde a cada uno de nosotros, como habitantes del mundo, ciudadanos y artífices del futuro.” (Cfr. Mensaje, n. 7)

Mis queridos hermanos, los animo a leer este Mensaje que nos invita a considerar el lugar de la política en la construcción de la paz. Ciertamente no se trata de un texto que descienda a particulares partidarios y puntos de vista parciales, sino de una propuesta nacida como les decía, de la experiencia plurisecular de la Iglesia que, iluminada por el Evangelio, quiere hacer llegar su voz a los corazones de los hombres. El Santo Padre, como Pastor de la Iglesia universal ejerce así, su función paterna de apacentarnos en nombre de Cristo. Les acompaño el texto del Mensaje para que puedan disponer directamente de él. Les pido que asuman su contenido, del modo que Uds. estimen posible, en la homilía del 1ro. de enero, en las misas comunitarias.

En esta mirada de conjunto tan actualizada como concreta, hay un camino para nuestra propia convivencia nacional de cara a las elecciones que tendrán lugar el año próximo. La nobleza de estas indicaciones necesita de oídos atentos y de corazones dóciles a la llamada de Dios a construir una sociedad más justa y más fraterna. Lejos de ahondar en divisiones y fracturas sociales, los cristianos buscamos el don supremo de la paz que no puede supeditarse a imposiciones ni exclusiones de ningún tipo. Todos estamos convocados desde nuestros distintos lugares, a construir la paz.

Mientras llega el nuevo año, los invito a pedir la intercesión de María que desde Caná nos sigue diciendo: “Hagan lo que Él les diga.”

Reciban mi abrazo y la bendición en Jesús, el niño de Belén, que llega para salvarnos. Que el nuevo año 2019 nos traiga los dones de Dios, su justicia y su paz, y sepamos recibirlos como un legado sagrado, dispuestos a compartirlos y a testimoniarlos.


Mendoza, 24 de diciembre de 2018

+Padre Obispo Marcelo Daniel Colombo


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