Homilía de Mons. Marcelo Colombo en la Fiesta Diocesana 2018

 

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HOMILÍA EN LA FIESTA DIOCESANA DE NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO
Santuario del Challao, 7 de octubre de 2018

(1ra Lectura: Hch. 1,12-14; Salmo: Lc. 1,46-55; 2da Lectura: Apoc. 11, 19a; 12, 1-6a.10ab; Evangelio: Lc. 1, 26-38)


Mis queridos hermanos,
Como aquella primera comunidad de Jerusalén, nos hemos reunido en íntima comunión para celebrar junto a la Virgen del Rosario la alegría de ser Pueblo de Dios, testigo y peregrino, en Mendoza. Con nuestra Madre del Rosario cantamos la grandeza del Señor que miró nuestra pequeñez y nos eligió para ser felices y fecundos en Él. El Mesías, el hijo de la Mujer revestida de sol, nos ha ganado por su sangre, la vida nueva.
El sí de María al ángel fue más tarde el sí fiel y doliente ante la Cruz de su Hijo amado y el sí valiente y decidido a la Iglesia frágil y temerosa de los primeros tiempos. Cada vez que nos encontramos para celebrar el Sí de María, comprometemos nuestro propio sí a Dios y a los hermanos. Y nos alegramos del sí de la Iglesia diocesana a la vida, a las familias y a los jóvenes.

1. Iglesia de Mendoza, Iglesia que dice sí a la Vida.
No imaginábamos al comenzar este año el debate que dividiría a la sociedad argentina en torno al proyecto de ley para legalizar el aborto. Los cristianos afrontamos con convicción la verdad que late en lo hondo de nuestro corazón: “¡Vale toda vida!” Cuidar la vida desde la concepción en el seno materno hasta la muerte natural se convirtió así en la urgencia de nuestro rezo y el testimonio vibrante de nuestra fe, concretada en la defensa firme y apasionada de la vida por nacer “porque allí está en juego la dignidad de la vida humana, siempre sagrada, y lo exige el amor a cada persona más allá de su desarrollo” (Gaudete et Exsultate, 101)
Hoy ante nuestra Madre del Rosario decimos sí a la vida; por eso estamos desafiados a dejar de lado la lógica de la confrontación y el enfrentamiento para asumir con coherencia el dinamismo de un diálogo inteligente y constructivo.
Queremos que esta sociedad que conformamos cuide las vidas de los niños por nacer, las vidas de las numerosas familias pobres sin futuro ni oportunidades que viven en nuestros asentamientos y barrios de emergencia, las vidas de tantos ancianos condenados a muerte por una cultura del descarte.
En esta línea agradezco a todas las áreas pastorales de nuestra Arquidiócesis por las iniciativas para cuidar la vida, para promoverla en su dignidad y asegurar la amplitud del ejercicio de sus derechos que le vienen no ya de una ley, sino del mismo Dios. Cáritas, la pastoral de la vida, de la calle, de la salud, la pastoral carcelaria y de la movilidad humana, entre otros servicios pastorales de la Iglesia en Mendoza, hacen concreto el sí a la Vida de la Iglesia en Mendoza que ahora ponemos ante nuestra Madre del Rosario.

2. Iglesia de Mendoza, Iglesia que dice sí a las familias.
Comenzábamos el año reflexionando: “el anuncio evangelizador, perseverante y convencido, irá haciendo presente la belleza del Reino en nuestras familias y en nuestra sociedad. Volver al fundamento de lo que creemos los cristianos cuando hablamos de la alegría del amor y de su concreción en la vida matrimonial y familiar no será noticia en los medios ni por ello nos aplaudirán los “poderosos” de este mundo (…) Al mismo tiempo hemos de acompañar e integrar a quienes aún no viven, por distintos motivos, este ideal. ¡Cuánto bien se puede hacer a las familias desde nuestras parroquias, escuelas, movimientos e instituciones! Sólo se trata de estar convencidos y dispuestos a poner nuestro pequeño o gran aporte en este empeño evangelizador.” (Obispos de Mendoza, Carta Pastoral de Cuaresma)
Esta invitación a hacer de las nuevas familias, discípulos y misioneros de Cristo a partir de un amor fuerte y fiel, no deja de interpelar a la pastoral familiar a navegar mar adentro de la problemática del amor humano para acompañar, discernir e integrar la fragilidad que puede afectar a tantos hermanos y hermanas. Por eso, los cursos prematrimoniales, la catequesis de iniciación y confirmación, los itinerarios formativos de las comunidades juveniles, movimientos y asociaciones, deben actualizarse a la luz del Evangelio y las concretas indicaciones de Amoris Laetitia.
Al respecto me gustaría recordar a mis hermanos sacerdotes aquel hermoso y significativo esfuerzo del presbiterio mendocino para responder con premura y fidelidad a la invitación del Papa Francisco, a través de los “Criterios de la Arquidiócesis de Mendoza para la aplicación de algunos aspectos de Amoris Laetitia”. Les encarezco su utilización pastoral. Estas orientaciones aprobadas por mi predecesor Mons. Franzini quisieron alentar y sostener el acompañamiento de la vida de nuestras familias. Es una gran alegría para mí como obispo de esta Iglesia particular descubrir la riqueza de un magisterio nacido de la reflexión común de un presbiterio junto a sus obispos y en comunión con el magisterio del Santo Padre. Y una invitación a seguir recorriendo juntos los senderos de la cercanía misericordiosa del Buen Pastor.

