Vendimia 2018: Bendición de los Frutos – Mensaje del Obispo, Mons. Dante Braida y del Consejo Interreligioso de Mendoza

 

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El domingo 25 de febrero pasado, tuvo lugar la tradicional Bendición de los Frutos que dio inicio oficial a la Fiesta Nacional de la Vendimia 2018. En esta ocasión, dicha celebración tuvo lugar por primera vez en el Departamento de Rivadavia.

Ofrecemos a continuación el mensaje pronunciado por Mons. Dante Braida, Administrador Apostólico ‘Sede Vacante’ de la Arquidiócesis de Mendoza para tal ocasión:

Queridos hermanos y hermanas:
Ante una multitud, como la aquí reunida, Jesús utiliza una comparación del ámbito agrario para comentar en qué consiste el Reino que el vino a instaurar y qué tenemos que hacer para que crezca hoy entre nosotros:

1- Una semilla que es puesta en tierra necesita condiciones adecuadas para germinar, crecer y dar frutos. Así mismo, la Palabra de Dios, necesita de un corazón humilde y abierto, como la tierra fértil, para que comprenda el Reino que Él vino a traer. Su Reino incluye la propuesta de un nuevo modo de vivir que está centrada en el amor. Un amor que marca la relación con Dios, ubicándonos como hijos; generando, a su vez, con los demás, un vínculo de hermandad y, señalando una nueva relación con las cosas, reconociéndolas como un don que merece ser cuidado y respetado, porque están para el bien de todos.

Este Reino, como lo decía el Evangelio, solo puede crecer adecuadamente en la tierra fértil de corazones humildes, de una sociedad que se abre para ser totalmente inclusiva, favoreciendo el desarrollo de todos sus miembros y cuidando preferencialmente de los más frágiles y pobres. Una sociedad, donde su ser tierra fértil, se manifiesta también en perdón que vence al odio y la venganza, y donde siempre hay oportunidades para rescatar la vida de los que se equivocan. Un Reino donde la justicia brilla y se plenifica en la misericordia.

Hoy, en esta fiesta, damos gracias por la tierra fértil de tantos valores espirituales y culturales que heredamos de nuestros antepasados. En primer lugar, de los pueblos originarios, y luego, de quienes se fueron incorporando con las migraciones.

2- Pero para que las semillas del Reino de Dios germinen, como decía la parábola, hace falta a la vez vencer la dureza del terreno del camino, que se manifiesta cuando en nosotros gana la indiferencia y no somos permeables para percibir los problemas de otros y ayudarlos.

Hace falta quitar las piedras de la superficialidad, para profundizar en valores que dan sentido verdadero a la existencia.

Hace falta quitar las espinas que ahogan toda posibilidad de propiciar una actitud contemplativa del mundo y las que impiden un crecimiento adecuado de todos sus habitantes:
- Hoy, esas espinas se manifiestan, por ejemplo, en el consumismo que nos va ahogando, alienándonos de tal manera que nos impide ver las necesidades de nuestros hermanos.
- Hoy, esas espinas, pueden venir de una economía que beneficia a pocos y ahogan el desarrollo de los que tienen menos recursos. De pequeños productores o emprendedores y también de los obreros que buscan honradamente su pan.
Qué tristeza cuando después de tanto trabajo los frutos “no tienen precio” o no son cosechados por que “no dan los números”, ahogando así la vida de tantas familias.
Qué tristeza cuando unos pocos definen los precios que impiden el crecimiento de muchos.
Qué tristeza cuando no hay equidad en las ganancias a largo de toda la cadena de cultivo, producción y ventas.
Como bien lo expresa el Papa en su primer Exhortación Apostólica ´Evangelii Gaudium’:
“Mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz…” (n. 56), agregando con toda contundencia: “Tenemos que decir que no a una economía de la exclusión y la inequidad. Esa economía mata”. (n. 53)

