Saludo a la Comunidad Diocesana en la Solemnidad de la Asunción de la Virgen María

 

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Mis queridos hermanos,
Con alegría les escribo para saludarlos en un día tan significativo para los cristianos cuando evocamos con amor a la Virgen María elevada a los cielos en cuerpo y alma.

Apenas iniciado mi ministerio pastoral entre Uds. deseo agradecerles el cordial recibimiento que me brindaron en la misa del pasado sábado 11 de agosto, así como los distintos saludos que de un modo u otro me fueron haciendo llegar en este tiempo. Dios les premie la generosidad y el afecto, signos de la fe que los anima al recibirme como pastor.

Los distintos debates que se están dando en la sociedad argentina nos invitan a profundizar nuestra participación como creyentes dando razones de nuestra fe y testimoniando el amor de Cristo que mueve nuestros corazones. Si en el bautismo, nuestros padres y padrinos nos hacen el gran regalo de la fe, incorporándonos a la Iglesia, en la Confirmación, ungidos con el Santo Espíritu de Dios, nos comprometemos decididamente a vivir como discípulos del Señor y a hacerlo presente en la sociedad.

Por eso no nos asusta discutir con convicción y firmeza temas tan candentes como el incremento de la pobreza y el desempleo, la defensa y promoción de la vida, el cuidado de la Casa Común, la denominada separación de la Iglesia y el Estado, la convocatoria de distintos sectores contrarios a la Iglesia para que los bautizados “apostaten”, es decir, renuncien a la fe. Como cristianos digamos “¡presente!” en estas horas tan intensas de la vida política nacional.

Mis queridos hermanos, la ternura de la Virgen María, nuestra Madre del Rosario, nos preserve del desaliento y la amargura. Llamada a la Vida plena en el encuentro con Dios, Ella nos fortalezca con su propio testimonio de fidelidad a Dios para que podamos responder a su suave pero convencida indicación: “Hagan lo que Él les diga.”

¡Feliz día de la Virgen! En Ella los abrazo y bendigo.

+ Marcelo Daniel Colombo


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