La alegría de Caná en la llegada del Nuevo Pastor

 

.







Por mandato apostólico, Monseñor Marcelo Colombo, es el nuevo arzobispo de Mendoza. Como vino nuevo, pronto a servir y a acompañar.

Partir y llegar una y otra vez, es la regla del peregrino que va de una tierra a la otra con la misión de vivir y compartir La Buena Noticia del Maestro de Galilea. Quilmes, Roma, Orán, La Rioja; y hoy suelo mendocino! El nuevo pastor, Monseñor Marcelo Daniel Colombo dice Sí al llamado, como sexto arzobispo y séptimo obispo, de guiar la vida de fe del pueblo católico mendocino.

“Vengo entre ustedes como el que sirve”. Entre tantos paisajes pastoreados, ahora en Mendoza, vuelvo al bullicio urbano; Dios también vive en la ciudad…y busca misteriosos modos de llamarnos la atención…a partir de la pobreza, de los estudiantes, de las familias jóvenes que buscan trabajo”.

Resulta fiesta para los que encuentran sentido en el Amor, adoptar a un nuevo padre, que vigila y acompaña; y como en las Bodas de Caná, la dueña y señora de la casa es anfitriona; la imagen de María del Rosario preside el especial momento. Parece mirar desde una ternura sin límites, cada signo que reafirmará el compromiso del nuevo arzobispo.

Luego de besar la Cruz, el sucesor de los apóstoles ingresa al Santuario, conversa luego en plegaria con el Santísimo Sacramento y su par, Monseñor Dante lo recibe pronunciando “querido Marcelo te reconocemos enviado por el Señor…que seas para nosotros un verdadero padre, hermano y amigo”.

¿Tienes el mandato que te nombra obispo de Mendoza? Interpela –en nombre de Francisco- el nuncio apostólico en Argentina, Monseñor León Kalenga Budikebele. “Sí, Lo tengo!” Pronuncia el sucesor de los apóstoles, seguido de la lectura del mandato apostólico.

“Se deja llamar Marcelo, es un obispo lleno de amor” enfatizó el nuncio congoleño a la vez que acercó al arzobispo la bendición del Papa Francisco.

Todos los invitados presentes, obispos de diversos puntos del país, el emérito arzobispo de Mendoza, José María Arancibia, el gobernador de La Rioja, Sergio Casas, el intendente de Las Heras, Mario Orozco, el Director Nacional de Culto, Luis Saguier Fonrouge, y referentes de otras creencias; serán testigos del signo fundamental a través del cual el arzobispo y vicepresidente segundo del episcopado argentino, dará el sello de nuevo custodio: la imposición del palio.

Con lana de ovejas, bendecidas cada año, en el día de Santa Inés, se teje este escapulario que será guardado en un cofre de plata custodiado en el interior de la tumba de San Pedro. El palio es símbolo de unidad entre las iglesias particulares y la Santa Sede, símbolo de obediencia, de Buen Pastor que conoce a las ovejas por su nombre.

Con la sencillez del humus de la tierra; de rodillas, el arzobispo escucha las palabras del representante papal diciendo que “te confiamos el palio, signo de unidad, aliciente y fortaleza”.

Ya erguido con la disposición y la firmeza que da la certeza de la pura vocare, recibe el báculo y solicita la obediencia de los partícipes que comparten la vida cristiana; a sacerdotes, diáconos, religiosas, consagradas y laicos; como renovación del compromiso de la misión y de colaboración con el obispo. Grabado en el oído del espíritu de cada uno, habrá quedado el ¡Sí queremos! Como ya lo hiciera la Mujer Madre ante el anuncio del Ángel.

Al igual que la lana sagrada del palio, la alegría de la común unión se va tejiendo entre signos y voces que cantan “tú eres sacerdote para siempre…”
Y así siguió el sermón de la montaña que proclamó el abogado, doctor en derecho canónico, formador y custodio del rebaño; haciéndose eco del evangelio de San Juan, referido a que todos sean uno y sean consagrados a la verdad.

Reitera que su venida es para servir, que la cultura del encuentro no se construye “sino en una fraternidad que pone por encima lo que une a un pueblo”. Las palabras también latieron sobre la realidad muchas veces adversa, pero con la certeza de que “la vida es siempre más fuerte”.

Volviéndose expresamente a la lectura de San Juan, monseñor dice de una realidad limitada y frágil pero fortalecida por la gracia de Dios que todo lo puede.

“La verdad define el modo de ser de los discípulos que fueron elegidos, llamados y formados; no cualquier verdad pasajera y con fecha de vencimiento, sino la verdad cuya luz pura y transparente viene del mismo Dios”.

Sobre la misión, el reciente obispo de La Rioja, remite al estilo de ese peregrinar, al hablar de una “Iglesia en salida, una Iglesia, casa de los hijos de Dios, Iglesia hospital de campaña”, imágenes compartidas por Francisco.

El amor, impulso y pulso de las Bodas, es la verdadera tradición de la iglesia, amor corajudo, creativo, fiel; adjetiva monseñor, como el amor de Cristo y de quienes lo han seguido hasta el final.

Sobre el valor cristiano por excelencia “Vale toda vida”, Monseñor Colombo reafirmó que “es una honda certeza testimoniada públicamente para proclamar la sacralidad de la vida desde la concepción hasta la muerte natural…el hombre no es dueño sino administrador”.

El “miren cómo se aman” que se decía de los primeros cristianos, se cristalizó cuando el nuevo obispo, se dirigió a sus nuevos compañeros de camino, Monseñor Braida y Monseñor Mazzitelli, “repechemos juntos… recordándonos que la gracia de Dios es nuestra fuerza”.

La familia ahí presente, todos los amigos que han ido acompañando la vida; el recuerdo de Monseñor Franzini; fueron destinatarios del profundo y emotivo agradecer del arzobispo; quien además pidió la intercesión de monseñor Angelelli y de los recientes proclamados mártires riojanos.

Las Bodas de Caná llegaban al final con la experiencia de la última cena; la bendición y el envío a todo el pueblo montañés. El afecto se materializó en abrazos, cantos riojanos, y emociones hacia el nuevo misionero custodio, quien se percibe un servidor que camina al lado de todos.

Por Fabiola Zurdo
Para Pastoral de Comunicadores
Arquidióceis de Mendoza