En la Basílica San Francisco tuvo lugar el tedeum y la Misa por la Patria, presidida por Mons. Marcelo Mazzitelli

 

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El pasado viernes, 25 de Mayo, nuevo aniversario de la Revolución de Mayo, Mons. Marcelo Mazzitelli, Obispo Auxiliar de Mendoza, presidió tanto el tedeum (10 de la mañana) como la Misa por la Patria (19hs.). Ambas celebraciones se desarrollaron en la Basílica San Francisco.

A continuación ofrecemos la homilía completa predicada por Mons. Marcelo Mazzitelli en el tedeum.

Queridos hermanos y hermanas,

En los momentos cruciales de la existencia quedan las palabras más importantes a modo de herencia. Frente al misterio de la muerte que nuestro Señor estaba por afrontar, dirige una súplica por sus discípulos, “Que todos sean uno, para que el mundo crea”. La comunidad de los discípulos del Señor recibe a esta unidad como don y como tarea, pero también con la consciencia de que es un bien para compartir allí donde esté, por eso en este día en que celebramos el 208° aniversario de la Revolución de mayo, con la que empezó a gestarse el camino de libertad e independencia de nuestra Patria, junto a nuestra acción de gracias por tantos dones recibidos, pedimos al Señor por la unidad en nuestra Nación.

Damos gracias por esta tierra bendecida en su diversidad, con sus inmensas costas, sus pampas y estepas, sus desiertos y valles, en sus montañas y lagos, en sus esteros y bosques, sus glaciares y cataratas, expresión de la belleza de una tierra fecunda en recursos y que nos interpela a cuidarla como casa común. El Papa Francisco nos dice en su Carta Encíclica
Laudato si en referencia a acciones sobre el medio ambiente, que una sociedad sana, madura y soberana pone límites en favor de la “previsión y precaución, regulaciones adecuadas, vigilancia de la aplicación de las normas, control de la corrupción, acciones de control operativo sobre los efectos emergentes no deseados de los procesos productivos, e intervención oportuna ante riesgos inciertos o potenciales” (LS 177).

Tierra en la que se fue labrando la Patria tejiendo culturas con los pueblos originarios, con las corrientes evangelizadoras y colonizadoras y con los criollos. La fecha que hoy celebramos nos remite a los primeros murmullos de libertad que fue haciéndose grito en medio de batallas hasta que la paz los convirtió en canto de independencia y libertad. Patria evoca a una tierra y a un pueblo, Patria es la tierra en la que se quiere engendrar los hijos, en la que se desea vivir en paz para crecer, a la que se le quiere brindar la vida para que crezca pensando en las generaciones futuras. Así lo vivieron nuestros próceres, dándolo todo y renunciando a búsquedas de resultados inmediatistas, para dejar cimientos para que otros sigan construyendo. Un pueblo naciente que conformó su identidad desde la fe en Cristo, sabiéndose bajo el amparo de aquella que fue cedida como Madre al pie de la cruz, María, venerada a lo largo de todo el País; basta pensar los sapucais que la saludan en el litoral, o las bagualas en el noroeste, o la devoción de los peregrinos que la veneran en Luján. La fe es parte de nuestra Patria que creció con ella.

Patria que se convirtió en casa de puertas abiertas para aquellos que llegaron sólo con una maleta a un puerto, sin querer mirar atrás para no llorar la tierra y familia dejada, abriéndose a la esperanza de lo que le ofrecía la nueva Patria, trayendo la riqueza de su cultura y costumbres, manos trabajadoras y también su fe. Muchos somos hijos, nietos y bisnietos de aquellas generaciones, que hicieron de la cultura de trabajo el germen de la transformación de una Nación en crecimiento. Inmigración enriquecida también con la llegada de hermanos de otros pueblos de América compartiendo sus culturas y la misma fe.

Patria de grandes literatos, de hombres y mujeres que se han destacado en el arte, la ciencia.

Es en el sueño de los próceres y la voluntad y la fe de un pueblo, donde se empezó a construir una Nación, con gestas que éstas bendecidas tierras cuyanas han sido testigo, viendo hacerse realidad lo que se acercaba al límite de lo imposible. Hoy estamos desafiados a recoger esta herencia para seguir construyendo.