3. Iglesia de Mendoza, Iglesia que dice sí a los jóvenes.
“El presente, también el de la Iglesia, aparece lleno de trabajos, problemas y cargas. Pero la fe nos dice que es también kairos, en el que el Señor viene a nuestro encuentro para amarnos y llamarnos a la plenitud de la vida. El futuro no es una amenaza que hay que temer, sino el tiempo que el Señor nos promete para que podamos experimentar la comunión con él, con nuestros hermanos y con toda la creación. Necesitamos redescubrir las razones de nuestra esperanza y sobre todo transmitirlas a los jóvenes, que tienen sed de esperanza (…)” (Francisco, Mensaje de Apertura del Sínodo sobre los Jóvenes).
Como Iglesia estamos fuertemente interpelados a acompañar a los jóvenes en el camino del compromiso con la vida y la transformación de la realidad. Aquel “hagan lío” de Río de Janeiro del año 2013 es una concreta invitación a transformar un mundo viejo y enfermo en una humanidad nueva, a una Iglesia temerosa y encerrada en una comunidad viva y en salida.
El Papa nos propone un importante camino en la integración humana. El diálogo intergeneracional puede unir el mundo adulto, sobre todo de los ancianos con su sabiduría aquilatada con el dinamismo entusiasta de los jóvenes. “La acumulación, a lo largo de la historia, de experiencias humanas es el tesoro más valioso y digno de confianza que las generaciones reciben unas de otras. Sin olvidar nunca la revelación divina, que ilumina y da sentido a la historia y a nuestra existencia.” (Francisco, Mensaje de Apertura del Sínodo sobre los Jóvenes).
Ese diálogo intergeneracional es una condición de posibilidad para que los adultos y ancianos sueñen y los jóvenes sean auténticos profetas de tiempos nuevos (cfr. Joel 3,1), para alcanzar un mundo donde nos expresemos y escuchemos los unos y los otros en la búsqueda no ya del futuro sino de un
presente donde todos tengan su lugar. Y toca a los jóvenes decirnos con sus vidas y sueños que esto puede suceder.
Por todas estas cosas, queridos jóvenes los invito a participar no sólo de estos importantes espacios eclesiales; como cristianos, testigos de Jesús, el Señor, anímense a involucrarse decidida y apasionadamente en la vida social con sus sueños y capacidades, sus dones personales y generacionales para afrontar los grandes temas políticos, sociales y culturales: La vida de los pobres, la necesidad de nuevos modelos en economía y política, a partir de la solidaridad y la amistad social; el cuidado de la Casa Común (la tierra, el aire y el agua), la renovación de las dirigencias, la necesidad de comunicaciones sociales responsables y veraces, entre otros. La Iglesia y la sociedad esperan y necesitan mucho de Uds. con sus mentes limpias y sus corazones abiertos.

Queridos hermanos, el sí de María, nuestra Madre del Rosario sea el sí de nuestra Iglesia mendocina a la vida, a las familias, a los jóvenes. Que Ella cuide nuestros corazones y temple nuestras voces para anunciar a tiempo y a destiempo la Buena Nueva del Señor derramada a su Pueblo.

7 de octubre de 2018
Solemnidad de Nuestra Señora del Rosario

+Padre Obispo Marcelo Daniel Colombo
Arzobispo de Mendoza


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