Mensaje de Navidad del Arzobispo y Obispo Auxiliar a todos los fieles de Mendoza

 

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Mendoza, 21 de diciembre de 2016

Queridos hermanos:

Hace pocos días les escribíamos, al invitarlos a la jornada penitencial que celebramos el viernes pasado: “Vamos caminando hacia la Navidad. Como los pastores de Belén, también nosotros atravesamos una oscura noche. Necesitamos estar atentos para reconocer el anuncio esperanzador que nos recuerde que más fuerte que la oscuridad de la noche del pecado es el amor del Dios hecho Niño y que se manifiesta de tantas formas también hoy entre nosotros. Necesitamos recuperar la esperanza que se funda en Dios y no en nuestras pobres realidades humanas…”

En pocos días más recibiremos nuevamente el anuncio del profeta: “El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz; sobre los que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una luz…” (Is 9,1). La Luz que ha brillado es un frágil Niño que, en su pobreza y pequeñez, encierra el Amor sin límites de Dios por cada uno de nosotros, a pesar de nuestra pobreza y pecado. Se trata de una Luz que ilumina nuestro peregrinar como personas y como comunidades, que nos marca un rumbo y nos reanima en la esperanza: “No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: hoy en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor…” (Lc 2, 10-11)

Queremos llegar hasta ustedes, y a través de ustedes hasta sus comunidades, para invitarlos a renovar nuestra esperanza fundada en la certeza del amor inquebrantable de Dios por su pueblo, por cada uno de nosotros, manifestado en el Niño de Belén. Queremos que esta Luz ilumine nuestro caminar, como también guió a los Magos que buscaban, como nosotros, alegría, esperanza y paz. Como ellos, también nosotros podemos llevar al Niño la ofrenda de nuestras pobres vidas y la ofrenda de la vida de nuestras comunidades: el oro de la caridad, que de tantas formas se vive entre nosotros; el incienso del Año Santo de la Misericordia, que hemos vivido con tanta intensidad, con el deseo genuino de ser cada día más “misericordiosos como el Padre”; y la mirra de los sufrimientos, causados a tantos por nuestros pecados, miserias e incoherencias.

Para desearnos feliz Navidad necesitamos entrar en el misterio del pesebre e intentar vivirlo en nuestra vida personal, familiar, comunitaria. Necesitamos dejar que la ternura del Niño, de María y de José toque nuestro corazón y lo haga más abierto y solidario, sobre todo para con los más pequeños, pobres y sufrientes. Sólo así, con sincera humildad y verdadero espíritu reparador haremos de ésta una noche santa y una auténtica fiesta de nuestra fe.

Con esta disposición les deseamos, entonces, a cada uno de ustedes y a sus comunidades una muy feliz Navidad y les enviamos con inmenso afecto y gratitud nuestra bendición,

+ Carlos María Franzini
Arzobispo de Mendoza

+ Dante Gustavo Braida
Obispo Auxiliar de Mendoza