Junto a la gratitud por tanto don, está el dolor por las sombras de nuestra historia, que supo de guerras, enfrentamientos fratricidas, crisis, una corrupción endémica. Pero el gran estigma con el que desperdiciamos tantos dones es el recurrente desencuentro que la atraviesa, traducido en luchas que hacen del hermano un enemigo. Las grietas no son sólo de nuestro presente. En las palabras de Marechal, también “la Patria es un dolor que nuestros ojos no aprenden a llorar”. Sin embargo, hemos llorado y mucho, lágrimas que sólo pueden ser consoladas en caminos de una reconciliación asentada en la verdad y la justicia, la reconciliación es necesaria, porque estaríamos condenados a perder la libertad que otros supieron ganar, cayendo en resentimientos y odios, que no sólo desintegran la sociedad, sino que destruyen la vida misma.

La pluralidad de nuestra Patria hoy más que nunca pide dejar hacer realidad la súplica del Señor que, es válida también, en virtud de la pluralidad expresada, para creyentes de distintos credos, hombres de buena voluntad no creyentes, para que compartiendo un mismo sueño, busquemos sin desfallecer el bien común y la paz social. Esta paz si no surge como fruto del desarrollo integral de todos, especialmente atendiendo a los más postergados y vulnerables, “no tendrá futuro y siempre será semilla de nuevos conflictos y de varias formas de violencia” (EG 219), Como dice nuestro Papa Francisco.

La Patria no es un concepto abstracto, se hace realidad en un pueblo, que tiene la tarea lenta y ardua que “exige querer integrarse y aprender a hacerlo hasta desarrollar una cultura del encuentro en una pluriforme armonía”.

Valorando el esfuerzo de aquellos que siguen entregando vida contemplando horizontes, no podemos dejar de reconocer la complejidad de la realidad, los dramas y conflictos que tenemos como País, con tantas divisiones. Por ello debemos reaccionar y reconocer la urgencia, como dijo el Papa, “de saber cómo diseñar en una cultura que privilegie el diálogo como forma de encuentro, la búsqueda de los consensos y acuerdos, pero sin separarla de la preocupación por una sociedad justa, memoriosa y sin exclusiones”. (EG 238). Sin respeto a los demás, sin valoración de su dignidad, sin el sentimiento de fraternidad, todo esfuerzo, por más honesto y bien intencionado que sea, se pierde en la esterilidad de la insolidaridad, esclavo del individualismo, porque como dijo Borges, “Nadie es la patria, pero todos lo somos./ Arda en mi pecho y en el nuestro, incesante ese límpido fuego misterioso” (Borges, José Luis, Oda [1966]). Leopoldo Marechal mencionaba a la Argentina “como en navidad y crecimiento, que lucha por su destino, y que padecemos orgullosamente los que la amamos como a una hija. El porvenir de esa criatura depende de nosotros, y muy particularmente de las nuevas generaciones”.

Contemplando esas nuevas generaciones, afirmamos el derecho humano fundamental que es el derecho a la vida, porque vale toda vida. El fruto de la concepción es un ser humano, por lo que debe ser defendido en todas las etapas de su desarrollo. Se trata de defender las dos vidas, la de la madre y la del hijo, las dos son sagradas. El debate que dramáticamente se ha instalado, hecha sus raíces en lo más profundo de nuestro tejido social y que, de alguna manera marcará el rumbo de la Nación que queremos ser.

Queridos hermanas y hermanos, que nuestra oración hoy se una a la súplica del Señor, “Que todos sean uno”, súplica desde la gratitud por lo que significa este aniversario, queremos vivir como compromiso. No estamos solos, el Señor nos acompaña, y el Espíritu obra la unidad en todo corazón abierto a la verdad y al bien. Que seamos instrumentos de paz, de fraternidad, de justica y de solidaridad.

Que el Señor nos bendiga, para que podamos mirar juntos el horizonte, recogiendo la herencia de nuestros mayores y construyendo el futuro para los que nos sucedan.

Que la Virgencita de Luján, patrona de la Argentina, aquella a quien nuestros próceres acudieron con confianza filial, la prueba está aquí en este templo que recibió el bastón de mando del General San Martín como ofrenda de gratitud, nos proteja y nos ayude para construir una Patria de hermanos.


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El tedeum en imágenes (Foto: Cristian García)
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