Ciclo de testimonios de agentes de Pastoral Carcelaria – “Mi primer testimonio”

 

A lo largo del año, la Pastoral Penitenciaria de Mendoza buscará hacernos presente la realidad de su trabajo pastoral cotidiano en el ámbito de la carcelación.

En este nuevo testimonio, Héctor León, agente de pastoral carcelaria que visita el Complejo Penitenciario San Felipe, nos cuenta desde el inicio de su vocación y nos comparte una de las experiencias vividas con una persona privada de su libertad.


“Mi primer testimonio”
Testimonio de Héctor León
– Complejo Penitenciario San Felipe

Me llamo Héctor León, soy de Rivadavia Mendoza, casado, 3 hijos, 6 nietos, 1 yerno y una nuera, pertenezco a la comunidad de la Parroquia San Isidro Labrador de Rivadavia.

Recibí el llamado del Señor hace 2 años, viví el encuentro con Cristo en el Movimiento de Cursillo de Cristiandad, a partir de ese momento se fueron manifestando cambios en mi, posibilitando la vivencia y convivencia de lo fundamental Cristiano, ayudándome a descubrir y a realizar mi vocación personal.

En este Cursillo se nos había dado una herramienta de mucho valor que si la poníamos en práctica sostendría nuestra vida cristiana.

Esa famosa herramienta se llama Trípode, el cual consta de 3 patas, Piedad, Estudio y Acción.

La Piedad que la ponemos en práctica en la oración de la mañana, en el ofrecimiento de nuestro día, en el examen de conciencia o la visita al Santísimo.

El Estudio que se refiere al conocimiento en sí mismo, leer y estudiar la Biblia, el Catecismo, la vida de los Santos.

Ninguno de los dos ofrecía resistencia en mí y sabía cómo llevarlos a la práctica.

Lo que me interpelaba y me cuestionaba era la Acción, que es lo referido a la Voluntad, ayudando al otro, escuchando a un hermano que lo necesita, a esto si no le encontraba la manera o forma de llevarlo a cabo.

Hasta que Dios me fue guiando, quitando la venda de mi ceguera, y un día me mostro un cartel que informaba la formación de Agentes de la Pastoral Carcelaria en Lavalle.

Cabe aclarar que Lavalle queda a 100 km de Rivadavia, y Él en su infinita magnificencia hizo lo posible para que pudiera concurrir todos los sábados a esa formación.

Luego hice mis primeras visitas al ex Cose, Boulogne Sur Mer y San Felipe, en una visita a este último recuerdo que como era mi primera visita acompañaría a una hermana al Pabellón 2 a dar una charla de Catequesis.

Nos reunimos en una mesa de material que está a la entrada del pabellón con 2 o 3 jóvenes adultos que no tenían más de 25 o 30 años, avanzada la charla mientras la hermana seguía enseñando la palabra del Evangelio a uno de ellos, el más grande de los muchachos me pregunta por lo bajo de donde venía, yo le respondo que desde Rivadavia.

Comienza entonces a contarme cosas de su vida, de su familia, del porque estaba en ese lugar, sin que yo preguntara nada, cumpliendo lo enseñado en el curso acerca de que “No vamos a la cárcel o al lugar de cautiverio para imponer nuestra palabra, sino para escuchar la palabra que nos digan”.

Él seguía contando me acerca de su vida y yo prestándole atención y tratando de consolarlo y alentarlo ya que me contaba que estaba muy deprimido por que nadie de su familia lo venía a ver. En un determinado momento me pregunta:

- ¿Y Ud. viene acá porque es un trabajo para Ud.?
- ¿Por qué vino??


Dando a entender que si mi visita obedecía a un trabajo social pago u obligatorio, donde le respondí que no, que yo pertenecía a una Pastoral, a una comunidad de la Iglesia y que conforme a la palabra de Mt 25, 31-46: “estuve en la cárcel y me visitasteis”, nos hacíamos eco de ese llamado de Cristo y por ello estábamos ahí.

Quedó en silencio unos segundos como pensando, y recapitulando lo que le había dicho, me sigue preguntando:

- … pero entonces Ud. viene desde Rivadavia ¿a verme a mí...?

Y le digo Sí, sin darme cuenta de la importancia que le estaba dando él al tema.

Se pone de pie entonces y me dice:

- Le puedo dar un abrazo..??

Quedé desconcertado, sin poder hablar, afirmé con la cabeza, me levante del asiento y me abrazo con si me hubiera conocido de toda la vida.

En ese momento es donde los distintos sentimientos humanos afloran y sentí que ese abrazo fue distinto, más sentido, abrazo de hermano.

Dolorosamente afectivo.

Y sentí deseos de llorar.

No sé si lo hice…


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