- Hay otras espinas que también ahogan el medio ambiente. En la Carta Encíclica ‘Laudato Sí’, el Papa, nos invita a un compromiso de todos en el cuidado de la Casa Común y sobre todo el cuidado de la vida de cada ser humano. Y nos llama la atención sobre el daño que se produce cuando, por ejemplo, se llevan adelante proyectos que disminuyen la calidad de vida de las poblaciones o cuando en la tierra se hace uso de productos que contribuyen a la pérdida de la biodiversidad. (Cf. LS 32-34)
Por ello es tan necesario el diálogo entre todos los sectores sociales para saber claramente los efectos de cada intervención. Para que ella sea en beneficio de todos y garantice el cuidado del medio ambiente y las personas que lo habitan. (Cf. LS 183)

Queridos hermanos y hermanas, la vida nueva que Dios nos propone es posible con su ayuda y con la disponibilidad de cada uno de nosotros. La esperanza es la que nos mueve a encontrarnos y a buscar salidas que están ahí, pero requieren el aporte de todos y la conversión de todos para encontrarlas.

Que esta bendición llegue a lo más profundo de nuestros corazones y lo hagan más humildes y permeables, como esa tierra fértil del Evangelio.
Que esta bendición llegue a cada rincón de nuestras comunidades, a cada institución, a cada familia, a cada finca, a cada centro de estudio y trabajo.
Que esta bendición sea hoy para nosotros fuente de COMPROMISO, ESPERANZA Y ALEGRÍA.


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Por otra parte, integrantes del Consejo Interreligioso de Mendoza (Iglesia Evangélica Metodista, Iglesia Ortodoxa, Iglesia de Jesucristo y de los Santos de los Últimos Días [Mormona], Comunidad Judía, Comunidad Budista, Comunidad Hare Krishna e Iglesia Católica, Apostólica, Romana), tuvieron su presentación y realizaron una oración de Bendición de los Frutos conjunta:

Presentación del Consejo Interreligioso de Mendoza

Nosotros integrantes del Consejo Interreligioso de Mendoza como miembros de diferentes tradiciones y comunidades religiosas convencidos del mandato divino de dialogar para co-construir la paz en el mundo con toda persona de “buena voluntad”, creyente o no.
La realización espiritual humana es necesaria para alcanzar la paz, así, este esfuerzo para lograrla, es nuestro compromiso, pasión, práctica, oración y alegría. Éste es un camino que compartimos y hacemos a través del encuentro y del diálogo. El verdadero amor es radicalmente inclusivo y se hace manifiesto por las obras, por encima de todos los dogmas y tradiciones.

Reconocemos que la especie humana puede aprender y celebrar la diferencia, que la plena ciudadanía se construye a partir de la igualdad, la dignidad y la justicia, y que la riqueza está en las diferencias.

Avanzamos para encontrarnos, escucharnos con el corazón, para mirarnos a los ojos y abrir nuestros brazos hacia otro, sabiendo que nunca tendremos alegría completa mientras haya una sola persona que haya quedado afuera.

En todas nuestras tradiciones se reconoce un Ser Supremo de la Creación al que se agradece por la gracia concedida a los humanos a través de la fecundidad de la tierra, la sabiduría que nos dio para recrear todo lo creado y lograr elaboraciones para mayor beneficio de la vida.
Juntos elevamos nuestra oración comunitaria


Oración Bendición de los Frutos

“Dios todopoderoso, que abres tu mano y colmas de bendición a todo ser viviente… Así, juntos y hermanados, te damos gracias, porque has hecho que la tierra sea fructífera y que hoy estemos reunidos para celebrarlo.

Por favor, si Tú lo consideras apropiado, ten a bien, bendecir a los hombres y mujeres de este suelo mendocino que, en su tarea cotidiana y perseverante, han sembrado, cuidado y cosechado tus dones. Querido Señor, por favor renueva la vida de la tierra y de las aguas, para que los campos permanezcan siempre fértiles.

Y, de manera especial, Dios misericordioso, abre nuestros corazones y mentes, para que podamos crecer en lazos renovados de hermandad y así disfrutar de tu presencia viva y real, participando así, de Tu PAZ, esa paz que une, consolida y sobrepasa a todo entendimiento humano.”

Que así sea… Amén.


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